Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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286 EXTRATERRESTRES Y PLATILLOS VOLADORES

CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO

TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):

EL SUPERHOMBRE EN EL COSMOS INFINITO (1:08:59)

NÚMERO DE CONFERENCIA: 286 (HASTA LA 5ª EDICIÓN: 291)

FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR

CALIDAD DE AUDICIÓN:REGULAR

DURACIÓN:1:14:38

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN

FECHA DE GRABACIÓN:1977/??/??

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:CONFERENCIA PÚBLICA

FUENTE DEL TEXTO:2ª EDICIÓN IMPRESA DEL QUINTO EVANGELIO

>IA< Distinguidos caballeros y damas, me dirijo a todos esta noche con el propósito de hablar francamente sobre el fenómeno ovni. Incuestionablemente, este fenómeno ha causado mucha inquietud en todos los países del orbe.

Fue a mí a quien me tocó, precisamente, iniciar la corriente del fenómeno ovni. En mi libro titulado “El Matrimonio Perfecto”, ya escribí sobre ese fenómeno en el año 1950. Entonces, las gentes se burlaban francamente de esa cuestión, y en verdad fui objeto de mucha mofa. Y hoy veo que la idea ha sido acogida por todas las gentes del planeta Tierra. En estos momentos ya hay organizaciones, clubs, etc., sobre el fenómeno ovni.

Así que cuando lancé aquella obra, se produjo gran inquietud. Sin embargo, en principio, es claro que tenía que ser objeto de mofa. Han pasado los años y la inquietud es mundial. Se propagó rápidamente la idea por todas partes. Se ha investigado y, en realidad, se ha comprobado que el fenómeno ovni no es una fantasía. Indubitablemente, tal fenómeno tiene mucha documentación, y esto es algo que no se puede negar en modo alguno.

Así que esta noche vamos nosotros a analizar algunos puntos básicos del fenómeno ovni. En realidad de verdad, hechos son hechos y ante los hechos tenemos que rendirnos. Empezaré hablando de hechos, de lo que a mí me consta; luego, documentaremos los testimonios.

Ciertamente, un día cualquiera, hallándome en el Desierto de los Leones, hube de pasar por una sorpresa maravillosa: un objeto volador no identificado apareció en el espacio; tal objeto descendió exactamente sobre el Desierto de los Leones.

Yo vi cuando él, lentamente, aterrizó en un claro del bosque. Me dirigí al lugar con el propósito de evidenciar lo que mis ojos habían visto. Grande fue mi asombro al contemplar una hermosa nave esférica posada sobre un trípode de acero. Obviamente, tuve que guardar un respetuoso silencio; aquellos fueron minutos para mí muy sagrados.

Se abre la escotilla de la hermosa nave y una figura humana sale por allí; lentamente desciende por la escalinata de acero y se posa sobre la tierra; la contemplo. No hay duda de que se trataba del capitán de aquel navío cósmico; así lo comprendí, no fue necesario que se me explicara. Traía en su diestra un extraño aparato que no comprendí, y tras él, bajó toda la tripulación, unas doce personas por total.

Saludé al capitán, diciendo: —Buenos días, capitán.

Extendí mi mano derecha. Él me respondió: —Buenos días, señor.

Un apretón de manos selló nuestra amistad. La tripulación le siguió y él, con paso armonioso, se dirigió hacia unos troncos que, tendidos sobre la húmeda tierra, yacían horizontalmente. Lo mismo hicieron todos los de la tripulación. Rogué al capitán me llevara en su navío al planeta Marte.

—¿Adónde dice usted? —A Marte, capitán.

—¡Ah, eso está allí nomás! «¿Allí nomás?, pensé para mi interior. Los científicos de la Tierra que preparan para los años siguientes exploraciones a Marte… ¡Si esto para él es nada! ¡Esto es para él es como ir a la tienda de la esquina! Claro, el hecho tenía que causarme bastante asombro, mas procuré controlarme a mí mismo; salir en presencia de aquel capitán, de aquella gente, con actos emocionales negativos hubiera sido una vergüenza para mí. Permanecí impasible.

Sin embargo, he de decirles a ustedes, en forma enfática, que no tuve inconveniente alguno en reiterar mi petición: —Soy escritor y conferencista —le dije—, y si le hago a usted esta súplica es con el propósito de traer de otros mundos datos y hasta pruebas eficientes que demuestren la existencia de vida en los mundos que pueblan el espacio infinito. Conozco demasiado a los terrícolas, son incrédulos en un ciento por ciento, y si no les traigo pruebas, obvian1ente, no creerán.

Ni aun llorando lágrimas de sangre, ni aun hincado con humildad, aceptarían un testimonio si este no va acompañado de pruebas fehacientes. Callaba el capitán. Entendí que ellos hablan poco.

Tienen un gran sentido de responsabilidad moral sobre la palabra. Para ellos el verbo es sagrado, y no gastan la energía de la palabra inútilmente. Al llegar a aquellos troncos que yacían en el piso, el capitán se sentó. Y los de la tripulación, todos, imitaron el ejemplo.

