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124 EL ANIMAL INTELECTUAL, EL HOMBRE, Y EL SUPERHOMBRE
CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO
TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):
DIFERENCIAS ENTRE EL ANIMAL INTELECTUAL Y EL SUPERHOMBRE (41:14)
NÚMERO DE CONFERENCIA:124
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:BUENA
DURACIÓN:41:14
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1974/??/??
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:CONFERENCIA PÚBLICA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
>IA< Es necesario saber qué cosa es el hombre, si existe realmente o todavía no existe. Conviene que inquiramos, conviene indagar con el propósito de saber.
Federico Nietzsche, en su obra: Así hablaba Zaratustra, dice: “Ha llegado la hora del Súperhombre. El hombre no es más que un puente tendido entre el animal y el Súperhombre; un peligroso paso en el camino, un peligroso mirar atrás; todo en él es peligroso”. Los alemanes, durante la Segunda Guerra Mundial, se entusiasmaron con la doctrina de Nietzsche. Desafortunadamente, el Führer, el canciller alemán Adolfo Hitler, no supo en realidad interpretar la doctrina del Súperhombre. Más bien, el fondo místico de la misma lo utilizó para darle fundamento a la violencia. Entonces, cada policía alemán se sentía un Súperhombre.
En cierta ocasión, el Führer, desde el balcón de la cancillería del Tercer Reich alemán, dijo: “Conozco al Súperhombre, le he visto, es terriblemente cruel. Yo mismo he sentido miedo”. Bien sabemos que Hitler se había entrevistado con Gurdjieff. Incuestionablemente, vio en Gurdjieff al Súperhombre.
En otra ocasión, se presentó en Berlín el “hombre de los guantes verdes”. Se decía tal sujeto, poseedor de las llaves de Agarthi, la tierra subterránea donde vive el Súperhombre. Obviamente, el Führer le rindió culto a este sujeto. Investigaciones posteriores nos llevaron a la conclusión de que el “hombre delos guantes verdes” no era en modo alguno el Súperhombre, ni tampoco tenía en su poder las llaves de Agarthi como suponía el Führer. Antes bien, este hombre era en verdad un embajador del Clan de Dag-Dugpa. Bien saben los conocedores del esoterismo lo que es dicho clan: los secuaces del clan de Dag-Dugpa son tenebrosos en un ciento por ciento. Poseen poderes hipnóticos tremendos, fuerza mental escalofriante, pueden causar daños al instante. Se trata de gentes dedicadas a eso que se llama magia negra o hechicería vulgar. Así pues, en modo alguno el “hombre de los guantes verdes” tenía las llaves de Agarthi como lo suponía el Führer. Sin embargo, Agarthi existe, no lo podemos negar. En Agarthi vive el Súperhombre. Agarthi es El Reino Subterráneo de La Tierra. Bien se sabe que la Tierra es hueca, aunque muchos geólogos lo pongan en tela de duda.
En el Oriente, en el Asia, hay más de medio millón de personas que conocen la entrada a Agarthi. Esas gentes por nada de la vida divulgarían el secreto. Obviamente, tales personas temen lo que pueda acaecerles. Ese Reino subterráneo no es una fantasía de Julio Verne, tampoco es una leyenda sin fundamento alguno. Agarthi existe, así lo afirman las gentes del Asia.
Bien saben los antiguos que en Agarthi vive el Súperhombre. Por eso el Führer alemán, Adolfo Hitler, suspiraba pensando en Agarthi. “Allí están —decía— los Dioses Arios”.
Desafortunadamente el Führer, creía que solamente los germanos eran arios. Desconocía el Führer el hecho concreto de que todas las razas que actualmente pueblan la faz de la Tierra (me refiero a la raza humana) es gente Aria, de la tribu Aria. Que en el Agarthi viven gentes descendientes de las primeras humanidades existentes en el mundo, eso es innegable. Así es.
Obviamente, en el pasado existieron continentes antiquísimos. Recordemos nosotros a la Lemuria, enorme continente que otrora se extendía por todo el Océano Pacífico. En la Lemuria, vivió una humanidad de tipo superior, diríamos que vivió el Súperhombre.
