Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales

Descargar este texto

042 EL RASGO PSICOLÓGICO CARACTERÍSTICO PARTICULAR

CONFERENCIA INEXISTENTE EN AMBAS EDICIONES IMPRESAS DEL 5º EVANGELIO

NÚMERO DE CONFERENCIA: 042

FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE

CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE

DURACIÓN:INVALUABLE

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE

FECHA DE GRABACIÓN:1972/02/23

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:TERCERA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO

Incuestionablemente, ciertamente los que estamos en el Real Camino, a veces quisieran irse a las montañas lejanas, lejos dijéramos, de la mundanal inmundicia, para dedicarnos exclusivamente a la vida espiritual, pero en realidad, hermanos, nada ganaríamos con aislarnos definitivamente. La vida en sí misma, en el sentido de inter-relación, la convivencia con los nuestros, con los allegados, pues viene a ser una especie de escuela, un gimnasio, pero extraordinario, pues si lo sabemos aprovechar nos podemos no solamente auto-descubrir, sino también eliminar el Ego, el mí mismo.

Aislados, refugiados en alguna montaña muy lejana, en alguna caverna, estamos prácticamente lejos del gimnasio y con eso no logramos lo que quisiéramos, no logramos la verdadera paz. Necesitamos inevitablemente del gimnasio, de la convivencia, de la inter-relación con todos nuestros semejantes, solo así podremos verdaderamente llegar a la auto-realización, al auto-descubrimiento, al auto-conocimiento completo de sí mismo. Porque es en relación precisamente con el prójimo, cómo nuestros defectos escondidos afloran y si estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, entonces los vemos tal cual son en sí mismos; defecto descubierto debe ser eliminado. Lo importante es descubrirlo y solamente es posible descubrirlo en convivencia, en inter-relación con nuestros semejantes.

Si estamos alertas podemos ver con asombro surgir determinado defecto que ni siquiera sospechábamos, que jamás pensábamos que dentro los cargamos. Afloran sí, salen a la superficie, aparecen precisamente cuando uno menos lo piensa, porque cuando más lo piensa, no salen a la superficie. Por todo eso, es que es tan indispensable convivir con la humanidad, por todo eso es que es tan urgente la inter-relación humana, por todo eso es tan urgente convivir con el prójimo. Empero, por allá, en una caverna solitaria, lejos del mundanal bullicio, podemos dedicarnos a la vida contemplativa, espiritual, pero lo más grave, permanece oculto, denso. Aún en medio de la soledad de nuestros defectos, nos asaltarían incesantemente y lo más grave, que no tendríamos un gimnasio que nos permitiese un entrenamiento definitivo como para eliminar los “yoes”.

Es necesario ir comprendiendo el valor de la convivencia. Todo el mundo carga un “yo”, un mí mismo, un sí mismo, nadie es perfecto. Hemos dicho que ese tal “yo” es una suma de “yoes”, no es “yo” un sujeto, sino es una suma de sujetos, un conjunto de agregados que personifican claramente nuestros defectos psicológicos. En la vida tenemos varios papeles, un papel para la escuela, otro para el templo, otro para el hogar, otro para la calle, etc., es una serie de papeles perfectamente definidos y nosotros vivimos una vida completamente automática, mecanicista, siempre estamos representando los mismos papeles, en el hogar, ya sabemos que representamos uno, en el templo otro, etc. Todos esos papeles se procesan ya netamente en una forma mecánica y no tenemos una verdadera individualidad.

