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F017 EL EDÉN O PARAÍSO TERRENAL
FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN AMBAS ED. DEL 5º EVANGELIO
NÚMERO DE FRAGMENTO: F017
FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE
CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE
DURACIÓN:INVALUABLE
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE
FECHA DE GRABACIÓN:1972/01/12
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO
Las Escrituras Sagradas de todos los cultos antiguos, hablan con claridad diáfana sobre el Paraíso Terrenal, sobre el Jardín del Edén, tan bellamente cantado por Mahoma en el Corán. Recordemos aquellas frases de ese místico profeta cuando nos habla de las grandes huríes de ojos negros y de aquel Árbol de la Vida del cual se alimentan los escogidos.
En el Génesis, Moisés cita también al Edén, al Paraíso, nos habla del Árbol del Bien y del Mal, este es el Sexo, el Árbol del Conocimiento; y el Árbol de la Vida, este es el Espíritu, ambos árboles hasta comparten su raíz. Resulta interesante comprender a fondo el Edén, lo que es el Paraíso. Moisés, aquel gran iniciado que condujo al pueblo guerrero desde la Tierra de Egipto se las pidió reuniendo a todo Israel… llanuras del Moab y habló claramente y con gran énfasis sobre las dos alianzas, la primera, aquella del Monte Oreb, donde entre rayos y truenos hubiera recibido el decálogo sagrado. La segunda, de la Ley Escrita, la del Deuteronomio, un poco más cruel que la primera, he ahí las dos Alianzas.
Es que realmente hay dos leyes, la primera es la Ley Paradisíaca, la Sabiduría de los Dioses Inefables; la segunda, la Ley Escrita. La primera Ley es perfecta, es aquella que conocieron los hombres antes del diluvio universal, antes de la sumersión de Atlántida; la segunda es post-diluviana, la Ley Escrita tirante, imperfecta. Estas dos leyes están representadas en las dos alianzas de que nos habla Moisés, la de la Cueva del Oreb y la de la Ley Escrita, la que fue entregada en las llanuras de Moab; por cierto que ésta última, por recomendación de ese gran caudillo guerrero, hubo de ser esculpida en piedra cada vez que un soberano comenzaba a reinar.
También existen dos claves ocultismo que marchan con estas dos leyes. El primero podemos denominarlo Ocultismo Innato y el segundo, bien podemos denominarlo Ocultismo Escolástico. Del primero diremos que existió desde el amanecer del Mahamvantara hasta el instante mismo en que el continente Atlántico se sumergía entre las embravecidas olas del océano que lleva su nombre. El segundo es más bien post-diluviano, florece en todas las escuelas arias, está debidamente codificado y desarrollado en forma dialéctica. Incuestionablemente el primero, el Ocultismo Innato posee ascendencias divinales inefables, las facultades florecen sin gran esfuerzo, se heredan muchas veces de padres a hijos. El segundo, el Académico, hay que estudiar, practicar, desarrollar con gran esfuerzo. Al Ocultismo Innato pertenecieron muchas tribus y pueblos y lenguas de la época de Lemuria y de la Hiperbórea y de la Atlántida; al ocultismo didáctico, académico, corresponden las escuelas esotéricas de Persia, Grecia, India, Afganistán, Turquestán, Egipto, Celtas, Bretones, Druidas, etc. Ocultistas innatos, son grandes hombres que poblaron el continente Mu, ellos vivían realmente hermanos, sobre todo en su estado pre-lemur, dentro del jardín del Edén, es decir, la Cuarta Dimensión, en el Mundo Etérico, en la Cuarta Vertical, en la Cuarta Coordenada de la naturaleza, no habían penetrado íntegramente dentro de este mundo tridimensional de Euclides.
