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F049 PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL
FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN AMBAS ED. DEL 5º EVANGELIO
NÚMERO DE FRAGMENTO: F049 (HASTA LA 5ª EDICIÓN: 295)
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:MALA
DURACIÓN:30:44
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1974/??/?? (ESTIMADA)
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:SEGUNDA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
>IA< …son una realidad. De esos ángeles habla también el Budismo, la religión de los Persas, la religión Mahometana, la religión Judía, y la religión de nuestros antepasados de Anáhuac, etc.
No hay duda de que Tláloc es un ángel, es el dios de la lluvia. No hay duda de que nuestro señor Huitzilopochtli, el fundador de la gran Tenochtitlán, es otro ángel. ¿Quién podría negar que Ehecatl -el dios del viento-o sea un ángel?
Tenemos, nosotros, sistemas, métodos para comunicarnos con esos seres. Puedo asegurarles, en nombre de la verdad, que yo, personalmente, conozco a esas criaturas. En cierta ocasión, dirigiéndome a Tláloc, (quien, dicho sea de paso, para los que ya saben aquí algo sobre esoterismo, vive en el mundo de las causas naturales, invisible para los ojos de la carne), le dije: “¿No hiciste mal en haber aceptado los sacrificios humanos?” La respuesta fue: “No tuve la culpa. Jamás permití tales sacrificios. Esas fueron cosas de allá, del mundo físico.” *Tláloc… >PI< …también me añadió: *“Volveré en la Nueva Era del Acuario”, es decir, volverá a tener cuerpo de carne y hueso. Se hará hombre, vivirá como un hombre entre los hombres.
En cuanto a Ehecatl, también a base de trabajos esotéricos de alta teúrgia, le conocí. Él cooperó ayudando en el proceso de la Resurrección de nuestro Divino Maestro Jesús.
Así, pues, que no son ídolos como suponen los turistas que vienen por allá, los extranjeros, los que tuvimos aquí, en la tierra de nuestros antepasados. Son ángeles, Seres Divinos.
>PI< …de manera tal que nuestros antepasados también adoraron a la Divinidad y a sus Santos Ángeles como lo estamos haciendo nosotros, ahora, en esta época. Es necesario pensar mejor sobre nuestros antepasados, los cuales eran, realmente, muy sabios. Podían ellos, mediante esos seres inefables, obtener fenómenos naturales extraordinarios. Ya sabemos que existían ritos para la agricultura, ritos para todo lo que necesitaban.
Bien vale la pena, pues, estudiar la antropología gnóstica. Y eso es lo que hacemos, precisamente, en nuestra Institución. Nosotros investigamos los códices, nosotros estudiamos, pues, todas las piezas arqueológicas, etc. Dondequiera que hay alguna pirámide, vamos a fotografiarla, a estudiarla, porque puede tener algún mensaje interesante.
Pero continuemos con esta cuestión del espejo. Bien vale la pena saber algo de todo esto.
En cierta ocasión un caballero cuyo nombre no menciono, hizo una práctica similar en el espejo…sí…pero muy distinta a la forma como la enseñan los tibetanos. Él, en vez de encender una veladora, encendió dos. Y se propuso así ver, naturalmente, el… >PI<…Y resulta que se vio allí con cara de chango. Posición nada agradable ¿verdad? ¡el pobre hombre convertido en chango! Bueno. Un poco desilusionado, escribió a la escuela esa, y la respuesta…pues francamente no le llenó…no le satisfizo. Entonces se retiró de esa institución.
No cito el nombre de la institución porque nosotros no criticamos a ninguna escuela, a ninguna religión. Consideramos que todo es necesario en este mundo. Las religiones son perlas preciosas engarzadas en el hilo de oro de la Divinidad. Los pueblos necesitan de sus religiones. Nosotros por aquí tenemos la cristiana, en el mundo árabe existe la mahometana, por allá entre los indostanes la hinduísta, la budista, etc., etc., pero siempre los pueblos necesitan sus religiones. Un pueblo sin religión es un pueblo bárbaro. Eso no lo podemos negar.