Cuando pensamos que tenemos una individualidad, esa ilusión deviene de la memoria, que recordamos que hicimos esto o aquello, o que fuimos niños, hombres, gente joven, etc., una serie de recordaciones nos hace creer que tenemos una individualidad, más no la tenemos, puesto que dentro de nosotros existen muchos sujetos. Obviamente dentro de todos esos sujetos el que más se destaca es aquel que caracteriza al defecto mayor que poseemos; parece que define completamente las situaciones de todos los otros. Hay algunos que por ejemplo, tienen el defecto de la ira, ese es pues, su error capital, de ahí surgen las diversas situaciones, de ahí se originan distintos órdenes de cosas, todos sus otros defectos giran alrededor de ese: la ira. Hay otros que tienen el defecto de la lujuria, toda su vida gira alrededor de ella, de ese defecto; todo el orden de cosas en que viven tiene por fundamento ese defecto, todas sus experiencias se basan en ese defecto. Otros tienen el defecto de la envidia y su vida gira alrededor de ella, se procesa alrededor de eso. Si es empleado de un banco, aspira a ser gerente, porque envidia ese puesto; si son policías, querrán ser capitanes, y si son soldados querrán ser generales, porque envidian a los que están más arriba; si tienen un carrito, por ahí una triste carcacha, aprenderán y desearán tener un nuevo modelo, envidiarán a los que lo tienen; y toda la vida es un incesante esfuerzo, conseguir lo que codician. Obviamente, todo envidioso es un codicioso, es un parentesco extraordinario entre la codicia y la envidia, por eso dice Job: “al codicioso lo consume la envidia y al necio lo mata la ira”. Todo el que tiene codicia es envidioso y lo consume.

Lo interesante es que hay un defecto capital en cada uno de nosotros; de que podemos tener muchos defectos, pero hay uno fundamental. Uno siempre debe tratar, por todos los medios posibles de conocer su defecto fundamental, su defecto capital y eliminarlo, porque en esa forma precipita la caída de todos los otros defectos. Es como si a un edificio se le quitara su elemento básico, su piedra fundamental, obviamente queda en muy mala situación, obviamente desde ese momento comienza a fallar, a tambalearse. Así sucede con el Ego, hay que conocer cuál es su elemento más pernicioso y por ahí se debe comenzar el trabajo. Ese elemento básico, ese defecto fundamental es el que caracteriza, especialmente, nuestra psicología, ese que nos da ese tinte tan especial, tan particular que cada uno de nosotros carga. Porque no me pueden ustedes negar que aunque todos tengamos los mismos errores, unos en una dirección y otros en otra, no hay duda de que tenemos un sello muy particular, ese sello está perfectamente definido por el defecto psicológico más grande, y ese es el que determina los diversos actos de nuestra existencia. Eliminándolo será fácil eliminar todos los otros defectos.

En todo caso, la vida en sí misma es un gimnasio maravilloso que hay que saberlo aprovechar hasta el máximo. Todos quieren la liberación final, todos quieren penetrar en el mundo del Espíritu, la dicha sin fin, la suprema beatitud, pero no todos quieren pagar el precio. Resulta que nada se nos da de regalado, todo en la vida tiene un precio y el precio de la Auto-Realización Intima del Ser es la propia vida, se paga con la vida, es caro ¿verdad? ¡Pero así es!

Todos quieren subir, pero nadie quiere bajar. No es posible subir sin antes haber bajado. A toda exaltación le corresponde una humillación, por eso, hermanos, si ustedes quieren subir, primero hay que bajar. Si observamos a los hermanos o miembros de las distintas organizaciones, vemos que todos aspiran a la luz inefable, quieren entrar al Nirvana, quieren estar en comunicación con los Mahatmas, convivir con los Dioses inefables, etc., pero a ninguno de ellos se les ocurre bajar a la Novena Esfera; hundirse en los infiernos atómicos de la Naturaleza para trabajar, ¡eso sí no! Hasta miran con horror los mundos abismales, y la cruda realidad es que veamos a los mundos infiernos en sí mismos, constituyen la matriz del cielo, los Dioses se forman en él. Así pues, hay necesidad de bajar para poder subir más arriba, más allá, para exaltarse aún más. Así pues, los mundos infiernos no han sido creados sin objeto, son necesarios repito, constituyen la matriz de los Dioses. Parece increíble que en las regiones abismales se formen los Dioses y así es.