Entre ellos existían dos damas de edad indescifrable. Les contemplé: gentes de mediana estatura; no vi entre ellos obesos ni tampoco alguien que tuviera defectos físicos. En realidad de verdad que podría afirmar claramente que, en sí, todos tenían una presencia majestuosa y perfecta. Su piel era cobriza, sus ojos eran azules. Parecía que se dibujaba en ellos el infinito estrellado. Sus cabellos caían sobre sus hombros. Su nariz era recta, impecable. Sus labios, finos y delicados. Su oreja, denotando agudeza de espíritu, era pequeña y recogida. Sus frentes eran amplias, como los muros invictos de Sion, con grandes entradas que acusaban, indudablemente, gran inteligencia. Podría decir claramente que ellos parecían Dioses con cuerpos de hombres, geniales, en el sentido más completo de la palabra; así les observaba.

De pronto, en forma inusitada, una de las dos damas que allí presentes estaban se puso de pie para tomar la palabra en nombre de todos los de la tripulación. Su voz me pareció maravillosa, era como la voz de una sirena encantada. Hablando así, en el lenguaje poético, dijo: —Si colocáramos una planta que no es aromática junto a otra que sí lo es, resulta claro que la que no es aromática se impregnará con el aroma maravilloso de la que sí lo es, ¿verdad? —Es obvio —respondí—. Y luego prosiguió: —Lo mismo sucede con los mundos del espacio infinito. Mundos con humanidades que, en el pasado, andaban mal, se fueron impregnando poco a poco con las vibraciones de los mundos vecinos y ahora andan muy bien.

Pero hablaba aquella dama sobre mundos con una naturalidad tan espontánea que hube de sentir cierto asombro místico, pues se refería a los otros planetas del infinito en la misma forma en que nosotros podemos platicar sobre calles y avenidas. Y prosiguió: —Mas acabamos de llegar aquí, al planeta Tierra, como usted ha visto, y vemos que aquí, en este mundo, no sucede lo mismo. ¿Qué es lo que está pasando en el planeta Tierra? La pregunta era tremenda. Se me exigía una respuesta síntesis. Terrible. Hablé en forma mitológica; dije: —Bueno, es que este planeta es una equivocación de los Dioses.

No se me ocurrió decir otra cosa. Pero luego proseguí seriamente, diciendo: —Así es el karma de los mundos.

«Karma» es una palabra oriental que significa ‘causa y efecto’, ‘Ley de Acción y Consecuencia’. Bien sabemos nosotros que vivimos en un mundo relativo.

Si estudiamos a fondo la teoría de la relatividad de Einstein, podremos concluir diciendo que estamos, sencillamente, viviendo dentro de la maquinaria de la relatividad. Obviamente, en este mundo tiene que haber Ley de Acción y Consecuencia. Incuestionablemente, no podríamos concebir la existencia de un universo donde la causa y el efecto estuviesen excluidos. Así que, al decir lo que dije, con gran asombro vi que aquella dama inclinó su cabeza en señal de asentimiento, y lo mismo hicieron los demás tripulantes.

Todos inclinaron su cabeza respetuosamente en señal de aceptación. Posteriormente, aquellos distinguidos personajes se pusieron de pie con la intención evidente de marcharse.

Y aunque pareciese demasiado terco, tuve que volver otra vez a reiterar la petición anhelante cual era la de que se me aceptase en aquel navío. Mas todo fue imposible. Sin embargo, el capitán, en el preciso instante en que ya se iba a dirigir a la nave, levantó la mano, derecha haciendo resaltar especialmente el dedo índice al tiempo que decía: —En el camino iremos viendo…

—Gracias, capitán —le dije—, muchas gracias.

Y extendí mi mano hacia él. Él, incuestionablemente muy cortés, estrechó la suya con la mía, y regresó a su navío; los tripulantes le siguieron. Ascendió por aquella escalerilla y, a través de la escotilla, penetró francamente en su nave; lo mismo hicieron los demás.

Preferí retirarme con el propósito de no ser herido por la radiación de un navío cósmico que se pone en marcha y, desde lejos, contemplé aquella esfera, la vi suspenderse en la atmósfera y perderse después entre el inalterable infinito. Pasado el evento, me sentí en verdad bastante alegre. Comprendí las palabras del capitán. Ellos jamás hablan por hablar, no son terrícolas, son hombres en el sentido completo de la palabra. ¿A qué camino se refería el capitán? ¿A cuál? Ya está definido, ese camino en el crístico Evangelio del Gran Kabir Yeshúa ben Pandira: «Angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la luz, y muy pocos son los que lo hallarán».

Se trata del camino psicológico, se trata del camino que conocen los mutantes, se trata del camino de la revolución de la Conciencia, que en estos momentos inquieta a millones de personas.

Indubitablemente, debía primero provocar en mí ciertos cambios psicológicos. No seria posible ingresar a una nave intergaláctica sin haber pasado por una previa preparación de tipo psicológico. Desde aquel día sigo luchando, precisamente, por eliminar de mi psiquis cualquier defecto de tipo psicológico.

Esto implica profundos estudios, autoexploración íntima, autobservación continua, etc. Estoy seguro de que un día vendrá otra vez esa tripulación a mí, y entonces sí podré ingresar en la misma para viajar a través del inalterable infinito.

La curiosidad que tenía por los discos voladores desapareció. Ahora solo quiero hacerme digno, porque no hay otro modo que me pueda garantizar la entrada a una tripulación de superhombres. Estos no son terrícolas, son hombres superiores. Allí vi, en realidad de verdad, al superhombre de Nietzsche.