Moisés fue el que habló al pueblo hebreo en las llanuras de Moab, dicen que subió al Monte Nebo y que desde ahí contempló la tierra prometida y luego su rostro resplandeció y desapareció para siempre. Esto es algo, mis caros hermanos, que debemos reflexionar. Jamás se encontró el cadáver de Moisés, ¿murió? ¿Qué se hizo? ¡No! Moisés no murió como los demás hombres, las Sagradas Escrituras no dicen que fue sepultado, desapareció en el Monte Nebo después de resplandecer ante las multitudes, obviamente, penetró en la Cuarta Dimensión, en los Campos Elíseos, se hizo Jina.
Esa tierra prometida que él viera, es precisamente la Cuarta Coordenada de nuestro planeta Tierra, de esa tierra prometida que no es el Canaán como creen muchos, los ríos de agua pura, manan leche y miel. Entonces Moisés vive con el mismo cuerpo físico que tuvo en aquella época, es un habitante de la Cuarta Dimensión, un habitante más del Paraíso, y digo un habitante más porque en ese Edén de nuestro mundo, que es la región etérica, viven otras razas humanas. Recordemos un momento a los Tuatha de Danand, aquella raza atlante, maravillosa, que vivió tanto tiempo en la verde Erim, en la tierra de Irlanda, entonces esa raza tuvo que enfrentarse a los adeptos de la mano izquierda. Bien saben todos que aquella raza emigró de pueblo en pueblo y que donde quiera que estuvo dejó rastro de su cultura, bien saben todos que aquella raza tan maravillosa dio origen a la poderosa civilización India, Persia, Mesopotamia, etc. No hay duda de que aquella raza regresó un día a la verde Erim y no por barco como las gentes suponen, sino en estado de Jinas; es que ahí peleó esa raza de luz contra los tenebrosos de la mano izquierda, ganando la cruenta batalla de Madura. Después de la sumersión del continente atlante, esta raza desapareció, ¿qué se hizo? Absurdo sería suponer que los Tuatha de Danand, gentes Jinas, hubiesen perecido en la gran catástrofe, obviamente debemos comprender que definitivamente tal raza se sumergió en los Campos Elíseos, en el Edén de nuestro planeta Tierra, en el Paraíso, donde antes vivieran los lemures, los hiperbóreos y los polares. Así pues hermanos, no han desaparecido los Tuatha de Danand, ni Moisés ha muerto, en la Cuarta Coordenada viven distintas razas y pueblos y lenguas en estado paradisíaco, nosotros podríamos también ingresar al Paraíso si realmente nos lo propusiéramos.
Cuatro son los símbolos sagrados que los Tuatha de Danand llevaban a lo largo de todas sus peregrinaciones:
1º Una gran copa que nos recuerda al Santo Grial, símbolo maravilloso del Yoni.
2º Una lanza de acero, como para recordarnos a la lanza de Longibus, es otra lanza de los pactos mágicos, símbolo viviente del falo.
3º Llevaban también una espada como para recordarnos a la espada flamígera de los Elohim, viviente resultado de todas las transmutaciones sexuales alquimistas.
4º Una gran piedra sobre la que eran ungidos algunos reyes, la piedra filosofal de los viejos alquimistas medievales.
Esa piedra hay que fabricarla con el Ens-Séminis, dentro del cual se encuentra todo el Ens-Virtutis del fuego. Es la materia prima de la Gran Obra, mediante la cual debemos y podemos elaborar la Piedra Filosofal de la alquimia. Recordar hermanos que con los polvos de proyección de esa piedra de maravillas podemos reducir a polvareda cósmica al Ego animal. Recordar hermanos que con los polvos de proyección de esa piedra extraordinaria podemos cristalizar en nosotros mismos los Cuerpos Solares. Hay que entender lo que estamos hablando: “solve et coagule”, hay que disolver y coagular. ¿Disolver qué? El Ego animal; ¿coagular qué? El Hidrógeno Sexual SI-12 en la forma de los vehículos suprasensibles tan indispensables para encarnar al Real Ser, y convertirnos en Hombres auténticos, en Hombres de verdad. La Piedra Filosofal es la base, dicha piedra, repito, se fabrica con la materia prima de la Gran Obra que es el Ens-Séminis. Así pues, en síntesis, el Sexo es la Piedra Filosofal.
