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103 LA PIEDRA FILOSOFAL
CONFERENCIA INEXISTENTE EN AMBAS EDICIONES IMPRESAS DEL 5º EVANGELIO
NÚMERO DE CONFERENCIA: 103
FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE
CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE
DURACIÓN:INVALUABLE
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE
FECHA DE GRABACIÓN:1973/06/13
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:SEGUNDA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO
Mis queridos hermanos, ha llegado el momento de entender lo que es la Piedra Filosofal. Mucho se habla en los textos de alquimia sobre la citada Piedra. La Kábala Hebraica enfatiza la idea básica de que la susodicha gema, es el Sexo. En modo alguno rechazamos esa afirmación, sin embargo, ésta en sí misma, suele ser únicamente incipiente. Desarrollar la filosofía analítica y hasta matemática de la Piedra Filosofal es diferente, corresponde a la sabiduría de la serpiente. Obviamente, necesitamos elaborar la Piedra Filosofal con esa substancia maravillosa que deviene extraordinaria del esperma sagrado.
En los antiguos tiempos, hace unos 18 millones de años, en el continente Mu o Lemuria, cuando la humanidad todavía no se había dividido en sexos opuestos, ni siquiera se pensaba ciertamente en extraer del organismo humano el esperma sagrado. Mucho más tarde en el tiempo, después de la división en sexos opuestos, la humanidad empezó a sentir placer al extraer de su organismo el sagrado esperma. Entonces fue cuando se desarrolló en el organismo humano el abominable Organo Kundartiguador. Este, por sí mismo, es una prolongación de la espina dorsal hacia abajo, es la famosa cola de los simios. Cuando la humanidad poseyó semejante apéndice, se estabilizó, como ya lo he dicho muchas veces, la corteza geológica de nuestro mundo.
Es obvio que la máquina humana capta energías, las transforma y retransmite a las capas anteriores de la Tierra. Cuando la máquina sufre alguna modificación específica, la transformación de tales energías suele ser también diferente. Sólo así puede explicarse cómo devino, con el Organo Kundartiguador, la estabilización de la corteza geológica de nuestro mundo.
Cumplida aquella misión del abominable órgano, el Arcángel Loisos y su respetable comitiva, incluyendo, por supuesto, claro está, el guardador de los “cuartos” que dentro de cada uno mora, eliminó del organismo viviente o de los organismos humanos o humanoides, la siniestra cola. Desafortunadamente, quedaron en nuestro cuerpo las consecuencias, quedaron en nuestra psiquis. Estas en sí mismas son lo que llamarían los tibetanos con cierto énfasis: “los agregados psíquicos”. Desafortunadamente digo, los mismos vinieron a constituir una naturaleza humana, dentro de la cual queda enfrascada o embutida la Conciencia, aquello que tenemos de anímico.
Hoy en día, podría decirse que todos los humanoides tienen una psiquis dualista. Observemos a las gentes y observémonos a nosotros mismos. Tenemos procesos subconscientes subjetivos y tenemos acciones que son el producto de la reacción; si alguien nos pega, pegamos; si nos alaban nos engreímos; si nos insultan, protestamos; es decir, reaccionamos de momento en momento, de instante en instante, como cualquier animal de carga, como el caballo, como el asno, que si le hieren apura el paso y si no le hieren, anda más lento. Casi todas las acciones de la humanidad son el producto de la reacción por tal o cual cosa.
Otro tipo de acciones, viene de los procesos meramente subjetivos, proyectos subconscientes, intenciones vanas, deseos, hábitos de manifestación, apetencias, temores, etc. Ello engendra muchas acciones. Tenemos pues, que con la psiquis embotellada en los agregados inhumanos, vino una división de nuestras manifestaciones psíquicas.
Muchas de nuestras acciones son el resultado de las reacciones, o son en sí mismas, las reacciones contra determinados actos, o palabras, o hechos, venidos del mundo exterior. Otras de nuestras acciones, obedecen únicamente a los procesos subjetivos, vanos proyectos, vanas intenciones, vanas ideas, etc., etc., etc.