Me viene en estos momentos a la memoria aquella frase de Así habló Zaratustra, frase que Nietzsche pusiera en su personaje exótico y que a la letra dice así: «Cuando Zaratustra tuvo treinta anos, abandonó su casa y el lago de su casa y se fue al bosque; allí permaneció diez años meditando. Y una mañana, mirando el sol naciente dijo: “¡Oyeme, astro grandioso! hace diez años que subes diariamente a mi caverna; si no fuera por ti, por mi Águila y por mi Culebra, ya me habría cansado de mí y de este lugar”. Y Zaratustra bajó de la montaña y un ermitaño que lo vio dijo: “¿No es este acaso Zaratustra? Hace diez años subió por aquí y ahora regresa hecho un niño”.

—¿A dónde vais, Zaratustra? Responde el místico: —Voy a la ciudad.

—Y ¿a qué vais a la ciudad? —Voy a ver a la humanidad y a ayudarla.

—¡Oh!, ¿no es acaso por amor a la humanidad que estoy aquí y en este lugar? Yo canto cantos, y los canto, y así alabo a Dios, que es mi Dios.

—Me voy —dijo Zaratustra— antes de que pueda quitaros algo.

—Dad una limosna solamente a aquel que os la pida —dice el santo—. Y antes de que os vayáis voy a daros un pequeño regalo.

Trae un látigo, lo envuelve en un trapo y se lo entrega.

¿Para qué quiero este látigo? El santo le dice: —Si vais a ver a la mujer; no olvidéis el látigo».

Claro, esta palabra ha sido muy mal juzgada por la humanidad, muchos creen que Nietzsche era cruel y que puso el látigo en manos de Zaratustra con el propósito, de que azotara a la pobre mujer.

Bien saben los biógrafos de Nietzsche que este tenía un corazón muy noble, que jamás daría tal consejo. Se refería a algo muy diferente, es necesario entender el simbolismo. Incuestionablemente, se hace inaplazable que el hombre aprenda a controlar el impulso sexual, que no sea una bestia, sino un hombre en el sentido más completo de la palabra.

Mas esto no lo han entendido los críticos.

«Y cuando llegó Zaratustra a la plaza pública dijo: Vengo a hablaros del superhombre. El superhombre es terriblemente divino. El hombre es con relación al superhombre nada más que un paso en el camino, un peligroso mirar atrás. Todo en él es peligroso. Ha llegado la hora del superhombre» .

Terribles palabras puestas en la boca de un Nietzsche. Claro, el a su vez, quiso utilizar su personaje Zaratustra para decir lo que tenía que decir.

En realidad de verdad, cuando vi a aquellos tripulantes del navío cósmico, pensé en el superhombre de Nietzsche.

Me viene a la memoria un caso muy curioso.

Cuando Hitler, el Führer alemán, se encontró con Gurdjieff, no pudo menos que pasar por algunas sorpresas tremendas, y se dirigió al pueblo diciendo: «Yo conozco al superhombre, le he visto, es terriblemente cruel, yo mismo he sentido miedo». El pueblo alemán se incliná respetuoso ante el Führer.

Mas en verdad el superhombre no es cruel. Si hubiese sido cruel no me habría atrevido a extender mi mano al capitán. Habría huido despavorido por aquel bosque o, posiblemente, hasta habría perdido el sentido, lleno de infinito terror. Pero sé lo que es el superhombre y por ello no temí: es grandioso, tiene una sabiduría extraordinaria. Muchos se preguntarán: «Entonces, ¿por qué desaparecen en el espacio los platillos voladores cuando alguien se acerca?».

A su vez yo preguntaría a ustedes: si caminasen por una selva profunda y, de pronto, hallasen una tribu de caníbales ¿qué harían? Correr, ¿verdad? Pero ¿correr el superhombre?, ¿cómo es posible? ¿Por qué corre ante nosotros, los pobres terrícolas que vivimos aquí, en este mundo? Sencillamente, porque en modo alguno ellos quisieran eliminarnos.

Si el superhombre ha podido conquistar el espacio infinito, podría hacer saltar en pedazos el planeta Tierra o desintegramos atómicamente en un instante dado. Pero eso no lo haría jamás el superhombre, eso solamente lo harían los terrícolas, mas nunca el superhombre. El superhombre sabe respetar toda vida. Así está escrito y así es. Así que, en realidad de verdad, estoy hablando sobre hechos, y hechos son hechos y ante los hechos tenemos que rendirnos.

En otra ocasión, hallábame precisamente en Puerto Vallarta. De pronto, un navío cósmico apareció. Serían las ocho de la noche. En principio pensé que tal vez aquel navío era un avión o un helicóptero o cualquier otra cosa por ahí. Mas la nave avanzó lentamente, permaneció quieta largo tiempo en el espacio. ¿Cómo es posible —me dije— que un avión permanezca quieto así, en el espacio, a poca altura sobre el mar? Eso no es posible. Si fuera un helicóptero, se sentiría por lo menos el ruido. Mas, en forma insólita, aquel navío se acercó hacia los acantilados.

Descendió a muy poca altura sobre el borrascoso océano. Le vi claramente: era un navío cósmico. Me retiré de un grupo de gentes que por allí estaban; entendí que posiblemente se me iría a transmitir un mensaje.