En el hecho mismo de conocerse a sí mismo hay bajada, porque si uno se ahonda en sí mismo para conocer su Ego, sus defectos psicológicos, tendrá que hundirse en sus propios infiernos atómicos, puesto que esos distintos elementos que forman el Ego, en sí mismo, están dentro de nuestros propios infiernos atómicos. Para conocerlos hay que bajar a esos infiernos, hundirse en sus propios abismos con el propósito de auto-conocerse, y no buscar escapatorias, evasivas. Si uno quiere irse para los cielos, el Nirvana, sin haber tenido la molestia de sumergirse dentro de sí mismo, sin haber bajado a sus propios infiernos, pues lo único que consigue es el fracaso.

Todo lo que uno lee por ahí, todo lo que uno escucha por ahí, no concuerda con la cruda realidad de lo que somos; hay frases muy bonitas, de relumbrón. El Evangelio Crístico habla crudamente: “el que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Esto de negarse a sí mismo es muy duro, tiene uno, para negarse a sí mismo, tiene que dejar a un lado la auto-consideración, el amor propio, etc. Uno siempre tiene la tendencia a auto-considerarse, uno se quiere demasiado a sí mismo, uno desea siempre justificarse. A veces hacemos muchas piruetas con la mente para disculparnos a sí mismos de nuestros propios errores. Indudablemente, no queremos negarnos a sí mismos, y ese es un grave error, el que quiera realmente auto-relizarse, tiene que negarse a sí mismo, ponerse despiadado consigo mismo, jamás justificarse, nunca disculparse, nunca esconder los errores de sí mismo, porque lo curioso es que uno tiene errores y lo sabe que los tiene y se vive escondiéndolos de los demás y no solo de ellos, sino de sí mismo, no quiere verlos, prefiere olvidarlos, sabe que los tiene y prefiere esconderlos. Claro, en esa forma, lo que hacemos es custodiar al Ego, conservarlo, robustecerlo, aplazar su destrucción en el tiempo, en otros términos, dijéramos, perpetuar el error.

Cuando uno comienza verdaderamente a ser despiadado con uno mismo, cuando ya no busca evasivas de ninguna especie, cuando ya no quiere justificarse más, cuando ha eliminado completamente toda auto-consideración, entonces el Ego se disuelve, eso es claro. Conforme el Ego se va disolviendo, la Conciencia que está embutida dentro de ese Ego, se va liberando, y conforme se va liberando, va despertando. Cuando el Ego se ha eliminado totalmente, radicalmente, absolutamente, entonces esa Conciencia queda despierta verdaderamente, convertida en lo que se llama el Embrión Aureo, o la Flor Aurea. Tal flor tiene que quedar en completo equilibrio entre lo espiritual y lo material, pero para llegar nosotros a poseer la Flor Aurea, necesitamos ser despiadados con nosotros mismos, no buscar evasivas de ninguna especie, no buscar justificaciones o disculpas; reconocer nuestros errores siempre, declararnos enemigos a muerte de sí mismo, ese es el camino que ha de conducirnos a la eliminación del Ego, ese es el camino que ha de conducirnos a la muerte.

Necesitamos morir de instante en instante, de momento en momento, solo con la muerte adviene lo nuevo. Empero como les digo a ustedes el Ego no es un individuo, sino una suma de sujetos, un conglomerado de diversos “yoes” que riñen por la supremacía, que quieren agarrar el control de toda la máquina orgánica, que quiere cada uno ser el amo y señor. Hemos de ir al grano, empezar por saber cuál es nuestro defecto mayor, por ahí precisamente es por donde hay que comenzar, por ese que nos caracteriza y que siempre nos ha caracterizado y que viene a constituir prácticamente nuestra nota principal de morir; lo demás, queda tan vacío como si se destruye la base de una máquina, esta se va al suelo, como si se acabara con los cimientos de un edificio, indudablemente éste se derrumba inevitablemente.

