Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales

Descargar este texto

102 LA RESOLUCIÓN DE AUTO-INICIARSE

CONFERENCIA INEXISTENTE EN AMBAS EDICIONES IMPRESAS DEL 5º EVANGELIO

NÚMERO DE CONFERENCIA: 102

FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE

CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE

DURACIÓN:INVALUABLE

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE

FECHA DE GRABACIÓN:1973/05/09

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:SEGUNDA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO

Ahora preparamos nuestra clase de esta noche. Sobre todo mis queridos hermanos, se necesita ahondar, profundizar en los grandes misterios de la vida y de la muerte. Todos los seres humanos sin excepción, sienten en su corazón algo que la ciencia en modo alguno puede explicar. Quien ingresa a esta clase de estudios, ante todo, desea poder, desea descubrir algo y es necesario definir y aclarar lo que realmente es el poder.

En la vida ha habido hombres que han tenido poderes mágicos asombrosos; recuerden ustedes al doctor Fausto, ese gran iniciado alemán. Goethe, se inspiró precisamente en el doctor Fausto, un hombre dotado de asombrosos poderes. Este hombre fue entre otras cosas un gran teólogo, vivió en Alemania. Hay relatos asombrosos sobre el tal mago. Una vez Carlos V que entre otras cosas era un verdadero apasionado por esta clase de estudios esotéricos le pidió a Fausto que le hiciera un trabajo teúrgico especial. Se trataba de invocar nada menos que a Alejandro Magno y a su emperatriz esposa. Fausto en modo alguno quiso defraudar al emperador Carlos V, antes bien le prometió hacer tal invocación, pero a condición de que él guardase absoluto silencio. Cuentan las tradiciones que al invocarlos con su liturgia, hizo aparecer en el recinto a Alejandro Magno y a la emperatriz; este, vestido de guerrero con su casco, su lanza, su escudo, su espada, etc. No era un hombre alto de estatura como algunos pudieran suponer, sino más bien mediano. Avanzó hasta el emperador, quiso Carlos V comprobar si ciertamente tenía como dice la historia, la emperatriz, un lunar en la espalda, en la espina dorsal, cerca de la vértebra cervical y ciertamente pudo comprobar que cerca de ésta vértebra existía el mencionado lunar. Vean ustedes que interesante, aquellas dos imágenes desaparecieron.

Ese Doctor Fausto fue asombroso realmente, mis caros hermanos, tenía su laboratorio alquimista en cierto globo antiguo y de él se comentan muchas cosas, entre otras se dice que siempre llevaba consigo un perro muy adiestrado. Una vez en una sala, un noble preguntó por el tal can, y Fausto acarició al perro produciéndose un fenómeno, pues aquel que era negro se convirtió en pardo y luego en rojo y sus ojos brillaban como ascuas de fuego incandescente; el noble quiso hablar y tratar de investigar, prefirió guardar silencio.

Bien sabido es que el can fue considerado en otros tiempos como animal de mercurio. Los romanos una vez cada año sacrificaban un ejemplar como castigo porque aquellos lebreles no habían advertido de la llegada a Roma de los galos. Al citar al pero me viene a la memoria el famoso Cancerbero, que en abismo ladra horrorizando a los difuntos. Don Mario Roso de Luna, el insigne escritor español, aconseja no olvidar al perro guía, ya que él conduce al caballero hasta la Walquiria, es el que ha de llevarlo por la senda estrecha cuya meta es la luz. Ese perro, incuestionablemente mis caros hermanos, no es más que el instinto sexual.

Curioso el caso del Doctor Fausto que sirvió de inspiración a Goethe en su famoso drama, en que materializó físicamente al tal perro. Se cuenta una anécdota interesante: que un abad le pidió que le prestase por un par de años el susodicho animal, no hay duda de que el Doctor Fausto concedió el favor; lo curioso es que aquel perro podía platicar con el abad.

Es claro que el perro, aquel extraño perro, no era más que un can representativo del instinto sexual que toda criatura lleva en sus fondos abismales, y ostensiblemente se había hecho visible y tangible en el mundo de las formas. Reflexionemos en lo que es este instinto sexual, que tenemos que sacar de los fondos animales humanos y ha de servirnos como guía para dominar nuestras pasiones. ¡Ay de aquel iniciado que se olvida de su perro o que le rechaza, porque errará el camino e irá al precipicio!

