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333 EVOLUCIÓN E INVOLUCIÓN
CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO
TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):
CLAVES GNÓSTICAS PARA ESCAPAR DEL SAMSARA (47:36)
NÚMERO DE CONFERENCIA: 333
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:REGULAR
DURACIÓN:47:32
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1977/??/?? (ESTIMADA)
LUGAR DE GRABACIÓN:GUADALAJARA, JALISCO, (MÉXICO)
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
>IA< Nos encontramos en la necesidad de definirnos por la Autorrealización íntima del Ser. Todas las escuelas de tipo pseudoesotérico y pseudocultista están, desafortunadamente, embotelladas en el dogma de la evolución. Como tantas veces he repetido, no negamos la ley de la evolución en sí misma, únicamente la colocamos dentro de su lugar, la ubicamos en su sitio especial.
Evolución e involución constituyen realmente el eje mecánico de toda la naturaleza. Todo evoluciona e involuciona, sube y baja, asciende y desciende. Gira la rueda del Samsara incesantemente, fundamentada en estas dos leyes: evolución e involución.
Mucho se ha hablado sobre el movimiento perpetuo. Hubo una época en que las gentes se dedicaron a devanarse los sesos para inventar un aparato que tuviera el movimiento perpetuo; se quería un objeto, es decir, algún mecanismo de tipo muy especial que girara incesantemente, que nunca se detuviera y sin gasto de combustible de ninguna especie, lo cual es manifiestamente absurdo. El movimiento perpetuo implica de hecho un gasto de combustible. No podría existir tal movimiento sin ese gasto.
La Tierra, por ejemplo, gira alrededor del Sol, va y viene incesantemente; he ahí un movimiento perpetuo, empero hay gasto de combustible. Conforme el tiempo va pasando, la Tierra va envejeciendo, y día llegará en que será un cadáver, una nueva Luna.
Así pues, tratar de inventar un mecanismo sin gasto de materiales, sin consumo de materiales de ningún tipo, es completamente imposible. Aun en el supuesto de que se lograra inventar algún ente mecánico con movimiento continuo, es, en sí mismo, un gasto constante de materiales el que se produciría, haciendo su éxito muy relativo, porque los mismos materiales del aparato mecánico se desgastarían a la larga. Serían ellos, precisamente, los elementos base para mover a tal mecanismo: se desgastarían los ejes, los piñones de las ruedas, o de los ejes, etc.
Llevemos esto al terreno filosófico, esotérico o científico. La rueda del Samsara se basa en el movimiento perpetuo. Los dos factores de esa gran rueda son evolución e involución. Por la derecha, sube Anubis evolucionante; por la izquierda, desciende Typhon involucionante. Empero la rueda se paralizaría, llegaría a la estática si no hubiese consumo de materiales. ¿Cuáles son los materiales que hacen girar la rueda? Obviamente, los Egos, los millones de Egos que viven en la faz de la Tierra. Es claro, es ostensible que a todos se nos asignan ciento ocho existencias y esto lo he repetido hasta la extenuación. Cierto y de toda verdad, cumplido nuestro ciclo de vidas, nos precipitamos por el arco descendente involutivo de la rueda del Samsara. También es verdad que nos desintegramos en la octava esfera y en la novena esfera. Es obvio: nos precipitamos hacia el centro de gravedad de nuestro planeta, hacia el núcleo de estabilidad planetaria, hacia el centro de la Tierra. En ese descenso, en esa caída hay involución. Pasamos por los estados animálicos, vegetales y minerales; luego, nos volvemos polvo. Somos el material que hace mover la rueda.
Vean ustedes: la fuerza de gravedad hace girar la rueda hacia abajo, hacia el centro de estabilidad que está en el corazón de la Tierra. Pero al volvernos polvo en el núcleo central del planeta en que vivimos, entonces, por ley de levitación, de simple ascenso, evolucionamos nuevamente, salimos a la superficie, a la luz del sol para recomenzar la jornada y recapitular estados minerales, vegetales y animales, hasta reconquistar el estado humano que otrora perdiéramos.