Imposible para los Tuatha de Danand olvidar en sus peregrinaciones, siquiera por un momento la bendita piedra de la filosofía. Así pues, aquellos que quieran ingresar a la tierra de Jinas, a los Campos Elíseos, a la Tierra Prometida donde ingresara Moisés el gran caudillo guerrero, deben trabajar con esos cuatro símbolos de los Tuatha de Danand. Es necesario reflexionar profundamente en esto.
A finales del pasado siglo se enseñó en forma de kínder; con justa razón Steiner, filósofo alemán, profetizó en 1912 que las enseñanzas del siglo pasado y principios de éste que se habían entregado a la humanidad, serían desplazadas por una enseñanza esotérica de tipo superior y así es hermanos. Hemos entrado a la Era de Acuarius y ahora necesitamos develar, porque el significado oculto de esta nueva era es: Saber.
La Doctrina de la Transmutación, por ejemplo, no fue desconocida por los grandes maestros de finales de siglo pasado y principios de este, pero intencionalmente la velaron; aquella enseñanza no era conveniente enseñarla en esa época, ahora nos toca enseñarla públicamente.
Don Mario Roso de Luna, insigne escritor teosófico, nos habla de la famosa cueva de Jumilla, por allá en España, una cueva donde hay una higuera siempre verde y hermosa, pero que no da fruto. Recuerden ustedes que la higuera es un símbolo del sexo, de los órganos sexuales. Cada uno de nosotros es una higuera y Jesús dijo: “árbol que no da fruto, cortarlo y echarlo al fuego”. Dicen que Jesús maldijo a la higuera estéril, a la que no dio fruto, eso es simbólico, claro está.
Volviendo pues al relato de don Mario, dice: “en la noche de San Juan, cada año ven los moradores de aquel lugar, salir de entre tal cueva a un ejército de espectros montados todos a caballo, tal ejército lleva hermosos estandartes y se aleja hacia la región del Sur”. Naturalmente eso es simbólico, esto de la higuera que no da fruto o de la verde higuera que gira incesantemente, según otras leyendas, es digno de reflexión. Esto nos indica que aquellos hermanos de finales del pasado siglo y principios de este no desconocían la Doctrina de la Transmutación, pero la guardaban en secreto, no había autorización para enseñarla.
Es claro que aquellos espectros de Jumilla montados a caballo, que significa el Ego animal, se alejan hacia la región del fuego. Jesús, hablándonos pues sobre el trigo y la cizaña, debe ser cosechado y la cizaña echada al fuego. Curioso es que aquellos espectros se dirijan hacia el Sur, no hacia el Norte, donde está la muerte del Ego y la sabiduría antigua, la cuna de nuestra humanidad, no es al Oriente donde se ha dado tanta enseñanza esotérica, ni hacia el Oeste donde está el ocaso de los Dioses y la muerte esotérica, sino hacia el Sur, a la región de la cizaña que debe ser quemada. Los fracasados, aquella higuera que no da fruto, no pueden entrar al Edén y es echada al horno de fuego ardiente la cizaña, y esta debe quemarse. Recordemos mis caros hermanos, la iniciación que tuviera aquel Deva maravilloso reencarnado llamado Ginés de Lara, indudablemente, era un Deva en el sentido más completo de la palabra. Cuando recibió la iniciación entre los caballeros templarios, allá en las tierras del Grial, hubo un gran eclipse de luz maravilloso, resultan esos eclipses porque hay como un intercambio de fuerzas entre nuestra Tierra y la Luna; recordemos que de ahí vinieron, de la Luna, nuestros Pitris o Padres de la raza humana que corresponde a un edénico pasado. En un eclipse de Luna hay intercambio entre el aura de la Tierra y el aura de la Luna. Parece como si volviéramos a los tiempos arcaicos y fue en una noche, cuando Ginés de Lara recibió la iniciación entre los templarios; lo que entonces aprendió, fue extraordinario. Se le hizo ver con un extraño telescopio de tipo esotérico las dos caras de la Luna, primero percibió la cara esta que nos alumbra, que nos ilumina y vio de este lado a ciertas almas que… es claro que los iniciados callaron, no lo revelaron, es decir, vio a aquellas higueras que no dan fruto, a los terribles, a los que viven en los mundos infiernos, a la gran mayoría de los seres humanos y del otro lado de la Luna pudo percibir los Campos Elíseos, poblados por iluminados, por Mahatmas, Hierofantes, Pitris, Avibhaktas.
