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154 PLÁTICA SOBRE EL AMOR Y EL SEXO
CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO
TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):
VÍNCULOS SAGRADOS ENTRE EL AMOR Y EL SEXO (1:01:26)
NÚMERO DE CONFERENCIA: 154 (HASTA LA 5ª EDICIÓN: 273)
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:REGULAR
DURACIÓN:1:02:08
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1975/??/??
LUGAR DE GRABACIÓN:CULIACÁN, SINALOA, MÉXICO
CONTEXTO:CONFERENCIA PÚBLICA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
>IA< … con el ánimo de platicar, un poco, sobre el amor y el sexo.
Ciertamente, este es, un tema, muy importante. Hermes Trismegisto dijo: “Te doy amor, en el cual está contenido todo el summum de la sabiduría”. El amor, se alimenta con amor. El descendiente cisne Kala-Hamsa, volando sobre las aguas de la vida, simboliza al amor. Para que haya amor entre dos seres se necesita afinidad de pensamiento, afinidad de sentimiento, preocupaciones idénticas.
El beso, viene a ser la consubstancialización del amor en el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza. Incuestionablemente, el amor exalta a los corazones humanos. El Cisne, representa al amor, en la Europa, existe una organización denominada: “la orden del cisne”, allí se estudia la ciencia del amor, y pertenecen a esa organización, elementos de la más alta cultura de Europa.
Incuestionablemente, el amor en sí mismo se alimenta con amor. Si observamos una pareja de cisnes volando sobre las aguas cristalinas de la vida, vemos el intercambio maravilloso del amor, cuando el uno de una pareja muere, el otro, sucumbe de tristeza. El amor, realmente es el summum de la sabiduría. El acto sexual en sí mismo, es la consubstancialización del amor, en el realismo psicofisiológico de nuestra naturaleza. El beso, es digamos la consagración mística de dos almas, ávidas de expresar en forma sensible, lo que interiormente viven.
Cuando la pareja se encuentra verdaderamente enamorada, existe un estado de exaltación mística trascendental, inefable. Un pañuelito, un retrato, es suficiente para, despertar en el corazón enamorado, estados de éxtasis inefable, imposible de describir en palabras. Entonces, parece como si el corazón explotara, y comunicase con la armonía de las esferas en los espacios estrellados, el amor surge en todo lo que es, en todo lo que ha sido, en todo lo que será.
El amor une al centelleo de la luz de las estrellas con los pétalos de la flor.
El amor se siente cantar entre el arroyuelo que corre entre su lecho de rocas. El amor en sí mismo, realmente —como dijo Hermes Trismegisto—, es el summun de la sabiduría. El ser humano cuando está amando, se vuelve noble, caritativo, servicial. Veamos nosotros una pareja de enamorados, cuando de verdad están amando, cuando de verdad están enamorados, entran en estado de éxtasis, de shamadí. ¡Cuanta fuerza tiene el amor! Un anciano por ejemplo, cuando llega a enamorarse, se encuentra en estado de exaltación mística, entonces hasta su salud mejora notablemente. El amor es una efusión, una emanación energética de lo más hondo que existe en nuestra conciencia. Cuando se está enamorado, las radiaciones que brotan del fondo mismo de la conciencia, hacen trabajar en forma intensiva a las glándulas endócrinas del organismo humano. Entonces, tales micro-laboratorios, producen hormonas en gran cantidad que circulan por la sangre restaurando la vitalidad del organismo humano. Un anciano decíamos, cuando está amando, se ve cambiar indubitablemente —¡mejora!—, está lleno de salud y vitalidad porque es entonces cuando sus glándulas endócrinas producen más hormonas para su revitalización y rejuvenecimiento. Indubitablemente la palabra hormona en griego significa ansia de ser, fuerza de ser.
Cuando entre nosotros se encuentra el verdadero amor, bien vale la pena saberlo respetar, el amor es sagrado en sí mismo, por eso fue que en los antiguos tiempos, nunca faltó una diosa consagrada al amor, ni algún Apolo, en Grecia, a corros de guerra, indubitablemente marcaron la gran civilización de los helenos. En Egipto Isis y Osiris dieron a ese país antiquísimo toda esa característica de su poderosa cultura. Y el amor brilla por todas partes: es Eros y Anteros, es José y María, es Shakti y Shiva. El amor en sí mismo es el súmmum de toda la Ciencia. No es posible concebir verdaderamente la vida sin el encanto maravilloso del amor.
Mas hay que aprender a amar. En estos tiempos de degeneración se ha perdido el respeto a la grandeza del amor. En los países asiáticos, por ejemplo, en que se levantaron monumentos a los grandes guerreros, a los grandes héroes; se levantan monumentos a la mujer, al amor.
En los países antiguos del Asía el amor es todavía respetado. En los antiguos tiempos por ejemplo, había en Roma sacerdotisas del amor. Estas cultivaban en secreto los Misterios y el acto sexual era para ellas algo trascendental, divinal.