Cuando la humanidad no poseía el abominable Organo Kundartiguador, la segunda naturaleza tampoco existía, y la psiquis no se hallaba dividida. Entonces éramos íntegros, unitotales, en modo alguno habíamos creado limitaciones, fronteras, aduanas, etc. Las limitaciones, las fronteras, devienen como resultado sencillamente, del embotellamiento de la Esencia, de los agregados psíquicos inhumanos, solo pudo desenvolverse en función de su propio embotellamiento y como quiera que el Ego, en sí mismo es egoísta, creó limitaciones, se auto-encerró dentro de las fronteras, enarboló banderas, estableció ejércitos armados para defender las fronteras, etc. Las aduanas, por ejemplo, todo esto es el producto del Ego. Claro, al hablar yo de estos términos, debo especificar algunas cosas. Las aduanas, por ejemplo, que interrumpen el libre comercio, son una plena exteriorización o demostración manifiesta de lo que es el egoísmo. En cuanto a los ejércitos, estoy de acuerdo con Gautama, el Budha Sakyamuni.
Una vez dividida la humanidad en distintas patrias, auto-encerrada en diversos lotes de tierra, necesitó de la defensa. Qué diríamos de México, por ejemplo, que llegara un ejército enemigo a atacarnos y que no hubiera una defensa; el invasor indudablemente cometería crímenes horribles, espantosos, asesinaría a nuestros padres, hermanos, a nuestras hermanas, violaría a nuestras mujeres. De manera que se hace necesario el ejército, para poder defender al pueblo. Mas cuando no existían los bloques separados, cuando la Tierra era toda una gran nación, tampoco existía lo mío ni lo tuyo, y todo era de todos, y cada cual podía coger del árbol del vecino sin temor alguno; esos eran otros tiempos, entonces la humanidad estaba iluminada.
En la Lemuria, por ejemplo, no se temía a la muerte, cada cual sabía la fecha en que debía de dejar el cuerpo. Cuando llegaba ese gran hecho, aquel que iba a partir al más allá, cavaba su propia tumba, y se acostaba en ella con la cabeza hacia el Oriente, se despedía de los suyos, él continuaba siendo visible y tangible para todos, porque la humanidad tenía el sentido espacial completamente desarrollado. Cuando la humanidad no poseía el abominable Organo Kundartiguador y podía ver no solamente las estrellas tal como las vemos hoy en día, sino a los genios planetarios que las dirigen y también a las humanidades hermanas que las pueblan. Los grandes iluminados del continente Mu, tenían un poder de visión extraordinaria. Lo mismo podían ver los mundos, como las humanidades hermanas existentes, como los mundos que existieron en el pasado, o que deberían existir en el remoto futuro. El poder de visión de los iniciados lemures era pues extraordinario.
Todavía después, en la época de la Atlántida, antes de la segunda catástrofe transapalniana que alteró fundamentalmente la corteza geológica de nuestro mundo, todos los seres humanos podían percibir la causa de los diversos fenómenos físicos, o la causa de todos esos hechos que se suceden a nuestro alrededor; entonces eran visibles y tangibles los tattvas o vibraciones del Eter, los elementales del fuego, de los aires, de las aguas, de la tierra, etc. Después de la segunda catástrofe transapalniana, los sentidos se fueron degenerando lamentablemente, y se perdió la capacidad de percibir las causas de los fenómenos que en nuestro alrededor se suceden. Después de la segunda catástrofe transapalniana, el organismo humano se precipitó por el camino involutivo descendente, perdió su antigua estatura y se atrofiaron sus mejores cualidades.