Recuerdo, hace mucho tiempo, mis caros hermanos, era un joven todavía cuando fui visitado por un gran Deva, inclinándome reverentemente le pedí mi iniciación. La respuesta fue contundente y definitiva “Si quieres la iniciación –me dijo– escríbela sobre una vara”. “¿Cómo? –dije yo– ¿Sobre una vara?” Y dijo: “¡Si, sobre una vara!”. Estuve yo buscando la vara hasta que descubrí el símbolo, de su significado. Esa vara no es otra cosa sino el bastón de mando, la vara de amor, la vara de los apóstoles; sólo cuando encontré su honda significación pude realmente trabajar esotéricamente. Se ha hablado mucho sobre la vara mágica, que muchos andan consiguiendo la varita, pero sabemos que la espina dorsal es la gran vara. Con esa vara maravillosa se hacen prodigios, como esos portentos del Conde de San Germán, del gran Maestro Cagliostro.

En cierta ocasión se dice que Luis XV dio a éste un diamante que estaba lleno de manchas de cristalita y San Germán realizó el prodigio; ciertamente el diamante apareció resplandeciente sin una sola mancha. Se dice también de una dama maravillosa que conoció en Viena, ya anciana, encontró al Conde San Germán en París, lo saludó y ella lo reconoció, y dijo la señora: “aunque soy ya anciana todavía te recuerdo, yo conocí a tu padre, era un hombre como tú, lo conocí en Viena y en Roma, estuve con él en Roma”. “Se equivoca” dijo el Conde: “mi padre murió mucho antes que usted lo conociera, yo soy aquel que usted conoció, no fue a mi padre”. La dama quedó asombrada y dijo: “aquel hombre revelaba tan solo unos cuarenta años de edad, y tú no revelas ni cuarenta”. “Soy muy viejo, –dijo San Germán–, si quieres pruebas, te las doy”, entonces le recordó un incidente que solamente ella, la dama y él conocían, “su pañuelo, por Dios”, dijo San Germán. Por ese poder maravilloso de la alta magia, encontramos que en la misma inocencia hay liberación. Puede uno pues, conservar su cuerpo millones de años y puede uno vencer a la muerte, lo que está en relación con esa vara santa, que es la espina dorsal.

Ahondando en toda esta cuestión, hermanos, vemos que donde más se ha sufrido es tratando de meterse en la senda iniciática, recibir la iniciación. Existen muchas iniciaciones en el mundo; en el mismo Tíbet secreto, hay innumerables iniciaciones, las hay grandiosas, otras, simplemente sencillas, allá entre las nieves de los Himalayas. Hay algunos que su único objetivo, su único anhelo, es llegar a vivir entre las nieves sin sentir frío; se dice que hay lamas que permanecen meses y años enteros desnudos en medio de las nieves. Quien se prepara para este tipo de iniciaciones, pasan por cosas tremendas, trabajan con los elementales del fuego y el día de la prueba final es bastante duro; el iniciado debe tomar una veladora ardiendo, pero eso es poco comparado con las cosas que se ha tenido que pasar. Existen muchos tipos de iniciaciones, pero vamos a ver cuál es la auténtica iniciación del mago en las pirámides del gran sacerdocio de la Orden de Melquisedek.

Indudablemente, hermanos, en la auténtica Iniciación Cósmica, se le confiere a uno el poder de hacer algo, de desarrollar en su naturaleza ciertas fuerzas, eso es claro. Se dice que el Maestro Milarepa es sumamente exigente, después que él conducía a alguien de la octava iniciación, lo citaba a su choza solitaria para que meditara sobre la vida y pasado el tiempo de meditación, exigía que el iniciado le comunicara los resultados de su meditación. Incuestionablemente, él se apresuraba a hablar para decir todo aquello que había visto en la meditación, entonces el Maestro sacaba la conclusión sobre el iniciado, sobre el provecho que la tal iniciación podía producir en el neófito.