En el mundo occidental, el sentido del amor ha venido degenerando lamentablemente. Ahora ya no quiere verse el sexo en su forma pura y limpia, por eso en tiempos de crisis mundial y de bancarrota de todos los principios, toda la humanidad ha degenerado lamentablemente.
El sexo que otrora se cultivara en las escuelas de misterios, ahora se profana impúdicamente, y se reviste con palabras soeces en las revistas pornográficas.
El acto sexual que siempre se consideró sacratísimo, ahora es mirado en forma abyecta por las mentes malignas de la humanidad decadente. Ya no quiere comprenderse el voto divinal del beso sacro bajo los pórticos de los templos o en los jardines floridos de los antiguos tiempos. Ahora se besa por besar, y se profana el sentido del beso. Ha degenerado la humanidad espantosamente. Todos lo podemos ver en los suburbios de la ciudad, en las zonas donde abundan los prostíbulos, en los antros tenebrosos donde su cultiva el mal.
Indubitablemente, la humanidad de estos tiempos es decadente en un ciento por ciento. Se ha perdido el respeto, digo, al sexo. Me vienen en este momento a la memoria tiempos mejores. A principios de este siglo, fines del siglo pasado, todavía la humanidad no había degenerado tanto. Cuando nuestros mayores se dirigían a los ríos de agua pura para bañarse, si hallaban allí a alguna otra familia, aguardaban a que ésta se alejara, así era el respeto. Hoy, existe por doquiera la impudicia, ya no se respeta a nadie, la degeneración ha llegado terriblemente a todos los lugares de la Tierra.
El amor en sí, como motor o fundamento de la vida es terriblemente divino. Decía que el acto sexual es la consubstancialización del amor en el realismo psico-fisiológico de nuestra naturaleza y así es. Sabiéndolo aprovechar es posible por medio de la función sexual adquirir poderes extraordinarios sobre los Misterios de la vida y de la muerte.
Piensen ustedes cuán poderoso es el sexo. Todos los aquí presentes han surgido del sexo, vinieron a la existencia por el sexo. Somos hijos de un hombre y de una mujer. El sexo no es, pues, algo grosero, materialista o asqueante, como suponen muchos ignorantes, no, el sexo es terriblemente divino y está más allá del bien y del mal. Adán y Eva salieron del Paraíso Terrenal por haber abusado del sexo. Si Adán y Eva no hubiesen abusado del sexo, jamás habrían salido del Paraíso Terrenal. Así que el sexo en sí mismo, repito, es terriblemente divino.
En Grecia, en los Misterios de Eleusis, hombres y mujeres danzaban desnudos sin pensamiento lujurioso alguno. Entonces aprovechaban el magnetismo de los cuerpos para entrar en estado de Manteia o éxtasis. A nadie se le hubiera ocurrido, en los Misterios de Eleusis, ningún pensamiento morboso.
Todavía en el Japón, hace unos treinta años, hombres y mujeres se bañaban desnudos en las playas, y no había en ellos ningún pensamiento de tipo lujurioso. Se bañaban como niños inocentes, se bañaban con pureza. Desafortunadamente llegó Macarthur y ordenó a los japoneses vestirse cuando fuesen a las playas, prohibió, pues, que al baño fuesen gentes desnudas. Es decir, puso malicia donde no la había y los japoneses que nunca habían pensado con malicia, se volvieron maliciosos. Los gringos metieron en la mente de los japoneses pensamientos de lascivia.
Así que en otros tiempos, la gente no miraba al cuerpo del sexo opuesto con malicia, sino con pureza, con castidad, con dignidad, con respeto.
Obviamente, cuando un hombre y una mujer están unidos sexualmente, se ven rodeados de fuerzas poderosísimas que vienen a crear y a volver nuevamente a crear. Esas fuerzas misteriosas que rodean a la pareja, son las mismas que dieron origen al universo, las mismas que crearon al sistema solar, las mismas que crearon a la galaxia en que vivimos, las mismas que crearon este «infinito» de Einstein, que como ya dije en una conferencia, es curvo, indubitablemente.
Cuando una pareja se encuentra dentro de la cópula química, está rodeada de fuerzas terriblemente divinas. Mas cuando esa pareja derrama el vaso de Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, entonces tales fuerzas cósmicas que han venido a crear, se hunden entre las corrientes universales y aquella pareja queda sumida en las tinieblas. Mas si la pareja no cometiese el error de derramar el vaso de Hermes, es decir, si no cometiese el error de llegar a la eyaculación del Ens Seminis, tales fuerzas cósmicas serían atrapadas por la pareja y con esas fuerzas tal pareja se transformaría radicalmente, y con esas fuerzas tendría poder para dominar el universo entero.
Desafortunadamente, las parejas no saben aprovechar, y durante la cópula química pierden sus energías creadoras miserablemente. Toda la clave que se necesita para poder atrapar a las fuerzas cósmicas universales que existen en el universo, está en un fino arte sexual. Todo lo que se necesita es, como ya lo enseñó cierto fisiólogo, no eyacular jamás la Entidad del semen. Así y por ese camino, podrían todas las parejas retener las fuerzas cósmicas para transformarse y desarrollar dentro de su naturaleza psico-fisiológica poderes psíquicos terriblemente divinos.