En la época del continente Mu o Lemuria, cualquier ser humano podía vivir de doce a quince siglos, en la Atlántida, disminuyó espantosamente el promedio de vida. En el Egipto de los faraones, tan solo se alcanzaba ya a vivir unos 140 años. En la Edad Media, los años normales que se vivían, eran 100, 110, 120 años. Por estos tiempos, tengo entendido que ya los seguros de vida, calculan el promedio de existencia humana entre los 50 y 65 años, es decir, ya casi no se vive, hoy en día, un hombre de 65 años, está aguardando el panteón. Se dice que más allá de los 56 años, todo es ganancia, horas extras y días feriados, esa es la cruda realidad de los hechos, es decir, ya casi no se vive. Se ha acortado la vida espantosamente, es decir, echando un vistazo a todo, a nuestra vida, nos damos cuenta de esto: prácticamente nos hemos precipitado tremendamente por el camino de la degeneración.
Si observamos cuidadosamente la época actual, veremos que ya ni siquiera es apreciada la música superior. En la Edad Media todavía se escuchaba con agrado a los grandes maestros, por el siglo XVII y XIX, todavía se gozaba con las sinfonías maravillosas de un Beethoven, de un Mozart, de un Chopín o de un Lizt. Si hoy en día, hay una fiesta y queremos terminarla, basta con que pongamos en el tocadiscos a Beethoven y verán ustedes que queda la sala desocupada, no hay necesidad de decirles a los invitados que se vayan. Ese es el estado en que se encuentra la humanidad. La única forma susceptible pues, de hacer que las gentes pudieran volver a apreciar la música de los grandes maestros, sería mediante la regeneración del cerebro.
Sucede que actualmente hay muchas zonas del cerebro que ya no trabajan, están degeneradas esas áreas. Hay que ponerlas a trabajar, y solamente podrían trabajar mediante los procesos de transmutación del sexo, es decir, transmutando el esperma sagrado, el Exhiohehari. Podríamos regenerar con esa energía maravillosa que deviene de nuestras gónadas las áreas degeneradas del cerebro, solo logrando esto último, sería posible que a las gentes les gustara la música de los grandes maestros.
Lo mismo sucede con el arte. Observen ustedes las esculturas de los gringos, parecen máquinas de acero. “Impresionismo”, dicen ellos, las mira uno y son espantosamente horribles, pero ellos les encuentran una gracia extraordinaria. Miremos la pintura sub-realista, es algo espantoso, abominable, pero para ellos, que la gozan, es sublime. Lo que para los espíritus selectos es sublime, para los degenerados es abominable y viceversa.
Por donde quiera que miremos el estado en que nos hallamos, descubrimos nuestros propios procesos degenerativos; pero ahí viene el pero, lo grave es que la gente no se da cuenta de ésto que estamos enfatizando, no entienden que están degeneradas, hasta se dan el lujo de presumir de geniales, si la gente lo comprendiera, todo sería diferente.
Nuestro señor el Budha, quien vino a la Tierra unos 600 años antes del gran Kabir Jeshúa Ben Pandira, se pronunció definitivamente contra las malas consecuencias del abominable Organo Kundartiguador. Legó a la posteridad una doctrina que podría conducir a la desintegración de los diversos agregados psíquicos inhumanos que en su conjunto constituyen el “yo”, el mí mismo, el sí mismo. Desafortunadamente, y eso es lo grave, vean ustedes, después de que el gran Maestro dejó su vehículo físico, sus discípulos quisieron entender la doctrina a su modo. De la India salió una gran cantidad de hermanos budistas rumbo a los Himalayas, la congregación vino a dividirse prácticamente en dos. Esto sucedió con motivo pues, de la construcción de los monasterios, los susodichos monasterios budistas tibetanos, fueron construidos, dijéramos, en una forma tremenda, la mitad de los edificios tenía multitud de celdas cerradas por todas partes; solamente un pequeño hueco permitía a los hermanos de servicio meter el alimento a los monjes enclaustrados. El que se encerraba en una celda de esas, no volvía a salir de ella vivo, jamás. El único objeto de aquellas celdas, era servir de refugio a los enclaustrados. Ellos encerrados, se proponían estudiar el Ego, al “yo”, al mí mismo, al sí mismo, y desintegrarlo, ese era todo el objetivo y en ese trabajo, al final, el cuerpo moría. Cuando alguien moría, el hermano de servicio acostumbrado a traer los alimentos, ocupaba el lugar del muerto, se convertía en un nuevo ermitaño, encerrado dentro de la celda.