Entonces se me informó de algo importante con relación a la gnosis y a la ciencia de la Nueva Era en que nos encontramos. Recibido el mensaje, la nave partió hacia el firmamento, se perdió entre el cielo estrellado. Eso vi y debo dar testimonio. Así que, en realidad de verdad, las naves cósmicas son un hecho real. Un día cualquiera, no importa cuál, viviendo en la ciudad de Martín, escuchaba un a audición desagradable. No quiero citar ni nombres ni apellidos porque no está bien hacerlo, mas sí enfatizo el desagrado que me produjo aquel escepticismo tan crudamente materialista. Continuó la audición, apagué la tele, me senté en un sillón diferente. Y así estaba cuando de pronto alguien en la calle me llamó. Era un grupo de gentes que tenían vivo interés en que saliera, que querían mostrarme algo. Rápidamente descendí por aquella escalinata hasta el arroyo de la calle. Indicando todos con el índice lo que veían.

Una nave cósmica, lentamente, había descendido sobre las azoteas de aquella colonia. Todo el vecindario se agitó. De todas las casas salieron las damas y los caballeros. Estaban perplejos. La nave se había suspendido muy despacio sobre aquel lugar. Flotaba tan lento que fue fácilmente visible para todos, máxime cuando volaba a ras sobre todas las azoteas. No tenía en esos momentos una cámara fotográfica; si la hubiera tenido, habría fotografiad o aquel objeto volador no identificado.

«Pero ¿cómo? —dije—, ¿no vieron ustedes acaso cómo en la televisión se reían de este fenómeno ovni? ¿No escucharon las palabras de “fulano de tal”? ¿No escucharon sus burlas, sus sarcasmos, su escepticismo materialista, su incredulidad elevada al máximum?». Los vecinos se rieron, y se rieron de verdad y a carcajadas. Se burlaron del locutor. Lo creyeron loco. Era todo un vecindario riéndose de tan apreciable señor. Bueno, yo no hubiera querido llegar tan lejos, pero los vecinos fueron más lejos de lo que pensaba; al tiempo que la nave suspendida se deslizaba muy lentamente sobre las azoteas de todas las casas de la colonia.

Por último, hizo un giro sorprendente, un giro que no haría jamás un helicóptero ni un avión: verticalmente se lanzó hacia el cielo estrellado para perderse en el infinito. Estos son hechos que no se puede ignorar jamás.

Fui el primer investigador de estos fenómenos, de estas naves. Hablé sobre eso cuando nadie creía en eso. Llamé la atención al mundo entero, y ahora hay por todas partes sociedades, escuelas, clubs, etc., que se ocupan del fenómeno ovni.

Yo no he venido esta noche a hacer gala de meras teorías sin fundamento alguno. He venido, simplemente, a dar testimonio de los hechos y los invito también a ustedes a la investigación. No estoy exigiéndoles que me crean; les estoy insinuando delicadamente la idea de que investiguen por sí mismos.

Es muy fácil salir a los bancos y observar el cielo estrellado en las noches profundas para ver lo que sucede. Estoy seguro de que ustedes podrían recoger así muchos datos interesantes. ¿Cuál será el motivo por el que estas naves nos están visitando tanto? ¿A qué se debe? Quiero decirles esta noche, en forma muy clara, que nuestro planeta Tierra, desde el año 1962, está a punto de entrar en el anillo radioactivo de Alcione. Ya por el año de 1974, tres astronautas estuvieron algún tiempo en órbita alrededor de la Tierra. Comunicaron a su estación espacial, a su base, sobre una radiación muy extraña no vista antes. Y esto resulta ahora bastante interesante: se trata de ese gran anillo que rodea al sol maravilloso de Alcione.

Se nos ha dicho, y lo sé, que cada diez mil años nuestra Tierra entra en el anillo radiactivo de Alcione. Es un fenómeno que se realiza periódicamente, un fenómeno cósmico que ha sido estudiado matemáticamente. Ese anillo de Alcione se ha formado por la radiación, es radioactivo. El tal anillo se debe a los electrones: cuando estos se fraccionan, liberan energía; la energía de este anillo se propaga a varios miles de anos luz en el infinito.

Cuando nuestra Tierra entre en el anillo —y esto será de un momento a otro—, sucederá algo insólito: parecerá como si estuviese la atmósfera ardiendo.

Mas si fuese el Sol el primero en entrar en ese anillo, al combinarse dos radiaciones tan diferentes, cual es la de Alcione y la del sol que nos alumbra y da vida, habrá una obscuridad que puede durar unas ciento diez horas. Mas si es la Tierra que penetrase primero en tan gran anillo, indubitablemente, entonces sucederá que parecería toda como si estuviese ardiendo. Será un fenómeno perceptivo maravilloso.

La radiación de Alcione, indubitablemente, será terrible: alterará todas las fórmulas de la física, de la química, de la geología, etc. Y, como resultado, tendrá que venir una transformación científica completa. Incuestionablemente, muchos remedios ya no servirán y la terapéutica tendrá que pasar por un cambio fundamental. Las máquinas ya no trabajarán como normalmente trabajan: tendrá que colocarse un cambio técnico gravísimo, etc. Aquella radiación moverá totalmente el planeta Tierra, y entonces la noche dejará de existir, habrá un día que podrá durar dos mil anos.

No se sabe en qué día ni a qué hora podrá entrar la Tierra en ese anillo; lo que sí estamos seguros es que entrará. Téngase en cuenta que Alcione es el sol alrededor del cual giran las Pléyades. En verdad que siete soles, con sus correspondientes mundos, tienen como centro de gravitación al sol Alcione.