Federico Nietzche en su obra titulada: Así hablaba Zaratustra, nos habla sobre el superhombre. Recuerdo aquella frase de Nietzche que dice: «Cuando Zaratustra tuvo treinta años, abandonó su casa y el lago de su casa y se fue al bosque, allí permaneció diez años meditando, y una mañana mirando al sol naciente dijo: “Óyeme Astro grandioso, hace diez años que subes diariamente a mi caverna, si no fuera por ti, por mi Águila y por mi Culebra, ya estaría cansado de mí y de este lugar”. Y luego descendió rumbo a la ciudad.
Un santo que le viera bajar, se dijo a sí mismo: “No es ese Zaratustra, hace diez años subió por aquí y ahora ha descendido convertido en un niño”.
—-¿A dónde vas Zaratustra? —Y Zaratustra respondió:
—-Voy a la ciudad.
—-¿Y qué vas a hacer en la ciudad, Zaratustra?
—-Voy a hablar con la humanidad, amo a los seres humanos.
—-¿No es acaso por Amor a la humanidad —dijo el Santo— que yo estoy aquí, en este lugar? Yo canto cantos, y los canto y así alabo al Dios, que es mi Dios. —Zaratustra respondió:
—-Me voy antes de que pueda quitaros algo. —El santo objetó:
—-Dad una limosna, pero únicamente a quien te la pida. Voy a darte un pequeño regalo —dijo el santo—. Y entregó a Zaratustra un látigo envuelto en un trapo.
—-¿Para qué es esto? —El santo le dijo:
—-Si vais donde la mujer, no olvidéis el látigo.
Esta frase, aparentemente oprobiosa contra la mujer, no fue debidamente entendida. Indubitablemente, Nietzche, el autor de la obra titulada Zaratustra quiso decir lo siguiente: «Si vamos donde la mujer, debemos tener el látigo de la voluntad», no para azotarla a ella, sino para azotarnos a nosotros mismos. Cuando no cometemos el error de eyacular el ens seminis, dentro del cual se encuentra el ens virtutis del fuego, podemos convertirnos en superhombres en el sentido más trascendental de la palabra.
Cuando Zaratustra llegó a la ciudad habló a las multitudes diciendo:
—-“Tengo la clave del superhombre, el superhombre es algo terriblemente divino, el superhombre está más allá del bien y del mal. El hombre es para el superhombre lo que es el animal para el hombre, una dolorosa vergüenza, una carcajada, un sarcasmo y nada más. Vengo a hablaros del superhombre”.
Hasta aquí las palabras de Nietzche. Estuvieron trascendentales, portentosas y divinales, pero se le olvido el hombre. Indubitablemente hay necesidad de crear primero el hombre, antes de llegar a la estatura maravillosa y trascendental del superhombre. En realidad de verdad, nosotros todavía no hemos alcanzado la dignidad del hombre, hoy por hoy, nosotros solo somos animales intelectuales, mamíferos racionales como dicen los profesores de medicina universitaria. Es necesario alcanzar la estatura de hombre, y eso solamente es posible a través del amor y del sexo.
Cuando refrenamos el impulso animal, el esperma sagrado, el Exiohehari se convierte en energía creadora, que asciende y que sube hasta el cerebro, así es como el cerebro se dinamiza, así es como el cerebro se seminiza, y también, así es como es semen se cerebriza.
Incuestionablemente la Energía creadora fluyendo hacia el cerebro puede transformarnos radicalmente. Esta energía creadora viene a condensar en la forma maravillosa y esplendente del cuerpo astral. El cuerpo astral es un cuerpo del Alma. Un instrumento que ustedes todavía no lo tienen, pero pueden fabricar mediante el amor y el sexo. Cuando uno llega a tener un cuerpo astral sabe que lo tiene porque puede usarlo, porque puede salir con ese cuerpo y viajar a través del espacio estrellado.
En una segunda octava algo más elevada, la energía creadora se condensa en la forma esplendente y maravillosa de un cuerpo mental. Ustedes tienen mente para pensar, ciertamente ustedes dentro de sí, tienen mente subjetiva; pero los que poseen un cuerpo mental pueden, realmente, aprehender o capturar directamente toda la sabiduría del universo. Tan solo mediante el amor y el sexo es posible crear un cuerpo que nos permita tener sabiduría cósmica.
En una tercera octava aún más elevada, creamos el cuerpo de la voluntad consciente, con la mismísima energía que escapa del esperma sagrado. Ese tipo de energía es el que nos permite crear el cuerpo de la voluntad consciente, al llegar a ese estadío del Ser, podremos determinar las circunstancias de la vida, y ya no seremos víctimas de las circunstancias, entonces recibiremos los principios anímicos y espirituales y nos convertiremos en hombres de verdad.
