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F037 LA NECESIDAD DE ENCARNAR LA VERDAD
FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN LA 1ª EDICIÓN DEL 5º EVANGELIO
TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):
EXCELENCIA Y TRASCENDENCIA DE LA VERDAD (21:07)
NÚMERO DE FRAGMENTO:F037
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:BUENA
DURACIÓN:21:07
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1973/??/?? (ESTIMADA)
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
>IA< Bueno hermanos, aquí reunidos nosotros, en Tercera Cámara, vamos a platicar un poco…
Les hablaba a ustedes anoche sobre la necesidad de encarnar la verdad.
Es necesario reflexionar un poco en dicho término: la verdad.
Cuando a Jesús mismo, le interrogó Pilatos diciendo: “¿Qué es la verdad?”, guardó silencio. Y cuando al Buddha Gautama Sakyamuni le hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. Es urgente, hermanos, que meditemos en esto.
Algunas religiones muertas nos hablan de un Dios antropomórfico, sentado allá en un trono de tiranía, detrás de las nubes, lanzando rayos y centellas contra este triste hormiguero humano. Incuestionablemente, ese Dios antropomórfico es un ídolo mental.
Quiero que ustedes sepan que no solamente existen ídolos en lo material aquí, también los hay mentales. Mejor es pensar en el Demiurgo Arquitecto, Unidad Múltiple Perfecta, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, el Verbo.
Con justa razón, el Evangelio de San Juan comienza diciendo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Por él todas las cosas fueron hechas, y sin él, nada de lo que ha sido hecho, hubiera sido hecho”.
Cuando nosotros pronunciamos eso que todo el mundo dice: “verdad”, debemos reflexionar. ¿Podríamos mostrar la verdad?. Obviamente no. Por ello fue que Jesús guardó silencio. ¿Podríamos exhibir la verdad?. Claro que no, por eso fue que el Buddha Gautama Sakyamuni dio la espalda y se retiró.
Pero si decimos que la verdad es el Verbo, no estamos aseverando nada equivocado. Realmente así es. Eso que no es del tiempo, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, es el Verbo.
Aquellos que suponen que el universo ha sido creado por ese ídolo mental, equivocadamente llamado Dios, están equivocados. Aquellos que niegan a Dios están equivocados.
El tipo escéptico es demoníaco por naturaleza, perverso y mediocre. Los hombres geniales, que ha conocido la historia, son hombres de fe. Ningún escéptico ha sido genial. Los escépticos siempre son mediocres.
Empero no se trata de creer o no creer en un Dios, porque muchos se contentan con la sola creencia, se escudan tras de ella y fracasan. Al fin, se hunden en los Mundos Infiernos, involucionan en el tiempo.
Dicen: “Creo en un Dios”, pero no hacen nada por conocerse a sí mismos.
Otros dicen: “No creo en Dios”», pero tampoco saben nada de sí mismos.
Podemos también decir que la Tierra se mueve sobre su eje, o podemos decir que no se mueve, y eso no modifica en nada el curso de nuestro planeta alrededor del Sol. Recordemos a Galileo, cuando ante la Biblia, le hicieron jurar.
Los inquisidores le dijeron: “¿Jura usted que la Tierra no es redonda y que no se mueve?”. Y Galileo, extendiendo su mano sobre la Biblia, dijo: “¡Lo juro!, Pour si muove, si muove (pero se mueve, se mueve)”.
Así pues, lo que se crea o lo que no se crea, no es lo que cambia las cosas. Verdaderamente, lo que necesitamos nosotros, en el fondo, es un cambio. Necesitamos experimentar la verdad, y eso es lo indicado.
Obviamente, para llegar a la experiencia de lo real, se necesita la meditación, la quietud y el silencio de la mente. Solo cuando concluye el proceso del pensar podemos llegar a experimentar aquello que no es del tiempo. Así pues, reflexionemos.
En el esoterismo, se nos habla mucho del Absoluto Inefable, Sat, el Inmanifestado, que está más allá del espíritu y de la materia; mucho más allá del silencio y del sonido y de los oídos para percibirlo; más allá del pensamiento, del verbo profano y del acto; más allá del número, medida, peso, lado por lado, cantidad, cualidad, antes, atrás, etc., etc., etc.
Paranishpanna es el Absoluto mismo, Paranishpanna es eso que no tiene nombre, eso que está más allá todavía de lo que podríamos denominar Maha–Paranirvana.
Llegar nosotros algún día a la meta es lo que esperamos. Por eso estamos aquí reunidos, estudiando, meditando, preparándonos; queremos algún día alcanzar la Liberación Final. Pero Paranishpanna sin Paramartha no es felicidad.
Paranishpanna y Absoluto es lo mismo, pero Paramartha, en sánscrito riguroso, es la Verdad Absoluta.
Si nosotros, así como estamos, fuéramos depositados en el seno del Absoluto Inefable, si así como estamos, una mano poderosa nos arrojara en el fondo profundo del Paranishpanna, caeríamos en la desesperación más espantosa.
Clamaríamos, lloraríamos, suplicaríamos que nos trajesen nuevamente de regreso aquí a la Tierra. Y, sin embargo, en el fondo cada uno de nosotros quiere llegar al Absoluto.
Vean qué paradójico es todo. Si nos depositaran instantáneamente en el Absoluto, no quisiéramos estar allá.
¿Qué sería el Absoluto para nosotros en este momento?. Dicen que es Luz Increada. ¿Y ustedes que dicen?, ¿Qué pensarían?. ¡Es o no es Luz Increada!.
Pues, obviamente, para ustedes, el Absoluto, en este momento, sería tinieblas pavorosas, un abismo insufrible; las tinieblas del “no Ser”, esas tinieblas del abismo donde se encuentran los orígenes de la luz.