Lo que es necesario, mis caros hermanos, es que ustedes se propongan a morir en sí mismos. Cuesta demasiado trabajo que ustedes se propongan a morir en sí mismos, el enemigo de esa resolución es el “yo principal” que nos caracteriza a nosotros, llámese ira, orgullo, lujuria, es el principal, pero es el principal, de ninguna manera quiere desaparecer, es el principal, que acaba con las mejores resoluciones. Es el principal, nos da un carácter ya de costumbres, ha puesto en nosotros un sello, es tan grave ese sello que cuando se elimina, es como si hubiéramos muerto y vuelto a nacer. Nuestros semejantes, nuestros amigos, nuestros parientes nos desconocen, dicen ¿qué pasó? ¿No es este mi pariente, mi amigo, mi doliente? ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué se ha vuelto así? Es decir, todos se extrañan. Cuán difícil es que ese defecto principal que nos caracteriza sea eliminado, no es tan fácil, es el que ha puesto el sello en nosotros. Repito, es la base principal de nuestro carácter, el todo, ese que hemos tenido desde el nacimiento y que nos ha definido toda nuestra existencia. Es él precisamente, el que nos ha dado la idiosincrasia psicológica que poseemos; condiciona al pensamiento de manera que la mente está embotellada, dijéramos, en ese defecto principal.

La gente no sabe pensar por sí misma fuera de la botella en que está metida, trabaja la mente en virtud de su propio condicionamiento. De cualquier salida que tratemos de hacer de aquí, de allá, de acullá, seguro que se desliza por los cauces ya conocidos. El caso es que es marcado siempre por el defecto que nos caracteriza y parece que nunca tenemos ganas de salir de esos cauces y cuando de verdad anhelamos salirnos, siempre volvemos como la vaca vieja, por el mismo portón. Dicen que: “vaca vieja no olvida el portal”. Bueno, eso es verdad, y volvemos: “vuelta la burra al trigo”, y eso es completo en cada uno de nosotros con nuestros defectos, siempre giramos una y otra vez, repitiendo lo mismo y aunque sepamos que así lo hacemos nunca dejamos de hacerlo, he ahí lo grave.

Por ahí hay un hermanito del Movimiento Gnóstico; alguien cuyo nombre no menciono. Quiero referirme a cierto misionero, claro, de muy buenas intenciones, pero con determinado defecto de tipo psicológico. Como quiera que no cito nombres y apellidos, puedo darme el lujo de narrar, sin que haya murmuración. En determinado pueblo de Centro-América se le da la hospitalidad en una casa; pues ya está enamorando a la señorita de la casa, tiene que ser la señorita de la casa donde le dan hospitalidad, no otra, no se le ocurre. Llega por allá a otra ciudad, a un pueblo de Sudamérica y le dan hospitalidad y enamora a la señorita de la casa. Lo corren de la casa, es misionero y es buen misionero y no le he retirado de esa misión, porque nadie es perfecto, y no estamos llamados a juzgar a nadie. Y así donde le den hospitalidad, de ahí le corren y le tuve que escribir, decirle, “tú tienes que cumplir tu misión, porque yo, Samael Aun Weor escribo para que tengas pan, abrigo y refugio”. Y él con disculpas, cincuenta mil promesas, y por allá de Maracaibo, llegan las quejas y como dice el dicho: “vuelta la burra al trigo”, “vaca vieja no olvida la puerta”, eso es verdad. Ese “yo psicológico” de enamoramiento, ese es lo que lo caracteriza. Ultimamente ya no me han venido esas quejas, pero aún no ha disuelto ese “yo”; pues no tardarán las quejas, hasta que se resuelva ese hermanito a disolver ese “yo”. Lo interesante es eso, siempre lo mismo.

Ahora, conozco a un XX hermano; lo caracteriza la ira, reconoce que lo que más destaca es el demonio de la ira, tiene ganas de transformarse, pero repite lo mismo, es un disco muy rallado. Así pues, resulta interesante saber que siempre destaca un “yo”, que caracteriza y eliminarlo es tanto como dar un cambiazo, nunca está dijéramos el pensamiento libre, siempre está embotellado en algo.