En realidad de verdad, mis estimables amigos, aun no hemos llegado todavía a la estatura de hombres, pues nosotros todos, somos exclusivamente animales intelectuales o racionales como dicen los mismos profesores de medicina. No hemos llegado todavía a la estatura de verdaderos hombres, y es necesario aprender a transmutar el esperma sagrado en energía creadora, si es que en verdad aspiramos a convertirnos en hombres de verdad.
Esto fue lo que dijo el mismísimo Federico Nietzche, el autor del Zaratustra. Él quiso crear el superhombre sin haber primero creado al hombre. Él confunde al animal intelectual con el legítimo hombre, he ahí el error de Nietzche.
Amar es lo mejor, cuando uno sabe amar puede crearse a sí mismo, puede convertirse en un hombre de verdad. Quizás mucho más tarde en el tiempo, mediante trabajos conscientes y padecimientos voluntarios, podría alcanzar la estatura del superhombre. Así es como debemos nosotros encarar lo mismo, así es como debemos comprender la necesidad de aprender a transmutar el esperma sagrado en energía creadora.
En la cultura nuestra, las gentes no ven así las funciones del sexo; únicamente quieren ver en la cópula sagrada, sus pasiones animales, violentas y desordenadas, su lujuria terrible, el erotismo detestable, etc. Se ha perdido el respeto al sexo, se le pinta en muchas revistas pornográficas con aires de lujuria. He visto revistas donde las mujeres aparecen fotografiadas exhibiendo el sexo ante el veredicto solemne de la conciencia pública. He visto revistas pornográficas donde se mancilla el sexo, donde hombres y mujeres aparecen copulando ante las cámaras fotográficas en forma absurda, pues profanan el sexo. No quieren saber los humanoides intelectuales nada sobre lo que es sacro y es puro; cuando se habla del sexo, todo lo dicen maliciosamente, porque el acto sexual para ellos se ha convertido en un vicio. Es esa la cruda realidad de estos tiempos; ya no quieren saber nada los seres humanos sobre la sacricidad del sexo, ya no quieren los seres humanos saber nada sobre la santidad de la cópula química o metafísica. Ahora solamente se quiere ver en el sexo la vulgaridad de la gente. Se han olvidado los seres humanos que las flores también copulan con sus pistilos y sistilos; se han olvidado los seres humanos de que las blancas palomas que vuelan en el horizonte, copulan sobre las torres de los templos en forma sacrosanta y pura; se han olvidado los seres humanos de que los astros que existen en el espacio estrellado, copulan también entre sí con sus ondas luminosas. Se han olvidado los seres humanos que en las aguas cristalinas del lago, copulan los cisnes para multiplicar su especie, en estado de éxtasis; se han olvidado los seres humanos que bajo las olas del inmenso mar, copulan los peces entre si para reproducirse, sin pasión alguna. Ya no quieren ver los humanoides la santidad del sexo. Ahora quieren ver en el sexo únicamente, eso sí, satisfacciones, la lujuria desbordante, los huracanados vientos, y nada más que eso.
Ha llegado el instante en que reflexionemos nuevamente en que pensemos que por medio de la actividad sexual es posible salir del estado animal en que nos encontramos y entrar a construir al hombre. Allí, precisamente en el museo de Antropología, hay una frase que en el cuyo sentido es el siguiente: «No habrá paz, no habrá felicidad sobre la faz de la Tierra, mientras no exista el hombre». Es una frase del Popol Vuh, en la que se dice que el hombre verdadero todavía no existe, hay que crearlo.
Nosotros todos, no hemos llegado al estado humano, repito, somos animales racionales, pero no hombres en el sentido trascendental de la palabra. Si fuéramos hombres de verdad, en la forma más completa, viviríamos en paz, tendríamos poderes para gobernar el fuego, los aires, las aguas y la tierra; el universo entero se estremecería a nuestros pasos, con una sola mirada los volcanes se apaciguarían y las tormentas se apaciguarían ante nuestros pies.
Desgraciadamente, todavía no existe el hombre, lo que hay son sólo animales intelectuales que presumen de hombres. El hombre es algo muy digno, el hombre es respetable, hasta los ángeles del cielo se arrodillan ante el hombre.
El hombre tiene poderes para gobernar el fuego, poderes para apaciguar las tempestades, poderes para detener los vientos, poderes para hacer temblar la tierra, así es el hombre, es el rey de la creación. Pero el animal intelectual no tiene ese poder, entonces no es el hombre.
No nos equivoquemos, el hombre no existe, hay que crearlo y solamente podemos crearlo con el poder del sexo, con las fuerzas sexuales, con esas fuerzas que las gentes todas, están desafortunadamente derrochando en orgasmos indecentes sobre la faz del mundo. El hombre no existe, hay que crearlo con el poder sexual, en vez de estarnos revolcando en “el lecho de Procusto” para la satisfacción bestial de las pasiones animales que llevamos dentro, debemos aprovechar la energía creadora, solo así, podremos en verdad crear al hombre dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
En verdad, mis estimables amigos, que mediante el acto sexual podemos recibir el fuego sagrado del Espíritu Santo. Cuando la energía creadora sube hasta el cerebro tiene el poder de inducirnos una tercera fuerza maravillosa, extraordinaria. Obviamente, la energía creadora tiene dos aspectos: positivo y negativo; la fuerza positiva sube por un cordón ganglionar, que va desde los órganos creadores hasta el cerebro, la fuerza negativa sube por otro cordón.
