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173 LOS RECELOS Y LAS PREOCUPACIONES
CONFERENCIA INEXISTENTE EN AMBAS EDICIONES IMPRESAS DEL 5º EVANGELIO
NÚMERO DE CONFERENCIA: 173
FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE
CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE
DURACIÓN:INVALUABLE
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE
FECHA DE GRABACIÓN:1975/07/30
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO
Comprendiendo aquellas frases del Cristo cuando dice: “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Esto es vital para la enseñanza esotérica. Si pensáramos en ese cielo antropomórfico que enseñan algunas religiones oficiales ortodoxas o no ortodoxas, pues fácilmente podríamos confundirnos, porque si todos los devotos, fieles, fueran a tal cielo artificioso, claro, nos encontraríamos con un problema, dicho problema podríamos subrayarlo y ponerlo entre comillas: “comprensión”. Sucedería que algunos fieles devotos, tendrían un modo de comprensión, otros, otro modo de comprensión, aquellos serían intransigentes y su comprensión sería casi nula y esotros, pues prácticamente no tendrían ninguna. En tal situación conviviendo unos con otros, todos así como en la Tierra, allá en el cielo, nos haríamos amarga la vida los unos a los otros por las diferencias de comprensión, nos torturaríamos unos con otros, nuestra vida sería insoportable, nadie entendería a nadie, puesto que no había uniformidad en la comprensión, entonces tal cielo utópico antropomórfico, se convertiría de hecho en otro infiernito bastante desagradable por cierto.
Así pues, esto de que “en la casa de mi Padre hay muchas moradas”, viene a aclarar completamente lo que es la vida interior de cada uno de nos. Ciertamente y en nombre de la verdad, debemos enfatizar la idea trascendental de que en cada uno de nosotros existe, dijéramos, una morada. Algunos pues, tendrán la morada del odio, y obviamente, estarán ubicados psicológicamente en los mundos infiernos, en la región del odio, otros tendrán por morada la lujuria y estarán ciertamente en el país de la lujuria, psicológicamente, ahí habitarán, ahí vivirán, ahí se moverán. Estotros, estarán ubicados en el país de la codicia y en esa región vivirán; los de más allá, estarán ubicados en la región de la envidia; esotros podrán estar ubicados en la región de la ira, etc., etc., etc.
Necesitamos saber en dónde estamos viviendo psicológicamente, si en el mundo físico sabemos que tenemos una casa material, para vivir, pues, necesitamos saber dónde nos encontramos psicológicamente. Sería imposible que un individuo lujurioso, por ejemplo, estuviera ubicado en el tercer cielo, descrito por Pablo de Tarso, esto sería inconcebible, incongruente, incompatible. Con la cruda realidad concreta en que vivimos, sería absolutamente absurdo que una persona que está odiando esté ubicada en el Nirvana, eso es incongruente. De manera que si en el mundo físico, sabemos que vivimos en México, que tenemos una casa, psicológicamente, tenemos que saber que también estamos ubicados en algún lugar. Mal podría decirnos un individuo lleno de coraje que está ubicado en el Mundo de las Causas Naturales, mal podría decirnos un individuo que está ubicado en la envidia, pongamos, que es un habitante del Tlalocan, o del Reino de los Cabellos Largos o de la Gran Concentración, etc.
Seamos sinceros con nosotros mismos, auto-explorémonos, conozcamos de verdad cuál es el defecto principal que nos caracteriza y entonces por deducción lógica, sabremos en qué región nos hallamos ubicados, en qué morada habitamos, esto es fundamental. Pero ¿cómo vamos a pensar que somos habitantes del Nirvana cuando estamos llenos de odio? Eso es contradictorio con la realidad, ¿cómo vamos a decir que vamos a entrar al Devakhan filosófico indostánico, si la lujuria nos está carcomiendo por dentro, si nos está tragando vivos. Lo que estoy diciendo, puede pecar, dijéramos, un poco en contradicción, con los textos de tipo ortodoxo, pseudo-esoterista y pseudo-ocultista que abundan por ahí, la librería barata, pero los invito a ustedes al realismo. Yo no concebiría un Devakhan o un Nirvana o un Mahaparanirvana habitado por codiciosos o por embusteros, por lujuriosos, o por iracundos, creo que ustedes tampoco lo concebirían así. De manera que si físicamente tenemos una casa dónde vivir, un país por donde vamos y venimos, entiendo que psicológicamente también, estamos ubicados en alguna de esas moradas.
