Descargar este texto
F020 LA ENCARNACIÓN DE LA VERDAD
FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN AMBAS ED. DEL 5º EVANGELIO
NÚMERO DE FRAGMENTO: F020
FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE
CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE
DURACIÓN:INVALUABLE
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE
FECHA DE GRABACIÓN:1972/01/27
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO
Bueno hermanos, aquí reunidos nosotros en Tercera Cámara, vamos a platicar un poco.
Les hablaba a ustedes anoche sobre la necesidad de encarnar la Verdad. Es necesario reflexionar un poco en dicho término: “la Verdad”. Cuando a Jesús mismo, le interrogó Pilatos diciendo: “¿Qué es la verdad?” Guardó silencio, y cuando al Buda Gautama Sakyamuni le hicieron la misma pregunta dio la espalda y se retiró. Es urgente hermanos que meditemos en esto.
Algunas religiones muertas nos hablan sobre un dios antropomórfico, sentado allá en un trono de tiranía detrás de las nubes, lanzando rayos y centellas contra este triste hormiguero humano. Incuestionablemente ese dios antropomórfico es un ídolo mental. Quiero que ustedes sepan que no solamente existen ídolos materiales, insisto, también los hay mentales.
Mejor es pensar en el Demiurgo Arquitecto: Unidad Múltiple Perfecta, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, el Verbo. Con justa razón, el Evangelio de San Juan comienza diciendo: “En el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. Por El, todas las cosas fueron hechas y sin El nada de lo que se ha hecho, hubiera sido hecho”.
Cuando nosotros pronunciamos eso que todo el mundo dice: “Verdad”, debemos reflexionar. ¿Podríamos mostrar la Verdad? Obviamente no, por ello fue que Jesús guardó silencio. ¿Podríamos exhibir la Verdad? Claro que no, por eso fue que el Buda Gautama Sakyamuni dio la espalda y se retiró. Pero si decimos que la Verdad es el “Verbo”, no estamos diciendo o aseverando nada equivocado. Realmente así es, eso que no es del tiempo, eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, es el Verbo.
Aquellos que suponen que el Universo ha sido creado por ese ídolo mental equivocadamente llamado “dios”, están equivocados, aquellos que niegan a Dios están equivocados. El tipo escéptico es demoníaco por naturaleza, perverso y mediocre. Los hombres geniales que ha conocido la historia son hombres de Fe. Ningún escéptico ha sido genial, los escépticos siempre son mediocres.
Empero no se trata de creer o no creer en un Dios, porque muchos se contentan con la sola creencia, se escudan tras de ella y fracasan, al fin se hunden en los mundos infiernos, involucionan en el tiempo. Dicen: “Creo en un Dios”, pero no hacen nada por conocerse a sí mismos. Otros dicen: “No creo en Dios” pero tampoco saben nada de sí mismos.
Podemos también decir que la Tierra se mueve sobre su eje, o podemos decir que no se mueve y eso no modifica en nada el curso de nuestro planeta alrededor del Sol. Recordemos a Galileo, cuando ante la Biblia le hicieron jurar los inquisidores, le dijeron: “¿Jura usted que la Tierra no es redonda y que no se mueve?” Y Galileo, extendiendo su mano sobre la Biblia dijo: “Lo juro, ma si mouve, si mouve (pero se mueve, se mueve)”. Así pues, lo que se crea o lo que no se crea, no es lo que cambia las cosas.
Verdaderamente lo que necesitamos nosotros en el fondo es un cambio, necesitamos experimentar la Verdad y eso es lo indicado. Obviamente, para llegar a la experiencia de lo Real, se necesita meditación, la quietud y el silencio de la mente, sólo cuando concluye el proceso del pensar podemos llegar a experimentar aquello que no es del tiempo. Así pues, reflexionemos.
En el esoterismo se nos habla mucho del Absoluto Inefable, Sat, el Inmanifestado, que está más allá del Espíritu y de la materia, mucho más allá del silencio del sonido y de los oídos para percibirlo, más allá del pensamiento, del verbo profano y del acto, más allá del número, medida, peso, lado por lado, cantidad, cualidad, antes, atrás, etc., etc., etc. Paranishpanna, es el Absoluto mismo, Paranishpanna es eso que no tiene nombre, eso que está más allá todavía de lo que podríamos denominar “Maha-Paranirvana”.