Las dos, la fuerza positiva y negativa se encuentran a la altura del Triveni y hacen contacto cerca del hueso coxígeo, entonces despierta el fuego sagrado. Cuando el fuego sagrado sube por la médula espinal, asciende victoriosamente, despertando en nosotros extraños poderes que maravillan y asombran. Es necesario que el fuego sagrado suba hasta el cerebro.
El Apocalipsis de San Juan nos habla de las siete iglesias. Esas siete iglesias no están fuera de nosotros mismos, están dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. La primera iglesia es la de Éfeso, está a la altura de los órganos creadores, cuando despierta nos da poderes sobre el elemento tierra. La segunda iglesia es un centro de la espina dorsal que está a la altura de la próstata. Cuando despierta nos da poderes sobre las aguas. La tercera iglesia está a la altura del ombligo, cuando despierta nos da poderes sobre el fuego y la sal de vida. La cuarta iglesia está a la altura del corazón y cuando despierta nos da poderes sobre los aires. La quinta iglesia está en la laringe creadora, y cuando despierta nos da el oído oculto, que es el poder mágico maravilloso que nos permite escuchar a los seres inefables en los mundos superiores. La sexta iglesia está a la altura del entrecejo, cuando despierta nos confiere la clarividencia, el poder de ver el mundo invisible, el poder de ver las dimensiones superiores de la naturaleza y del cosmos. La séptima iglesia está en la glándula pineal, en la parte superior del cerebro y cuando despierta nos da la polividencia, es decir, la intuición inefable, extraordinaria, maravillosa.
Esas son las siete iglesias del Apocalipsis de San Juan. La primera es la de Éfeso, la segunda la de Esmirna, la tercera la de Pérgamo, la cuarta la de Tiátira, la quinta la de Sardis y la sexta la de Filadelfia y la séptima la de Laodicea.
Todo hombre verdadero abre las siete iglesias del Apocalipsis de San Juan dentro de su propio organismo, aquí y ahora. Nosotros no hemos llegado todavía a la altura del hombre, únicamente nos preocupamos por comer y vivir como los animales. Recordemos nosotros a Diógenes y su linterna. El hombre vivía dentro de un tonel en la vieja Atenas. Un día de esos tantos con una lámpara, se fue de casa en casa visitando los principales ciudadanos de la vieja Atenas. «¿Qué buscas Diógenes?» —le decían— «Busco un hombre». —«¿Pero no ves que las casas están llenas de hombres?». —«No, esos no son hombres, esos son bestias, comen y duermen y viven como las bestias». Y llegó a las casas de los filósofos. —«¿Qué buscas Diógenes?» Y él les repetía lo mismo, y a las casas de los hombres mas sabios y de los científicos, etc., naturalmente se fue llenado de enemigos, pero no halló un hombre.
Y es que el hombre es el rey de la creación, que tiene poder para gobernar los elementos de la naturaleza, pero nosotros todavía no hemos llegado a tener ese poder, porque no hemos alcanzado el estado humano. Es necesario convertirnos en hombres de verdad, y eso es posible, únicamente, aprendiendo a respetar el sexo, aprendiendo a venerarlo, aprendiendo a honrarlo, pero si los humanos así como vamos, entregados a la degeneración, abusando del sexo, con esas revistas pornográficas, etc. Iremos cada vez más y más por el camino descendente que un día nos llevará a la muerte segunda como nos dijo el Apocalipsis de San Juan.
En el sexo hay cosas que asombran; me viene a la memoria en estos instantes el viejo continente de la Atlántida. La Atlántida no es simplemente una fantasía como se supone, fue un continente que existió desde sur a norte sobre —de aquel mar— que antiguamente también era conocido con el nombre de Atlántico. Tuvo la Atlántida una civilización portentosa. Recordemos la gran ciudad de Tollan, la ciudad de las siete puertas de oro macizo, recordemos nosotros a Samlios, allí existía un cosmopuerto. Allí descendían naves de otros planetas del sistema solar, y entonces, la humanidad estaba comunicándose normalmente con los tripulantes de otros mundos. Recordemos nosotros aquellos cohetes atómicos que partían del astropuerto de Samlios rumbo a la Luna. Así que, los gringos, no son los astronautas primeros en llegar a la Luna, ni serán los últimos. Normalmente de la Atlántida salían cohetes que descendían en la Luna. Si con paciencia, hoy en día se investigara el subsuelo lunar, se hallarían datos concretos sobre esos navegantes que otrora descendieran en aquél, nuestro viejo satélite. Desgraciadamente, a pesar de que los Atlantes tuvieron una portentosa civilización, (millones de veces más poderosa que esta nuestra tan cacareada civilización moderna), abusaron del sexo. Conocieron los poderes mágicos del sexo, y los utilizaron para >PI< a distancia, usaron los rituales mágicos sexuales para el mal, y es obvio, que con abusos de esta especie, se provocaron ciertas manifestaciones siniestras que a la larga provocaron terribles cataclismos. Hubo una revolución de los ejes de la Tierra, los mares cambiaron de lecho, y la Atlántida se hundió entre las embravecidas olas del océano que lleva su nombre.
