Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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117 EL HIJO DEL HOMBRE

CONFERENCIA INEXISTENTE EN AMBAS EDICIONES IMPRESAS DEL 5º EVANGELIO

NÚMERO DE CONFERENCIA: 117

FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE

CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE

DURACIÓN:INVALUABLE

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE

FECHA DE GRABACIÓN:1974/04/03

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:SEGUNDA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO

…realmente lo que es el hijo del Hombre. Es urgente saber que necesitamos crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Los pseudo-esotéristas y pseudo-ocultistas de esta era del Kali Yuga, completamente embotellados en el dogma de la Evolución, suponen equivocadamente que ya todas las criaturas humanas poseen los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, lo cual es algo completamente absurdo, no es exacto.

Incuestionablemente, en el caos metálico de nuestros órganos creadores, es decir, en el esperma sagrado, se halla también el Alma Metálica del Mercurio. Desde el punto de vista alquimista existen tres Mercurios: primero es el Mercurio en bruto; es decir, el esperma sagrado, el caos metálico. El segundo Mercurio es el Alma Metálica de ese esperma y resulta de la transmutación creadora. Cuando el Ens Séminis es transmutado en el Alma Metálica se libera, esto es: sube la energía creadora, el Mercurio sófico por los canales de Idá y Pingalá hasta el cerebro. El tercer Mercurio resulta fecundado por el Azufre. Incuestionablemente, las corrientes solares y lunares de nuestro sistema seminal, a la larga hacen contacto en el tribeni, cerca del coxis, y entonces despierta nuestra Serpiente Ignea de nuestros mágicos poderes para subir por la espina dorsal; Mercurio sófico fecundado por esa flama santa, por ese Azufre que es el tercer Mercurio que asciende a lo largo del canal medular, por la espina dorsal para transformarnos totalmente. El excedente del Mercurio fecundado por el Azufre, satura a las células orgánicas y se convierte en el Cuerpo Astral.

Uno sabe que tiene el Cuerpo Astral cuando puede usarlo a voluntad, cuando puede viajar con él a través del espacio infinito, en la misma forma que sabe que tiene manos porque puede usarlas y que sabe que tiene pies, porque con ellos puede caminar. Después de haberse creado el maravilloso Cuerpo Astral o Cuerpo Kedjano, entonces se hace urgente e inaplazable crear el Cuerpo de la Razón Objetiva, es decir, el Cuerpo Mental. Indubitablemente, con el Mercurio fecundado por el Azufre, debemos crear ese tercer cuerpo, si contamos del físico hacia arriba. Una vez que hayamos creado el Cuerpo de la Razón Objetiva, todo cambiará en nuestra forma de pensar. Existen dos clases de razonamientos: el subjetivo y el objetivo. El subjetivo se basa en las percepciones sensoriales externas. El objetivo tiene como base para sus funcionalismos y procesos, los datos de la Conciencia. Quien se haya creado el Cuerpo de la Razón Objetiva, el Cuerpo Mental, indubitablemente por tal motivo, podrá elaborar conceptos mediante los informes de la Conciencia pura. Así pues, el físico no es sino el instrumento de la manifestación, en este mundo de Malkuth, en este mundo de Jesod. El Astral nos permite viajar por las regiones suprasensibles a voluntad. El Mental o Cuerpo de la Razón Objetiva, nos permite elaborar conceptos con base en los funcionalismos de la Conciencia, pero si no creamos el Cuerpo de la Voluntad Consciente, no podríamos determinar circunstancias, seguiríamos siendo víctimas de las mismas. Uno puede crear el Cuerpo de la Voluntad Consciente, mediante la transformación del esperma en energía. El Cuerpo de la Voluntad Consciente viene a cristalizar también mediante el Mercurio fecundado por el Azufre, cuando uno posee los cuatro cuerpos: Físico, Astral, Mental, Causal, queda listo y preparado para la gran iniciación kabalista de Tiphereth.

¿Qué es en Kábala Tiphereth? He aquí el motivo principal de esta plática. Tiphereth es el Centro Crístico del Hombre, Tiphereth es el Hijo del Hombre. Se nos ha dicho que Tiphereth es el Niño que la Divina Madre carga en sus brazos, indubitablemente, el Niño debe nacer en el establo de Belén. Belén viene de la palabra caldea “bel”, que significa: “torre de fuego”, esa torre solamente la tiene construida el que ha fabricado los Cuerpos Astral, Mental y Causal. Tiphereth, el Niño Cristo, nace siempre en un establo lleno de animales, los animales del deseo, el “yo pluralizado”. En principio el Niño nace débil e incapaz, quien lo haya encarnado, incuestionablemente, no sentirá de inmediato cambio alguno, las gentes tampoco advertirán en él nada nuevo, continuará el sujeto como siempre, con sus mismas debilidades, pero conforme el Niño va creciendo, conforme va eliminando los elementos inhumanos que cargamos dentro, el cambio se va haciendo cada vez más notorio y cuando llega a los 33 años de edad (me refiero a la edad solar o edad esotérica, para diferenciarla de la edad profana, pues 3 por 3 es 9), el Niño ha terminado su desarrollo y se ha hecho Hombre, entonces aparece entre las multitudes para hacer la Gran Obra, para trabajar por la humanidad, para mostrarle el camino a los demás, para sacrificarse en el ara del supremo amor.