Obviamente hermanos, son los dos aspectos de las dos caras de la Luna; es claro que no nos referimos a la Luna física, sino a las regiones sumergidas y al aspecto superior de la Luna, al cielo lunar, al mundo astral en una palabra. Así pues, debemos comprenderlo todo mis caros hermanos, tal como lo comprendió en esa época Ginés de Lara. Si queremos nosotros convertirnos verdaderamente en habitantes de los Campos Elíseos no nos queda más remedio que trabajar con esos cuatro símbolos sagrados de los Tuatha de Danand.
Incuestionablemente, necesitamos ante todo convertirnos en verdaderos Hombres en el sentido más completo de la palabra, antes de poder realizar en nosotros mismos los trabajos de Hércules. Uno jamás podría llegar a la iluminación sin haber realizado los doce trabajos de Hércules, pero ante todo, necesitamos convertirnos en Hombres auténticos, en Hombres legítimos. Cuando ingresamos a los Campos Elíseos, al Edén, venimos a saber lo que es el ocultismo innato, porque en ese Paraíso podemos encontrar todavía los templos de los elementales del fuego, del aire, de las aguas, de la tierra. En esos Edenes podemos encontrar a Hombres que gozan del ocultismo innato, con poderes, claro, están innatos; hombres antidiluvianos, Hombres de la época lemúrica, Hombres polares, Hombres glaciares, como se les llama, gentes hiperbóreas y también gentes de nuestra Raza Aria que han podido realizar en sí mismas el Misterio Hiperbóreo o Misterio del Grial.
Cuando entramos nosotros a ese Edén, podemos platicar cara a cara con ese Hombre que se llama Moisés; así encontramos a muchos Kabires de la Atlántida y a algunos reyes iniciados de la raza de los Pelasgos. Recordemos por un momento siquiera el vaivén de las razas humanas, los salvados de la Lemuria en el Oriente ingresaron en la Atlántida, emigrando hacia la Atlántida, hacia… en el Occidente. Pensemos luego en la sumersión de Atlántida, cuántos que se salvaron emigraron hacia el Oriente, otra vez y vemos ahí en el Oriente, en la tierra de Gobi, en la Meseta Central del Asia, florecer poderosas civilizaciones arias. Más tarde, a través del tiempo, las civilizaciones se desplazan hacia el Indostán, esas multitudes arias se van poco a poco alejando del Oriente para refugiarse en las tierras del Occidente, entonces surgen las primeras razas occidentales, los Pelasgos, con grandes culturas y poderosa civilización. Mucho se perdió, millones de arios están entrando a los mundos infiernos, se les ha dado tiempo para todo, porque después de la sumersión de Atlántida, los arios, mezcla de sobrevivientes atlantes con los nórdicos, pudieron formar civilizaciones grandiosas en la Roma antigua, en la antigua Hesperia. Antes de que surgiera la Roma histórica pudieron crear culturas portentosas en España y recordemos a los primeros Iberos, con sus civilizaciones que luego se unen, y a los Druidas. Hubo tiempo para todo mis caros hermanos, sin embargo las escuelas de Misterios Mayores fueron destruidas, hemos entrado en esta época ya, en un ciclo de perfecta decadencia, estamos en los finales del Kali Yuga. Esa raza histórica, esa raza Aria descendiente de la antigua Atlántida definitivamente se precipitó por el ciclo involutivo, descendente, hasta los organismos físicos de nuestra raza Aria están ya degenerados, las áreas del cerebro ya no están trabajando como deben trabajar, no todas las áreas del cerebro humano están trabajando. Los cuerpos humanos están completamente degenerados.