No hay duda de que entre lo más exacto en relación con la cuestión de la vida multidimensional, es la cuestión del Arbol de la Vida, el asunto de los sephirotes. ¿Quién podría negar las diez esferas concéntricas que se penetran y compenetran mutuamente sin confundirse, las diez sephiras? ¿Cómo podríamos negar la morada del Anciano de los Días o del Cristo Cósmico o del Sacratísimo Espíritu Santo? ¿Cómo nos atreveríamos a negar la morada de Chesed, la región del Emperador y el mundo de Atman? ¿Cómo podríamos negar esa inmensa región Búdhica o Intuicional de Geburah? ¿Cómo nos atreveríamos nosotros a echar abajo la Esfera de Tiphereth, donde se desarrollan los Misterios Crísticos? ¿Quién negaría, por ejemplo, el Netzach o Región de la Mente? ¿Quién se atrevería, por ejemplo, a contradecir todo lo relacionado con Hod, el Mundo Astral? ¿O con Jesod, del Mundo Vital o Etérico o con Malkuth, el mundo físico? Nadie, pero esto es a grosso modo las diez regiones, penetrándose y compenetrándose, formando las diez sephiras, eso es a grosso modo.
Pasemos a ver los países que hay en esas regiones, pensemos ahora en las distintas esferas o moradas que son innumerables. Hay reinos como el reino por ejemplo, el Vajra-Sanat o del Tlalocan o de la Gran Concentración o de Maitreya, son reinos ubicados entre los sephirotes de la Kábala Hebraica. De manera que el Arbol de la Vida es a grosso modo, pero pensemos ahora en las Mónadas que son innumerables y cada cual gira hacia su morada, cada cual está atrapado, cada uno de nosotros está ubicado en alguna región en donde se mueve, eso es obvio.
Ahora bien, dentro del mismo organismo humano, existen los cinco cilindros de la máquina. Hay gentes viviendo en la región meramente instintiva de su máquina, está dijéramos, en el piso inferior de su casa, que es la región instintiva-sexual animal. Otros hay que viven en la región puramente emocional, o en la intelectual, son pocos los que viven en las regiones superiores del astral, del mental y del causal. A veces se tiene acceso durante una meditación al piso superior de la máquina, entonces vemos ahí las cosas extraordinarias, para luego descender al piso inferior donde normalmente vivimos, eso es obvio. Pocos son los que viven, dijéramos, en los pisos superiores de su casa, la mayor parte les gusta vivir en los cuartos inferiores, en la región puramente sexual animal o instintiva o motriz o en el mundo de las emociones negativas, etc., la mayoría vive también en la región del intelecto subjetivo o racionalismo animal, son los pisos inferiores de la casa, pero en los pisos superiores como el del Mental Superior, Emocional Superior, es difícil encontrar gente que esté viviendo, más raro es encontrar a alguien que se haya convertido en habitante del Mundo Causal.
Así pues, ante todo, debemos saber en qué lugar psicológico nos encontramos, esto es importantísimo, porque no se trata solamente de saberlo, si no de verdad, dedicarnos nosotros a vivir en los cuartos superiores de nuestra propia casa, no en los cuartos inferiores. No es nada agradable, por ejemplo, vivir en los cuartos inferiores después de la muerte, ¿qué sucede? ¿A dónde vamos? ¿Al cielito aquel que nos pintan las regiones dogmáticas? Pues no, entonces, ¿a dónde? Obviamente, continuamos en la región, pues, donde estamos ubicados.
Si toda la vida hemos estado ubicados en la región del odio, ¿pensamos acaso, que por el hecho de haber dejado el cuerpo, nos vamos para el Nirvana? Si toda la vida hemos estado ubicados en la región de los celos, pensamos acaso, que por tal motivo iremos a vivir en una esfera Búdhica o Intuicional, donde reina la filantropía, si nuestra mente ha sido completamente razonativa, subjetiva? ¿Creemos que después de la muerte, ya tenemos derecho a entrar al Devakhan de los teósofos? ¿O creen ustedes, que por el hecho de haber muerto físicamente, ya somos unos santitos bajados de las estrellas y que tenemos derecho por ese motivo de vivir en el firmamento estrellado? Claro, lo que estoy diciendo es revolucionario y de echo, echa abajo completamente lo que han sostenido todas las escuelas de tipo pseudo-esotérico, pseudo-ocultista, pero nos invita a la reflexión.
