Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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F019 LA FELICIDAD

FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN LA 1ª ED. DEL 5º EVANGELIO

TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):

EL UNIVERSO Y SUS MISTERIOS EN AUSENCIA DE LA MENTE (27:14)

NÚMERO DE FRAGMENTO:F019

FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR

CALIDAD DE AUDICIÓN:BUENA

DURACIÓN:27:14

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN

FECHA DE GRABACIÓN:1972/01/20

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:TERCERA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com

>IA< Cuando nos sumergimos en el Mundo del Espíritu Puro, más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, descubrimos claramente que todos los seres tricerebrados del cosmos infinito, marchan en plena armonía con todo lo creado. Es lamentable que los terrícolas, también tricerebrados, no marchen en armonía con el infinito.

Lo normal o mejor dijéramos, supranormal, es el estado de beatitud perfecta. Incuestionablemente, dentro de la beatitud existe eso que se llama “Ananda”, felicidad.

Recuerden ustedes hermanos, que la Sabiduría se transforma en Amor y que el Amor se convierte en felicidad. La felicidad pues, es coesencial con el Espíritu Universal de Vida, empero no es posible llegar a la felicidad sin haber subido por las gradas del Amor. El Amor en sí mismo, es el sumun de la Sabiduría.

En el mundo del Maha-Paranirvana, resplandece la luz inmaculada del Dios Desconocido y sin nombre. En esas regiones inefables, hay un santuario que se corresponde con el Colegio de la Esfinge. Allí está el libro de la naturaleza, el código de la “Virgen Astrea”, es decir, de la Justicia Divina. Uno se llena de éxtasis cuando estudia allí las leyes cósmicas de la Madre Natura. Dichas leyes tienen por basamento el Amor y —como les he dicho y vuelvo a repetir—, este, en sí mismo, es el sumun de la Sabiduría. Así pues, tales leyes son el resultado de la auténtica Sabiduría.

La Sabiduría, el Amor y el Poder, se hallan en perfecto equilibrio en todos los rincones del infinito. Cuando uno platica con la Divina Madre Kundalini, cara a cara, puede evidenciar por si mismo que en Ella existe Sabiduría, Amor, Poder. Ella expresa con tremenda humildad, esos tres factores cósmicos. Ciertamente, mis caros hermanos, en esas regiones del Maha-Paranirvana, hay Sabiduría, hay Amor, hay Poder. Obviamente, dichas regiones están más allá del cuerpo físico, de los afectos y de la mente.

Cuando uno se haya fusionado con su Mónada Sacra, con su Madre Divina Kundalini, entonces realmente se encuentra en un estado de beatitud y de felicidad inconcebible para la mente, desconocida para el intelecto. En ese estado de Ananda, en ese estado de Gnana, hay verdadera sapiencia en los funcionalismos del Amor. En ese estado de suprema beatitud y en comunión con todo lo que es, con todo lo que ha sido y con todo lo que será, existe también la Ciencia Pura, muy diferente —como decía en mi pasada reunión, o en nuestra pasada plática—, a todo este podridero que existe abajo, aquí en el mundo físico y que equivocadamente denominan los seudo-sapientes: “ciencia pura”.

En nuestra precedente plática les decía, que en esas inefables regiones, durante el éxtasis o Samadhi, sujeto y objeto son uno. Estando pues allí, perfectamente unidos al átomo y al Sol, al águila y a la serpiente, a la gota de agua y al gigantesco mundo que se pierde en los espacios estrellados, sentimos en nosotros mismos el palpitar de cada criatura, entonces sabemos lo que es Ciencia Pura.

Comparen ustedes esa Ciencia Inefable, pura de verdad, con el podridero este de las teorías que tenemos por aquí abajo, en los laboratorios y en las universidades, ¡cuán diferente!

Equivocado es pues suponer, que para saber se necesita de la mente. Ahora, hemos podido evidenciar que la mente les convierte en verdaderos “topos”, ¡qué otra cosa son si no eso, los grandes bribones del intelecto, esos que no ven más allá de sus narices! ¿Cuándo la mente les ha hecho verdaderamente felices? ¿En qué época la mente ha conocido realmente el conocimiento puro, la Ciencia Pura?