Bien. Pero ahora pensando en voz alta aquí delante de ustedes, me pregunto a mí mismo si ese… >PI<… que le pasó a aquél “cuate” (que yo lo conozco. Es un hombre inteligente, sí ¿verdad?) ¡alucinado! Todo tiene ese hombre menos “de alucinar”. Es un tipo acostumbrado a la lógica razonativa en un ciento por ciento. ¡Obviamente vio algo! Esto me recuerda claramente al Salón de los Espejos allá a la entrada del Castillo de Chapultepec, en México. Quienes se miran en un espejo se ven en una forma. Y quienes se miran en otro espejo se ven en otra, debido, pues, a la forma como están elaborados tales espejos, o a la forma como se los coloca, etc., etc. En todo caso, vale la pena que sepamos realmente qué fue lo que ese “cuate” vio… >PI< … Obviamente sabemos que tenemos un “yo”. Nadie lo podría negar. Cuando uno golpea una puerta, el de adentro le pregunta: ¿Quién es? Uno responde: “Yo”… >PI<…Bueno. ¿Nunca se nos ha ocurrido pensar en eso? Obvio parece que debemos pensar un poquito. ¿Cuál es ese “mí mismo”, ese “sí mismo” que uno carga aquí adentro? Eso es lo que vamos hoy a estudiar, precisamente eso.
>PI<…nosotros no somos unas mansas ovejas… >PI<… entonces el “yo” no es “*santito” *¿verdad? Si fuéramos santitos nos tendrían por allá en algún nicho de oro. O si fuéramos “santos de chocolate” como se les ha dicho. Pero, realmente, no somos muy “santitos”. La cruda verdad de todas estas cuestiones es que estamos bien llenos de defectos psicológicos. Y es precisamente sobre psicología experimental el tema principal de esta plática.
Dicen las viejas tradiciones que Jesús de Nazareth sacó, del cuerpo de María Magdalena a siete demonios ¿Cuáles son esos siete demonios? Son los siete pecados capitales: Ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula. Pero cada uno de ellos es “cabeza de legión”. Y así como existen los pecados capitales, existen también los veniales, y muchos otros que sin también demasiado… >PI<… De manera que todos esos son demonios, de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Entonces el “yo” … ¿qué es el “yo”? Una suma de demonios. Eso es claro. Eso es el “yo” psicológico. Entonces, realmente, el “yo” no tiene una individualidad. Tenemos que aceptar la doctrina de los muchos. En e Tíbet a los “yoes” se les llama “agregados psíquicos”. Y el “yo” no es “yo”, sino “yoes”. Podrían muchos negar esto, rechazarlo, pero es la verdad. No poseemos un yo, dijéramos, completamente permanente. Pues tan pronto estamos berrinchudos, corajudos, como de pronto estamos dulces y serenos. Tan pronto decimos una cosa como la negamos. No hay un “yo” permanente en nosotros. Hay multiplicidad de “yoes”. El cuerpo físico es una máquina que está controlada por muchos “yoes”. Estos “yoes” no son de materia física. Estos “yoes” son invisibles para los ojos de la carne. Pero aquél cuate que se vio en el espejo, los vio, y se asustó, y se retiró y se fue. Si uno se pudiera ver tal como es en un espejo, le sucedería a uno lo mismo: se horrorizaría y huiría.
Así que, por dentro, naturalmente, tenemos muchos “yoes”. Y cada uno de ellos es un demonio. Estos “yoes” son invisibles para los ojos de la carne, pero se pueden ver con la clarividencia. Viven en la dimensión desconocida. Para ser claros, para hablarles un poquito más claro, viven en la quinta dimensión: en el mundo molecular. Y hasta en la sexta, que es el mundo mental…y hasta en la séptima, que es el mundo de las causas naturales.