El séptimo de esos soles es el que nos da la vida, el que nos alumbra, rodeado de sus correspondientes planetas. Y uno de esos planetas, que tiene alrededor el séptimo sol de las Pléyades, se llama Tierra.

Así que, en realidad de verdad —y aunque muchos astrónomos no lo acepten—, somos, ciertamente, habitantes de las Pléyades. Vivimos en un rincón del universo, en un rincón de las Pléyades, en un pequeño mundo que gira alrededor del séptimo sol. Un día tendrán los astrónomos que aceptar esa terrible verdad. Ellos escudriñan en el espacio y ven las Pléyades, pero, en realidad de verdad, ni siquiera presienten que somos habitantes de las Pléyades.

Muchos son los que piensan en las Pléyades como en algo lejano e imposible, sin saber que nosotros también somos habitantes de las mismas.

La radiación de Alcione, actuando sobre la rotación terrestre, hará que esta disminuya la velocidad sobre sí misma, y como secuencia o corolario, nuestro mundo Tierra se distanciará más del Sol, tendrá una órbita más amplia; esto alterará completamente todos los horarios. La radiación de Alcione actuará también sobre los polos. Ya sabemos nosotros que los polos norte y sur se están desviando. Ya el polo geográfico no coincide con el polo magnético. Un día sucederá que los polos estén completamente desviados. Entonces los mares cambiarán de lecho, se tragarán los continentes. Este es uno de los motivos —y muy interesante— que origina la visita constante de los navíos cósmicos.

Si pensamos, ahora más todavía, en lo que ha de suceder en un futuro, cual es la visita terrible de Hercólubus, entonces comprenderemos el motivo por el cual somos visitados por los extraterrestres. Nuestro sistema solar viaja alrededor del Zodíaco, y una raza humana no dura más de lo que dura un viaje del sistema solar alrededor del Zodiaco. Ténganse en cuenta que en el viaje actual en el que estamos han sucedido cosas tremendas.

En realidad de verdad, ese viaje se iniciá después de la gran catástrofe de la Atlántida. Entonces, en aquella edad, Hercólubus se acercó demasiado a la Tierra y provocó la revolución de los ejes planetarios: los polos se convirtieron en ecuador y el ecuador se convirtió en polos. Los mares cubrieron la Atlántida y esta se hundió entre las aguas tormentosas del océano que lleva su nombre. Datos de eso quedaron en todas las escrituras religiosas de mayas, aztecas, egipcios, hebreos, etc. Se ha denominado, en todas las escrituras religiosas de los pueblos antiguos, «el Diluvio Universal».

A raíz de ese gran acontecimiento, nuestra Tierra inició un nuevo viaje alrededor del Zodiaco. Entonces también nació una nueva raza: los arios, mezcla de los sobrevivientes atlantes con los hiperbóreos. Nuestra raza se desenvolvió totalmente a través del viaje del sistema solar por todo el cinturón zodiacal. El viaje se inició en la constelación de Acuario; ya hemos regresado a la constelación de Acuario.

Esto significa que hemos llegado al final del viaje: Hercólubus está nuevamente a la vista. Ahora lo han bautizado con el nombre de «Barnard 1», se le estudia desde todos los telescopios del mundo. Pronto llegará aquí, a nuestra órbita. Entonces se sucederán cosas terribles. El gigantesco mundo atraerá el fuego del interior de la Tierra hacia la superficie. Y así nacerán nuevos volcanes en toda la redondez del mundo.

El nacimiento de cada volcán es claro que trae terremotos y maremotos. Con justa razón dijeron los antepasados de Anáhuac: «Los hijos del Quinto Sol perecerán por el fuego y los terremotos». Nosotros somos exactamente los hijos del Quinto Sol, y pereceremos todos por el fuego y los terremotos.

Así que, en realidad de verdad, este es un motivo muy grave que provoca la atención de los extraterrestres.

En el máximum de acercamiento de Hercólubus, se producirá la revolución de los ejes de la Tierra: los polos se convertirán en ecuador, el ecuador se convertirá en polos, los mares se desplazarán, tragándose los continentes actuales, y la Tierra regresará al estado caótico.

Es necesario, además, que regrese al estado caótico, porque, de lo contrario, se convertiría antes de poco en una nueva luna. Téngase en cuenta que la atmósfera de la Tierra actualmente está contaminada y que grandes sabios han pronosticado que, si continúa así, si no se resuelve el problema del esmog, antes de cuarenta años habrá perecido todo el mundo. Los mares están contaminados, se han convertido en horribles basureros; las especies marítimas están desapareciendo por todas partes. Los ríos y los lagos están contaminados.

Así que, en verdad, esta Tierra está pasando por una espantosa agonía. La humanidad ha destruido el planeta Tierra, la humanidad lo ha dañado totalmente.

Añádase ahora a esto nada menos que las explosiones de la bomba atómica por debajo, subterráneas.

Y, por si fuera poco, en estos momentos, Estados Unidos va a fabricar la bomba de neutrinos, la bomba «N», que será pavorosa. Como si no fuera ya pavorosa la bomba «H», o la atómica. Ahora se va a fabricar en gran escala la bomba «N» que podrá hacer desaparecer en segundos cualquier ciudad, que podrá acabar con millones de seres humanos. La degeneración humana ha llegado al máximo.