Lo grave es identificarnos con la mente; absurdo es creer que somos la mente. Obviamente, la mente no es más que un instrumento para la manifestación concreta, pero nosotros no somos el instrumento.

Es necesario que aprendamos a trabajar en ausencia de la mente, es necesario que nos adelantemos al proceso del pensar. Si alguien nos interroga, es urgente que nuestra respuesta sea instantánea, espontánea, pura, salida de lo más hondo del sentimiento, emanada dijéramos, de lo profundo de la Conciencia. En esa forma nos adelantamos al proceso de la mente, entonces la respuesta es sabia; por eso el Zen, el Chan, resultan tan interesantes.

Un monje golpea a las puertas de un monasterio budista. Abre la puerta un Maestro, ve que es el monje aquel y rápido le cierra la puerta, le da con ella en las narices. Entonces con gran fuerza el monje vuelve a golpear y dice:

—”¡Ábreme!”

El Maestro desde adentro le dice: —”¡di quién eres!”.

—”¡Soy el cachorro de león!”, exclama el monje.

El Maestro abre la puerta y se le lanza al cuello en babuchas. “¡Habla —le dice— animal, habla! ¿Con que eres el cachorro de león? ¡Habla!”. Y lo golpea varias veces.

El buen monje no supo como responder, no había llegado a ese grado. Es obvio, no pasaba de ser más que un presumido, así lo debió de reconocer cuando se alejó de aquel lugar. Si hubiera sido un legítimo “cachorro de león”, habría sabido dar una respuesta instantánea.

El Maestro entre otras cosas le dijo: “Y, ¿dónde estás, dónde estás? ¡Habla!”. El pobre hombre no supo dar la contestación. Si hubiera sido un “cachorro de león”, (término esotérico entre paréntesis, que usan los ya verdaderamente despiertos, los Mahatmas, los Paramarthasatyas), entonces todo hubiera sido diferente, la respuesta hubiera sido otra. Claro el monje aquel todo asustado quiso pensar para dar una respuesta absurda; absurda, porque el Espíritu no necesita pensar. Un cachorro de león se ha emancipado de la mente, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no sabe responder en forma espontánea y pura?

Incluso cuando se le preguntó aquel otro monje: “¿por qué el Maestro Dharmasaya vino de la India?” Respuesta instantánea: “el ciprés que está en el patio”. A esa misma pregunta otro monje respondió: “la tabla que hay en el patio tiene dientes”. No llena los requisitos de la lógica una respuesta así, ¿verdad? Pero, ¿es que acaso tenemos que someternos a los requisitos de la lógica? La respuesta del Espíritu está más allá de la lógica formal, el Espíritu no se somete al embotellamiento de la mente.

Nosotros estamos demasiado condicionados por el intelecto y eso es lo grave, mis caros hermanos, por eso no marchamos en armonía con el infinito, por eso no gozamos del estado de la auténtica beatitud, por eso no estamos lo suficientemente preparados como para experimentar Eso que es lo Real, desconocemos la auténtica Ciencia Pura.

¿Puede existir la Sabiduría y la Ciencia donde no hay mente? Esa pregunta sería absurda para los bribones del intelecto, sin embargo la auténtica sapiencia, está precisamente más allá de la mente. La Ciencia Pura nada tiene que ver con el intelecto, el conocimiento real no está en la mente.

¿Qué es lo que buscamos nosotros a través de la meditación? Experimentar eso que es la Verdad, empero se necesita con urgencia podernos emancipar de los funcionalismos del intelecto. Estamos condicionados, es necesario conocer nuestros condicionamientos para libertarnos del intelecto.

Uno se queda admirado cuando se encuentra en estado de Samadhi, más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Cuántas veces he estado yo en grandes reuniones en la Iglesia Trascendida, ésta queda realmente en el planeta Sirio. Bien sabemos que alrededor del sol central Sirio gravita toda esta galaxia extendida, toda esta gran ciudad cósmica, formada por millones y millones y millones de mundos y de soles.