Obviamente, así es, si todos fuéramos ese cielo ortodoxo pintado por las religiones dogmáticas, terminaríamos convirtiendo ese cielo en un infierno, porque cada uno de nosotros, iría ahí cargado con todos sus odios, envidias, etc., etc. Resultado: formaríamos verdaderas revoluciones de sangre y aguardiente, entonces tal cielo se convertiría en un infierno. Por eso, con justa razón dijo el Cristo: “en la casa de mi Padre, hay muchas moradas”, también dijo: “El Reino de los Cielos está dentro de nosotros mismos”. De manera que nosotros tenemos que buscar ese Reino dentro de sí mismos, pero ¿cómo poder entrar a ese reino de los cielos dentro de sí mismo? ¿Cuál es la técnica a seguir? Tiene que haber algún sistema. El Cristo nos dijo que estaba dentro de sí mismos, y ¿quién es el Cristo? Pues Cristo es el Fuego Universal de Vida. Sobre la cruz del Mártir del Calvario hay cuatro letras: INRI, Ignis, Natura, Renovatur, Integram, el fuego renueva incesantemente la Naturaleza. Vean ustedes qué interesante esto, en esa misma, en la cruz del Redentor, está definido lo que es el Cristo: Ignis, Natura, Renovatur, Integram. INRI. Si nosotros golpeamos un eslabón con otro, vemos saltar el fuego, si hacemos chocar dos piedras entre sí, brotan chispas en el hierro, es donde está almacenado el fuego, si nosotros liberamos el fuego que hay en el hierro, poniendo a este último al rojo vivo, vemos el potencial ígneo encerrado en ese metal. Si nosotros rastrillamos un cerillo, vemos que brota el fuego, pero dicen los científicos que tal fuego brota debido a la combustión, más eso es falso, completamente falso, y de toda verdad, falso. Lo que sucede es que la combustión se produce por el fuego, no el fuego por la combustión. Muchos creen que debido a la combustión brota el fuego, pero la verdad es al contrario, es debido al fuego que hay combustión, el fuego está encerrado entre el fósforo del cerillo, es claro que con el rastrilleo, con la frotación, pues entonces el elemento que mantiene prisionero al fuego, se destruye, no queda más remedio que la llama salga al exterior. La mano misma que mueve al cerillo tiene fuego, si no tuviera fuego, no podría tener vida y movimiento, así pues, el fuego existe antes del cerillo y después del cerillo, y la mano que la mueve.
¿Dónde empezó el fuego y dónde termina el fuego? No tiene ni un principio ni un fin, el fuego es dijéramos, el elemento que está crucificado en toda la Naturaleza, es el Cristo Cósmico crucificado en la Creación, crucificado en esta Gran Naturaleza. El fuego es el Cordero de Dios que borra los pecados del mundo, es el Weweteotl del panteón nawatl, el Dios Viejo del Fuego, el Agnus Dei, que desde la Aurora de la Vida se crucificó en el Universo para podernos redimir y liberar. Ahora bien, hay que entender al Cristo, al INRI, El es el Fuego del Fuego, la Llama de la Llama, la Signatura Astral del elemento ígneo, por eso siempre puede verse hacia lo alto, al sol.
Zarathustra estableció en Persia el culto al fuego. En las lámparas de todas las iglesias cristianas arde el fuego, el fuego nos trae a la vida y cuando el fuego se escapa del cuerpo, deviene la muerte. Todo lo que existe en esta Gran Creación, existe por el fuego y deja de existir cuando el fuego se retira. Los mundos no son más que granulaciones del fuego, del Fuego Universal. En nuestra constitución íntima psicológica, existen 49 fuegos, así pues, que sin el fuego, no podría haber diversidad. ¿Qué hay más allá del fuego? Los elementales del elemento ígneo, dicen: “eso es algo que nosotros no sabemos”, pues es el Cristo el fuego mismo, el Fuego Universal.
Cuando la Llama de Oreb resplandeció a la entrada de la caverna, Moisés recibió ese rayo que emana de Ahelohim, es decir, resucitó en él el Padre que está en secreto, resucitó en él el Cristo Cósmico y el Espíritu Igneo del fuego, resucitó en él. Moisés en el Sinaí, escribió las Tablas de la Ley entre relámpagos y truenos y un gran incendio. En aquel monte sagrado, escribió los mandamientos que nos conducen de hecho a la desintegración del Ego, del mí mismo, del sí mismo, por eso es que ardió el Sinaí cuando Moisés recibió las Tablas de la Ley.
Cuando nosotros desintegremos cualquier “yo psicológico”, cualquiera de los “yoes”, sea este de ira, sea de codicia, de lujuria, de envidia, pereza, orgullo, gula, etc., liberamos Esencia, pero bueno, ¿qué es la Esencia? La Esencia es fuego vivo y cuando toda la Esencia se libera ¿qué queda en uno? El fuego, una bola de fuego, de manera que la Conciencia es ígnea, por eso se dice que el Cristo Cósmico dota de Conciencia a todas las criaturas. La Conciencia es fuego que arde en nosotros, pero está embotellada entre todos esos elementos inhumanos que cargamos en nuestro interior y eso es grave, necesitamos liberar el fuego. Cuando todo el fuego que está encerrado entre los “yoes” sea liberado, entonces nos convertiremos en una Llama Esplendorosa, que chisporroteará ardientemente entre esta gran rosa ígnea del Universo.