El material, pues, de desecho que hace mover la rueda son los millones de Egos que viven sobre la faz de la Tierra. Con la fuerza que tenemos, nos precipitamos, atraídos por la ley de gravedad, hacia el centro de la Tierra. He ahí, mis caros hermanos, el aspecto esotérico de la ley de gravedad; he ahí, mis caros hermanos, el aspecto esotérico del movimiento continuo. No hay duda de que la rueda del Samsara es realmente una rueda filosófica, científica, realista, y que nosotros estamos metidos en esa rueda fatal. Ya les he dicho claramente que tres mil veces debe girar la rueda, y que si nosotros, durante esos tres mil ciclos, no logramos la autorrealización, entonces la Mónada divina recogerá la Esencia, sus principios, sus fuerzas, para absorberse entre el seno del Espíritu Universal de Vida para siempre.
Incuestionablemente, no todas las Mónadas desean la Maestría. Cuando una Mónada quiere la Maestría, realmente trabaja a su Esencia desde adentro, desde lo más íntimo, desde lo más profundo. Una Esencia trabajada así está en desasosiego, anhela, busca el Camino, la Senda del Filo de la Navaja, está inquieta. Pero cuando la Mónada no trabaja a su Esencia, entonces esta no está inquieta, no le interesa la espiritualidad. Ese es el caso de personas indiferentes que no sienten realmente ningún anhelo místico. Millones son las Mónadas que después de las tres mil vueltas de la rueda quedan sin autorrealización.
No se puede decir que hayan fracasado. Lo que sucede es que no les ha interesado la Maestría. Son Chispas virginales, sí, que no se hicieron «Llamas»; criaturas inocentes que gozan de la felicidad divina entre el océano del Espíritu Universal de Vida, pero no poseen la Maestría. Tales mónadas ven a los Maestros, a los Buddhas, a los Agnishvattas, a los Kumaras, en la misma forma en que las hormigas podrían vemos a nosotros. Obviamente, para tales Mónadas, los Mahatmas, los Hierofantes son algo imposible de entender, seres extraños que ellas no alcanzan ni remotamente a comprender. He ahí el secreto del Abismo; ese es uno de los siete grandes secretos indecibles. Realmente, mis caros hermanos, hay necesidad de alcanzar el estado hominal, es decir, la condición de hombre.
El animal intelectual, equivocadamente llamado hombre, ciertamente no lo es, no ha alcanzado el dicho estado de hombre. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo? Se dice que allá, en el amanecer de la vida, hubo algunos errores imperdonables. Recordad, hermanos, que los Dioses también se equivocan.
En principio, el instinto mecánico de los animales intelectuales comenzó poco a poco a través del tiempo y de los años a desarrollarse en la función intelectiva, empero hubo ciertos Seres inefables, como el Arcángel Sakaki y sus discípulos, que temieron por el animal intelectual. Bien sabían aquellas Deidades inefables lo que es tal animal. No está de más recordarles a ustedes que el bípedo tricerebrado o tricentrado, equivocadamente llamado hombre, es tan solo una máquina. Sí, una máquina que se encarga de captar, atraer las fuerzas cósmicas para transformarlas dentro de sí mismo y retransmitirlas en forma automática a las capas interiores del organismo planetario en que vivimos. Esa máquina no es hombre, es animal, pero no hombre.
Y el gran Arcángel Sakaki, viendo que ya que el instinto comenzaba a transformarse en intelecto, que pronto este bípedo tricerebrado, este homúnculo racional se daría cuenta de su propia condición de máquina, pues sintió —tanto él como los suyos— temor por la humanidad. Temió, sí, que todos los millones de seres humanos fueran a caer en un estado de pasividad e indiferencia como la de los antiguos indostanos. Bien saben ustedes lo que fueron los millones de habitantes de la India: miraron al mundo como «maya» —ilusión—, como un sueño de Brahma, como algo despreciable. Entonces, no trabajaron la tierra y dejaron perder enormes regiones. No se dedicaron a la industria y ahora vemos las consecuencias: millones de hindúes muriéndose de hambre. Se dedicaron a la vida espiritual despreciando el mundo, olvidaron sus deberes en el mundo físico.