Así pues, nos toca ahora auto-realizarnos en una época de degeneración, en una época en que los Arios han llegado al máximo de degeneración y estos arios no son los antiguos Pelasgos, ni celtas, ni los druidas, ni aquellos que hicieron resplandecer la cultura de la antigua Hesperia, ni tampoco aquellos que crearon las civilizaciones de Egipto, ni de Babilonia, ni de Persia, ni los que levantaron las civilizaciones de los Rishis a orillas del Ganges, ni aquellos que crearon reinos tan hermosos en la Meseta Central del Asia, ¡no! Los arios de ésta época, son dijéramos, la degeneración llevada al máximo, los últimos vestigios de lo que fuera una gran raza.
Les pondré a ustedes un ejemplo, concreto mis caros hermanos: el del lagarto casero, pequeño animal, no es más que un cocodrilo enano, resultado de una gran involución. Ya no es cocodrilo sagrado del Nilo o del Eufrates o de las selvas profundas del Amazonas, ¡no! Es una pequeña criatura que se desliza por cualquier barda, que se refugia debajo de cualquier piedra. Entre los caballos vemos también involuciones extrañas, aquel caballo moro que le llaman poni, es el producto de una gran involución. Nosotros somos algo parecido hermanos, somos el lagarto de la Raza Aria, que nos queremos tanto que no queremos darnos cuenta del estado en que nos encontramos. No hay sino un modo de regenerarnos y es por medio de la fuerza sexual, transmutando esa valiosa energía; así el lagarto puede regenerar la cola, nosotros podemos regenerar nuestro organismo, regenerar las áreas del cerebro.
Sí, es necesaria la regeneración para poder recuperar las facultades, en otro tiempo las teníamos en forma innata, cuando existía la primera ley, cuando los hijos de Dios no habían conocido a las hijas de los hombres, en aquella antigüedad, cuando la Atlántida florecía grandiosa. Mas ahora, estamos en la época de la segunda ley, la del Deuteronomio y hemos perdido las facultades innatas que otrora teníamos, ahora nos toca desarrollarlas intencionalmente; para eso debemos regenerarnos, porque estamos degenerados y lo grave es que no nos damos cuenta de eso. Creo que tampoco el cocodrilo enano se da cuenta de que está degenerado, ni el famoso caballo poni, ni los borricos demasiado chicos que están en perfecto estado de involución, todos ellos se consideran criaturas normales, y están degenerados. Así también nosotros no nos damos cuenta de que estamos degenerados, y cuando uno está en ese estado, ya no le importa nada y si llega a importarle, ya no se da cuenta de la gravedad del estado en que está. Por lo común se necesita de un fuerte shock para que cambie, de lo contrario no cambia.