Hay países —que no citaré ahora— donde, en realidad de verdad, ya ni siquiera hay seres verdaderamente —no digamos hombres, porque la palabra «hombre» es muy grande— «masculinos», porque el matrimonio de homosexuales es ley, donde el matrimonio entre lesbianas es un hecho. Y, por si fuera poco, hay países donde se quiere ahora nada menos que establecer legalmente el incesto. ¿Qué más queremos? ¿Deseamos algo más? La corrupción humana ha llegado a su máximum. Ley es ley y la ley tiene que cumplirse.

Y aunque muchos digan que estas son cuestiones de temor, que el conferencista está hablando al estilo de la época medieval, profetizando como un inquisidor, etc., digo que, en verdad, no sería posible que continuara la vida sobre la faz de la Tierra si esta no volviera antes al estado caótico. Del caos habrá de salir nuevos continentes, nueva vida. Habrá sobrevivientes de la gran catástrofe que se acerca, pero estos habrán de pasar por procesos psicológicos extraordinarios antes de que puedan servir de núcleo fundamental para una nueva raza, que se establecerá en tierras nuevas, en continentes nuevos, en un mundo ya completamente regenerado. Hoy por hoy hemos llegado al final de la raza aria, estamos asistiendo a los últimos instantes de esta raza caduca y degenerada.

Nos visitan los extraterrestres con un solo objeto: auxiliarnos. No queremos entenderlo, pero a eso y por eso es que vienen. Han establecido ellos, en algunos lugares del mundo, bases muy importantes. Hay una en los Himalayas. Allí, en un valle secreto, un grupo de lamas ya tienen las naves cósmicas. Sé de otro grupo muy inteligente en el Amazonas, entre las selvas profundas. Y sé de otro grupo humano muy inteligente en Salta, Argentina. Así que se están estableciendo algunas bases cósmicas maravillosas.

Hay grupos selectos, grupos que han sido escogidos como semillero para la futura gran raza. En nombre de la verdad, debo de decirles que todos los habitantes de esta civilización están a punto de perecer.

En realidad de verdad, no solamente ignoran, sino, además, ignoran que ignoran.

¿Por qué solamente la Tierra habría de tener vida? ¿Creen ustedes que un espacio infinito, lleno de millones de mundos, puede estar despoblado? ¡Si, es absurdo! Hoy se necesita, en realidad de verdad, comprender que se nos quiere auxiliar, pero que los seres humanos no quieren aceptar el auxilio. Cada vez que los extraterrestres son vistos en los Estados Unidos, aviones de guerra salen a su encuentro. En Argentina, han sucedido casos insólitos: una nave de esas descendió delante de un batallón; el capitán ordenó hacer fuego a tiempo que la tripulación descendía del navío. Cuando fueron a disparar, los soldados quedaron paralizados. Un rayo azul salió de la nave. No fue posible, en realidad de verdad, lograr ningún disparo. Todos los soldados quedaron petrificados. Después regresaron al navío el capitán y su tripulación, se perdieron en el infinito. Estamos hablando de hechos, de hechos que han sucedido. ¿Por qué se ataca a los navíos cósmicos? ¿Con qué objeto? Además, se añade a la barbarie que ya tenemos, ciertas publicaciones horribles: se dice que vienen a atacar la Tierra, que son monstruos depravados, etc. ¡Qué tontería esa tan grande! Si ellos quisieran atacar este mundo, ya lo hubieran hecho hace mucho tiempo. Mucho antes de que nosotros conociéramos los rudimentos de las matemáticas, ellos ya viajaban a través del firmamento. Ellos podrían hacer saltar la Tierra en pedazos si así lo quisieran, mas no lo han hecho. ¿Con qué objeto han venido a visitarnos? Pues para auxiliarnos. Y ¡eso es todo! Pero nosotros no hemos querido entender. En realidad de verdad, nosotros somos verdaderos caníbales vestidos con esmoquin. Estamos en un estado de barbarie atroz, aunque nos creamos muy civilizados.

Todas nuestras ciencias actuales están estancadas.

Empecemos con la física: todos los días se inventan nuevos automóviles, aviones últimos modelos, etc., pero siempre sobre las mismas bases. En cambio, los extraterrestres han conquistado la cuarta vertical, la cuarta coordenada mencionada nada menos que por Einstein. Ellos pueden meter sus naves dentro de la cuarta dimensión para viajar a través del infinito.

Nosotros estamos estancados. El materialismo no ha permitido el avance de la física ni de la química. Permanecemos en estado retardatario.

¿Cómo podríamos conquistar nosotros el espacio con combustible líquido? ¡Absurdo! Para conquistar el espacio, se necesitaría la energía solar y nosotros todavía no sabemos manejar la energía solar. Para conquistar el espacio, habría que conquistar primero la cuarta vertical, y nosotros, debido al dogmatismo materialista, no hemos querido crear una geometría de cuatro dimensiones. Con una geometría así, estableceríamos la física tetradimensional y, por lo tanto, podríamos preparar naves tetradimensionales capaces de viajar por entre la cuarta vertical impulsadas por la energía solar.

Mas eso ya no es para nosotros. Nuestra raza está agonizando en estos momentos. El planeta Tierra, en estos instantes, está pasando por una crisis de agonía horrible. Mares cargados de inmundicia, la atmósfera cargada de esmog, especies vivientes en los mares desapareciendo completamente.

Así que, en realidad de verdad, estamos asistiendo al ocaso de la raza aria.

Hasta aquí mis palabras. ¡Paz Inverencial!