Si los Atlantes hubieran respetado el sexo, no hubieran tenido las catástrofes que tuvieron. Nada quedó de su civilización. >II< Hoy en día sus palacios maravillosos y sus enormes ciudades yacen entre las embravecidas olas del océano. Y allí donde antes lucieran maravillosamente los reyes y los príncipes, allí donde >PI< [¿concretas extraordinarias?] >PI< organizadas para alegrar las fiestas, se ven a los peces y a las focas. >FI< De la Atlántida no ha quedado nada, excepto algunas islas como las de las Antillas, etc. Por cierto en la Atlántida se rindió culto a Vulcano, es decir, a los Misterios del sexo, pero los utilizaron para el mal y fracasaron.
¿Y qué diremos nosotros del continente Mu o Lemuria, ubicado, otrora en el océano Pacífico? Incuestionablemente esas gentes tuvieron también una poderosa civilización. Sus cohetes eran atómicos, sus naves aéreas eran propulsadas por energía nuclear, su alumbrado todo era también de tipo atómico, sus ciudades eran portentosas y maravillosas, pero todo eso terminó debajo del océano Pacífico. Los Lemures eran gigantescos, una estatura hasta de tres o cuatro metros de altura, eran verdaderos titanes, en aquellos tiempos los ríos de agua de vida, manaban leche y miel, era la época en que aún la gente todavía no se había hundido en la perversidad. Desgraciadamente, he de decirles que los Lemures abusaron también de las fuerzas sexuales, y como consecuencia o corolario, desgraciadamente fracasaron. Al fin el continente Mu se hundió entre las aguas del Pacífico.
Sin embargo, cuando nosotros comparamos el estado de degeneración de la Lemuria en sus últimos tiempos, con el estado de degeneración al cual hemos llegado nosotros en estos tiempos, vemos cuan terrible es la diferencia. En un principio, por ejemplo, los hombres de la primera subraza, del >PI< continente Mu, se unían con sus mujeres exclusivamente dentro de los templos, entoces se reproducían. La cópula se realizaba sin eyacular jamás el esperma sagrado, cualquier zoospermo se escapaba de las glándulas sexuales para fecundar una matriz y así tenían como descendencia, criaturas perfectas.
Ya en los últimos tiempos de la Lemuria, la degeneración se hizo manifiesta, y los hombres y mujeres se unían sexualmente, no dentro de los templos, sino dentro de sus mismas casas para crear. Empero, todas estas gentes se unían sexualmente para crear, y con profundo respeto a los misterios del sexo, sin embargo ya se les consideraba degenerados… Los atlantes se unían sexualmente, no ya para crear, sino para satisfacer sus pasiones y por ello también degeneraron.
Y en cuanto a nosotros, las gentes de esta raza, hemos degenerado hasta el máximo y ya los seres humanos no se unen para crear, sino para satisfacer sus pasiones bestiales, para gozar de su inmunda lujuria. Esta raza ha llegado al máximum de la degeneración. La degeneración de esta raza es peor que la de la Atlántida, millones de veces peor que la degeneración de la raza Lemúrica.
La suerte que nos aguarda a nosotros va a ser terrible, y ya ante nuestra vista está el planeta que ya viene a acabar con esta raza degenerada, ese planeta se llama Hercólubus, y está a la vista de todos los astrónomos del mundo entero.
Cuando ya sea visible ante la humanidad, entonces sucederá lo peor, el fuego líquido del interior del mundo saldrá a la superficie, se cumplirá lo que dijeron nuestros antepasados de Anahuac: «Los hijos del Quinto Sol, —o sea, nosotros— pereceremos por el fuego y por terremotos». Entonces los mares se desplazarán y millones de seres —o las cenizas de millones de seres—, se irán al fondo de los océanos. Esto que estoy diciendo está ya a la vista, pero sé que las gentes no creerán, como no creyeron en la época de la Atlántida, cuando aquél gran maestro llamado Vaivasvata les advertía sobre las posibilidades de una gran catástrofe, se burlaban de él.