Recuerdo el caso de un XX hermano, pues hasta era buen elemento; pero si digo buen elemento meto la pata: bueno, solamente el Padre que está en secreto. Era un luchador gnóstico, quiero referirme al Bodhisattwa de Yohani, Bodhisattwa caído. Yohani, es nada menos que el vidente del Apocalipsis de San Juan, el Bodhisattwa del vidente ese, es el que está caído. No hay duda que el vidente de Padmos, ese que escribió el Apocalipsis de San Juan, fue un gran iluminado, un gran Maestro, pero en nuevas existencias se dejó caer. Mejor dicho, se cayó su Bodhisattwa, porque debemos distinguir entre el Espíritu-Maestro y lo que es el Bodhisattwa del Alma Humana del Maestro. El Maestro quiere venir al mundo, manda a su Bodhisattwa a tomar cuerpo, cuando ya el Bodhisattwa está listo, el Maestro llega, se mete en el Bodhisattwa y cumple una misión en el mundo. Pero ese Maestro, después de la isla de Padmos envió por allá, en la Edad Media, envió a su Bodhisattwa adelante. El Bodhisattwa se fue de cabeza, lo agarraron los vicios, las pasiones, en fin, lo que pasó, fue de cabeza total, se cayó, y ahora anda de vida en vida. Claro, a través del tiempo el Ego de ese Bodhisattwa se fue robusteciendo cada vez más y más hasta que se volvió insoportable. Alguna vez le hice ver sus graves errores, no los aceptaba, puesto que no los aceptaba intelectualmente. Lo saqué del cuerpo físico en astral, ya estando fuera de la forma densa, invoqué a su propio Real Ser, a su verdadero, a su Mónada, a su Maestro Secreto. En esos instantes, claro, comenzó a hacerse sentir el Maestro Secreto dentro, vestido con su túnica blanca y no aguardó la enseñanza, la instrucción del Maestro. Como quiera que su mente estaba enfrascada, metida entre el Ego, al verse de pronto ostentando la blanca túnica, dijo: “yo tenía razón en mi concepto, yo tenía razón en lo que estaba diciendo, yo tenía razón en tal o cual cosa”. No aguardó explicaciones, ni aguardó instrucciones, ¿por qué? Porque la mente está entre el Ego y la mente piensa a su modo, como le da la gana, interpreta todo como le parece. Una señal luminosa, luego, luego se la acomodó para justificar sus debilidades. Estaba causando gran daño al Movimiento, hubo necesidad de retirarlo, es claro, no me quedó más remedio y esto por orden superior.

Quiero pues que vean ustedes cómo trabaja el Ego, cuál es la manera. El pensamiento humano no es libre, está condicionado, embotellado, entonces actúa, funciona, piensa en función de su propio embotellamiento. Ahora, si multiplicamos a uno de estos sujetos por un millón o por tres mil millones de habitantes que tiene el mundo, ¿podemos decir en qué estado se encuentra la humanidad? ¿Cuál es el estado en que se encuentra? Verdaderos homúnculos racionales, humanoides, pero no humanos, llegar a ser humano en realidad, es algo diferente. No podríamos concebir al ser humano con el pensamiento embotellado entre el Ego, con una marca definida por el “yo”, con una característica inalterable, marcada por un defecto del “yo”. Sería imposible considerar humano al hombre en esa forma, sólo un homúnculo racional puede ser así.

Estamos ahondando en algo que es importante hermanos, es necesario que nos veamos mejor, que nos veamos de distintos ángulos, porque debido a esa auto-consideración, no nos vemos en una forma completa. En alguna forma pensamos siempre de sí mismos lo mejor, pero no queremos reconocerlo de que somos lo peor. Hay algo que necesitamos cambiar en cada uno de nosotros, eso es lo fundamental, necesitamos morir, porque naturalmente, si eliminamos el defecto fundamental, ya de por sí es como si se muriera, la eliminación de los otros defectos se precipita. Es difícil ver a alguien que provoque un cambio dentro de sí mismo, de esa naturaleza. Cada uno de nos, siente el anhelo de ese cambio, pero una cosa es sentir ese anhelo y otra cosa es realizarlo, es que cada defecto tiene resortes tan íntimos que no es fácil eliminarlos.

En quien predomina la ira, por ejemplo, hay tantas facetas. Uno de los defectos más graves para eliminar, es precisamente ese de la ira. Muchos se proponen hacerlo, yo no les digo a ustedes que no la hubiera tenido, cuando tenía desarrollado el Ego, tenía ira, pero cuando me propuse realmente destruirla, pues no busqué evasivas, al contrario: iba a donde encontrara a alguien que tuviera la amabilidad de insultarme.