Ahora comprenderán ustedes, mis queridos hermanos, por qué motivo no se puede llegar a la iluminación, en tanto no se haya disuelto todo ese conjunto de elementos indeseables que constituyen el mí mismo, el sí mismo. Mientras esté embotellada la Esencia entre esos elementos indeseables, habrá en nosotros algo similar a lo que existe en un simple cerillo, ahí está el fuego, pero se encuentra embotellado entre el elemento químico llamado fósforo; si rastrillamos el cerillo, la llama es liberada y arde esplendorosamente, si destruimos al “yo”, la llama es liberada y arde entre la rosa ígnea del Universo entre esa hay luz, esplendor, armonía, belleza, felicidad auténtica, libertad absoluta, INRI, Ignis, Natura, Renovatur, Integram, el fuego renueva incesantemente la Naturaleza.
En el trabajo alquimista se forma tierra filosofal, es decir, nuestro organismo se convierte en agua, el esperma sagrado y el agua se convierte en aire, en Mercurio y el aire se transforma en fuego que sube ardientemente por la espina dorsal del adepto, del iniciado, para transformarlo radicalmente. Así es como los elementos convirtiéndose unos en otros, llegan a darnos luz, por eso es que en los misterios antiquísimos, aparece siempre la Esfinge, y las garras de la Esfinge, son precisamente las garras del León, que representan al fuego, las alas del Espíritu, representan al aire; el rostro humano de la Esfinge, representa al agua, y las patas de toro de la esfinge, representa a la tierra. Que la tierra se transforma en agua, ¿quién podría negarlo? Durante las operaciones alquimistas, que el agua se convierta a su vez en aire y que el aire en fuego, es lo natural, pero es el fuego el que viene a ayudarnos a transformarnos, a redimirnos, porque el fuego es el Cristo Cósmico y Cristo tiene poder para redimirnos, para liberarnos.
En el Amanecer de la Vida, yo fui testigo de un acontecimiento insólito: cuando se inició la Aurora del Mahamvantara estuve entre el Seno de Aquello que no tiene nombre y cuando comenzó el trabajo en los siete Templos del Caos, el trabajo alquimista, que tenía por objeto hacer fecunda la materia caótica para que surgiera la Vida. El Gran Señor, el Crestos, el Logos, penetró en el Santuario, firmó un pacto de salvación para hombres y dioses y se crucificó en su cruz, desde entonces, el Señor está crucificado en el mundo para nuestro bien, por eso es que si ustedes golpean una piedra, brota, salta el fuego. El fuego está en todo lo que es, en todo lo que ha sido, en todo lo que será.
Bien, mis queridos hermanos, ahora deben comprender ustedes precisamente la necesidad de liberar el fuego que hay en nosotros. La Esencia está aprisionada sí, entre los “yoes” y en ellos hay multiplicidad, hay “yoes malos”, perversos, que viven en nosotros; también hay “yoes buenos” que viven en nosotros, “yoes útiles”, y hay “yoes inútiles”, hay “yoes positivos” y “yoes negativos”. Algunos autores piensan que solamente se debe eliminar los “yoes malos”, permítaseme la libertad de disentir, conceptúo que también los buenos hay que eliminarlos si es que de verdad queremos pasar nosotros más allá del bien y del mal, obviamente, más allá de estos dos principios está la espada de la justicia, la espada flamígera. No todos los “yoes” que hay dentro de la psiquis humana son malos, hay “yoes” que tienen que saber pintar, hay “yoes” que saben hacer tales o cuales oficios, hay “yoes” que saben hacer caridad, hay “yoes” que son útiles.
…la llama aprisionada como el fuego entre el elemento químico del cerillo, necesitamos eliminar a los “yoes del bien” y a los “yoes del mal”, a los útiles y a los inútiles, a los que sirven y a los que no sirven, si es que queremos de verdad, dijéramos, pasar más allá del bien y del mal. Es obvio que necesitamos conocer lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno, en todo lo bueno hay algo de malo y en todo lo malo hay algo de bueno, hay mucha virtud en los malvados y hay mucha maldad en los virtuosos, entre el incienso mismo de la oración, también se esconde el delito, el delito se viste de mártir, de apóstol, etc., etc., llega también a oficiar en los templos más altos, llega a vestirse con la túnica de la sabiduría.
El Maestro Moria me decía con justa razón, unirse con el Intimo, es decir, con nuestro Real Ser, es algo muy difícil, y muy trabajoso, de dos que intentan unirse con el Intimo tan solo uno lo consigue, porque como dijo el poeta: “entre las cadencias del verso también se esconde el delito”. Así pues, mis queridos hermanos, si ustedes quieren llegar a conocer lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno, a empuñar un día la espada de justicia, la que usan los Angeles, pues necesitan forzosamente desintegrar los “yoes malos” y los buenos; en tanto nosotros no desintegremos esos elementos indeseables que cargamos en nuestro interior, el fuego permanecerá ahí prisionero de todo ese grupo de agregados psíquicos indeseables que cargamos dentro. Es claro, si queremos disolver tales elementos indeseables, necesitamos de la observación de sí y del recuerdo de Sí.