Los Lemures poseían el “ojo de los lacértidos”, un tercer ojo debidamente colocado en el entrecejo. La glándula pituitaria, realmente, sobresalía entre las dos cejas. Aquellas gentes poseían un tipo de visión extraordinario. No solamente podían ver los siete colores del prisma solar, sino que podían percibir, en realidad de verdad, la mitad de un Holtampanas. Un Holtampanas tiene cinco millones y medio de tonalidades del color. Esto quiere decir que los Lemures podían percibir la mitad de esos cinco millones y medio de tonalidades del color.
Si pensamos en nuestros ojos actuales, que solamente pueden percibiros siete colores básicos del prisma solar y unas cuantas tonalidades, nos daremos cuenta, en verdad, de que los ojos humanos se han atrofiado espantosamente. En la Lemuria, el ser humano podía percibir lo que hoy los humanos no alcanzan a percibir. Podía ver las dimensiones superiores de la naturaleza y del cosmos. Podía distinguir a los habitantes de otros mundos del Sistema Solar. Podía ver el aura de los mundos. Los Lemures eran verdaderos Súperhombres, en el sentido más completo de la palabra. Tenían hasta cuatro metros de estatura, eran muy fuertes. Podían articular totalmente trescientas consonantes y cincuenta y un vocales, es decir, una capacidad hablativa era extraordinaria. La humanidad ha perdido actualmente esa capacidad hablativa. Ya apenas si podemos utilizar las pocas letras de nuestro alfabeto. Vean ustedes como se ha degenerado la capacidad hablativa del ser humano. El olfato estaba extraordinariamente desarrollado. Los Lemures habían llegado a su máximum de esplendor en cuestión de civilización. Tuvieron naves cósmicas que surcaron el espacio, y con ellas viajaron a otros planetas del sistema solar. Aprendieron a extraer la energía atómica, no solamente del uranio como lo estamos haciendo nosotros, sino de otros metales y piedras preciosas; manejaban la fuerza nuclear. Platicaban en el lenguaje purísimo de la divina lengua que, como un río de oro, corre bajo la selva espesa del sol.
Los Lemures tenían poderes sobre los elementos. Poder sobre el fuego flamígero, sobre el impetuoso aire, sobre las aguas tormentosas y sobre la perfumada tierra. Eran Súperhombres en el sentido más completo de la palabra. ¿Qué se hundió El Continente Mú entre las embravecidas olas del Pacífico? Es verdad. Pero como restos de ese antiguo continente, aún existe la Australia, la Oceanía, y frente a las costas de Chile, está una isla maravillosa. Me refiero, francamente, a la Isla de Pascua. Allí hay enormes monolitos, gigantescas figuras, talladas realmente, por el Súperhombre, por los Lemures. Las gentes modernas ni remotamente sospechan lo que significan esas esfinges misteriosas que gentes de un arcaico mundo labraron.
Después del hundimiento del continente Mú, el cual fue desapareciendo a través de diez mil años de terremotos y de intensos maremotos, surgió la Atlántida. Pero los sobrevivientes del continente Mú o Lemuria aún existen, viven en Agarthi. ¿Que esto lo crean las gentes? Está bien. ¿Y si no lo creen? Bien está. En todo caso, dijo Víctor Hugo lo siguiente: “El que ríe de lo que desconoce, está en el camino de ser idiota”. Palabras muy duras, pero Víctor Hugo era un gran humanista; cuando pronunció tales palabras, lo hizo con extraordinaria maestría.
Prosiguiendo, diremos que surgió la Atlántida un día, la famosa Atlántida, en el océano que lleva su nombre. Y allí también existió una portentosa civilización millones de veces más poderosa que la nuestra.
Nosotros nos sentimos verdaderamente orgullosos de esta nuestra tan cacareada civilización del siglo XX, más los Atlantes fueron infinitamente más sabios. Tuvieron naves poderosas con las cuales viajaron a la Luna, movidas por energía nuclear, millones de veces más perfectas que esos cohetes que “tirios y troyanos”, en estos tiempos, han enviado a nuestro satélite lunar.
Con los cohetes atómicos, los Atlantes viajaron también a otros planetas del Sistema Solar. Finalmente, los Atlantes fueron poderosos. En materia de trasplantes, hicieron maravillas. No solamente aprendieron a trasplantar riñones, hígados, corazón, sino hasta el cerebro. Así que los Atlantes, en materia de medicina, realizaron prodigios.