Llegar nosotros algún día a la meta es lo que esperamos, por eso estamos aquí, reunidos, estudiando, meditando, preparándonos. Queremos algún día alcanzar la liberación final, pero Paranishpanna sin Paramartha no es felicidad. Paranishpanna y Absoluto es lo mismo, pero “Paramartha”, en sánscrito riguroso, es la “Verdad Absoluta”.
Si nosotros, así como estamos, fuéramos depositados en el seno del Absoluto Inefable, si así como estamos una mano poderosa nos arrojara en el fondo profundo de Paranishpanna, caeríamos en la desesperación más espantosa: clamaríamos, lloraríamos y suplicaríamos que nos trajesen nuevamente de regreso aquí a la Tierra, y sin embargo, en el fondo, cada uno de nosotros quiere llegar al Absoluto. ¡Vean qué paradójicos somos! Si nos depositaran instantáneamente en el Absoluto, no quisiéramos estar allá.
¿Qué sería el Absoluto para nosotros en este momento? Dicen que es luz increada. Y ustedes, ¿qué dirían? ¿Que pensarían? ¿Eso no es luz increada? Obviamente, para ustedes el Absoluto en este momento, serían tinieblas pavorosas, un abismo sin fin, las tinieblas del No-Ser, esas tinieblas del abismo, donde se encuentran los orígenes de la Luz. Sin embargo nosotros queremos el Absoluto, pero para poder realmente gozar del Absoluto necesitamos de Paramartha, la Verdad Absoluta.
¿De qué nos sirve entrar a Paranishpanna si no poseemos la Verdad? ¿De qué nos serviría perdernos entre el seno de Eso que no tiene nombre si no tenemos Paramartha? Pero aclarar es necesario, concretar un poco es indispensable para poder comprender mejor.
Y, ¿qué es Paramartha? Dijimos ya, y lo repetimos porque así conviene: la Verdad Absoluta. Pero si nos auto-exploramos profundamente, ¿en qué rincón de nosotros mismos encontraremos esa Verdad Absoluta? ¿Estará en el Físico, estará en el Astral, en el Mental, en el Causal, en el Búdhico, en el Atmico? ¿Dónde estará? ¿Cuál será su lugar?
Jesús dijo: “Conoced la Verdad y ella os hará libres”, pero, ¿cuál es la Verdad? ¿Dónde estará? El intelecto nunca la ha encontrado y nunca podría reconocerla porque jamás la ha conocido. Ustedes pueden reconocer a un amigo que conocen, que han conocido. ¿Cómo podrían ustedes reconocer a un amigo que no conocen? ¿Quién podría reconocer la Verdad si jamás la ha conocido? Así pues, la Verdad no es del intelecto, no es de la mente, no es del tiempo.
¿Dónde está la Verdad? ¿Estará allá arriba, estará abajo, a la derecha, a la izquierda, antes, atrás, dónde? Se nos ha dicho que dentro de nosotros mismos, ¿pero en qué rincón, en qué cuerpo? Es algo que nosotros debemos inquirir por nosotros mismos. Pero no es el intelecto el que la va a descubrir. Ella puede venir a nosotros de visita sin que la busquemos, cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio. Pero una cosa es venir de visita y otra cosa es encarnarla.
Con justa razón se ha dicho: “Al que sabe la palabra da poder, nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino solamente aquél que lo tiene encarnado”. Entonces la Verdad es el Verbo y quien lo encarna, pues encarna la Verdad.
Les hablaba anoche a ustedes sobre el Cisne Kalahamsa o sobre aquel otro del Caballero Lohengrin, aquel cisne volando sobre las aguas puras de la vida. Este es también el Ibis milagroso, aquella Blanca Paloma con su cabeza de anciano venerable, el Archimago, el Archihierofante, que otrora resucitara dentro de sí mismo, el Mago Merlín, para asombrar al Rey Arturo y a los Caballeros de la Mesa Redonda; El Espíritu Santo, el Tercer Logos, la Mónada Particular, he ahí el Verbo. Sin embargo El, con toda su grandeza y esplendor, no es más que eso, un desdoblamiento del Segundo Logos.