Así pues, en vísperas de Semana Santa, es conveniente que todos los hermanos comprendan lo que es el Hijo del Hombre, todo el objetivo de nuestra existencia mis caros hermanos, es que nazca en nosotros el Hijo del Hombre.

Las aves tienen sus nidos y los hombres su hogar, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza, porque El, estando en el mundo, no es del mundo. Arriba en el cielo, en Urania, está el Viejo de los Siglos, el Padre que está en secreto, la bondad de las bondades, lo oculto de lo oculto, la misericordia de las misericordias, Kether. Abajo en el microcosmos está Malkuth, el mundo de la forma densa y la parte terrenal, la mente astral y el físico. El Hijo del Hombre, está pues, entre el Macrocosmos y el Microcosmos. Como Hombre, El debe equilibrar las fuerzas que vienen de arriba y de abajo, las que descienden del Anciano de los Días y las que suben de Malkuth, pasando por Jesod, Hod y Netzach. El Hijo del Hombre, repito, debe equilibrar todas las fuerzas, es precisamente el llamado a integrar todos los diez sephirotes de la Kábala Hebraica en cada uno de nos.

Cuando el Budhata, la Conciencia que llevamos dentro, la Esencia, hace contacto con Tiphereth, el Centro Crístico, es obvio que tiene completo despertar. Tiphereth, está en el Mundo de las Causas Naturales; ahora se explicarán ustedes, hermanos, por qué decimos que el Mundo Causal es el gran Templo de la Fraternidad Universal Blanca.

Quiero que ustedes pongan más interés en el Hijo del Hombre. La religión budhista tiene su centro de gravedad en el Viejo de los Siglos. Las religiones griega, egipcia, etc., tienen su fundamento en Jesod, son mágicas por excelencia, pero la Doctrina de nuestro Señor el Cristo, tiene su centro de gravedad en Tiphereth, el Hijo del Hombre.

En vísperas de Semana Santa, debemos comprender lo que es el Hijo del Hombre, todos debemos preocuparnos para edificar el templo para encarnarlo. Dichosos los que reciben la iniciación de Tiphereth, dichosos aquellos en los cuales nazca el Hijo del Hombre. Hermanos, vosotros me preguntaréis quién soy. Os diré: soy el Hijo del Hombre. En principio nací débil e incapaz, pero conforme he podido crecer, también he podido enseñar la palabra que viene del Padre, pues el Hijo es uno con el Padre y el Padre uno con el Hijo y quien ha visto al Hijo ha visto al Padre. Por eso, hoy invito a comprender lo que es el Hijo del Hombre.

Es necesario entender que cada cual tiene que vivir su Semana Santa. El Hijo del Hombre en principio es rechazado por los ancianos, es decir, por las gentes que se dicen llenas de experiencia y por los escribas, es decir, por los intelectuales que lo miran con desdén y por los fariseos que existen por doquiera, los mismos de ayer, de hoy y de mañana. El Hijo del Hombre debe ser condenado a muerte, debe morir, quiero decir con esto, que necesitamos desintegrar al mí mismo, al sí mismo y con muerte de cruz. No hay que olvidar que el Lingam vertical, al penetrar en el Ecteis formal, hace cruz y es con el poder de la Santa Cruz, con el cual se prueba a los verdaderos fieles. Muchos son los que dicen, “yo soy fiel a la doctrina”, pero cuando se casan, cuando ya tienen que trabajar en la cruz prácticamente, cuando tienen que bajar a la Forja de los Cíclopes, fallan, es decir, no resisten la prueba de la cruz. El Hijo del Hombre debe ser crucificado y morir con muerte de cruz y luego habrá de resucitar de entre los muertos al tercer día.

Hay que recordar que la cruz tiene las huellas de los tres clavos y que sobre la misma existe la palabra INRI: “Ignis, Natura, Renovatur, Integram, el fuego renueva incesantemente la Naturaleza”. Los tres clavos nos están indicando las tres purificaciones. La primera corresponde a la Primera Montaña, de la cual hablo en mi libro titulado: “Las Tres Montañas” (72-73), es decir, la purificación es la iniciación. La segunda corresponde a la Montaña de la Resurrección, está debidamente concretada en los nueve de los doce trabajos que hiciera Hércules, el Hombre Solar. La tercera purificación se realiza sobre la Segunda Montaña, antes de la resurrección del Hijo del Hombre, es sobre la cumbre de esa resplandeciente montaña, que se deben calificar las iniciaciones recibidas. De nada servirían las iniciaciones si no fuesen calificadas; una cosa es recibir las iniciaciones y otra cosa, recibir su calificación.