Los Atlantes se guiaron siempre por los preceptos del Dios Neptuno. Mientras fueron firmes y marcharon de acuerdo con tales preceptos, su civilización se hizo extraordinaria. Desgraciadamente, se degeneraron. Utilizaron la energía atómica para la guerra. Bombardearon ciudades indefensas, y millones de seres humanos sucumbieron. Quienes crean que las bombas atómicas que actualmente existen jamás habían existido anteriormente, se equivocan. Los Atlantes también fabricaron bombas nucleares y, con tales bombas, precipitaron la gran catástrofe que acabó con su continente.
Un día cualquiera, hubo una revolución de los ejes de la Tierra, entonces los mares se desplazaron y se tragaron al continente Atlante. Ese fue el Diluvio Universal. Así perecieron millones de seres humanos.
Estamos en esta época del siglo XX, nos encontramos cara a cara con nosotros mismos y nos preguntamos: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? ¿Cuál es el objeto de la existencia? ¡Terribles preguntas! Y muchos cohetes cruzan el espacio rumbo a la Luna, o viajan hacia Júpiter o se dirigen hacia Marte.
Dentro de poco tiempo, tirios y troyanos, gringos y rusos, enviarán un cohete a Marte. ¿Se proponen descender a ese planeta? No lo sé. Solo sé que únicamente se quedarán en órbita alrededor de Marte y eso es todo, o así nos lo han hecho saber.
Mas en verdad digo: ¿Qué es el hombre?. Hemos creado poderosos barcos que surcan los mares, pero no hemos sido capaces de crear una simple semilla vegetal con posibilidades de germinar. Los científicos pueden elaborar un huevo artificial, pero de ese huevo jamás saldrá un pollo.
Los científicos hasta podrían construir gametos masculino y femenino, es decir, zoospermos y óvulos, colocarlos en matrices, pero nunca habría una concepción, jamás saldría de allí una nueva criatura. Se juega con lo que ya está hecho. Se hacen inseminaciones artificiales, se hacen trasplantes, se hacen injertos vegetales, pero los científicos continúan como siempre, no saben crear vida. Si ponemos las substancias químicas de un zoospermo y de un óvulo sobre la mesa de un laboratorio, y les pedimos a los científicos que hagan un zoospermo, y que se fabriquen un óvulo y que unan el zoospermo con el óvulo, ellos lo harán; podrán hacer el zoospermo y tendrán suficiente inteligencia como para hacer el óvulo.
Y podrán unir el zoospermo con el óvulo y depositarlo en un útero, en una matriz, pero pueden ustedes estar absolutamente seguros de que de ese invento no saldrá un hombre. Ya don Alfonso Herrera, el gran sabio mexicano, honra de este nuestro querido país mexicano, inventó la célula artificial. Don Alfonso fue el autor de la Plasmogenía. Pero, realmente, esa célula nunca tuvo vida, fue una célula muerta. Así pues, ¿en qué se basan los fanáticos de la dialéctica materialista? No han podido hasta ahora refutar la realidad final. Entonces, ¿cuál es su punto de vista? Yo creo que debemos remitirnos a los hechos, porque toda teoría es gris y solamente es verde el árbol de doradas frutas que es la vida.
Los científicos no han sido capaces de crear vida, entonces, ¿en qué basan su ateísmo? ¿En qué lo fundamentan? Realmente, no han hecho sino levantar una torre sobre una base de arena. Bien sabemos que un edificio sin cimientos se va al suelo inevitablemente. Obviamente, la dialéctica materialista no es más que eso, un paredón sin cimientos, basta un leve empujón para convertirla en menudo sedimento. Eso es incuestionable, indubitable. Así pues, volvemos a la pregunta. ¿Qué es el hombre? ¿Existe? ¿No existe? ¿Qué somos nosotros? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? ¿Cuál es el objeto de nuestra existencia? ¿Por qué existimos? ¿Para qué? ¿Tendremos que estar trabajando todos los días, luchando por ganarnos el pan, sin saber el motivo de esto? Yo creo que vale la pena que nos detengamos un instante a reflexionar un poco.
Obviamente, el cuerpo físico no es todo. Nosotros estamos llenos de anhelos, de preocupaciones, de ansiedades, nadie lo puede negar. Eso es indubitable.
Hitler creía en el Súperhombre y nosotros también lo creemos. Sabemos que Agarthi existe y que allí mora el Súperhombre, no lo negamos; allí están los sobrevivientes de Lemuria y de Atlántida. Que se rían los que quieran. Esto, en modo alguno afecta a la realidad. Pero Hitler no estaba relacionado con el Súperhombre como lo suponían sus secuaces en Berlín.