Hay que hacer una plena diferenciación entre lo que es la observación de sí mismo y lo que es el recuerdo de Sí. La observación de sí mismo es indispensable para auto-conocernos, auto-descubrirnos, con base de eso, trabajar para eliminar los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos. Recordación de Sí es diferente, es decir, recordad a nuestro propio Ser Interior Profundo. Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, adviene lo nuevo en ausencia del “yo pluralizado”. En ausencia del “yo pluralizado” podemos experimentar un elemento que transforma radicalmente, que ha anhelado vivamente. Francamente, si ustedes pudieran, aunque sea por un minuto, llegar a la quietud de la mente, de la voluntad y del deseo, mas todavía no lo hemos logrado, si alguno de ustedes lo lograra algún día, sería grande el impulso que sentiría para llegar a la transformación, porque cuando uno llega a experimentar eso que es lo Real, recibe un estímulo sorprendente, entonces puede de verdad trabajar y con muchas ganas sobre sí mismo, por eso de cuando en cuando, necesitamos de la recordación de Sí.
Distingan pues, ustedes, entre lo que es la observación de sí mismo, es decir, la observación del Ego, del “yo”, y el recuerdo de Sí, que es diferente. El recuerdo de Sí, es el Recuerdo del Ser, cuando hay recordación de Sí, la observación de sí mismo queda a un lado, porque el Ser nada tiene que ver con la observación del “yo”, el Ser es el Ser y la razón del Ser es el mismo Ser. De manera que en la recordación de Sí, indudablemente hay quietud y silencio de la mente. Aunque sea por un instante que logren ustedes llegar a la quietud y al silencio de la mente, siquiera por unos segundos, sería suficiente para que ustedes llegaran a experimentar ese elemento que transforma radicalmente, es un elemento maravilloso, es el Ser.
En nombre de la verdad, quiero dar testimonio de que realmente yo mismo he experimentado ese elemento y claro, ésta, tal experiencia, me anima incesantemente a trabajar, no solamente por sí mismo, sino también por la humanidad. ¿Cómo poder explicar la experiencia de lo Real? ¡Imposible! Jesús el Cristo dijo: “conoced la Verdad y esta os hará libres”. En cuanto a la observación de sí, es fundamental si queremos auto-conocernos, eso es obvio. Si no nos observamos a sí mismos, ¿cómo podremos nosotros auto-descubrirnos? Necesitamos observarnos; las gentes creen que se conocen, pero no se conocen a sí mismas, si en verdad se conocieran a sí mismas, cuán distintas serían. Pero la fantasía es el peor enemigo que tiene el ser humano. Esas gentes que han caído en la fantasía de que sí se conocen a sí mismos y cuando se les dice que no se conocen hasta se ofenden, si esas gentes eliminaran la fantasía, cuán distintas serían. Conocerse a sí mismo es fundamental, pero tiene uno que auto-observarse a sí mismo, ¿cómo podría auto-conocerse si no se observa? Y al observarse uno a sí mismo, se divide en dos, una parte que observa y otra que es observada, si no se dividiera en dos, ¿cómo podría observarse? Pero, dividiéndose entre una parte que observa y otra que es observada, pues entonces podemos auto-conocernos, descubrirnos, auto-descubrirnos para trabajar sobre sí mismos y eliminar o erradicar de nuestro interior todos esos elementos que nos mantienen en estado de hipnosis.
Todos nosotros, en verdad estamos hipnotizados, no vemos el mundo como es, sino como aparentemente es, sufrimos de hipnosis colectiva y eso es lamentable. La gente toda está hipnotizada, pero no sabe que está hipnotizada, si nosotros erradicáramos de nuestra naturaleza, si nosotros extirpáramos de sí mismos, esos elementos que nos mantienen hipnotizados, entonces conseguiríamos liberar el fuego para despertar, conseguiríamos el despertar de la Conciencia. Las gentes creen que están despiertas, más duermen profundamente y si se les dice que están dormidas, pues a lo mejor se ofenden. Ha llegado la hora hermanos de comprender todo esto.