>II< algo similar hicieron los degenerados en lemuria cuando >PI<, se burlaron de los profetas, y también estoy seguro que las gentes de esta época tampoco quieren creer en una gran catástrofe. Yo considero que antes de que llegue la catástrofe >PI< deberemos regenerarnos. >FI< Y es posible por medio del amor, transformando el esperma sagrado en energía creadora. Es necesario aprender a ver en mujer a una verdadera compañera, amarla, adorarla, rendirle culto; la mujer debe aprender a ver en su hombre, su aspecto positivo, amarlo, rendirle culto. Empero debe existir un verdadero amor entre el hombre y la mujer, debe desaparecer el interés económico, el cálculo aritmético, etc. Hoy por hoy el amor huele a gasolina, a celuloide y a cuentas de banco, se ha perdido el sentido de lo que es el verdadero amor.
En el planeta Marte, por ejemplo, la mujer es el ángel del hogar, ella educa a sus hijos, ella misma los prepara para la vida y el hombre trabaja en las fábricas y >PI< [¿es el que labra?] las tierras para que haya pan en abundancia.
La mujer ahora ha perdido su hogar, la mujer ha sido raptada actualmente, y llevada en forma inmunda a los campos de guerra, etc., en nuestro planeta Tierra. Cuán mal estamos nosotros en relación con el hogar.
El hombre es una columna del templo, la mujer es la otra columna, las dos columnas no deben estar ni muy separadas ni muy juntas, debe haber un espacio como para que la luz pase por en medio de ellas.
Los niños educados en un hogar perfecto donde el hombre da buen ejemplo, donde la mujer da buen ejemplo; indubitablemente marcharán por el camino recto, pero cuando estos niños solamente ven en sus padres el conflicto, las peleas, los celos, el odio, etc., se levantan acomplejados, sufren lo indecible. Es necesario que a nuestros hijos les demos buen ejemplo, con el amor, con la dulzura, que ellos vean en sus padres la perfección y no la amargura.
Es necesario que nuestros hijos vean en sus padres la verdadera armonía, el sentido de la belleza interior, la risa, el contentamiento, pero mientras nuestros hijos no vean a sus padres sin conflictos, indubitablemente se levantarán con complejos psicológicos y su vida será amarga como la hiel.
Los padres y madres no deberían estar dando mal ejemplo a sus hijos; siempre están mostrando celos, odio, ira, lujuria, etc. Ellos deben estar dando ejemplo con armonía, con belleza, con perfección. Al contrario, el planeta Tierra marcha por el camino del conflicto, por el camino del odio, por el camino del egoísmo y de la violencia. Los hogares de la Tierra ya no están a tono con las armonías del orden infinito. Ya no están a tono con la lira de Orfeo, ya no están a tono con la >PI< lenta, ya no resplandecen en ellos los átomos santos del Espíritu Santo.
Los hogares de la Tierra andan por el camino de la perversión y los hijos se >PI< [¿mortifican y languidecen?].
Ha llegado la hora, pues, de que reflexionemos y de que luchemos por un mundo mejor. Hasta aquí mis palabras. [Aplausos]. >CM<
Discípulo. >PI<
Maestro. Con el mayor gusto daré respuesta al caballero. En nombre de la verdad quiero decir que lo principal consiste en saber como transmutar la energía creadora. En Estados Unidos existe la Sociedad Oneida, donde un grupo de matrimonios fue sometido a ciertos experimentos. Hombre y mujer logran la conexión del lingan-yoni (lingam o phalo masculino; yoni o sexo femenino), pero se retiran de la cópula física o metafísica sin eyacular el ens-seminis, es decir, la entidad del semen. Entonces el esperma sagrado dentro del organismo se transforma en energía, y esa energía sube por determinados cordones ganglionares hasta el cerebro, así es como el semen se cerebriza, así es como el cerebro se seminiza para una transformación de tipo radical. La clave es esa, ¿alguna otra pregunta?
D. >II< [pausa larga mientras le dan el micrófono] Maestro, usted >PI< [ha dicho] como puede realizarse la transmutación del semen, pero >PI< [me surge la duda], la mujer ¿como puede realizar —refrenar— sus espasmos? >FI<
M. Con el mayor gusto daré respuesta a esa pregunta interesante que hace el caballero.
He dicho que el hombre, refrenando el impulso animal, logra la transmutación del esperma sagrado en energía creadora, eso es verdad. La mujer también, refrenando el impulso animal, logra la transformación de ciertas sustancias o ciertas secreciones glandulares en energía creadora que sube hasta el cerebro. Así pues la técnica es la misma; el hombre que logre retener el impulso animal, transmuta efectivamente su esperma en energía, si la mujer hace lo mismo transmuta también sus secreciones sexuales en energía creadora. ¿Alguna otra pregunta?
No olviden que >PI< también, les estamos aguardando en el día nueve en la Cámara de Comercio, allí hay un salón, donde con mucho gusto les vamos a dar todas las enseñanzas. Así pues, lo único que nos anima a nosotros es compartir con ustedes estas reflexiones, no estamos buscando dinero ni nada por el estilo. Les amamos y por eso estamos aquí, deseamos compartir con ustedes nuestras inquietudes, eso es todo. ¿Alguna otra pregunta?