Sakaki —aquel gran Elohim divinal—, comprendiendo todo esto, temió por los bípedos tricerebrados o tricentrados. Se dijo a sí mismo: «Muy pronto, estas se darán cuenta de su condición, mirarán el mundo como “maya”, no trabajarán, no cultivarán las tierras, morirán de hambre mirando todo como vana ilusión.
«Hay necesidad de que estas terrícolas —dijo— pongan sus pies firmes en la tierra, mas ¿cómo hacer?». Y recordó entonces, por un instante, el abominable Organo Kundartiguador. Creó ciertas condiciones específicas definidas y estimuló a cierto átomo que existía ahí, en el coxis, para que pusiera en actividad tal órgano. Objetivo fundamental: establecer, mediante las radiaciones de tal órgano, ciertos datos un poco equivocados en el intelecto, es decir, hacerle ver al animal intelectual el mundo físico como algo útil y necesario. En ese sentido, no sería equivocado.
Pero digo «equivocado» en cuanto que dispuso que el intelecto no solamente viera el mundo físico tal cual es, en su aspecto tridimensional, sino que lo concibiera como una realidad total.
Quería así el Arcángel Sakaki —preciosa criatura— que el ser humano pusiera sus pies firmes en la tierra, que se estableciera definitivamente en este mundo como un «don ciudadano» a fin de que pudiera realmente autorrealizarse a fondo, íntimamente, profundamente. Sus intenciones fueron magníficas. Yo digo que comenzó esto a realizarse allá en la época hiperbórea, porque cuando muchos piensan que en la época hiperbórea solo resplandeció la luz, es también muy cierto que ahí vimos el instinto transformado en raciocinio. Todavía recuerdo, mis caros hermanos, a cierto grupo de hiperbóreos, hombres altos, sí, como de seis, ocho, diez, doce metros de estatura, armados hasta los dientes, marchando por diversos caminos.
Comoquiera que recuerdo vidas anteriores, no me es fácil tampoco olvidar algunas anécdotas importantes con tales guerreros, pues que ya comenzaba en ellos el instinto a transformarse en raciocinio.
También es cierto que ya su raciocinio estaba metido completamente hacia abajo, hacia el mundo físico concreto. Había sido modificado su intelecto, así, en esa forma, debido precisamente al abominable Organo Kundartiguador.
Así pues, este trabajo viene desde la época hiperbórea. Surge más tarde en la Lemuria, y nadie puede ignorar que en la Lemuria resplandeció la luz, pero también nadie puede ignorar que existieron los tenebrosos de la mano izquierda, los tántricos negros: Yahvé y sus secuaces, los perversos lemuro-atlantes, etc., todos ellos resultado del desarrollo dei abominable Órgano Kundartiguador.
Así pues que trabajó con buenas intenciones el Arcángel Sakaki. Las consecuencias de tal desarrollo abominable fueron un fracaso. Ustedes bien saben lo que es el abominable Organo Kundartiguador: el Fuego Sagrado precipitándose desde el coxis hacia los infiernos atómicos del hombre. Quien desarrolla ese órgano, esa «cola de Satán» se vuelve terriblemente perverso, se convierte en un demonio auténtico, legítimo. El resultado de ese trabajo fue el desastre. Quién sabe si a consecuencia de eso florecieron los traidores del Santuario de Vulcano. Hasta hubo Deidusos que también resultaron enredados en este penoso asunto. Me refiero claramente, por ejemplo, a hombres como Yahvé y a ciertos ángeles que hoy son demonios malvados como Moloch, Bael, etc.
No debería hablar en esta forma porque el Arcángel Sakaki es hoy uno de los cuatro Tetrasustentadores del universo. El no quiso la perdición del animal intelectual, solamente quiso establecer un equilíbrio y nada más.
