Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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EL DILUVIO UNIVERSAL

TEXTO DE INTERÉS DOCTRINARIO NO PROCEDENTE DE TRANSCRIPCIÓN

NÚMERO DE ESCRITO CORTO: 0071

FECHA DE REDACCIÓN:1972/07/??

LUGAR DE REDACCIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:APARTES DEL MAESTRO DE LA REVISTA ABRAXAS I.

FUENTE DEL TEXTO:ABRAXAS INTERNACIONAL Nº 34 / JULIO 1972

Incuestionablemente, la corteza geológica del planeta Tierra, está sometida a incesantes cambios geológicos. El eje de éste, nuestro afligido mundo, no ha permanecido siempre paralelo a sí mismo, como generalmente suponen los catedráticos de la geografía, sino que está sometido a una mudanza periódica, por virtud de la cual cambia de un modo extraordinario la posición de los polos y del ecuador, al cabo de los siglos, y esto es algo que ya está demostrado.

Esta revolución de los ejes de la Tierra acarrea, a su vez, alteraciones profundísimas en la climatología, capaces de explicar por sí solas y en forma contundente y definitiva, los fenómenos glaciales, durante los cuales, ostensiblemente, los países meridionales de Europa y Norte de Africa, por ejemplo, han estado cubierto de nieves perpetuas, como hoy los Polos Norte y Sur durante muchos millares de años, mientras que las regiones Articas de Groenlandia, Norteamérica, Siberia, Spitzberg, etc., han gozado siempre de una temperatura tropical, que hoy ha puesto fuera de duda la Paleontología.

Es evidente que en la transición de la Edad Terciaria a la Cuaternaria, a la que hay que referir la catástrofe Atlántida, y que es más comúnmente conocida por los científicos como Época Glaciar, el Polo Norte estaba situado en el punto más oriental de la Línea Ecuatorial que pasa por el Océano Pacífico.

El hielo de nuestro centro polar africano, obviamente extendió su acción a un radio que, en ambos hemisferios, llegaba hasta las regiones situadas hoy en el grado 25 de latitud. La circunferencia trazada con este radio formaba, claramente, el Círculo Polar de aquella época.

La acción glacial de nuestro Polo Artico abrazaba, por tanto, en Africa, casi todo el Continente, en Asia, el sudoeste de Arabia y toda la zona occidental del Continente Lemuriano (hoy sumergido entre las procelosas aguas del Océano Indico).

En Europa, la acción glacial del Centro Polar Africano, en modo alguno traspasaba jamás la parte oriental del Mediterráneo.

Incuestionablemente, la Catástrofe Atlante, sobre la cual existe abundante documentación, se debió a la desviación instantánea del Polo de rotación de la Tierra. Entonces, en cuestión de horas, desaparecieron bajo las aguas procelosas del borrascoso océano, multitud de fronteras internacionales arbitrariamente establecidas por los hombres. Ese fue el diluvio universal citado por antiquísimas escrituras religiosas. Como consecuencia de aquel cataclismo, el pequeño continente de Grabontzi, que existe todavía con el nombre de “Africa”, se hizo mucho más grande, debido a que otras áreas de tierra firme que emergieron de las aguas vecinas, se sumaron al mismo.

Cierto viejo manuscrito Maya muy valioso, que actualmente se conserva en el Museo Británico, dice textualmente lo siguiente: “En el año 6 de Kan, el 11 Muluc, en el mes Zac, ocurrieron terribles terremotos que continuaron sin interrupción hasta el 13 Chuen. El país de la Lomas de Barro, la Tierra de Mu, fue sacrificada. Después de dos conmociones, desapareció durante la noche, siendo constantemente estremecida por los fuegos subterráneos, que hicieron que la tierra se hundiera y reapareciera varias veces y en diversos lugares. Al fin, la superficie cedió, y diez países… armados hasta los dientes y con fronteras internacionales manifiestamente absurdas…, se separaron y desaparecieron. Se hundieron 64 millones de habitantes, 8.000 años antes de escribirse este libro”.

En los archivos milenarios del antiguo Templo de Lhassa, puede todavía verse, a pesar de los incontables siglos, una viejísima inscripción caldea, escrita unos 2.000 años antes de Cristo y que a la letra dice: “Cuando la Estrella Bal cayó en el lugar donde ahora sólo hay mar y cielo, las siete ciudades con sus puertas de oro y templos transparentes, temblaron y estremecieron como hojas de un árbol movidas por la tormenta. Y he aquí que una oleada de fuego y de humo se elevó de los palacios; los gritos de agonía de la multitud llenaban el aire”. “Buscaron refugio en sus templos y ciudades, y el sabio Mu, el sacerdote de Ra-Mu se presentó y dijo: «¿No os predije esto?» Y los hombres y mujeres, cubiertos de piedras preciosas y brillantes vestiduras, clamaban diciendo: «¡Mu, Sálvanos!», y Mu replicó: «Moriréis con vuestros esclavos y vuestras riquezas, y de vuestras cenizas surgirán nuevas naciones. Si ellos se olvidan de que deben ser superiores, no por lo que adquieren sino por lo que dan, la misma suerte les tocará»”.

“Las llamas y el humo ahogaron las palabras de Mu, y la tierra se hizo pedazos y se sumergió con sus habitantes en las profundidades en unos cuantos meses”.