Así pues, no lo olviden, que son tres purificaciones, son los tres días que permaneció Jesús entre el Santo Sepulcro, antes de la resurrección, son los tres días en que Jonás estuvo dentro del vientre de la ballena, antes de que fuera vomitado por la misma, en las playas de Nínive. El Hijo del Hombre debe estar tres días entre el Santo Sepulcro, antes de la Resurrección. El resucita en el Padre, porque el Padre y el Hijo son uno.

Sí, hermanos, quiero que vayan entendiendo lo que es la Semana Santa. La calificación de las ocho iniciaciones se realiza, repito, sobre la cumbre de la Segunda Montaña, antes de la Resurrección. Tal calificación siempre ha de pasar por un tiempo de ocho años, los ocho años, durante los cuales, Job, el Patriarca estuvo leproso, los ocho años de pruebas y dolor, los ocho años de la gran Semana Santa. Siete son los días del Génesis, siete son los sellos del Apocalipsis de San Juan, pero el número ocho es el de los esplendores.

Cada uno de nos, si quiere llegar a la Auto-Realización Intima del Ser, tiene que vivir su Semana Santa; habrá de realizar en sí mismo, completamente la iniciación de Malkuth, es decir, los Misterios del Abismo, habrá de llevar a la perfección y completa calificación…. los misterios de Jesod, los Misterios del Sexo, habrá de pasar por la Iniciación de Hod, el Cuerpo Astral; habrá de pasar por la iniciación de Netzach, el Cuerpo Mental; habrá de pasar por la iniciación de Tiphereth, para que el Hijo del Hombre nazca en él, muera y resucite de entre los muertos, también habrá de pasar por la de Geburah, la Conciencia Superlativa del Ser, y por la de Chesed, el Ser o el Microcosmos, el pequeño rostro o el Rey del Microcosmos. Por último habrá de pasar por la Iniciación en el octavo día de Binah, para que el Rey se levante de su Sepulcro y venga al mundo de la forma.

Los siete días del Génesis están representados maravillosamente en cada una de estas iniciaciones. Incuestionablemente, tenemos que vivir el Génesis en nosotros mismos aquí y ahora, tenemos que crear dentro de nosotros mismos un Universo Interior, y al hacerlo, lo habremos de hacer en seis días, porque el séptimo, descansa Dios, y en el octavo resucita en su Obra.

Tal como está escrito en el Génesis, tenemos que romper cada uno de los sietes sellos del Gran Libro que es el Hombre:

El Primer Sello es el de Malkuth.

El Segundo Sello es el de Jesod.

El Tercer Sello es el de Hod.

El Cuarto Sello es el de Netzach.

El Quinto Sello es el de Tiphereth.

El Sexto Sello es el Geburah.

El Séptimo Sello es el de Gedulah.

El Génesis y el Apocalipsis se compenetran y nos toca vivir el Génesis en lo individual y realizar en nosotros mismos lo que el Logos Arquitecto del Universo hizo cuando creó precisamente el mundo, necesitamos vivir el Apocalipsis individual si es que no queremos vivirlo colectivamente. Hay dos formas de vivirlo, individual o colectivamente. Colectivamente lo está viviendo toda la humanidad, y el último sello está para romperse. Un planeta viene a través del espacio infinito varias veces más grande que el planeta Júpiter. Terribles acontecimientos se aproximan, porque está para romperse el Séptimo Sello del Apocalipsis y el fuego será la prueba, todo se ha consumado; antes de ese momento habrá guerras espantosas sobre la faz de la tierra. La tercera guerra mundial está a las puertas y las ciudades serán desoladas y millones de seres humanos se volverán polvo, cuando el séptimo sello sea roto, todo se habrá consumado y está para romperse y la humanidad tendrá que descender a los mundos infiernos, es decir, al lago de fuego ardiente y azufre, que es la Muerte Segunda, así está escrito, es necesario que perezcan. Así pues, hermanos, o lo vivimos individualmente para que el Hijo del Hombre sea glorificado o lo vivimos colectivamente, pero ninguno de nosotros puede escapar al Gran Libro, al terrible Libro de la Naturaleza, me refiero al Apocalipsis de San Juan.

Así pues, viene la Semana Santa y es necesario comprenderla profundamente, meditad pues en eso, la Semana Santa es del Hijo del hombre, y en cada uno de nos debe nacer el Hijo del Hombre, si es que no queremos rodar al lago de fuego ardiente y azufre, que es la Muerte Segunda.