Nosotros hemos escrito sobre iniciaciones, por ejemplo, en “Las Tres Montañas” se ha hablado claro, lo mismo en “El Matrimonio Perfecto”. La iniciación es comenzar, es un comienzo y nada más; se le confiere a uno sí, el poder de realizar, de saber si el que recibe la iniciación va a tener tenacidad o no, paciencia o no, para usar el poder que espiritualmente se le ha confiado. En las calificaciones queda resumido todo. Aquel que ha pasado por las ocho grandes iniciaciones, mucho más tarde en el tiempo, debe ser calificado. Son las calificaciones las que van a decir la última palabra sobre la iniciación recibida. También podría haber recibido las ocho grandes iniciaciones y resultar mal calificado, en este caso, no aflorarían en el Adepto los poderes iniciáticos, serían iniciaciones frustradas.

Cuando a uno se le inicia, debe entender que tan solo se le ha conferido el poder de trabajar sobre sí mismo, cuando a uno se le inicia, debe comprender, que de nada serviría que fuéramos iniciados si no vamos a trabajar sobre nosotros mismos aquí y ahora. Muchos se envanecen con las iniciaciones y el resultado es el fracaso. Es urgente comprender la necesidad de eliminar las malas cristalizaciones realizadas y las malas consecuencias del abominable Organo Kundartiguador.

Se hace indispensable saber que en un pasado, como ya he repetido muchas veces, debido a una equivocación de ciertos individuos sagrados, hubo de desarrollarse fatalmente el abominable Organo Kundartiguador. Entonces, todos tenemos eso que se llama la famosa “cola de los simios”, de los changos; dicho órgano quedó extirpado y quedamos siendo eso, simios; pueden ustedes comprobar por sí mismos, que al final de la espina dorsal tenemos un hueso que vulgarmente se llama “cola”.

(Aquí hay un pedazo de grabación que no se entiende).

Ahora podrán ustedes comprender por qué es precisamente que en el Evangelio de Cristo se dice: “amaos los unos a los otros como yo os he amado, bendecid a los que os maldicen, devolver bien por mal, si os pegan sobre la mejilla derecha, poned la izquierda, etc.”

Es necesario entender que a medida que vamos muriendo en sí mismos, vamos destruyendo el poder del Organo Kundartiguador. Si alguien que ha recibido iniciaciones no destruye la capacidad del Organo Kundartiguador, el fracaso es inevitable. ¿Cómo podríamos desarrollar los poderes iniciáticos si no morimos en nosotros mismos, si no destruimos a esa naturaleza humana que cargamos dentro y que nos traiciona a cada segundo? No es suficiente recibir la iniciación, sino desarrollar los poderes iniciáticos.

Téngase en cuenta que la mente en sí misma, posee 49 niveles subconscientes que guardan íntima relación con las 49 cristalizaciones del opio. Si no destruimos nuestros defectos psicológicos, si no los aniquilamos en todos y cada uno de los 49 niveles subjetivos, no será posible la muerte del sí mismo, del Ego… el resultado será las consecuencias del abominable Organo Kundartiguador. No solamente retirándonos, como hicieron los budhistas de la tercera generación, después del Budha de la India, a las montañas más lejanas, no podríamos destruir las manifestaciones del abominable Organo Kundartiguador, al contrario, necesitamos convivir con él; el vivir tan solitarios, es para los que ya han cristalizado…

Téngase en cuenta que las tres fuerzas primarias de la Naturaleza: positiva, negativa y neutra, o en otras palabras, el Santo Afirmar, el Santo Negar y el Santo Conciliar, devienen originalmente del Primer Logos, del Segundo Logos y del Tercer Logos, o sea de Brahama, Vishnu y Shiva, o como dicen los cristianos: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Esas tres fuerzas se manifiestan entre todos los seres humanos porque todos poseemos los tres cerebros: el emocional, el intelectual y el motor; no todos los cristalizamos. Un día, haremos el trabajo con las tres fuerzas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; porque hay que cristalizar en nosotros al Tercer Logos, al Espíritu Santo, al Señor Shiva. Cuando eso se logra, se dice que hemos resucitado de entre los muertos, que El es el Archihierofante, el Archimago, el Primogénito de la Creación. Mediante el Santo Negar, no rechazando jamás manifestaciones inarmónicas o desagradables de nuestros semejantes, pero aprendiendo a dominarnos, venimos a cristalizar en nuestra naturaleza al Segundo Logos, a Vishnu, al Cristo Cósmico. Haciendo la voluntad del Padre, tanto en los cielos como en la tierra, venimos a cristalizar en sí mismos al Primer Logos, a Brahama. Un poco más tarde, nos hallamos con la Estrella Intima, cuya morada normal está en el Sol Absoluto. El que llega a esas alturas, lo único que le queda es aguardar la Noche Cósmica para entrar en el Espacio Abstracto Absoluto, donde reina la suprema felicidad, más allá del bien y del mal.