Ahora que veníamos en el coche, platicábamos algo interesante sobre el verbo. Yo hablé sobre la necesidad de corregir la palabra y hasta narré de un caso que me había sucedido, de esas épocas en que todavía no había recomenzado la jornada esotérica, de aquellas épocas de Bodhisattwa caído, recuerdo de un encuentro que tuve con el Angel Baruc, que fue el Maestro Instructor de Jesús de Nazaret, aclaro, no del Cristo, sino del Bodhisattwa de Jesús de Nazaret llamado Jeshúa Ben Pandira en hebreo. Sucede que en esa época, una noche de esas tantas, a pesar de ser Bodhisattwa caído, realicé una salida astral muy consciente, y en esos mundos superiores de Conciencia Cósmica, llamé con gran voz, invoqué al Angel Baruc, (reconozco mi error, me creía con todos los derechos). Claro, concurrió el Angel Baruc, vi que salió del interior de la tierra. Se abrió una portezuela, unos discípulos le prepararon el camino, ellos, ángeles de perfección y apareció ante mí el Gran Maestro. Llevaba su cuerpo envuelto con el manto púrpura sagrado, túnica de lino blanco, sandalias, su hermoso cabello dorado cayendo como una cascada sobre sus hombros alabastrinos, su rostro de perfección. “Soy el Angel Baruc —dijo—, ¿qué queréis de mí?” “Maestro, os he llamado porque necesito consultar”. Se recuesta dulcemente en un diván, estilo romano, ponía a flote el aspecto femenino de su personalidad, pues estos ángeles son andróginos, tienen dos almas, dijéramos, la masculina, el Manas Superior o Causal y la femenina, la Walkiria, que es el Alma Espiritual, se polarizan de acuerdo con la necesidad. En aquel momento se presentó receptivo y amable, puso a flote el Alma Espiritual, entonces parecía una bella dama inefable y me dijo: “habla”. Yo, que estaba hundido entre el lodo de la tierra dije: “Quiero que me des una clave para salir instantáneamente en Cuerpo Astral cada vez que yo quiera y que me dé la gana”, hablando en ese lenguaje grotesco. Y el Maestro contestó dulcemente: “no puedo daros esa clave”. “Bueno, entonces dame una clave para conseguir dinero”, (yo tenía muchas ganas de conseguir “lana”). “Tampoco puedo daros esa clave”. “Bueno, entonces una clave para despertar instantáneamente la clarividencia a cualquiera”. “No, no puedo daros esa clave”. Ya no pude pedir más porque son tres las peticiones, entonces se quedó mirando clarividentemente: “tú estás mal acompañado”. Ciertamente, yo, en aquella época, andaba con amigos que les gustaba la copa, sinvergüenzas como yo. Naturalmente se conmovió; en seguida puso a flote el Alma Humana que es masculina, entonces se convirtió en un varón terrible, lanzaba rayos y centellas, anciano venerable. Yo estaba acostumbrado a esa damita, al ver el cambio, me aterroricé, sentí una especie de terror divino, no me quedó mas remedio que hincarme y aguardé su bendición. Se puso de pie y me bendijo, se despidió diciendo las siguientes palabras: “hubo un poco de falta de respeto, pero mientras el amor persista, todo está bien”. Yo me quedé perplejo, atónito, confundido, avergonzado de mí mismo. Los discípulos le abrieron otra vez aquella extraña puerta, por donde descendió hacia el interior de la tierra; bien sabido es que en el centro de la tierra hay un templo corazón, hacia allá se dirigió el gran Maestro Instructor de Jesús de Nazaret.
No hay duda de que recibí un shock moral psicológico, terrible, espantoso; fue entonces cuando me propuse a corregir la palabra. El ejemplo que me puso el Angel Baruc fue extraordinario la forma como él maneja la palabra, le hubiera… y como le hablé. Sin embargo, con qué maestría me contestó: “aunque hubo un poco de falta de respeto, pero mientras el amor persista, todo está bien”. Vean ustedes cómo maneja un Maestro la palabra y desde esa época me dediqué a corregir la palabra, desde esa época corregí el verbo, y desde esa época ya lo tengo corregido, pero tuve que pasar por un fuerte shock, pero estos seres humanos del Kali Yuga, sobre todo estos hermanos, los que verdaderamente anhelan ingresar al Edén, necesitan pasar por shocks muy especiales, a fin de que se den cuenta del estado degenerativo en que se encuentran. Los invito a la reflexión.