Nosotros pensamos que antes de relacionarnos con el Súperhombre, debemos, ante todo, investigar algo sobre El Hombre. El Hombre es algo que, en el fondo, no pasa de ser sino un enigma que no entendemos. Sin embargo, es necesario entender, inquirir.
Empecemos por el cuerpo físico que tenemos. Tiene células, ¿quién podría negarlo? Cada célula está compuesta por moléculas y las moléculas están compuestas de átomos, y los átomos están compuestos por iones y electrones y neutrones, etc. Obviamente, si desintegramos cualquier átomo de nuestro cuerpo físico, liberamos energía. Esto es axiomático, esto no lo podría negar nadie, esto no lo ignoran los físicos atómicos. En última síntesis, el cuerpo físico es energía. ¿Quién podría negarlo? ¿Quién se atrevería? Así pues, vale la pena inquirir un poco, saber algo más sobre nosotros mismos. Obviamente, las células tienen un campo magnético, esto lo ha descubierto totalmente la ciencia oficial. ¿Quién podría negar el campo magnético celular? ¿Quién podría negar los procesos electromagnéticos dentro de la célula viva? Los científicos conocen la mecánica de las células, pero nada saben sobre su fondo vital. Obviamente, el fondo vital es energía. Los videntes van más lejos. Dicen que hay un fondo vital; dicen que el cuerpo humano tiene un nisus formativus, y este es el Linga Sharira o cuerpo vital, o cuerpo de la vida.
Si una persona se le arrancara el cuerpo vital en forma definitiva y para siempre, el cuerpo físico moriría, no podría sostenerse sin un cuerpo vital. Los científicos rusos tienen un aparato maravilloso, electrónico, mediante el cual han podido percibir claramente el cuerpo vital. Ahora lo denominan el “cuerpo bioplástico”.
Como secuencia o corolario, el materialismo dialéctico se está quedando en el olvido, está siendo arrumado. Nuevos descubrimientos nos enseñan que la materia física no puede existir sin un fondo vital, entonces vale la pena saber qué es ese fondo vital. Yo diría que es la parte tetradimensional del cuerpo físico. Quienes han despertado la clarividencia saben que así es.
Yo no podría negarles a ustedes que yo desperté la clarividencia, que soy clarividente y que veo el cuerpo vital en cualquier organismo viviente, en cualquier planta, en cualquier animal, en cualquier átomo del universo. Así que, para mí el cuerpo vital es una realidad. Pero no es todo. Más allá de la parte tetradimensional de nuestro cuerpo físico, más allá de ese nisus formativus, sugerido por Emmanuel Kant, el filósofo de Königsberg, está eso que podríamos denominar el Ego, el Yo, el Mí mismo, el Sí mismo.
Indubitablemente, el Súperhombre no tiene Ego. El Súperhombre lo único que tiene dentro es El Ser, y la razón de ser del Ser es el mismo Ser. Sé muy bien que el Súperhombre de Agarthi está desprovisto de Ego. En él mora exclusivamente el Ser. Así pues, el Súperhombre de Nietzsche es terriblemente real, pero jamás podría entenderlo un Hitler o sus secuaces. Así que, antes de poder nosotros alcanzar la estatura del Súperhombre, tenemos que saber qué es El Hombre.
Indubitablemente, para ser Hombre se exigen muchas condiciones. El pobre animal intelectual, equivocadamente llamado Hombre, no reúne las condiciones del hombre y mucho menos las del Súperhombre. El animal intelectual lo único que tiene más allá del asiento vital es el Ego, no el Yo subliminal de Myers, no el alter ego de Helena Petronila Blavatsky, no. El animal intelectual tiene dentro de sí, al Ego animal. Y este Ego, en sí, no es más que una suma de elementos inhumanos que en nuestra interior cargamos, electromagnéticos, diríamos: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula… Tales elementos inhumanos existen dentro de nosotros. Están representados por los agregados psíquicos inhumanos. Los Tibetanos dicen que dentro de cada ser humano existen agregados psíquicos, y estos personifican siempre a nuestros defectos de tipo psicológico. Más allá de esto, ¿qué es lo que tiene el pobre animal intelectual? Gurdjieff diría: La Esencia. La tesis de Gurdjieff es exacta, es la misma de los tibetanos, la misma de los lamas de Tsongkhapá, la misma de los lamas de Lhasa y de toda la meseta central del Tíbet. La Esencia, sí, eso es lo grandioso que hay en nosotros, no lo negamos. Ha venido de las estrellas, de arriba, de Urania, de La Galaxia en que vivimos. Pero desgraciadamente, está enfrascada entre el Ego, entre el Yo, entre el Mí mismo, entre el Sí Mismo, por eso se procesa en virtud de su propio condicionamiento. Así que, la Esencia, la Conciencia, está dormida en cada uno de nos; eso es incuestionable, indubitable. Mas, desgraciadamente, las gentes ignoran que tienen la Conciencia dormida. Se sienten despiertas y si uno a alguien le dice que está dormido, ese alguien, pues, podría sentirse ofendido. La cruda realidad de los hechos es que las gentes duermen, pero ignoran que duermen; no saben, y ni siquiera saben que no saben. La realidad es que todo el mundo duerme y duerme profundamente.
