Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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F057 TRANSFORMACIÓN DE LAS IMPRESIONES

FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN LA 1ª EDICIÓN DEL 5º EVANGELIO

TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):

TRANSFORMACIÓN GNÓSTICA DE LAS IMPRESIONES (13:44)

NÚMERO DE FRAGMENTO: F057

FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR

CALIDAD DE AUDICIÓN:REGULAR

DURACIÓN:13:44

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN

FECHA DE GRABACIÓN:1975/??/??

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:TERCERA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com

>IA< Incuestionablemente, esta cosa de las impresiones merece ser analizada en forma clara y precisa. La personalidad que todos hemos adquirido recibe las impresiones de la vida, pero no las transforma porque prácticamente es algo muerto.

Si las impresiones cayeran directamente en la Esencia, es obvio que serían transformadas, porque de hecho ella las depositaría exactamente en los centros correspondientes de la máquina humana.

La personalidad, que es el término que se aplica a todo cuanto adquirimos, es claro que traduce las impresiones de todos los lados de la vida, de un modo limitado y prácticamente estereotipado, con arreglo a su calidad y asociaciones.

A este respecto, en el trabajo se compara a veces a la personalidad con una pésima secretaria que está en la habitación del frente, que se ocupa de todo según sus propias ideas, conceptos, preconceptos, opiniones y prejuicios.

Tiene muchísimos diccionarios, enciclopedias de todo género y libros de referencia, etc., y está en comunicación con los tres centros; es decir, el mental, el emocional y los centros físicos, con arreglo a sus limitadas ideas.

Como secuencia o corolario, resulta de ello que se pone en comunicación casi siempre, y eso es lo lamentable, con centros equivocados.

Esto significa, y es bueno poner atención a lo que estoy aquí diciendo, que las impresiones que le llegan son enviadas a lugares equivocados; es decir, a centros que no le corresponden y producen naturalmente, resultados equivocados.

Pondré un ejemplo para que ustedes me puedan entender mejor. Supongamos que una mujer atiende con mucha consideración y respeto a un caballero.

¡Claro!, las impresiones que el caballero está recibiendo en su mente, son traducidas por la personalidad y esta las manda a centros equivocados.

Normalmente, las manda al centro sexual. Entonces, este caballero llega a creer firmemente que la dama en cuestión está enamorada de él y, como es lógico, no

tarda mucho tiempo sin que él se apresure a hacerle insinuaciones de tipo amoroso.

Indubitablemente, si aquella dama realmente jamás ha tenido esa clase de preocupaciones por el caballero en cuestión, es claro que no deja de sentirse, y con mucha razón, digo, sorprendida, ¿verdad?.

Ese es el resultado de una pésima traducción de las impresiones. ¡Vean ustedes cuán mala secretaria es la personalidad!.

La vida de un hombre depende de esta secretaria que busca mecánicamente la información en sus libros de referencia sin comprender en absoluto lo que significa en realidad, y la transmite en consecuencia sin preocuparse por lo que pueda ocurrir, pero sintiendo únicamente que está cumpliendo con su deber.

Esta es nuestra situación interior. Lo que importa comprender en esta alegoría es que la personalidad humana, que todos adquirimos y debemos adquirir, empieza a hacerse cargo de nuestra vida, y esto es algo demasiado importante.

Incuestionablemente, es inútil imaginar que esto solo sucede a ciertas personas, les sucede a todos.

Quienquiera que sea, se halla, a través de la observación de sí, en posesión de un reducido número de modos característicos de reacción a las múltiples impresiones de la vida entrante.

Estas reacciones mecánicas, desgraciadamente, infortunadamente, nos gobiernan. Cada cual en la vida está gobernado por su propia serie de reacciones a las impresiones, es decir, a la vida misma.

No importa que se llame liberal o conservador, revolucionario o bolchevique, etc., etc., etc. Bueno o malo, o en el sentido ordinario.

Es obvio que estas reacciones ante los impactos del mundo exterior constituyen nuestra propia vida. La humanidad, en este sentido, podemos decir en forma enfática que es completamente mecanicista.

Cualquier hombre en la vida se ha formado una enorme cantidad de reacciones que vienen a ser, lo que se llama “la experiencia” o “las experiencias prácticas” de su existencia.

Es claro que como toda acción produce sus reacciones, acciones de cierto tipo vienen a producir reacciones de cierto tipo, y a tales reacciones se les llama “experiencia”.

Interesante sería, por ejemplo, a fin de conocer mejor nuestras acciones y reacciones, poder relajar la mente. Esto del relajamiento mental es magnífico.

Acostarse uno en su lecho o sentarse en un cómodo sillón, relajar todos sus músculos pacientemente, y luego vaciar la mente de toda clase de pensamientos, deseos, emociones, recuerdos, etc.

Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, podemos conocernos mejor a sí mismos. Es en tales instantes de quietud y silencio mental cuando, realmente, venimos a verificar en forma directa el crudo realismo de todas las acciones y reacciones de la vida práctica.

Cuando la mente se encuentra en reposo absoluto veremos multitud de elementos y subelementos, acciones y reacciones, deseos y pasiones, etc., como algo ajeno a nosotros, pero que aguarda el instante preciso para poder tomar control sobre nosotros mismos, sobre nuestra personalidad.