Bien. Pues la cruda realidad es que tenemos esos “yoes”. Cada uno de esos “yoes” tiene mente para pensar, tiene voluntad, tiene corazón para sentir, se mueve, anda, puede entrar y salir del cuerpo físico a voluntad. De manera que, dentro de una persona, viven muchas personas. Cada “yo” es una persona. Si nosotros pensamos que alguien es la misma persona siquiera media hora, estamos abusando de esa persona, y estamos abusando de nosotros mismos, porque nadie es el mismo siquiera media hora. Dentro de cada uno de nosotros viven muchas personan, Unas entran y otras salen. Y entre todas ellas se pelean, luchan por la supremacía. Cada una de ellas quiere gobernar totalmente al cuerpo físico, cada una de ellas quiere ser la única. El “yo” que hoy jura amor eterno a una mujer, mañana es desplazado por otro yo que no tiene velas en el entierro, [risas en el auditorio] es decir, que nunca ha jurado. Y entonces vemos con asombro que el sujeto se retira y la pobre mujer queda decepcionada. El “yo” que hoy jura amor eterno por una gran causa, que está dispuesto a entregar hasta su vida por la misma, mañana es desplazado por otro “yo” que no tiene que ver nada con tal causa.
En el terreno de la vida práctica vemos cómo las gentes se contradicen. Observara yo, por ejemplo, aquí… >PI< …que trabajaba vendiendo casas. Muchas veces él había hecho el negocio con algún cliente. El cliente le había dado la palabra de que la compraría, y hasta cierta pequeña cantidad como adelanto. Entusiasta hasta el fin. Y al otro día resulta que ¡nada!, que “dijo mi mamá que siempre no”. Total: el castillo de naipes se vino al suelo ¿Qué pasó en eso? Sencillamente, que el “yo” que se entusiasmó por la casa fue desplazado por otro “yo” que no tenía interés en tal casa.
La mujer le dice “sí” al hombre que momentáneamente le simpatiza, y días después resulta diciéndole que siempre no. [risas en el auditorio]. Esa es la cruda realidad de los hechos: estamos llenos de contradicciones. Y lo más grave es que sabemos que estamos llenos de contradicciones, y nos las arreglamos para escondernos de nosotros mismos. Hacemos mil maromas ahí con el pensamiento, para tratar de justificar siempre nuestras contradicciones. Si decimos que vamos a hacer un negocio y después decimos que no, pues nos justificamos: “es que no me conviene” “es que, reflexionándolo bien, no me sirve” ¿Por qué no lo reflexionó antes? Eso sí no se le ocurre pensar. La cruda realidad es que el “yo” que había pensado en el negocio, fue desplazado por otro que no tiene que ver nada con el negocio. Conclusión: Somos, nosotros, marionetas movidas por hilos invisibles. Los yoes juegan con nosotros. Esa es la verdad de las cosas.
Si uno acepta la doctrina de los muchos, pues puede transformarse. Pero si no la acepta, es imposible la transformación. Entre el cuerpo del hombre están los “yoes”. Eso es grave. Mas hay algo también muy decente en el fondo de nosotros. Quiero referirme a la consciencia, a eso que tenemos de alma. Esa consciencia está embutida -desgraciadamente- embotellada, enfrascada entre toda esa multiplicidad de yoes que cargamos en nuestro interior. Ahora comprenderán ustedes por qué afirmamos, en forma enfática, que tenemos la consciencia dormida. Es claro que la consciencia enfrascada entre el “mí mismo”, enfrascada entre todos estos yoes-diablos que cargamos en nuestra psiquis, pues yace dormida. No estamos despiertos. Si estuviéramos despiertos todos podríamos ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los Mundos Superiores.