Sí, recuerdo el caso de un hechicero que me aborrecía mortalmente. Cada vez que pasaba intencionalmente por su casa, usaba la palabra mordaz, se volvía incisivo, a eso iba yo, a que me insultara, debía insultarme. Ese caballero era una oportunidad que debía aprovechar, era para mí imposible pasar cerca de su casa sin encontrarlo para que me insultara y cuando me insultaba, estaba en plena acción, de que estaba estudiándome a mí, atento, en plena auto-observación, sin dividir la mente entre tesis y antítesis; es decir, con mente íntegra, abriéndome a lo nuevo, auto-escudriñándome para conocer mis reacciones internas y externas, qué palabritas podían herirme más o menos, qué reacciones se provocaban dentro de mí mismo ante el insultador, es decir, yo aprovechaba a mi Ego hasta el máximo. Después le daba las gracias al insultador y continuaba mi camino.

Pero a través de ese auto-estudio, de esa auto-exploración de sí mismo, de esa auto-observación de sí mismo, pude hacerle la disección a la ira, y después, ya me fue fácil eliminarla, pero tuve primero que descuartizarla, hacerle la disección. No sólo tuve ese insultador para mis fines, aprovechaba a otros muchos insultadores con el mismo propósito. Lo que para los demás podía ser una molestia, para mí no lo era, al contrario, para mí, esos sujetos, los apreciaba bastante, me servían de gimnasio, me servían bastante, me servían de gimnasio. ¿Cómo iba a dejar de perder la oportunidad? Los consideraba como un tesoro, un insultador para mí en aquella época, era como un tesoro que debía aprovechar. “¿Cómo lo voy a perder?” Decía. Fueron muchos los insultadores, claro, hoy en día estoy agradecido de los insultadores, porque gracias a ellos, pude auto-conocerme un poco, hacer una asepsia moral de mí mismo: “extirpar el tumor de la ira”. Vean ustedes qué útil es la convivencia, yo no sé por qué ustedes se molestan ante los insultadores, no sé cuando deberían aprovecharlos. Son extraordinarios para acabar con la ira, y así para los demás defectos, mis caros hermanos. La convivencia es extraordinaria, yo siempre la he aprovechado hasta el máximo.

Para lograr la castidad, obviamente, como quiera que yo estaba de Bodhisattwa caído, aprovechaba la tentación absolutamente, sabía aprovecharla, me servía de gimnasio. Alguna vez llegaba a determinado lugar, por ejemplo, hacer conjuraciones y todo a determinada dama, pues ella me recibía siempre en traje de Eva. Permanecía sereno, no lograba pues inmutarme en lo más mínimo, la aprovechaba para la castidad. No hay por qué salir corriendo, no, hay que pensar en aprovechar el gimnasio. Esa mujer comprendió que yo no era un individuo que se dejara llevar por lujurias, ni nada por el estilo y resolvió serenarse un poco. Quiero pues, que vayan comprendiendo este lenguaje, que aprovechen a convivir.

Hay enfermedades que también son útiles, hay que saberlas aprovechar. Por ejemplo, nuestro hermano Gil ha sufrido un poco por eso de su ingenio azucarero: ¿o no es así, hermano Gil? Puedes estar seguro de que en un pasado tuviste un buen apetito, tenías buen comer en pasadas existencias, obviamente tuviste en ésta o en pasadas existencias el defecto de la glotonería. Te estoy diciendo esto porque sé que tú no te vas a ofender y te estoy ayudando, obviamente eso es claro. Por ahora se te obliga a tener esa dieta. Es bueno traer por ejemplo, un manjar delicioso de esos que más apetecías, olerlo, sin embargo, renunciar, ahí está la medicina del Karma. Cada enfermedad es una medicina para curar un error. Traer ahora los manjares que más te gusten, olerlos, saborearlos, pero no comerlos, para aprovechar la medicina. Es el Karma, es la medicina que viene a eliminarte ese antiguo error; posiblemente que fue en vidas anteriores.