D. >PI<
M. Con el mayor gusto daré respuesta. Dice Einstein que la masa se transforma en energía y que la energía se trasforma en masa. Así pues el esperma sagrado se convierte en energía, eso es obvio. Y esa energía es >II< [condensada en masa distinta o diferente, que no es ya de carne y hueso] >FI<. En todo caso, pensemos en un charco de agua en la mitad del camino, el calor del sol hace que esa agua se evapore, y al fin queda el charco seco; las aguas profundas, calentadas por el sol también se evaporan y se convierten en lluvia, en rayos y en truenos, luego vuelven las aguas otra vez al reino de la vida; son procesos de transmutación.
Dentro del organismo humano sucede lo mismo, el esperma sagrado se transforma en energía. Hablando desde un punto de vista estrictamente clínico o médico, vemos que el esperma sagrado al no ser eyaculado, se convierte en eso que se llama humores, y los humores a su vez en energía; la energía sexual asciende entonces por determinados canales que existen en la espina dorsal, y que se relacionan con el vago y el simpático; ascienden, digo, hasta el cerebro. El cerebro se dinamiza con ese tipo de energía y se desarrollan por ende en la masa cerebral, ciertos poderes que se hallan latentes en la >PI<. El proceso de trasmutación sexual de la lívido, ha sido desarrollado por la sociedad Oneida en los Estados Unidos y se han escrito sobre tal proceso muchos textos de orden científico, eso es todo.
La fecundación es posible sin necesidad de derramar el vaso de Hermes. Obviamente durante la cópula química o metafísica, cualquier zoospermo masculino puede escaparse, y entonces se realiza una fecundación. No es necesario derramarse varios millones de zoospermos para realizar una fecundación. Durante la práctica de transmutación de la energía creadora, que permite la regeneración del ser humano, cualquier zoospermo maduro puede escaparse para fecundar una matriz y eso es todo. Quiero decir también, en forma enfática, que este sistema sexual, pues es maravilloso, pues con éste se logra el control de la natalidad sin necesidad de tomar pastillas anticonceptivas. Creo firmemente, en mi modesta opinión que las pastillas anticonceptivas pueden traer distintas enfermedades al organismo de la mujer. Algunos varones quieren hacerse la vasectomía, >II< pero [ellos también] graves >PI< operaciones, porque indubitablemente, producen alteraciones en todas las actividades orgánicas. >FI< Las mujeres de hoy en día usan anticonceptivos que sólo sirven para producir cáncer.
El mejor sistema anticonceptivo consiste en no llegar jamás al orgasmo de la fisiología orgánica, en la mujer, ni al espasmo de la fisiología orgánica del varón, es decir, hombre y mujer deben llegar únicamente a la transmutación >II< —únicamente—, jamás [caer de nuevo] en la degeneración >FI< ¿alguna otra pregunta?
D. Maestro, en el orgasmo de la mujer, este es un tema interesante. Venerable Maestro, ¿nos podría usted explicar [cual de las dos es la verdad]?
M. Por favor, la última parte.
D. Sí, nos podría indicar cual de gracias.
M. Quiero referirme en forma enfática a los Mayas, el dato lo he obtenido directamente de los Mayas, ellos están preparándose para el katún 13, hasta ahora los doce katunes de las crónicas, se han cumplido matemáticamente, y es absolutamente seguro que se cumplirá el katún 13. En el Mayab se da el dato de que el katún 13 comenzará en el año 2043. Se le preguntó a un anciano maya
—¿tu hijo lo verá?
—No, mi hijo no lo verá.
—¿Tu nieto lo verá?
—Sí, mi nieto lo verá.
Así pues >PI< En Yucatán y centroamérica, se está aguardando el katún 13 y se están preparando. ¿Alguna otra pregunta?
D. Venerable maestro, yo entiendo la relación sexual como una sensación o una felicidad física y espiritual de todos los humanos ¿no?, Y entonces concibo que esa relación sexual, como satisfactora o felicidad, debe gozarse, entonces, >PI< me gustaría que me aclarase si en una transmutación, ¿el goce >PI< desaparece al impedir la eyaculación del hombre y el orgasmo de la mujer?
M. Con el mayor gusto daré respuesta a la distinguida dama que ha hecho esta interesantísima pregunta. Ante todo tengo que decir que el goce sexual es un >PI< legítimo derecho del hombre y de la mujer. Obviamente, tal goce no desaparece en modo alguno con la ciencia transmutatoria sexual, antes bien, se hace más espiritual y prolongado.
Normalmente el animal intelectual reacciona en forma animal, igual que una máquina >PI<, en cambio por medio de la ciencia transmutatoria de fondo >PI< la cópula física, puede prolongarse durante horas enteras y al terminar la pareja el acto sexual, se encontrará fortalecida, llena de vida, y con gran ánimo de repetir la cópula. Esta es la forma deliciosa del amor mediante la cual es posible la regeneración sin necesidad de desgastarse sexualmente, es una fórmula extraordinaria de acariciarse y gozar durante horas enteras, sin necesidad de derramar el semen. >FI< >FA<