El Súperhombre de Nietzsche, los sobrevivientes de Lemuria y de Atlántida, en el Reino Subterráneo de Agarthi, no duermen. Quiero decir que no tienen la Conciencia dormida. Aun cuando su cuerpo físico duerma en un instante dado para el descanso, que es muy natural, la Conciencia permanece siempre alerta y vigilante como el vigía en época de guerra. El Súperhombre puede ver, oír, tocar, y palpar las grandes realidades de los mundos internos. El animal intelectual no puede, su Conciencia está dormida, sueña que está despierta, sueña con “el sueño Tierra”. En realidad de verdad, es un sonámbulo, pero ignora que lo es.
Continuando o prosiguiendo con estos análisis intelectuales, diremos lo siguiente: No se podría alcanzar la estatura de un hombre, si antes no se fabrican Los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
En materia de parasicología, mucho se ha hablado sobre el cuerpo astral, sobre el Eidolón. Se han hecho experimentos con el Eidolón; se ha logrado alguna vez materializar el Eidolón en un laboratorio como lo hizo William Crookes; lo hizo en presencia de muchos científicos.
Desgraciadamente, las gentes aun viendo, no ven.
A estas horas, después de los experimentos de un William Crookes, o después de las investigaciones que se hicieron con Eusapia Palladino en Nápoles, donde muchas mesas levitaban solas en el espacio, donde instrumentos musicales flotaban tomados por manos invisibles y hacían resonar en el ambiente las más dulces sinfonías, ya no debería haber incredulidad en estas cosas.
Pero se hace el experimento, asombra a unos cuantos y los demás siguen escépticos. Tendríamos que hacer experimentos que asombraran a 4.500 millones de personas si es que quisiéramos que el escepticismo mundial desapareciera. Pero estoy seguro de que, aun haciendo experimentos masivos para las multitudes, el escepticismo continuaría.
Así que, he dicho que el Eidolón ha sido demostrado, pero desgraciadamente, las gentes ignoran los experimentos que con el Eidolón se han hecho. La realidad es que quien fabrique el cuerpo astral, es decir, el Eidolón, con ese vehículo puede viajar fuera del cuerpo físico, puede visitar otros mundos del sistema solar, puede ponerse en contacto con el Súperhombre. Fabricar tal cuerpo es algo extraordinario, maravilloso. Ese cuerpo tiene que fabricarse con la misma energía que fabricó el cuerpo físico. Bien sabemos que fue la energía creadora del Tercer Logos, la fuerza sexual, la que dio origen a este cuerpo de carne y hueso que aquí tenemos.
Si no hubiésemos tenido a un padre y a una madre, nuestro cuerpo físico no existiría. Cuando buscamos el origen mismo de nuestra vida, descubrimos que está precisamente en la conexión del Lingam—Yoni. Fueron nuestros progenitores quienes nos dieron la vida. Así que con esa energía del Tercer Logos, pasamos a existir dentro del tapete de la existencia.
Con esa misma energía sexual maravillosa, con esa energía subliminal prodigiosa, podríamos perfectamente fabricar el cuerpo astral. Tal fabricación se haría dentro de nosotros mismos, en el interior de nuestro organismo, aquí y ahora. Ese cuerpo astral pertenece a la quinta dimensión. Quien lo fabrique adquirirá la inmortalidad, podrá viajar con ese cuerpo fuera del físico y dirigirse a otros mundos habitados.