Presentador. El Maestro Samael Aun Weor en estos instantes va a permitir para todo el público diez minutos de preguntas, o sea, que con toda tranquilidad y con la mayor confianza pueden realizar sus preguntas sobre las inquietudes y sobre el tema.

Pregunta. ¿Me podría decir cómo se pueden explicar las muchas desapariciones que ha habido en el llamado Triángulo de las Bermudas? Maestro. Muy interesante la pregunta. Ciertamente, resulta inquietante el Triángulo de las Bermudas.

Lo que sucede es que allí hay una puerta de entrada a la cuarta vertical, un boquete abierto hacia la cuarta coordenada. Similarmente diremos de la «Zona del Silencio», en el Bolsón de Mapimí. Son hechos que suceden y que ya nadie puede negar. Y si alguno de ustedes lo quisiera negar, valdría la pena que hiciera el experimento: que se fuera a ver al Triangulo de la Bermudas, que allí permaneciera algún tiempo en algún navío, o que sobrevolara el océano en esa región, y se convencería. Por cierto que esto causaría terror a todo el mundo, pues desaparecería entre la cuarta vertical, y aquí hechos son hechos, y como he dicho, ante los hechos tenemos que rendirnos. Invito a todos a comprobar los hechos.

P. Le quería hacer una pregunta. Respecto a la forma de las naves, si hay una gran diferencia en la estructura fisica.

M . Ciertamente, hay diferencias. Por ejemplo, un pequeño navío cósmico, que en el fondo no resultaba tan pequeño, pues llevaba a doce personas, descendió de entre el seno, de entre del vientre de una nave nodriza y regresó a la nave nodriza. Así lo entendí. Hay otros navíos que tienen forma de circunferencia o esfera. En todo caso existen variadas formas y tamaños.

Precisamente, en cierta ocasión, una dama se estaba preparando para hacer sus quehaceres de planchado en una mesa cuando un pequeño navío de una circunferencia muy limitada, tal vez de unos treinta o cuarenta centímetros —o cien, no más—, entró por la ventana de su cuarto y descendió suavemente sobre la mesa. Sintió un poco de temor, buscó alguna forma de defenderse y lo único que se le ocurrió al no encontrar nada, fue salir corriendo para alejarse de la pequeña nave; huyó hacia el interior de su mismísima casa, pero regresó. Vio entonces sobre la mesa a sus tripulantes: pequeñas criaturas, verdaderos liliputienses que tendrían, cuando mucho, unos diez a doce centímetros de tamaño; parecían pequeños muñequitos de carne y hueso. Le ordenaron que quitara esa plancha de ahí, ella obedeció. Se metieron entre su navío y salieron por la ventana, y siguieron visitándola durante varias ocasiones. Liliputienses viajando en pequeñísimos navíos a través del infinito. Parecería esto una fantasía si no documentáramos la cuestión. En Bolivia acaeció algo extraordinario. Hace algún tiempo, en un lugar de aquel país, se descubrió un pequeño pueblo que parecía más bien como de juguete. Sus habitantes eran liliputienses, tendrían, cuando mucho, de doce a veinte centímetros de altura . Estaban rodeados de enormes cerros; sí, cerros de inmensa estatura, eso es todo. Toda Bolivia se fue al lugar a ver la cuestión. Todos lograron sacar fotografias. La tribu que había por allí no daba mucho paso a los civilizados. Más un día cualquiera pasó la novedad; desaparecieron aquellos pequeños liliputienses y el caserío quedó vacío -aún existe-.

Así pues, que los liliputienses son un hecho, existen. Son seres humanos que han involucionado, descendientes de antiguas civilizaciones que, a través del tiempo, se fueron empequefieciendo. No hay duda de que estos liliputienses son de origen lemúrico.

No quiero decir que los lemures fueran pequeños de estatura, pues bien sabemos que eran gigantes de tres y cuatro metros de altura, pero a través del tiempo, sobrevivientes lemures involucionaron. Y hoy, no solamente en Bolivia se encontraron algunos liliputienses venidos del árbol lemúrico, sino que también hasta en el África se hallaron. Así que, es un hecho eso de los liliputienses.

¿Qué tendría de extraño, por ejemplo, que estos que visitaron a aquella dama gnóstica viniesen de poderosas civilizaciones existentes en un pasado remoto, que involucionaron sus cuerpos, a través del tiempo y que llegaron a tener el tamaño que hoy tienen? Sin embargo, pueden así construir sus naves y viajar a través del firmamento.

Son cosas que no serían aceptadas jamás por el terrícola. Bien sabemos lo que es la ciencia materialista, dogmática e intransigente. ¿A qué nos expondríamos nosotros al publicar sobre esto? ¡A la burla!, como es natural, porque hoy la gente tiene la mente deteriorada. ¿Hay alguna otra pregunta?

P. Venerable Maestro, ¿qué nos podría usted comentar sobre el caso del apagón de Nueva York?

M. Bueno, ha habido dos apagones. El pasado, que fue provocado precisamente por un grupo de extraterrestres. Pruebas, las hay: fotografías por montones, hechos comprobados. Recuerdo que dos aviones de los Estados Unidos salieron al encuentro también de dos navíos cósmicos; aquellos, armados con cohetes, atacaron los navíos. Uno de ellos se perdió en el infinito, el otro descendió lentamente sobre una torre y entonces vino el apagón de Nueva York; eso fue terrible. El presidente Johnson, en aquella época, se propuso investigar y hasta estableció un departamento de su gobierno dedicado, exclusivamente, a la investigación de los extraterrestres.