Mucho más tarde, otro arcángel, con su comitiva de sabios, resolvió eliminar tal órgano en el animal intelectual. Mas ya fue tarde y no todos lo eliminaron. Continuaron las escuelas tántricas negras en la Atlántida y aún en nuestros días. Empero los que sí lograron la eliminación de tal órgano, de todas maneras fracasaron, porque los resultados del abominable Organo Kundartiguador quedaron en la constitución interna del animal intelectual. Tales resultados son los Yoes que en su conjunto constituyen el Ego, el Mí mismo, el Sí mismo. Así pues, vean ustedes un gran fracaso, queriendo establecerse un gran equilibrio. He ahí la causa, el motivo por el cual los animales intelectuales, hoy en día, no se transformaron en auténticos hombres, no son hombres. Todo el mundo cree que sí lo es, pero no lo es. Para ser hombre se necesita poseer los cuerpos astral, mental y causal, y el animal intelectual no los tiene. Entonces los animales intelectuales no son hombres, se parecen, pero no lo son. Guardando paralelas, diríamos también que el renacuajo no es rana. Un poco grotesca resulta esta paralela, pero es verdad, todavía no se ha transformado en rana.
Se hace necesario que nosotros, realmente, estemos dispuestos a convertirnos en hombres; se necesita la «disponibilidad al hombre». Hay necesidad de formar dentro de nosotros mismos la disponibilidad al hombre. Solo así es posible que nazca en nosotros el hombre.
Se hace indispensable eliminar de nuestra naturaleza las pésimas consecuencias del abominable Organo Kundartiguador. Esas consecuencias son los Yoes que personifican a nuestros defectos de tipo psicológico. Solo así, mis caros hermanos, podemos marchar por el camino que nos ha de conducir al hombre.
Federico Nietzsche, en «Así habló Zaratustra», nos habla del superhombre, dice: “El hombre no es más que un puente tendido entre el animal y el superhombre, un peligroso paso en el camino, un peligroso mirar atrás, todo en él es peligroso”. Se equivocó Nietzsche. ¿De dónde vamos a sacar superhombres si no hemos creado el hombre? Nietzsche nos habla del hombre como si el hombre ya existiera. Nosotros necesitamos crearlo dentro de nosotros mismos. No es un superhombre lo que necesitamos, sino el hombre. Él es el rey de la Creación. El superhombre no existe, lo que existe es el hombre. Desgraciadamente, en nosotros todavía no existe; en cada uno de nos, lo que existe es el animal intelectual.
Necesitamos crear en sí mismos, y dentro de sí mismos, al rey de la Creación: el hombre. Para eso, se hace indispensable eliminar las malas consecuencias del abominable Órgano Kundartiguador que cada uno de nos lleva adentro. Solo así, mis caros hermanos, podemos tener la disponibilidad al hombre; solo así podemos, dentro de nosotros mismos, crear el hombre. Nietzsche se equivocá hablándonos del superhombre. Ha debido hablarnos del hombre, porque el superhombre no existe, no ha existido, no existirá jamás. Lo que hay más allá del hombre es el ángel: hombre-ángel es hombre, hombre-arcángel es hombre. Lo que interesa es, pues, el hombre; él está llamado a dominar el universo entero. Se ha dicho que está llamado a mandar a los ángeles y a los Dioses, porque el hombre es el rey.
Si el Arcángel Sakaki y su comitiva no hubieran estimulado el abominable Órgano Kundartiguador en aquellas razas incipientes del pasado, hoy existiría sobre la faz de la Tierra una gran cantidad de hombres.
Desafortunadamente, lo que existe son zánganos, porque el animal intelectual es un zángano. Digo zángano porque no crea, no trabaja en la Gran Obra del Padre; consume todo lo que la naturaleza produce, pero él no produce nada; aprovecha el trabajo de los Dioses, pero él destruye ese trabajo.
Ha llegado la hora de entender todo esto, hermanos. Y cuesta trabajo porque resulta que el intelecto de cada uno de ustedes está lleno de datos equivocados. Si se les habla así, diciéndoles que el hombre no existe, puede que lo acepten ustedes en principio.