Al principio, antes que los diversos monasterios budistas tibetanos, fueran construidos, sucedió que vino la división. Las mujeres de los monjes, cuando vieron la construcción, cuando supieron de las celdas donde sus maridos iban a ser encerrados de por vida,
hasta la muerte, pues francamente y con justa razón, digo yo, protestaron. Entonces vino la división de la congregación en dos partes: monjes que definitivamente rechazaron el concepto de las mujeres y que se encerraron en los monasterios y monjes que escucharon a las mujeres y no se encerraron en los monasterios. Construyeron hermandades aparte, diferentes, hermandades que les permitieran vivir con sus mujeres, tranquilos y en paz. Esa fue la gran división budhista en el Tíbet.
Vean ustedes pues, cómo se tergiversó la doctrina de Gautama. Se quiso eliminar a los agregados psíquicos, pero se escogió el método del convento, del monasterio, y les digo a ustedes que es en relación con la humanidad, en el trato con nuestros vecinos, en convivencia con nuestros amigos y con nuestra familia, cómo nosotros podemos auto-descubrirnos. Sucede que en relación con todas las gentes, los defectos que llevamos escondidos en el fondo de nuestra psiquis, afloran y si estamos alertas, y si estamos vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos tal como son. Defecto descubierto, debe ser trabajado por medio de la meditación, debe ser comprendido a fondo en todos los territorios de la mente; una vez entendido íntegramente, podrá ser eliminado. Muchas veces he explicado, he dicho que sólo con el poder de la Divina Shakti Potencial, Devi Kundalini, la Serpiente Ignea de nuestros mágicos poderes, el Fohat trascendente y trascendental, es posible eliminar los agregados psíquicos inhumanos que llevamos dentro, nuestros defectos de tipo psicológico. Pues claro, que durante el trabajo en la Forja de los Cíclopes, está el máximo poder, más también se puede trabajar mediante el Vajroli Mudra, o durante la meditación, suplicando a Devi Kundalini, empero el máximo poder, está combinado siempre con la fuerza erótica del sexo.
Eso de vivir en perfecta soledad, solamente es posible, o es conveniente, para aquellos que ya eliminaron el Ego, el mí mismo, el sí mismo. Mas los que están todavía con el Ego dentro, mejor es que vivan en relación con la humanidad y no encerrados en claustros monacales, y no en simples celdas, como aquellos de los monjes budistas del Tíbet Oriental.
Elaborar la Piedra Filosofal es indispensable, es urgente, elaborar la Piedra Filosofal resulta inaplazable, impostergable, si es que queremos auto-realizarnos a fondo. Esa Piedra hay que elaborarla mediante el trabajo con el sexo, con esa sustancia que produce el sexo, con el Hidrógeno Sexual SI-12. Es claro que a base de sucesivas condensaciones de tal hidrógeno, la Piedra se va elaborando. Varias son las formas de condensación del Hidrógeno Sexual SI-12. Se cristaliza como Cuerpo Astral o toma forma en la mente, o en el Vehículo Causal, más eso no es todo, el Hidrógeno Sexual, puede también tomar la forma del Vehículo Superior, como aquel que se llama Nirmanakaya, o el Vehículo de Nirvani, o aquel que tiene tres perfecciones más: el de Sambhogakaya. Logradas las cristalizaciones de aquel hidrógeno, hemos quedado vestidos con los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Mucho más tarde, haremos sucesivos trabajos esotéricos, que harán que la totalidad de la energía creadora del Tercer Logos, cristalice en nosotros. El máximo triunfo es cuando conseguimos que el Tercer Logos mismo, el Señor Shiva, el Archihierofante y el Archimago, el Primogénito de la Creación, cristalice en nuestro organismo. Entonces habremos logrado ya definitivamente la Piedra Filosofal, esa es la Piedra Filosofal, esa Piedra Bendita, esa Piedra de las maravillas y prodigios, nos permitirá hacernos invisibles a voluntad, meternos por el hueco de una cerradura con cuerpo físico y todo, desatar huracanes, caminar sobre las aguas, andar entre el fuego sin quemarnos, atravesar una montaña de lado a lado, sin recibir el menor rasguño, conocer todos los secretos de los cielos y de la tierra. Quien posea esa Piedra Bendita, esa Piedra Filosofal, podrá hacer prodigios como los que hacía el conde San Germán.