Ahora ha habido otro apagón, indudablemente, habrá que investigarlo profundamente. Todavía no puedo contestar a esa pregunta hasta que no investiguemos, porque está muy reciente. ¿Alguna otra pregunta? A ver…

P. Maestro, usted nos habló de que solo el super-hombre seria digno de ir con los extraterrestres a algún viaje. y ¿por qué en la literatura de los ovnis se habla de que vienen y recogen a una persona o a un grupo de personas, se las llevan y luego las regresan? ¿Son esas personas ya superhombres o personas divinas o por qué? ¿O es mentira que se los llevan?

M. Bueno, en realidad de verdad digo que super-hombres son los viajeros del espacio, los extraterrestres, porque nosotros no somos superhombres, solo somos los pobres terrícolas de siempre. Ha habido casos insólitos, no lo niego, casos en que se han llevado a alguien al espacio, es cierto. Se lo han llevado para estudiarlo. ¿Qué extraterrestre no haría eso? Es que llaman mucho la atención los terrícolas, son muy extraños. Andan inconscientes por las calles, dormidos. Han perdido todas sus mejores facultades; hasta los sentidos físicos los tienen ya degenerados, están perdiendo la vista, el oído, etc.

Extrañas criaturas, los terrícolas; sonámbulos, inconscientes, nada saben sobre los fenómenos de la naturaleza ni del cosmos. De todos los fenómenos físicos que se suceden a nuestro alrededor, el ser humano tan solo percibe una millonésima parte.

Criaturas así, como sonámbulas, inconscientes, dormidas, criaturas tan atrofiadas, tan extrañas, llaman la atención de los extraterrestres. De cuando en cuando se llevan a algún ejemplar para estudiarlo en los laboratorios del espacio, eso es todo, y luego lo regresan al punto de partida original. Hay casos también muy curiosos. Bien sabemos que, en estos momentos en que la Raza Aria está llegando a su final, debe crearse una nueva raza. Entonces los extraterrestres están, en estos momentos, haciendo un intento de creación. Para el efecto, se llevan a algunos ejemplares que puedan tener una semilla útil, se los llevan para cruzarlos con seres humanos de otros mundos.

No es, pues, extraño que en estos momentos haya algunos terrícolas, por ejemplo, en Júpiter, o en Venus, o en Ganímedes, etc. Allí se les tiene con propósitos de cruzamiento. El resultado de tales cruces será traído de nuevo a la Tierra después de la gran catástrofe. Y con ese resultado, con esa nueva clase de gentes, se hará una nueva mezcla, se mezclarán con los sobrevivientes para dar origen a una nueva raza: la Sexta Raza, que será una raza regenerada, una raza muy inteligente, una raza superior; pero hay que cruzarla con gentes de otros mundos. Ese es otro de los motivos por los cuales se están llevando a algunos terrícolas, y eso es todo. Sin embargo, ha habido casos en que se han llevado estrictamente la simiente y nada más que la simiente.

En el Brasil acaeció el hecho concreto de un pobre campesino que estaba labrando la tierra. Una nave aterrizó por allí cerca, el hombre fue metido en el navío. Se le examinó su sangre y se llegó a la conclusión de que era útil. Se le metió en un laboratorio para los análisis; posteriormente, en una recámara.

Una mujer extraterrestre, desprovista de cejas, según los datos dados por él, le sedujo sexualmente. Luego se le sacó de la nave, y partió esta rumbo al infinito. Objetivo, ¿cuál? Es obvio: llevar la semilla para hacer los cruces correspondientes y lograr, pues, la creación de una raza nueva para el planeta Tierra, una raza que esté regenerada, una raza que tenga facultades buenísimas, una raza que esté mejorada en todo sentido. Porque la futura raza no podrá ser una raza degenerada, sino una raza superior, eso es todo. ¿Hay alguna otra pregunta?

P. Y ¿en qué otra forma nos podrían ayudar los extraterrestres?

M. Bueno, se está guiando demasiado, porque actualmente hay extraterrestres viviendo entre los terrícolas, camuflados de terrícolas. Ellos están dando las enseñanzas para que la humanidad se regenere, ellos están dictando conferencias o, simplemente, están laborando humildemente al lado de los terrícolas. Pero como los terrícolas tienen la Conciencia dormida ni siquiera sospechan sobre esos individuos. Si sospecharan, los matarían inmediatamente, porque los terrícolas son terriblemente perversos.

¿Qué sucedería si una nave cósmica aterrizara en Nueva York, por ejemplo? ¿Podrían ustedes pensar en lo que sucedería? Obviamente, los tripulantes serían conducidos, no a la cárcel, sino al laboratorio; posiblemente se les mataría. Y sus naves confiscadas servirían de modelo para crear millones de ellas armadas con potencial atómico, y hasta con la bomba «N», para destruir a otros países e invadir otros mundos del espacio. ¿Qué más se podría esperar de los terrícolas, de los habitantes de este mundo Tierra? Nada más. Eso es apenas normal entre terrícolas.

¿Hay alguna otra pregunta? Bueno, por ahora, debido a que el tiempo ha concluido, me despido de todos los aquí presentes dándoles las gracias por haberme escuchado. [Aplausos]. >FA<