Y, sin embargo, nosotros queremos el Absoluto. Pero para poder realmente gozar el Absoluto, necesitamos de Paramartha, la verdad absoluta. ¿De qué nos sirve entrar a Paranishpanna si no poseemos la verdad?. ¿De qué nos serviría perdernos entre el seno de eso que no tiene nombre si no tenemos Paramartha?.
Pero, aclarar es necesario, concretar un poco es indispensable para poder comprender mejor.
Y, ¿qué es Paramartha?. Dijimos ya, y lo repetimos porque así conviene: la Verdad Absoluta.
Pero si nos autoexploramos profundamente, ¿en qué rincón de nosotros mismos encontraremos esa verdad absoluta?. ¿Estará en el físico?, ¿Estará en el astral, en el mental, en el causal, en el búddhico, en el átmico?. ¿Dónde estará?, ¿Cuál será su lugar?.
Jesús dijo: “Conoced la verdad y ella os hará libres”. Pero, ¿cuál es la verdad?, ¿Dónde estará?. El intelecto nunca la ha encontrado y nunca podría reconocerla, porque jamás la ha conocido.
Ustedes pueden reconocer a un amigo que conocen, que han conocido. Pero, ¿cómo podrían ustedes reconocer a un amigo que no conocen?, ¿Quién podría reconocer la verdad si jamás la ha conocido?.
Pues la verdad no es del intelecto, no es de la mente, no es del tiempo. ¿Dónde está la verdad?. ¿Estará allá arriba?, ¿Estará abajo?, ¿A la derecha?, ¿A la izquierda?, ¿Antes?, ¿Atrás?, ¿Dónde?.
Se nos ha dicho que dentro de nosotros mismos. Pero, ¿en qué rincón?, ¿En qué cuerpo?. Es algo que nosotros debemos inquirir por nosotros mismos, pero no es el intelecto quien la va a descubrir.
Ella puede venir a nosotros de visita sin que la invitemos, cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio. Pero una cosa es venir de visita y otra cosa es encarnarla.
Con justa razón se dice: “Al que sabe, la palabra da poder; nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino solamente aquel que lo tiene encarnado (El Verbo)”.
Entonces, la verdad es el Verbo, y quien lo encarna, pues encarna la verdad.
Les hablaba anoche a ustedes sobre el cisne Kalahamsa, o sobre aquel otro del caballero Lohengrin, aquel cisne volando sobre las aguas puras de la vida.
Ese es también el Ibis milagroso, aquella blanca paloma con su cabeza de anciano venerable, el Archimago, el Archihierofante que otrora resucitara dentro de sí mismo el Mago Merlín para asombrar al rey Arturo y a los Caballeros de la Mesa Redonda.
El Espíritu Santo, el Tercer Logos, la Mónada Particular, he ahí el Verbo.
Sin embargo, él, con toda su grandeza y esplendor, no es más que un desdoblamiento del Segundo Logos.
Cuando pensamos en el Segundo Logos, nos viene a la mente el Cristo Cósmico, el Maestro de Maestros, el Hijo, Vishnú, aquel que se expresara con tanta potencia a través del Gran Kabír Jesús, aquel que parlara a través de la laringe de Juan el Bautista, aquel que hiciera maravillas y prodigios por medio de Fuji o de Quetzalcóatl.
El Gran Nazareno dijo: “Quien ha visto al Hijo ha visto al Padre, porque el Padre es uno con el Hijo y el Hijo uno con el Padre”. Así pues, el Hijo, el Cristo, a su vez es una manifestación, un desdoblamiento grandioso del Padre.
Él, en sí mismo, el Padre, es el Primer Logos, Brahma, emanado directamente del Sol Central Espiritual, emanado directamente del resplandeciente Sol Absoluto.
Ese Sol Absoluto, ese Sol Central es grandioso en sí mismo, porque de allí parten todas las leyes que sostienen el universo firme en su marcha. Dentro de ese Sol Central Espiritual, hay una partícula propia, nuestra, muy nuestra, de la cual ha emanado el Padre, pues los Tres Logos han emanado del resplandeciente Sol Absoluto. La Trinidad dentro de la Unidad del abismo, el Tetragrammatón, Los Cuatro.
Quien ha encarnado en sí mismo al Logos, ha encarnado la verdad. Quien ha encarnado en sí mismo al Tercero, y al Segundo y al Primer Logos, y, por último, se ha fusionado con el Sol Central, ha encarnado la Verdad Absoluta, se ha convertido en la Verdad Absoluta, ha conseguido Paramartha.
En esas condiciones, puede perfectamente sumergirse entre el estado aquel grandioso del Absoluto. En esas condiciones de Bienaventuranza, ha logrado la Liberación.
Solo así, mis caros hermanos, viene uno a saber lo que es Paranishpanna, solo así viene uno a conocer lo que es la felicidad. Pero Paranishpanna sin Paramartha no es felicidad. Es decir, si uno no ha logrado la fusión con el Logos, aunque se sumerja en Paranishpanna, no conocerá la felicidad.
Pero si uno se ha fundido en el Logos, si se ha convertido en el Logos mismo, al sumergirse en Paranishpanna sabe lo que es la felicidad. El Logos es la Verdad, es Paramartha.
Sin El Logos no es posible la felicidad.
Algún día, encontrándome entre un grupo de “Arcangeloi”, se me ocurrió platicar con el más amigo, y le dije: “Hace varios Mahamvantaras que estoy trabajando por la humanidad; ya deseo un reposo, un gran descanso entre el seno de la felicidad”.
Entonces me respondió: “La mayor felicidad es tener a Dios adentro”.
Es decir, tener al Logos adentro, tener la verdad adentro. >FA<