Recordemos aquella visita extraordinaria de alguien que estimaba al gran Maestro; él le recibió en su morada, y con gran asombro, el visitante vio que sobre la mesa de la rica mansión, distintos frascos y hasta uno con un elixir verde. Ahí, San Germán, con su luenga barba, y su gorro de armiño, vestido esotéricamente, le preguntó al visitante el motivo por el cual le veía tan pálido, enfermo. El visitante respondió que ciertamente se había sentido un poco mal, desde hacía algunos días. San Germán le ordenó al visitante tomara de la mesa una botella que contenía un extraño licor, el visitante así lo hizo. El Maestro le ordenó que destapara el frasco, el visitante lo destapó y con gran asombro descubrió que la botella había quedado vacía. El Maestro añadió que lo que había en esa botella, era un morbo, un germen, “tu misma enfermedad, el germen que te tiene enfermo. Así como al abrir la botella, ese morbo se volatizó, así si yo hago un hueco en tu organismo, si yo lo perforo en alguna parte, la enfermedad que posees se evaporará, se volatilizará, y quedarás sano”. El visitante, algo desconfiado, en modo alguno quiso someterse a que el Maestro le hiciera alguna perforación el algún brazo, el algún pie, con alguna aguja. Pero el Maestro mirándole le increpó diciendo: “eres el primero que duda de mí, aquel que duda de mi y de mi poder, no es digno de mirarme a la cara”. El visitante guardó silencio, pide enseguida el Maestro una moneda al visitante, lleva las manos a su bolsa, saca la moneda y se la entrega al Maestro, enseguida este mete la moneda entre un crisol puesto al fuego y con gran asombro ve el visitante cómo la moneda se convierte en oro puro; extrae el Maestro la moneda dentro del crisol y se la obsequia al visitante; fue así como el Maestro transmutó la moneda en oro puro, el alquimista que mediante la Piedra Filosofal sabía transmutar hasta los metales más viles en oro de la mejor calidad. Maravillas de esta clase se pueden hacer cuando se posee la Piedra Filosofal, sin esa Piedra, jamás podríamos realizar esa clase de prodigios.
¿Y qué diremos del doctor Fausto, aquel que ocupara tanto la atención de Goethe? Incuestionablemente, también operaba mediante la Piedra Filosofal. En cierta ocasión, un grupo de gentes, muy lejos de Praga, a muchas millas de distancia, se reunían para el fastuoso banquete, en el suntuoso comedor de un rico palacio. Los invitados todos, no pudieron dejar de recordar, en tales instantes de alegría, al doctor Fausto; éste, que en Praga se encontraba, captó la onda mental de aquellos invitados. Momentos después un jinete tocaba a la puerta de la mansión. Los criados anunciaron al señor de la casa la llegada del doctor Fausto, este se apeó, condujo personalmente su caballo hasta el establo, luego se presentó en el comedor y tomó puesto en la mesa del festín. Resplandecían las copas de fino bacará entre el brillo de los candiles, todo aquello era suntuoso, las damas ricamente vestidas ostentaban deliciosas sedas y hermosas joyas muy valiosas; gente vestida toda a la antigua, el rico esplendor de las épocas feudales, gente de alta alcurnia y de sangre azul, estirpe de condes y marqueses y de ricos señores, amos de muchas tierras; pues se decía en aquella edad que no podía existir tierra sin señor, ni señor sin tierra, eran pues, a todas luces, los señores feudales, reyes absolutos, amos dijéramos de horca y cuchillo estilo feudal.