He ahí el motivo por el cual vale la pena la quietud y el silencio de la mente. Obviamente, la relajación del entendimiento es benéfica en el sentido más completo de la palabra, pues nos conduce al Autoconocimiento individual.

Así es que toda la vida, es decir, la vida exterior, lo que vemos y oímos, es para cada persona sus reacciones a las impresiones que le llegan del mundo físico y, como dije, es un gran error pensar que lo que es llamado vida sea una cosa fija y sólida, la misma para cualquier persona.

Ciertamente que las múltiples impresiones, que con respecto a la vida existen en el género humano, son infinitas. La vida, ciertamente, son nuestras impresiones de ella y es claro que nosotros podemos, si lo queremos, transformar tales impresiones.

Pero, como se dijo, esta es una idea muy difícil de comprender, debido a que es tan poderoso el hipnotismo de los sentidos. Aunque parezca increíble, todos los seres humanos se hallan en estado de hipnosis colectiva.

Tal hipnosis es producida por el estado residual del abominable Órgano Kundartiguador que desarrolló el ser humano. Es claro que originó los diversos agregados psíquicos o elementos inhumanos que en su conjunto constituyen el Mí mismo, el Sí mismo.

Estos elementos y subelementos, a su vez, condicionan a la Conciencia y la mantienen en estado de hipnosis. Así pues, existe la hipnosis colectiva, todo el mundo está hipnotizado.

La mente está tan enfrascada en el mundo de los cinco sentidos, que no acierta a comprender cómo podría independizarse de ellos. Cree firmemente que estos sentidos le muestran la realidad. Así, nuestra vida interior, nuestra verdadera vida de pensamientos y sentimientos sigue siendo confusa para nuestras concepciones meramente razonativas, intelectivas.

No obstante, al mismo tiempo, sabemos muy bien dónde vivimos realmente, en nuestro mundo de pensamientos y sentimientos, y esto es algo que nadie puede negar. Así pues, necesitamos aprender a transformar nuestras propias impresiones.

Empero, no es posible transformar cosa alguna en nosotros si seguimos pegados al mundo de los cinco sentidos. Como dije en mi pasada plática, el trabajo le enseña a uno que si es negativo, se debe a la culpa propia. El punto de vista sensorio es que esta o aquella persona en el mundo exterior, a quien uno ve y oye por medio de los ojos y oídos, tiene la culpa.

Esta persona dirá, a su vez, que nosotros somos los culpables. Pero, realmente la culpa está en las impresiones que nosotros tengamos sobre la persona.

Muchas veces pensamos que una persona es perversa cuando, en el fondo, esa persona es una mansa oveja.

Conviene mucho aprender a transformar todas las impresiones que tengamos nosotros sobre la vida. Es necesario aprender a recibir con agrado las manifestaciones desagradables de nuestros semejantes.

Si pensamos científicamente en esta cosa de las impresiones y del modo de transformarlas, veremos lo siguiente: las impresiones que llegan a nosotros corresponden al Hidrógeno-48, que es el Hidrógeno que gobierna al cuerpo físico.

Así pues, toda impresión pertenece al Hidrógeno-48, pero puede ser transformada en el Hidrógeno-24, que corresponde al cuerpo astral, y mucho más tarde en el Hidrógeno-12, que corresponde al mental, y aun en el Hidrógeno-6, del causal, etc., etc., etc.

Es claro que la transformación del Hidrógeno-48 en 24, o del 24 en 12, o del 12 en 6, o del 6 en 3, solamente es posible mediante un agente secreto. Quiero referirme al Hidrógeno Sexual SI-12.

Es claro que si uno es casto, si uno aprende a transformar el esperma sagrado en energía creadora, la transformación de tal Hidrógeno-48 en 24, y en 12, y en 6, y en 3, etc., resulta factible.

Ahora bien, si pensamos en el cuerpo físico, en el cuerpo de carne y hueso, tenemos que decir que así como hay diferencias entre lo psíquico, grados y grados, estados y estados, así también lo hay en el físico.

Que una carne se parezca a otra carne, nada tiene de raro, pero hay diferencias entre las distintas carnes.

Porque una cosa es la carne de un Maestro de Sabiduría de La Fraternidad Universal Blanca; otra, la de un simple chela o discípulo de La Blanca Hermandad; otra, la de un hombre profano, común y corriente; y otra, la de un Mago Negro terriblemente perverso.

Así pues, hay diferencias.

Nosotros podemos volver el cuerpo físico más sutil, más refinado, si conseguimos alimentarlo con Hidrógenos superiores. Es claro que si transformamos el Hidrógeno-48, que corresponde a las impresiones, en el 24, y en el 12, y en el 6, y en el 3, etc., pues entonces, nuestro cuerpo físico se nutrirá con Hidrógenos Superiores y, por ende, adquirirá un mayor estado de refinamiento espiritual.

Se volverá a sí mismo un vehículo muy apto para el alma, para el Espíritu; un cuerpo, pues, muy distinto al de nuestros semejantes, más receptivo, más psíquico. >FA<