Somos gentes dormidas, inconscientes. No sabemos ni de dónde venimos, ni para dónde vamos, ni cuál es el objeto de nuestra existencia. Decimos lo que otros dicen. Pensamos lo que otros piensan. Hacemos lo que otros hacen. Los conocimientos que tenemos aquí metidos entre los sesos, es porque nos los enseñaron. Que, si no, lo único que tendríamos ahí serían cucarachas [algunas risas]. Esa es la cruda realidad de los hechos. Y lo peor de todo es que todos estos conocimientos que nos dieron, o que aprendimos en la escuela, después resulta que siempre no, porque ya no sirven. Yo recuerdo cuando estaba muchacho, que me enseñaron ciertas cosas, a plantear la división en cierta forma, de cierta manera. Y ahora, cuando voy a hacer las operaciones matemáticas, ya la operación división con una vertical y una horizontal, resulta que es anticuada, que ya no sirve. ¡Tanto que me “amolé” estudiando en los bancos de la escuela para nada, porque siempre no! [risas en el auditorio]. Entonces, todos esos conocimientos intelectuales que uno adquiere en la escuela, etc., pues son relativos. No son propiedad de uno. Pero lo que uno lleva en la esencia, en la consciencia, en el alma, eso sí es de uno. Lo demás, todo es pasajero. Pero la cruda realidad es que la conciencia está dormida. Desgraciadamente. Eso es lo más triste: dormida.
Obviamente, analizando todo esto a fondo, vemos la necesidad de despertar, porque solamente despertando podremos conocer la Verdad. Jesús, el Cristo, dijo: “Conoced la Verdad, y ella os hará libres”.
En el terreno del pseudo-esoterismo y del pseudo-ocultismo se hablan muchas cosas. Y esta vez me dirijo a los que hayan leído algo de Yoga, Teosofía, etc., no con el ánimo de criticarlos, pues a mí no me interesa criticar a nadie. Cada cual es muy libre de pensar lo que quiera. Sino con el ánimo, más bien, de reflexionar un poco, y de compartir con ustedes, amablemente, mis reflexiones. Se habla mucho, digo, sobre la reencarnación, pero raro es el que recuerda sus vidas pasadas. Se han escrito volúmenes enteros sobre la reencarnación, pero he visto que muchos de los que han escrito sobre eso, no recuerdan ni una sola de sus existencias pasadas. Y sin embargo hablan en forma pontificia, aseveran en forma tremenda, defienden su teoría (¡la teoría que no les consta!). Se habla también de esa ley de Causa y Efecto que los orientales llaman Karma, o sea ley de Acción y Consecuencia: que todo lo que uno hace, pues tiene que pagarlo. Que, si uno en pasadas existencias hizo diabluras pues ahora, ¡a pagarlas! porque ¡ni modo! Pero jamás esas gentes han podido dirigir su propio destino, nunca han podido coger en sus manos, de verdad, el Libro de la Ley para leer sus cuentas viejas. Si llegan a saber quiénes son los Señores del Karma, lo saben porque lo leyeron en algún libro, pero ellos ¿qué van a conocer personalmente? ¡Nada! Aseguran que hay Maestros de la Fraternidad Oculta, pero no los conocen. Y si los llegan a conocer, los rechazan. A todos los Maestros de la Logia Blanca los han apedreado, los han apuñalado, los han desterrado, los han encarcelado… porque no los han conocido. Recuerden ustedes que, a Jesús, el Cristo, lo colgaron allá en un madero. Y el Gran Maestro de Maestros en su Cruz, sangrando, en lugar de pedir venganza para esta humanidad dijo: “Padre mío: Perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Pues tenía razón el Maestro…las gentes con conciencia dormida ¿qué van a saber lo que hacen? Si hubieran esas gentes sabido que, aquél que estaba colgando en ese madero, era el Hijo de Dios -el Cristo nada menos- estoy seguro que no lo habrían colgado. Pero ni remotamente lo sospechaban, por eso no lo creían. ¿Y por qué no lo sospechaban? Porque esas pobres gentes tenían la conciencia dormida, embutida entre los yoes. Yo les aseguro que si aquí, por ejemplo, alguien dijese entre nosotros: “Soy el Hijo de Dios” ustedes se reirían, o dirían: “*a este le está patinando” *¿Por qué? Porque ustedes se dirían a sí mismos: “Bueno, si eso es así ¿por qué este no aparece o desaparece… >PI< … flota en los aires por encima de todos nosotros?” Yo les aseguro que si uno de los aquí presentes, >PI< …que está sentada aquí en esa mesa pudiera hacer eso, ni ustedes lo creerían. No darían, ustedes, fe a sus sentidos. Dirían: “Hombre, este lo que nos tiene es hipnotizados. Eso es puro hipnotismo”… >PI< … ¿Por qué? Porque están dormidos. Un despierto podría decir: “Hombre, puede que aquí haya algo de serio, voy a verlo” ¡Pero ese es el despierto! De manera, pues, que nosotros necesitamos despertar. Un dormido ¿cómo va a saber de la vida de los Mundos Superiores? ¿Qué es la… >PI<… del sepulcro? ¿Sabe, acaso, el dormido? ¿Qué es lo que existe antes de venir al mundo? ¿Sabe algo acaso el dormido? Pues nada, absolutamente. ¿Verdad?