Sentado Fausto ante aquella mesa del suntuoso comedor, dicen que dio a beber a los invitados vinos extraños, con los sabores más extraordinarios, que hizo brotar de pequeños barriles, de esos que se ponen de lujo sobre las mesas de las casas señoriales. De pronto, relincha allá en el establo el caballo. “Posiblemente tiene hambre –dijeron los invitados–, será que no le habrán puesto suficiente pastura”, respondió el doctor Fausto, diciendo que su caballo podía consumir todo el pasto que hubiera en el mundo y todavía continuaría con hambre. Relinchó por segunda vez, pero el doctor Fausto, con sus ojos alegres, continuaba dichoso con sus invitados y por tercera vez relinchó el caballo, entonces el doctor Fausto, presuroso, se despidió de toda la honorable concurrencia. En vano quisieron detenerle, en vano lucharon los pajes, en vano las hermosas doncellas con sus vestiduras de larga cola, que arrastraban sobre la mullida alfombra, salió dirigiéndose el mago hasta el establo. Unos curiosos abandonaron aquella sala del festín, para verle partir, grande fue su asombro al notar que el caballo, alejándose por aquella empedrada calzada de una ciudad de los tiempos idos, iba tomando altura poco a poco, por último se perdía en el infinito. Segundos después, el doctor Fausto estaba de regreso en Praga, había entrado otra vez en su casa.
No estoy narrando a ustedes algo que sea fantástico, no, estoy hablando a ustedes de algo que está debidamente documentado. Nadie ignora lo que fue el doctor Fausto, en cuanto al caballo aquel que le transportara por los aires, obviamente no era pues un animal común y corriente. Bien se ha dicho, y creo que lo dio a entender el mismo doctor Fausto, que aquel caballo no era otro que su mismo Prometeo o Lucifer, el cual habiendo tomado forma se materializó, haciéndose visible y tangible para todo el mundo. Lucifer, tomando esa forma maravillosa, fue quien lo transportó hasta el rico palacio, muy lejos de Praga. ¿Por qué podía operar así el doctor Fausto? Obviamente porque tenía la Piedra Filosofal.
Alguna vez el doctor Fausto, rogó al señor Lucifer, al guardador de todos los cuartos, como se dice en metafísica trascendental, que le permitiera casarse. “No, –le dijo Lucifer–, pero sí te traeré a tu esposa”. Se hizo visible y tangible y cuán dichoso vivió Fausto con eso, pero, ¿cuál era la esposa del doctor Fausto? ¿Sería alguna mujer de carne y hueso? ¡No, mil veces no! la esposa del doctor Fausto era su misma Walkiria, la Beatriz del Dante, la bella Helena de la antigua Troya, nuestra Alma-Espíritu. Para las mujeres, tal Alma, está polarizada en forma masculina, se convierte en el Bienamado, en el Príncipe Azul de las mil y una noches. Así debe ser, puesto que la Walkiria es Ginebra, la reina de los Jinas, aquella de la que Lanzarote escanciara el vino entre las copas de Sucra y de Manti.
Pero no dice de Simón el Mago, que él también se había desposado con la bella Helena; en todo caso, muchos caballeros de la Edad Media, fueron a la guerra, y entablaron lides y brillaron con el florete, o hicieron tremendas hazañas por el amor a su Bienamada. Es que ella exige del caballero las mejores proezas, dichoso aquel que se casara con la Bienamada y a las mujeres les digo: dichosas aquellas que se casen con su Bienamado.