Cuando pensamos en el Segundo Logos nos viene a la mente el Cristo Cósmico, el Maestro de Maestros, el Hijo, Vishnu, aquel que se expresara con tanta potencia a través del Gran Kabir Jesús, aquel que parlara a través de la laringe de Juan el Bautista, aquel que hiciera maravillas y prodigios por medio de Fu-Hi o de Ketzalkoatl.
El Gran Nazareno dijo: “Quien ha visto al Hijo ha visto al Padre, porque el Padre es uno con el Hijo y el Hijo, uno con el Padre”. Así pues el Hijo, el Cristo, a su vez es una manifestación, un desdoblamiento grandioso del Padre.
El, en sí mismo, el Padre, es el Primer Logos, Brahma, emanado directamente del Sol Central Espiritual, emanado directamente del resplandeciente Sol Absoluto. Ese Sol Absoluto, ese Sol Central es la vida en sí mismo porque de allí parten todas las leyes que sostienen el universo firme en su marcha.
Dentro de ese Sol Central espiritual, hay una partícula propia, nuestra, muy nuestra, de la cual ha emanado el Padre. Los Tres Logos han emanado del resplandeciente Sol Absoluto, la Trinidad dentro de la Unidad de la Vida, el Tetragramaton, “los Cuatro”.
Quien ha encarnado pues, en sí mismo, al Logos, ha encarnado la Verdad. Quien ha encarnado en sí mismo el Tercero y al Segundo y al Primer Logos y por último se ha fusionado con el Sol Central, ha encarnado la Verdad Absoluta, se ha convertido en la Verdad Absoluta, ha conseguido Paramartha. En esas condiciones puede perfectamente sumergirse entre el estado aquel grandioso del Absoluto, en esas condiciones de bienaventuranza, ha logrado la liberación.
Sólo así, mis caros hermanos, viene uno a saber lo que es Paranishpanna, solo así viene uno a saber lo que es la felicidad, pero Paranishpanna sin Paramartha no es felicidad. Es decir, si uno no ha logrado la fusión con el Logos, aunque se sumerja en Paranishpanna, no conocerá la felicidad. Pero si uno se ha fundido en el Logos, si se ha convertido en el Logos mismo, al sumergirse en Paranishpanna, sabe lo que es la felicidad. El Logos es la Verdad, es Paramartha, sin el Logos no es posible la felicidad.
Algún día, encontrándome entre un grupo de arcangeloides, se me ocurrió platicar con el más amigo y le dije: “Hace varios Mahanvantaras que estoy trabajando por la humanidad y ya deseo un reposo, un gran descanso entre el seno de la felicidad”. Entonces me respondió: “La mayor felicidad es tener a Dios adentro”, es decir tener al Logos adentro, tener la Verdad adentro. Así puede uno estar en las mazmorras, es uno feliz. Así, pudiéramos estar en Paranishpanna, si no tiene uno a Dios adentro no es feliz, es bueno ir entendiendo esto.
Dios es el Verbo, es la Verdad, hay que buscarlo adentro de uno mismo, cuando uno lo encuentra dentro, lo encuentra en todas partes del Universo. Se sostiene de acuerdo con ritmos, el Verbo, por la Palabra; siete eternidades dará el Día Cósmico y siete eternidades dará la Noche Cósmica, el Mahapralaya.
¿Cómo podrían ser felices los Dioses durante el gran Pralaya si no llevaran a Dios adentro? Sin embargo el calor del Logos los inunda de dicha y son bienaventurados durante el Mahapralaya, la Noche Cósmica.
Un hecho concreto lo tienen en la cadena lunar, he sabido que estaba gobernada por 96 leyes; la cadena lunar pasada fue de 96 leyes, con su mundo físico, esa Ánima Mundi de la Luna, vino a vestirse con esta Tierra que está gobernada por 48 leyes, ¡qué diferencia entre 96 leyes y 48 leyes! Resucitó el Universo en una octava superior, a su fin se destruirá. Después de la Noche resucitará en un orden superior. Lo sostiene el poder del Verbo, el corazón del mundo de los mundos y de los átomos, es hecho por El. El es la Verdad, nada de lo que es, hubiera sido hecho. El es el Cisne maravilloso Kalahamsa, viene de la palabra Swami o Cisne, es aquel que ha encarnado al Logos, es un Maestro Resurrecto. Ante todo si queremos convertirnos en Cisnes debemos ser firmes en el Camino, no desviarnos, estamos en la Senda en un período de preparación.