Despertar es. pues, necesario, pero ¿cómo? Cuando Jesús sacó a los siete demonios del cuerpo de la Magdalena, ella quedó despierta y reconoció al Hijo del Hombre. ¿Por qué? Porque su consciencia quedó libre. Resulta que como la consciencia está metida, así, metida. entre los “yoes”, pues ¡no está libre! ¡está condicionada por su propio embotellamiento! Pero si esa consciencia logra salirse de entre los “yoes”, ¡pues queda libre!, es decir, puede ver la Verdad. Y Jesús dijo: “Conoced la Verdad, y ella os hará libres”.
Ustedes no conocen la Verdad. Si la conocieran, ustedes ya estarían libres. De manera que conocer la Verdad es algo impostergable, inaplazable. Pero para conocerla hay que sacar la consciencia de entre los “yoes”. Y no es posible sacarla de entre los “yoes” si no quebrantamos a los “yoes”. Esos “yoes” deben ser quebrantados como vasos de alfarero. Sólo así, destruyéndolos…sólo así, reduciéndolos a polvo, podrá, la consciencia, quedar libre para conocer… >CM< … ni de teorías. No es cuestión de los libros que han leído o dejaron de leer. La Verdad no es de tal o de cual escuela, no puede ser monopolizada por nadie. La Verdad es la Verdad. La Verdad es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. La Verdad es lo desconocido de instante en instante, de momento en momento. La Verdad es la Realidad. Cuando a Jesús, el Cristo, le preguntaron: “¿Qué es la Verdad?”, guardó silencio. Y cuando al Buda le preguntaron: “¿Qué es la Verdad?”, dio la espalda y se retiró. Y es que la Verdad no puede ser explicada. Ustedes, por ejemplo, ante un estado de arrobamiento contemplando, por ejemplo, una bella puesta de sol, lo que sienten…lo sienten. Pero ustedes no pueden hacer que otra persona que vaya con ustedes sienta el arrobamiento ese que ustedes están sintiendo. Ustedes pueden estar contentos en un momento dado, pero no pueden hacer que otra persona esté contenta también…a menos que le metan sus tequilas, eso ya lo cambia [Risas del auditorio y del V.M.]. Ahora, la Verdad, en sí misma, sólo puede ser experimentada directamente, así como el fuego. Podríamos hablar maravillas sobre el fuego. Podríamos decir que el fuego quema. Pero eso no pasaría de ser una teoría. Otra cosa es meter el dedo en la lumbre, hasta quejarse. Entonces ahí viene uno a saber que, realmente, la lumbre quema. ¡Así es la Verdad! Hay que experimentarla. Por eso Jesús guardó silencio, el Buda… dio la espalda y se retiró.
La Verdad tenemos que experimentarla directamente. Y para experimentarla tiene uno que quemar todos los “yoes”, desintegrarlos, reducirlos a polvo. Entonces la consciencia, libre y soberana, puede experimentar directamente eso que es la Verdad, eso que es la Realidad, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.
Lo importante es saber de qué manera vamos nosotros a destruir esos “yoes”. Afortunadamente, la vida práctica es un gimnasio, un gimnasio psicológico donde nosotros podemos vernos de cuerpo entero, tal como somos. Supongamos que nos vimos de pronto metidos en un sainete de esos de celos. Que la mujer que tenemos pues estaba allí con otro “tipo”. Nada agradable, ¿verdad? Bueno, ¿y qué dirían las pobres mujeres que encuentran a su hombre con otra “tipa” […] >FA<