Solo el Budhi nos permite realmente manejar los estados de Jinas, ahora comprenderán ustedes por qué se dice que el doctor Fausto estaba casado, sí, con una hermosa dama y que tuvo con Ella un niño. Dice el doctor Fausto que esa bella dama era la bella Helena de Troya. Muchos han tomado esto al pie de la letra, o a la letra muerta, pero en realidad de verdad, lo que sucede es que el doctor Fausto era hijo de la sabiduría. No lo han entendido las gentes, no lo han comprendido, siempre le calificaron como demonio, como perverso, sí, mejoró por los poderes de Lucifer, quien no es otra cosa, como ya lo hemos dicho tantas y tantas veces, es la Reflexión del Logos en nosotros mismos y dentro de nosotros mismos, el entrenador psicológico, aquel que nos educa para nuestro bien. Por eso no lo entienden las gentes, ¡pobres gentes! El doctor Fausto si lograba hacer tantos y tantos prodigios, se debía a la Piedra Filosofal. Había cristalizado en sí mismo al Tercer Logos. Por algo fue, precisamente que Goethe se ocupó de él y escribió su famoso drama que titula: “Fausto”, obra que le dio tanto brillo al gran dramaturgo en la antigua Alemania. El mismo Goethe dijo de su Fausto: “he puesto en esa obra muchos enigmas que las generaciones futuras se esforzarán en descifrar”.
Es pues, conveniente mis caros hermanos que esta noche me escuchan, que se preocupen siempre por la elaboración de la Piedra Filosofal. Hay necesidad de eliminar eso sí, los elementos inhumanos que llevamos dentro, porque en modo alguno podría ser elaborada totalmente tal Piedra, sin eliminar de nuestra naturaleza íntima los agregados psíquicos inhumanos; en otras palabras, si no eliminamos de nosotros nuestros defectos psicológicos, ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc.
Mediante la elaboración de la Piedra Filosofal nos es posible, no solo transmutar el plomo en oro, sino también vivificar el carbón para hacer diamantes de la mejor calidad. Se dice que el conde de San Germán los hacía, y es claro, lo demostró. Recordemos que a la Pompadour le enseñó sus ricos diamantes, sus zapatos encharolados, estilo Luis XV, lucían en sus hebillas, sus correas, multitud de esas gemas, de esos diamantes de aguas puras. La Pompadour no tuvo inconveniente en pedirle al conde que se quitara una liga para ver sus diamantes, el conde así lo hizo.
En otra ocasión, hay una anécdota que dice que aquel Maestro invitó a alguien a conocer uno de sus cuadros. Lo llevó a su casa, le mostró un cuadro de Rafael y luego le llevó a su recámara para mostrarle el tesoro que guardaba en un rico cofre. El visitante asombrado, vio ahí, diamantes innumerables, y esmeraldas y rubíes y amatistas, etc. “¿De dónde sacó usted tan rica fortuna, señor conde?” Y respondió San Germán: “algunos de estos diamantes y piedras preciosas, me fueron regalados, otros, los he fabricado yo”. Esto es asombroso, ¿verdad? Pero eso no lo puede hacer sino aquel que verdaderamente posea la Piedra Filosofal, no poseyéndola resulta imposible realizar semejante prodigio.
Se hace necesario pues, mis caros hermanos, que reflexionemos en lo que somos, que pensemos un instante lo que podemos llegar a ser. Hoy por hoy es lamentable el estado en que nos encontramos, no somos dignos ni siquiera de desatar las sandalias del conde de San Germán, tampoco seríamos dignos ni siquiera de mirarle a la cara o al rostro a Nicolás Flamel, o a Raimundo Lulio, somos únicamente pobres mamíferos racionales, ese es nuestro caso.
Si queremos llegar a ser un Roger Bacón, un doctor Admirabilis o un Alberto el Grande o un Raimundo Lulio, “doctor iluminatus”, obviamente lo que necesitamos, mis caros hermanos, es eliminar de nuestra naturaleza lo que corresponde a los mamíferos racionales, lo inhumano…