Hay otros por ejemplo, que contraen diferentes enfermedades, por ejemplo nuestro hermano… él quiso desarrollar la clarividencia con sus ojos mirando a la luna, y un día, uno de esos tantos, la luna se los tragó, claro, ese fue el motivo concreto que la luna absorbe lo que… pero no hay duda de que en pasadas existencias pudo haber hecho malos usos, o cometer actos de crueldad y ocasionó la ceguera.

Hay quienes pierden las piernas o nacen paralíticos, no hay duda que en pasadas existencias, usaron las piernas para correr como bandidos, para mal, entonces ahora se les priva de las piernas. Empero todas estas enfermedades deben ser aprovechadas. Al ciego, aprender a desarrollar el infinito amor a sus semejantes. Al que perdió las piernas, tratar de disolver su Ego, buscar la forma siempre de caminar por la vida recta; pero entonces debemos saber nosotros extraer de esas enfermedades la medicina salvadora. Como quiera que buscamos nosotros la eliminación del Ego, necesitamos también comprendernos más a fondo, el modus operandi del Karma y que aprendamos a cooperar con él, así en vez de protestar contra el Karma, usarla bien, es una medicina. “Bienaventurado el hombre a quien Dios castiga” dice Job.

En todo caso, como sujetos, somos máquinas definidas por tal o cual Ego. No debemos pensar en nosotros como hombres, sino somos homúnculos racionales, lo que debemos es crear la disponibilidad al Hombre. Convertirnos en Hombres legítimos, estar dispuestos a eliminar los defectos, a morir. Lo que ha de nacer en nosotros es completamente diferente. ¿Qué es lo que ha de nacer en nosotros? Es el Ser. El Ser no tiene las características que nosotros tenemos.

El Ser no se desenvuelve por los caminos que nosotros nos desenvolvemos, el Ser no tiene una forma, el Ser dijéramos vive de instante en instante, no es del tiempo. Si dijéramos que después de la muerte continúa el Ser, estaríamos diciendo un absurdo. Todo lo que continúe tiene un principio, todo lo que continúe tiene un fin, y el Ser no tiene ni principio ni fin, por lo tanto, no podemos decir que continúe más allá de la muerte. El Ser vive de instante en instante, de momento en momento. Si dijéramos que el Ser tiene una característica definida, estamos equivocados, las características definidas son para el Ego, no para el Ser, el Ser es el Ser y la razón del Ser, es el mismo Ser. El Ser es pleno, El no esta sólo, no está acompañado, se encuentra en plenitud; si dijéramos que el Ser está solo estaríamos mintiendo, porque el único que puede sentirse solo es el Ego. El Ser está más allá de ese sentimiento de soledad. Si dijéramos que está acompañado, ésto de decir que está acompañado, que alguien necesita estar acompañado para poder estar con El; no, el Ser no necesita que nadie lo acompañe, ni está solo, ni está acompañado, está en plenitud. Si dijéramos que el Ser aspira a la felicidad, estaríamos mintiendo, porque cuando uno aspira algo es porque se inicia a algo; uno aspira tener dinero, porque no lo tiene, el Ego aspira a la luz porque no tiene la luz, pero el Ser no aspira a tener nada, porque El es luz, porque El es felicidad. Así pues, el Ser no aspira a nada, porque el Ser está hecho de la sustancia misma de la felicidad.

Si dijéramos que por medio del intelectualismo llegamos al Ser, eso es falso, obviamente. La Sabiduría se transforma en Amor y el Amor en Felicidad, el Ser es eso, Felicidad, en Él hay Sabiduría, en Él hay Amor, en Él hay Poder, pero como síntesis de perfección, en Él hay Bienaventuranza sin orillas, sin límites; sin embargo en Él hay un equilibrio extraordinario, único. Aspirar al Ser o mejor dicho, morir en nosotros es necesario pues, para que nazca en nosotros eso que no tiene ninguna característica, eso que no es del tiempo, eso que no continúa, que no tiene un principio, que no tiene un fin, etc., etc.