Tenemos multitud de “yoes” que hay que extirpar, ya dije, no solamente los malos, sino los buenos también. Hay “yoes” que tienen el vicio de leer todo lo que caiga en sus manos, periódicos, revistas, libros de Pedro, Juan o Diego, Chucho, Jacinto, José, lo que dijo, lo que dijeron, sin discriminación alguna. Esos “yoes” hacen mucho daño, perjudican a la mente, yo no digo que uno no deba leer si hay que leer algo, pero saber qué es lo que va a leer; así leer por leer, por indigestarse con tantas y tantas teorías, con eso no van a hacer otra cosa sino fortificar el “yo de la lectura”. Tal “yo” debe ser disuelto, cuando es disuelto es el Ser el que queda ahí. Hay una parte del Ser que reemplaza al “yo de la lectura”, ¿qué parte del Ser reemplaza al “yo de la lectura”? Entre los griegos se llamaba Minerva. Minerva no es solamente la diosa aquella de la mitología, ella existe realmente, no lo niego, pero hay una Minerva Particular también en cada uno de nosotros. Nuestro Ser tiene muchas partes, tenemos una Minerva que se encarga de la sabiduría, hay otra parte de nuestro Ser, por ejemplo, que es el León de la Ley; hay otra parte de nuestro Ser que es Mitratón, así como hay un Mitratón allá arriba, en el mundo de Breach, también tenemos aquí, del lado derecho, en relación con el hombro derecho un Mitratón, Señor de la Ley, es una Llama Ignea, una llama de luz primitiva. Dicen que Moisés era discípulo de Mitratón, ahora nos explicamos por qué fue el gran legislador, es que en nombre de la verdad, Mitratón en nosotros es el que apunta nuestras buenas obras. Allá arriba en el Macrocosmos, el gran Mitratón de Breach, es el que prepara el terreno para las manifestaciones del Anciano de los Días, hasta se asegura que un rayo del Anciano de los Días llega a Mitraton y que de ahí, el tal rayo, se dirige hacia el mundo físico para iluminar todo esto. Pero también así existe un Sandalphon en el Cosmos estrellado que apunta las malas obras del Universo y de los Dioses, así también aquí, en el lado izquierdo, tenemos otra parte de nuestro Ser, es un Sandalphon que apunta nuestras malas acciones. Así también mis queridos hermanos, hay un Anubis en cada uno de nosotros, ¿piensan ustedes que no hay sino un único Anubis que es el regente de los 42 jueces del Karma? No, están equivocados, en nuestro Ser hay una parte que es un Anubis, muy propio de nosotros, se encarga de aplicarnos la Ley, cada cual carga su Anubis particular y así sucesivamente. ¿Que existe el Señor del Tiempo, quién lo puede negar? Ese Gran Señor que está allá oriente, en el gran oriente, pues cada cual tiene su Señor del Tiempo particular. Nuestro Ser tiene muchas partes, parece un Ejército de Niños y cada una de esas partes ejerce determinadas funciones. Así pues, si eliminamos “yoes útiles”, pues ellos son reemplazados por partes muy útiles del Ser que saben hacer las cosas perfectas.
Aquí entre paréntesis, me decía nuestro hermano Batarsé: “bueno, si yo como industrial, por ejemplo, elimino el “yo de la industria”, pues tengo la industria de hacer pantalones, y si yo elimino al “yo de los pantalones”, pues entonces ¿ya no hago más pantalones? ¿Se acabó la cosa? ¿Se terminó la fábrica?” Le contesto yo al hermano Batarsé: “no, queda un Ser muy industrioso, perfectamente una parte de tu Ser sabe reemplazar completamente al “yo de la industria” y podrás seguir haciéndolos con perfección”, porque el Ser no es algo inútil, las partes del Ser son todas muy útiles, muy hábiles y pueden reemplazar perfectamente al “yo pluralizado”, pues tenemos hasta un alquimista dentro, ¿qué diríamos del famoso Antimonio de la Alquimia? Es una parte de nuestro Ser, ¿cuál es su misión? Fijar el Oro en el Mercurio, es nada menos que aquel que sabe transmutar el plomo en Oro. Ningún alquimista, por ejemplo, podría realizar ninguna transmutación metálica sin la ayuda del Antimonio, pues él es el que fija los átomos de Oro en el Mercurio. Así pues, desintegrar a los “yoes buenos” y malos es vital. En su reemplazo queda el Ser, que conoce lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno. Disolviendo esos “yoes buenos” y malos, liberamos al fuego, para arder como verdaderas llamas entre el crepitar de esta rosa ígnea de la Creación.
Es bueno que ustedes entiendan todo esto, mis queridos hermanos. Hay “yoes” que pasan desapercibidos para ustedes, ¿qué diríamos, por ejemplo, de los “yoes de las preocupaciones”? Se posan sobre cualquier cosa; leyeron un periódico, ¿hubo una noticia ahí? Bueno, ahí aprovechan ellos para posarse y atormentarles el cerebro. ¿Recibieron una mala noticia, una carta posiblemente? Ahí aprovechan el chance ellos para posarse sobre eso y formar el problema, ellos están en acecho, aguardando a ver qué llega a la mente; una palabra, una mirada, una sonrisa, lo que dijo, lo que le dijeron, etc., etc., y otras tantas yerbas, ahí están alertas, como enjambres de moscas para atormentar al pobre ser humano, para destrozarle su miserable cerebro. Así pues, mis queridos hermanos, yo les aconsejo de verdad, que destruyan los “yoes de las preocupaciones”, en verdad les digo que causan mucho daño. Y ¿qué diremos nosotros de aquel “yo” famoso de los recelos? Ustedes saben lo que es el recelo ¿verdad? Toda la gente está llena de recelos, va uno de pronto por un camino, manejando su automóvil y sin menos pensarlo, aparece un guardián del orden público, un policía de caminos: “¿a ver señor, para dónde van ustedes, hacia dónde se dirigen?”, luego mira a ver qué va adentro, bueno, si no ve nada sospechoso: “continúen su viaje, sigan”, ¿qué es eso? Recelo, ¿no son acaso los recelos los que han amargado la vida? Si ve el policía que de pronto va algo como que se le parece a una pistola, vuelve a detener el carro, a buen seguro que se encontrará tal vez con el mango de un paraguas, pero él piensa que es una pistola. Las fronteras están llenas de recelos espantosos, a los pobres pasajeros, les quitan su equipaje, se lo abren, etc., etc.