Pero hay un trasfondo allá, en el subconsciente, que reacciona, ofrece resistencia, presupone que sí existe, y que ustedes son tales hombres. Se forma en ustedes un dualismo: en que sí y no existe. Ante todo, debemos acabar con ese dualismo y, en forma íntegra, entender que el animal intelectual es lo que existe, que el hombre todavía no ha sido creado dentro de nosotros mismos. Algunos datos pueden ayudarnos a aclarar este concepto. Si el hombre es el rey de la Creación, tiene que ser rey de sí mismo. Pero si no somos reyes de nosotros mismos, si no sabemos gobernar nuestros propios apetitos, nuestros deseos y nuestras pasiones, ¿cómo vamos a ser reyes de la Creación? Ahora, si no somos reyes de la Creación, mucho menos podemos ser reyes del universo o del infinito. Si no somos reyes de la Creación, no somos hombres.
Así pues, o somos o no somos reyes. ¿Cómo podemos ser reyes si no sabemos gobernar nuestros propios apetitos? ¿Acaso puede gobernar el universo el que no se gobierna a sí mismo? Hay necesidad de comprender esto, de asimilarlo, de entenderlo a fondo y de crear dentro de nosotros la disponibilidad al hombre.
El omnimisericordioso Sol Absoluto emana de sí mismo sus radiaciones; estas son vivificantes, divinales ciento por ciento. El omnimisericordioso Sol Absoluto, con sus emanaciones, puede vivificar la semilla sexual que cargamos en nuestras glándulas sexuales para que broten de nosotros los cuerpos solares, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
Desafortunadamente, nosotros nos hemos desviado del camino, nos hemos alejado demasiado del Sol misericordioso Absoluto y entonces esas emanaciones ya no alcanzan casi a vivificar. Necesitamos acercarnos más y más al Omnimisericordioso, y eso solamente es posible disolviendo el Ego, eliminando, dentro de nosotros, las pésimas consecuencias del abominable Órgano Kundartiguador. Así, eliminando tales factores de discordia nos acercamos al Sol Absoluto y él, con sus emanaciones, vivificará la semilla para que broten los cuerpos solares.
Cuando hablo de emanaciones del omnimisericordioso, omnipresente, omnipenetrante Sol Absoluto debe entenderse que tales emanaciones vienen en forma de radiaciones. Cristalizan, primero, a través del Primer Logos y después pasan por el Segundo y, por último, por el Tercer Logos. Dichas emana ciones se expresan ya, concretamente, en nosotros en la forma del Hidrógeno Sexual Si-12. Obviamente, desintegrando el Ego y transmutando el Hidrógeno Sexual Si-12 conseguimos la vivificación maravillosa de la simiente para que broten los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
Entendido todo esto, mis caros hermanos, debemos crear —repito— la disponibilidad al hombre. Es trágico, doloroso, continuar metidos nosotros en esta rueda del Samsara, rueda que se mueve —como ya les he dicho y les repito otra vez— con los materiales de desecho. Me refiero enfáticamente a los millones de criaturas animales intelectuales que se precipitan involutivamente hacia el Abismo. Estar descendiendo y subiendo por la trágica rueda ¿es, acaso, cosa bella? Más vale de una vez disponernos a crear en nosotros al hombre.
Es obvio que no todas la Mónadas quieren la Maestría. Pero si ustedes están aquí, si nos hemos reunido en este recinto sagrado, es porque las Mónadas de cada uno de nos quieren la Maestría; es porque las Mónadas de cada uno de ustedes anhela la Maestría, y si no, ninguno de ustedes estaría aquí, en este recinto.
Así pues, entender es indispensable; comprender lo que somos realmente, darnos cuenta de que no somos sino unos bípedos tricerebrados, unos homúnculos racionales. Entendido esto, debemos meternos resueltamente por la Senda del Filo de la Navaja hasta lograr un día la Liberación final.
Bien, mis caros hermanos, hasta aquí la plática de esta noche. Empero estoy dispuesto a contestar preguntas. El que quiera preguntar algo, puede hacerlo, puede preguntar.