Con el mismo sistema, con la misma fuerza, con el mismo poder con que se nos dio la vida, podría dársele vida al cuerpo astral. Solo que tendríamos que conocer ese fino artificio que los alquimistas medievales llamaron en su época El Secretum Secretorum.
Tal artificio ha sido, entre líneas, esbozado claramente por Sigmund Freud en su Psicoanálisis. En todo caso, solo Transmutando El Sagrado Esperma, que las gentes malgastan miserablemente en la fornicación, es posible dar vida al cuerpo astral, fabricarlo. Habría que sublimarlo como sugirieran Freud, Adler, Jung y sus secuaces. Obviamente, Freud fue, en este terreno moderno de la psicología y de la parapsicología, extraordinario. Ese profesor vienés hizo una innovación magnifica dentro del mismo terreno de la psicología de la época, y llevó a la medicina hasta la cuestión psíquica. Por eso Freud les advirtió: sublimar la energía es posible.
Nosotros tenemos métodos, nosotros conocemos El Secretum Secretorum que permite la transformación del Esperma Sagrado en energía. Si conseguimos tal transformación maravillosa, se formará en nuestro interior el cuerpo astral. Con ese cuerpo podemos viajar, digo, a través del infinito.
Posteriormente, con esa misma energía prodigiosa, podemos fabricar un cuerpo mental, individual, particular para nuestro uso. Tal creación se realizaría, de hecho, en el mundo de la sexta dimensión. Si se fabrica un cuerpo mental, puede asimilarse los conocimientos universales, se vuelve receptivo en gran manera, puede realmente penetrar en el mundo de la mente cósmica.
Si nosotros tenemos una mente particular para pensar, también es cierto y de toda verdad, que el planeta Tierra tiene una mente mundial. Quien logre fabricarse el cuerpo mental, mediante la transmutación de la energía creadora, podrá entrar, en verdad, en el mundo de la mente planetaria y conocer las maravillas del universo.
Mucho más allá del mundo de la mente, está el mundo de la voluntad consciente. Las gentes son víctimas de las circunstancias, todo les sucede por accidente, aunque también se procesa La Ley del Karma o de Causa y Efecto. Las gentes no saben promover nuevas circunstancias, son víctimas de ellas. Cuando uno fabrica el cuerpo de la voluntad consciente, aprende a dirigir las circunstancias, se convierte en amo de sí mismo, puede dirigir sus propios procesos psíquicos. Ese cuerpo puede ser fabricado por medio de La Transmutación Sexual, siguiendo la escuela del psicoanálisis, la sublimación de la energía, la sublimación de la libido sexual.
Obviamente, la libido sexual se sublima a través del amor al arte, a la estética, a la belleza, a través de la música, a través de lo inefable, a través del sentir artístico. Pero El Secretum Secretorum solamente en La Escuela Gnóstica lo tenemos, y se les enseña a los neófitos a condición de una conducta recta. Quien haya fabricado los cuerpos astral, mental y causal, se convertirá en Hombre. Es necesario convertirse en Hombre, pero para ello hay que fabricar estos cuerpos.
Una vez fabricados, ellos se penetran y compenetran entre sí formando un todo, y ese todo vive en el cuerpo físico de forma extraordinaria, maravillosa, sublime.
Primero hay que crear al hombre. Cuando se han creado los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, se reciben los principios anímicos y espirituales. Entonces, de verdad, se convierte uno en un Hombre.
Así pues, antes de llegar a la estatura del Súperhombre, primero hay que crear al Hombre.
Hoy por hoy, nosotros todos, empezando por mi insignificante persona que nada vale, somos animales intelectuales. Si colocamos nosotros un animal intelectual frente a un hombre, veremos la diferencia, es gigantesca. Se parecen físicamente, pero los estados psicológicos son diferentes.
Ha llegado el momento, pues, de empezar a crear al Hombre. El Hombre es el rey de la creación. Tiene poderes sobre el fuego, sobre el aire, sobre las aguas y sobre la tierra.
Los códices de Anáhuac dicen: “Los Dioses crearon al hombre de madera, pero después de crearlo, lo fusionaron con lo Divinidad”. Luego añade: “No todos los hombres logran fusionarse con la Divinidad”.
Así que, para fusionarse uno con la Divinidad tiene que realizar trabajos sorprendentes. Tiene que eliminar de sí mismo los elementos inhumanos del Ego: la ira, la codicia, la lujuria, la envidia, el orgullo, la pereza, la gula.