Recelos, ¿pero cómo es esa cuestión de los recelos? ¿Cómo se transponen las fechas de un lugar a otro? Cómo los eventos se pasan de aquí a ahí, ¡qué juego los que hace uno con eventos, con fechas, con nombres y apellidos, etc., qué malabares! Son muy subjetivos los recelos, un ejemplo concreto sobre recelos: alguien pues, al cual le servimos de fiador, por ejemplo, para que comprara muebles, nos hizo quedar mal, nos hizo pagar lo que él no quiso pagar. Mucho mas tarde en el tiempo, ese alguien viene a pedirnos ese mismo favor, que le volvamos a servir de fiador para comprarse un automóvil, entonces ya viene el recelo, traspones fechas. El acontecimiento aquel de los muebles, ya no fue hace diez años, es ahora 1975, en la cuestión aquella de que aquel infeliz no pagó los muebles, no tenemos en cuenta de que no pagó porque no podía, no porque no quiso, sino tal vez porque no pudo, eso no lo tomamos en cuenta: “me hizo quedar mal, y yo lo tuve que pagar, ahora yo no le voy a servir de fiador”. No quiere uno darse cuenta, de que aquel sujeto, posiblemente ya cambió y de que ahora ya está tal vez mejor desde el punto de vista económico y ahora sí puede pagar, que en aquella vez no pagó porque no pudo, pero que ahora sí puede. Nada de eso, tenemos en cuenta lo de los muebles, no lo olvidamos, ahí lo cargamos entre el cielo y cielo y decimos: “si no pagó en aquella época, pues ahora tampoco va a pagar, me quiere poner de tonto para que le sirva de fiador otra vez, ni por un átomo le voy a servir”. Bueno, ¿no hay una transposición de fechas acaso? ¿No hay una transposición de eventos? Un evento de hace diez años, lo pasamos a 1975, fechas, acontecimientos, personajes, todo.
Ahora, supongamos que no fue ese mismo individuo que nos vino a pedir que le sirviéramos de fiador, supongamos que otro sujeto XX, de hace 20 años, nos pidió que le sirviéramos de fiador para una casa y nos tocó posiblemente pagar todo lo que él salió debiendo. 20 años después, aparece otro sujeto XX, totalmente diferente, que nos pide idéntico servicio, entonces nos acordamos de aquél al cual le servimos de fiador hace 20 años y decimos: “no, ya me la hicieron una vez, y otra vez no me la vuelven a hacer, yo no soy tan tonto para volver a caer”, y no le servimos de fiador a la nueva persona, una persona diferente. Pero vean cómo hacemos transposición, no solamente de fechas y de eventos, sino hasta de personas, ¡cuán criminosos somos nosotros con nuestros recelos, cómo son de subjetivos los tales recelos!
Ahora, ¿qué tal que nos vayamos para el otro lado? Para el mundo próximo que nos aguarda, tú sabes muy bien, cuál es el mundo próximo, ¿no? La morada aquella que nos aguarda más allá del cuerpo, más allá del sepulcro, ¿qué tal que nos vayamos con esos recelos? ¿Qué clase de psiquis vamos a llevar nosotros? No será una psiquis muy objetiva, sino completamente subjetiva, una mente enredada, transponiendo fechas, transponiendo personas, transponiendo acontecimientos, total, un sonámbulo bien reloco, andando por el mundo astral. De lo más subjetivo que existe en el ser humano son los recelos. Yo les aconsejo a ustedes que los desintegren, que los pulvericen si es que quieren llegar ustedes algún día a tener una mente sencilla de niños inocentes. Ustedes no tendrán muchas ganas de convertirse en niños inocentes, ¿verdad? Piensan que quedan completamente indefensos, no hay tal. El Ser es más fuerte que el “yo” y quien ha disuelto el Ego, queda mejor defendido, queda en condiciones superiores, de manera que por el hecho de disolver el Ego, nadie queda indefenso, absolutamente nadie.