Mis queridos hermanos, como ven ustedes, no solamente hay que iniciarse, sino auto-iniciarse, porque si también es cierto que deben iniciarse, es también muy cierto que necesita uno auto-iniciarse y escribir la iniciación, como les dije: sobre la vara. ¿Qué es eso de auto-iniciarse? Es desarrollar en sí mismo, mediante el cuerpo, los poderes iniciáticos. Si no se muriese, la iniciación quedaría frustrada. Alguien que haya recibido la iniciación y no muera en sí mismo, se convierte en un fracaso, en un aborto de la Divina Madre, en un Hanasmusiano con doble centro de gravedad. En la pasada plática hablé sobre las cuatro clases de Hanasmussen, y por eso no considero necesario repetirlo. Muchos quisieran estar obrando prodigios, como los del doctor Fausto o los de Cagliostro, que transmutaba el plomo en oro y hacía diamantes de la mejor calidad, o como San Germán, que con su elixir ha mantenido el cuerpo físico durante millones de años. Mis queridos hermanos, aunque se reciban las ocho iniciaciones, si no morimos en sí mismos, si no nos auto-iniciamos, estamos fracasados.

Ha habido casos extraordinarios de auto-iniciaciones. Me viene a la memoria, la de un joven con bastante dinero y una hermosa esposa. Cualquier día, uno de esos tantos, mirándose la piel, notó ciertas manchas, aquellas que describe la Biblia como lepra, la terrible lepra; supo que en la China existía un hospital de médicos famosos, allá fue, solicitó el remedio contra la lepra, le dijeron: “no lo tenemos”, pero él consultó varios especialistas de la raza amarilla. Todo fue inútil. Sabiendo lo que había de venirle, prefirió la muerte, liberó a su esposa de toda clase de vínculos, en otros términos, se divorció de ella, la liberó de responsabilidades, otorgándole hasta la fecha de cuando se habían casado. A su hijo, lo bendijo, entregó sus bienes a sus parientes y se fue para un lugar secreto, pues era su propósito morir de una vez. Como es costumbre en aquellas regiones Himalayas, constantemente sus dolientes le iban a llevarle comida como lo enseñan las reglas de la tradición oriental. Los visitantes no le hablaban ni le veían, más había señales de vida. Pasaron los años, su esposa se casó otra vez, su hijo creció, se casó. Un día de esos tantos, hubo un terremoto en la comarca, aquellos muros se derrumbaron, entonces salió y se acercó a una fuente cercana; al ver en ella reflejado su rostro, se asustó, no había nada extraño. Se miró la piel, estaba perfecta, no tenía lepra. Se acordó del anciano que lo había iniciado y resolvió dirigirse a él. Aquel anciano lo instruyó, tal anciano le dijo que meditara y meditara sobre el terrible mal, y el hombre así lo había hecho durante 20 años. En esa meditación, una y otra vez había visto al Señor del Tiempo; se le había aparecido y le había mostrado todas las cosas de la existencia. El hombre había entendido claramente y había llegado a la conclusión de que las cosas de este mundo no valen nada. Por eso, ahora al salir de la caverna aquella, se dirigió a su Maestro; no fue en busca de su esposa, pues ésta se había vuelto a casar, ni de su hijo, ya no le interesaban las cosas de este mundo; había visto el camino y ahora, firme, dejaba esto. Por eso recordaba al anciano, para otra iniciación.

Así que distíngase entre recibir la iniciación y auto-iniciarse. Alguien al recibir la iniciación y no auto-iniciarse, entonces fracasa. Por eso, Milarepa exigía a sus iniciados un tiempo de meditación, después de la ceremonia del aura, veía si sus iniciados eran capaces o no. Entiéndase pues, todo esto con claridad; unos están pasando los Misterios Menores; otros han recibido Iniciaciones Mayores. Repito, ¿serían capaces ustedes de auto-iniciarse y trabajar sobre sí mismos, de morir en sí mismos? Repito: de nada servirían las iniciaciones si no muriésemos en sí mismos. He dicho mis caros hermanos, he terminado esta plática.