Si un hombre no eliminara de sí mismo los elementos indeseables que en su interior cargase, se convertiría realmente en un Hanasmussen con doble centro de gravedad, en un aborto de La Madre Cósmica, en un fracaso.
Se hace necesario, en verdad, eliminar los elementos innecesarios que existen en nuestra psiquis. Cuando eso se hace, cuando todos los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos han sido desintegrados, entonces viene el Despertar de la Conciencia y la fusión con Dios, la integración con lo Divinal. Ese es el momento en el que ingresamos al Reino del Súperhombre.
Los Gnósticos amamos al Súperhombre. Vivimos La Senda que nos ha de conducir al Súperhombre. Queremos los poderes del Súperhombre. Necesitamos en verdad, crear al Hombre, pero siempre con miras a transformarlo en Súperhombre. Así pues, el error más grave es suponer que ya hemos adquirido nosotros todos, la estatura del Hombre.
Recordemos nosotros a Diógenes y su linterna, en Atenas. Dicen que con una linterna se fue al mediodía buscando por ahí, por todas partes, a un Hombre. Y llegó donde los sabios más grandes de Atenas y preguntó:
—-¿Hay por aquí un hombre?
—-Sí, lo hay; todos nosotros somos hombres.
—-No, ustedes no son hombres.
—-La plaza pública está llena de hombres.
—-Esos no son hombres, decía Diógenes.
Y buscó a los científicos y a los religiosos y a todo el mundo, y siempre que le preguntaban: “¿Qué buscas Diógenes?”. Respondía: “Un hombre”.
Con esa linterna encendida recorrió todo Atenas. Obviamente, se echó de enemigos a los atenienses. Pero Diógenes Laercio tenía razón: es muy difícil encontrar a un Hombre. Abundan los animales intelectuales por todas partes, pero no abunda el Hombre.
Si sobre la faz de la Tierra existiera el hombre, ya no habrían guerras; la Tierra entera sería un paraíso. Entonces, todo sería de todos y cada cual podría comer del árbol del vecino sin temor alguno.
Mas desgraciadamente, todavía sobre la faz de la Tierra no existe el Hombre, debemos crearlo. No habrá paz, dicen los mayas, ni felicidad, ni armonía, ni belleza, etc., hasta que no nazca el Hombre. Así dijeron, y así es.
Desgraciadamente, todos nosotros estamos convencidos de haber alcanzado el estado del Hombre. Estamos seguros de ello, y aquel que nos diga lo contrario nos ofende. Pero en realidad de verdad, todavía el Hombre no ha nacido.
El Hombre es el rey de la creación, el amo del universo, tiene poderes para mandar al fuego, para dirigir los aires y las tormentas, para caminar sobre las aguas como Jesús de Nazaret, o para hacer temblar la tierra.
El Hombre puede caminar sobre las tempestades, y empuñar el rayo del poder porque es el rey de la Creación, rey de verdad.
Desgraciadamente, nosotros nos creemos Hombres cuando en verdad ni siquiera somos capaces de gobernarnos a sí mismos; todavía no hemos aprendido a dirigir nuestros procesos psicológicos a voluntad. Somos víctimas de las circunstancias, nos creemos muy sabios.
En realidad de verdad, si fuéramos Hombres, en el sentido trascendental de la palabra, podríamos hasta prolongar la vida por millones de años, puesto que el Hombre es el rey de la Creación y no esclavo. O somos reyes o no lo somos. Si no somos reyes de la Creación, entonces no somos Hombres, porque no se puede concebir a un Hombre que no sea rey de la Creación. O es rey o no lo es. Si no es rey, no es Hombre. Esa es la cruda realidad de los hechos.
Sin embargo, podemos crear al Hombre dentro de nosotros mismos. Pero se necesita de la disponibilidad al hombre, se necesita que estemos en verdad dispuestos a crear al hombre.
El Sol está haciendo en estos momentos, un gigantesco experimento, quiere crear Hombres. Durante la época de Abraham el Profeta, hizo bastantes creaciones. Durante los primeros ocho siglos del cristianismo, el Sol logró crear algunos Hombres. En la época medieval, creó Hombres. Y en esta época de crisis mundial y de bancarrota de todos los principios, en esta época en que la humanidad se ha lanzado por el camino de la degeneración, el Sol se empeña, como un supremo esfuerzo, en crear Hombres. >FA<