Discípulo. Maestro, las Mónadas que se reabsorben en el Absoluto sin Maestría, aquellas que usted dice que ven a los seres autorrealizados en la misma forma en que las hormigas podrían vernos a nosotros, ya no tienen Ego ¿verdad?
Maestro. Voy a explicarte en forma sencilla para que entiendas. Pues es claro que no todas las Mónadas o chispas divinas quieren la Maestría, eso es obvio. Bien. Aquellas Mónadas que no lograron adquirir la Maestría ven a los Dioses santos, a los Maestros, a los Mahatmas, a los Hierofantes, a los Gurujís, en la misma forma en que las hormigas que andan por ahí nos puedan ver a nosotros; es decir, si las hormigas no nos entienden a nosotros, si somos demasiado grandotes para ellas, así también las Mónadas sin Maestría no pueden entender a los Maestros, los ven como algo que de ninguna manera entenderían, eso es lo que yo quiero afirmar, aclarar, ¿entendido?
D. Sí, pero ¿esas Mónadas ya no tienen Ego?
M. Pues no, no tienen Ego. Realmente, el Ego tiene un principio, el Ego tiene un fin. Incuestionablemente, al Ego debemos disolverlo con nuestra propia voluntad, es decir, en forma intencional, o la naturaleza se encargará de disolverlo en el Abismo; pero no puede inmortalizarse el Ego: o lo disolvemos o nos lo disuelven; una de dos, o de dos, una.
D. Entonces ¿nunca se van a acabar los Egos?
M. Pues tienen que acabarse, puesto que la naturaleza los disuelve si nosotros no los disolvemos. Las Mónadas sin Maestría, aquellas que pasaron más allá de los tres mil ciclos de existencia, ya no tienen Ego. Ellas no lo disolvieron, se lo disolvió la naturaleza. Están libres de Ego, pero ellas no tienen la dicha de haber dominado el Ego, de haberlo vencido, de haberlo disuelto. La naturaleza se encargó de hacer ese trabajo, la naturaleza se encargó de disolverlo en el fondo del Abismo. Ellas están libres, pero no son Mónadas-Maestros. Las libertó la naturaleza, ellas no pudieron libertarse por sí mismas, ¿entendido? Mis caros hermanos, alguien que quiera preguntar algo …
D. Yo quisiera preguntarle Maestro ¿qué posibilidades tenían aquellos seres humanos cuando no estaba desarrollado el Organo Kundartiguador de autorrealizarse a fondo?
M. Pues, mi concepto, sencillamente, es que aquellos seres humanos instintivos, primitivos, si no hubiesen sido dominados por el abominable Órgano Kundartiguador, si en su naturaleza interior no se hubiese desarrollado el abominable Órgano Kundartiguador, podrían ser ahora distintos, diferentes, posiblemente se hubieran convertido en hombres.
Desafortunadamente, ese Órgano Kundartiguador los convirtió en bestias. Ahora bien, la intención del Arcángel Sakaki no fue convertir esas criaturas en bestias, no; fue que el ser humano encontrara un punto de equilibrio en la naturaleza, se estableciera como ciudadano de este mundo para que aprovechara el tiempo y se autorrealizara.
Pero las consecuencias del abominable Organo Kundartiguador fueron terribles; se convirtió el animal intelectual en bestia en vez de hombre.
Yo conceptúo que mejor hubiera sido instruirle, enseñarle los misterios de la vida y de la muerte, mostrando el camino de la autorrealización; hacerle ver que la Tierra era una escuela que necesitaban.
Posiblemente, a base de sabiduría, sin necesidad de haberles desarrollado el abominable Órgano Kundartiguador, los terrícolas hubiesen encontrado su punto de equilibrio sin necesidad de precipitarse por la vía de la degeneración. Ese es mi concepto. ¿Algún otro tiene algo que preguntar? Si alguien tiene que preguntar algo, pregunte, ninguno debe quedar con dudas.
Bueno, como no veo más preguntas, no escucho más preguntas, pues vamos a hacer nuestra cadena esotérica. >FA<