Bueno, todo esto lo he traído a colación, para que vean ustedes la necesidad de trabajar sobre sí mismos. Anoten cuidadosamente que deben acabar primero que todo con esa cosa de las preocupaciones, disolver ese enjambre de pequeños “yoes” pendencieros que se llaman “yoes de las preocupaciones”, “yoes” que les destruyen el cerebro, “yoes” que les perforan hasta los tuétanos de los huesos, “yoes” que les acaban, les arruinan la mente miserablemente, propónganse a acabarlos, desintegrarlos, quemarlos y verán cuán felices se van a sentir ustedes, cuán dichosos se van a sentir. Pero trabajen de verdad, trabajen sobre sí mismos, eso es vital, mis queridos hermanos, a medida que ustedes vayan desintegrando “yoes”, irán viendo cómo la luz los va iluminando, cómo el fuego se va liberando, cómo la Conciencia se va haciendo cada vez más lúcida, más resplandeciente.
P.- Acerca de los “yoes recelosos”, en alguna ocasión nos dijo usted, que deberíamos aprender a conocer a la humanidad.
R.- Bueno, pues no está en contradicción una cosa con otra. El Viejo de los Siglos, me enseñó pues, que la humanidad es capaz de todas las maldades, eso no lo podemos negar, pero téngase en cuenta que existe lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno. Los recelos no nos conducen a nada bueno, a nada bueno han conducido los recelos, a no ser a la creación de las quintas columnas en el mundo, a la creación de aduanas, a la creación de hordas guerrilleras establecidas en todas las fronteras del mundo, a la creación de todos los sistemas de espionaje como el de la CIA y de otros tantos por el estilo, a eso han conducido los recelos, el mundo está hecho un infierno por tales recelos. Al disolver nosotros el “yo de los recelos”, no quedamos indefensos absolutamente, queda en nosotros algo que reemplaza al “yo de los recelos”. ¿Qué es aquello que puede reemplazar al “yo de los recelos”? Queda la sabiduría, queda Minerva, quien nos ilumina y nos orienta sin necesidad de recelos. Los recelos son algo que salen sobrando, si tú te auto-exploraras a ti misma, en este momento, descubrirías el motivo de tu pregunta. Con asombro podrías evidenciar por ti misma que es el mismo “yo de los recelos” quien ha formulado la pregunta, temeroso de verse destruido a sí mismo; esa es la cruda realidad de los hechos.
P.- Venerable Maestro, en una plática que dio antes, puso un ejemplo en el sentido de que si llega una persona hambrienta y nos pide de comer, le demos, pero si esa persona reincide una y otra vez, entonces ya no es un acto de caridad. Yo pregunto, ¿si uno se niega la segunda, la tercera vez, es un recelo?
R.- Pues a una persona hambrienta, hay que darle de comer, si vuelve y de verdad vemos el hambre, hay que darle de comer, pero si ya definitivamente ha convertido nuestra casa como hospedaje o casa de hotel o de restaurant, ya cambia la cosa. Todas las aves del cielo salen a buscar pues, la comida y la encuentran y diariamente la buscan y la hayan, pero sería absurdo que las gentes no imitaran el ejemplo de las aves del cielo, entonces sencillamente, por comprensión creadora, diríamos nosotros: “bueno, ya que trabaje, ya le he dado lo suficiente de comer, ya basta, si usted no trabaja, de nada, de nada, de nada, ¿por qué ha resuelto en convertir mi casa en un restaurant?”. Aclaro, hay que hacer el bien, pero hay que saber hacerlo. Resulta que los “yoes del bien”, hacen el bien, pero no saben hacer el bien, porque son subjetivos, ahora comprenderán ustedes por qué hay que destruir los “yoes buenos” como los “yoes malos”. El Ser está más allá del bien y del mal y sabe hacer el bien inteligentemente.
Un ritual gnóstico dice: “Amor es Ley, pero Amor Consciente”. Hay que saber hacer el bien, así les digo a ustedes, pero si ustedes no disuelven los “yoes del bien”, nunca sabrán hacer el bien. No hay recelo cuando hay comprensión, ¿qué tal por ejemplo, que le demos limosna a un marihuano, ¿habrá comprensión en eso? Porque somos muy buenos, le vamos a dar al pobre marihuanito unos cuantos pesos, monedas, para que vaya y compre más marihuana, ¡estamos haciendo mal, aunque creamos que estamos haciendo un bien! Alguien con una buena “cruda”, puede venir a pedirnos que le demos para comprarse una botella de tequila, la caridad nos diría, “¡pobre hombre, con esa cruda, tome, cómprese su tequila, vaya a la cantina, a la taberna!”
P.- ¿Y si se muere por no darle para la cruda?
R.- Pues es mejor que aprenda en carne viva que el vicio no conduce sino al fracaso. El mismo se buscó, que sufra las consecuencias, eso es claro. En lugar de darle para que vaya a comprar la botellita, ¿qué tal? Eso no es hacer el bien, ¿verdad? O mejor dicho, es hacer el bien mal; y los “yoes del bien”, hacen el bien, pero no lo saben hacer, lo hacen mal hecho.