Sirio en sí mismo es gigantesco, enormes mares profundos. Sus habitantes son de la séptima raza, son pequeñitos. No tienen enormes edificios como nosotros, ni tampoco el mal gusto de vivir hacinados en las ciudades, no construyen metrópolis. Viven en los campos libremente, en las selvas, en las montañas más profundas o a orillas de los inmensos mares. Eso de vivir hacinados todos en una urbe no es inteligente. No tienen el problema del smog, como nosotros, inhalan el Prana de la vida. Construyen sus casas pequeñas, no enormes palacios augustos, sino pequeñas moradas donde felices habitan.

Como el Mahatma Gandhi, tejen ellos también sus túnicas con ruecas caseras. Ni si quiera usan sandalias de cuero, sino de metal o de fibras muy finas.

Tienen todas sus doce facultades completamente abiertas. Si uno los visita en Cuerpo Astral somos visibles y tangibles para ellos. Se encuentran a tono con el infinito, están más allá del bien y del mal.

Una vez, acercándome a cierta distancia de aquel templo de maravillas, la Iglesia Trascendida, vi entonces un árbol tan maravilloso y compenetrando al árbol, una dama inefable, era el elemental del árbol. Llegué, me acerqué a aquella dama vegetal, platiqué con ella. Su voz era tan deliciosa como las notas musicales de un piano. ¡Qué melodía tan inefable, qué poesía en sus frases. Me indicó el templo, ¡cuán bello! Hacia allá me dirigí por un camino ondulado y acercándose uno a aquel santuario se ven enormes rosas perfumadas y deliciosas, gigantescas, divinas.

Cuando entré al precioso recinto, me sentí verdaderamente conmovido en lo más hondo de mi corazón. Su piso, con sus lozas blancas y negras, como para representar la lucha entre el Espíritu y la materia. Tienen dos altares —he ahí el binario—, como para indicarnos los polos masculino y femenino de la gran vida. Allí estaban sentados los discípulos del Dios Sirio, con sus blancas túnicas adornadas de palomas plateadas y en la frente, sobre la capucha, bordado el Santo Grial. Obviamente, en ese Santo Grial, es donde está la suprema bebida de la inmortalidad, el néctar de los dioses.

“Aquí es muy fresco”, dijo un adepto, y ciertamente se siente una frescura imposible de describir con palabras.

Los días más sagrados para ellos se corresponden con nuestro Viernes Santo, nuestro Jueves Santo, en fin, la Semana aquella en que se celebra la vida, pasión y muerte del Cristo. Esos Mahatmas poseen sapiencia que nada tiene que ver con la mente, más allá del entendimiento, sapiencia que no tiene ninguna relación con el Cuerpo Mental. Muchos de ellos ya ni siquiera usan el Cuerpo Mental, algunos de ellos ni siquiera poseen ya su Cuerpo Mental.

Así pues, mis caros hermanos, independizarnos de la mente es vital, pero eso solamente es posible a través de la meditación.

En el Nirvana por ejemplo, se vive con una felicidad inconcebible. Podríamos decir que el Nirvana tiene siete tónicas vibratorias. Interesante es que en estas augustas regiones nirvánicas no se usa la mente. Cuando uno entra, por ejemplo, a la Suprema Catedral de la primera tónica inefable, pregunta: “¿Dónde estoy?” Se le contesta: “Estáis en el primer salón del Nirvana”. Y si entra a la cuarta tónica vibratoria, y hace la misma pregunta, se le contesta: “Estáis en el cuarto salón del Nirvana”.

Y el estado de felicidad que existe en el Nirvana, nada tiene que ver con la mente, porque la mente no da felicidad. Ahí encontramos a los Budas de contemplación, están dichosos, felices. Aquellos que por ejemplo, se desenvuelven ya en las tónicas vibratorias superiores del Nirvana, usan el manto de diamante que llega hasta los pies. Usar realmente el manto diamantino, es ciertamente un alto honor, raros son aquellos que llegan a tener semejante dicha.

Obviamente, los que se han metido por la senda espiral nirvánica, rara vez toman cuerpo. Conocimos el caso de uno de esos nirvanis que tomó cuerpo, de esos que siguen la Senda Espiraloide, por cierto que… …de raza alemana, se llamaba Fleguel, un profesor que en España gozaba separado de las ciudades, explorando en todos los rincones de lo infinitamente pequeño e infinitamente grande. Cuando estalló la primera guerra mundial, lo enviaron por allá a Siria, claro, no sin antes haber pasado por distintas batallas en otros frentes.

Por cierto que tuvo la suerte de haber sido recibido en los misterios de los drusos sirios. Claro, hubo de pasar por tremendas pruebas, por ordalías imposibles. Los distintos juegos de la guerra resultaban “nada” para él, en comparación con semejantes probaciones.

¡Qué de angustias, qué de hambres, qué de miserias no hubo de pasar! Cuando muchas veces extenuado por el hambre… …comer, entonces se veía rodeado —claro está—, de manjares imposibles de describir con palabras. Sin embargo, no sucumbía ante la tentación y tenía la suficiente fuerza de voluntad como para no comerlos. Fue también tentado sexualmente: mujeres de exquisita belleza quisieron hacerlo caer en tentación y él no falló. Recordemos el tipo de la mujer Nubia, es obvio que para el varón resulta exquisitamente peligroso, sin embargo este hombre no cayó.

Como premio a su voluntad, es obvio que recibe la iniciación, que se le concedieron determinados poderes. En un espejo el anciano del templo le mostró su destino. Más tarde, aquel hombre estuvo en la India y en el Tíbet Oriental. Cuando regresó a la tierra hispánica era un hombre diferente.

No hay duda que se trataba de un Bodisatva, de uno de esos que siguen la Senda Espiral Nirvánica. Toman cuerpo muchas veces y llegan hasta olvidarse por un instante de su labor, o de lo que son, pero luego son despertados en la Iniciación. Cumplen alguna labor en el mundo, hacen algún trabajo en beneficio de la humanidad y se sumergen en el Nirvana otra vez, por eternidades y eternidades y eternidades.

¡Cuán distinto es el camino de aquellos que siguen la Directa! Es menos dichoso en principio, más amargo que la hiel, en el fondo, pero los triunfos son todavía más grandes, inmensamente superiores, a los que siguen la Senda Espiraloide.

Obviamente, los que viven en el Nirvana están más allá de la mente y cuando “toman mente”, cuando se meten entre una mente, se reincorporan a una personalidad humana, hacen alguna labor en beneficio de la humanidad, dan un paso hacia adelante y se sumergen otra vez en el infinito, después de haber abandonado a la mente.

De manera que la mente es tan sólo un instrumento, un vehículo de manifestación, pero no es todo. Grave es identificarnos con la mente. Nosotros tenemos que aprender a mirar la mente como algo que no es nuestro Ser.

Las gentes están identificadas con la mente, se creen mente, sienten que son mente, piensan de sí mismos que son la mente. Nosotros hermanos, debemos de ser diferentes, no debemos pensar, debemos únicamente comprender que no somos la mente. Debemos aprender a tratar a la mente como a un sujeto extraño. Debemos regañarla, debemos llamarla al orden, debemos recriminarla, debemos obligarla a que nos obedezca en la misma forma que un domador doma a las fieras, nosotros debemos domar a la mente.

Cuando queremos nosotros quietud y silencio y ella molesta con sus gritos y tendencias, debemos llamarla al orden y decirle: “Mente, ¿qué es lo que quieres? Háblame, ¿por qué no obedeces?” Como les decía el otro día, ella contestará con algunas representaciones. Entonces habremos de discutirle sus representaciones y decirle: “Estás equivocada. Esto que tú estás pensando es falso por tal o cual motivo. Ahora que ya te he explicado lo que tú quieres saber, es mejor que te estés quieta”. Y si vuelve a reaccionar, volvámosla a regañar, volvámosla a recriminar y al fin tendrá que obedecer, tratémosla como a un sujeto extraño y no nos identifiquemos con ella: nosotros no somos la mente.

Bueno mis caros hermanos, hasta aquí esta cátedra. Sin embargo, voy a dar respuesta a lo que ustedes quieran preguntar. ¿Hay preguntas en relación con el temario?

Bueno, veo que no hay preguntas, entonces vamos a comenzar la meditación. >FA<