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036 LA LEY DE LA CAÍDA
CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO
TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):
REPERCUSIONES ANÍMICAS DE LA LEY DE LA CAÍDA (1:04:46)
NÚMERO DE CONFERENCIA:036
FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR
CALIDAD DE AUDICIÓN:REGULAR
DURACIÓN:1:04:46
CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN
FECHA DE GRABACIÓN:1971/??/??
LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA
CONTEXTO:TERCERA CÁMARA
FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com
Hablemos algo sobre la gravedad de los mundos. Incuestionablemente, todo planeta y todo sol tienen su punto matemático de estabilidad. Quiero referirme en forma enfática al centro gravitacional, al núcleo de cada mundo, de cada estrella. En lo que hace a este nuestro planeta Tierra, es obvio que no es una excepción. Su centro de estabilidad se encuentra en el corazón de la Tierra, en el centro mismo de este organismo planetario. Mirada la ley de la gravedad desde diversos ángulos, descubrimos su aspecto exotérico o público y también su [aspecto] esotérico o secreto. Cualquier planeta del espacio, cualquier sol necesita forzosamente de un centro de estabilidad; así pues, el núcleo de nuestro planeta Tierra es aquel punto matemático donde vienen a confluir muchas fuerzas cósmicas universales. Si nuestro planeta –y los planetas–, si nuestro sol –y los soles– no tuvieran un centro de estabilidad, obviamente, tampoco podría existir la gravitación universal, entonces la existencia del cosmos resultaría imposible. Si nuestra Tierra y las demás «Tierras» del espacio, si nuestro sol y todos los soles del infinito no tuvieran ese centro de estabilidad, no poseyeran tal núcleo gravitacional, es incuestionable que el mal crecería en forma exorbitante ad infinitum; no podría ponérsele dique a la perversidad; sería esta tan ilimitada como el infinito mismo.
Mas, gracias al centro gravitacional, gracias al centro de estabilidad planetaria, existe el límite para el mal. De esto deben ustedes inferir con claridad meridiana que existe la ley de la caída universal. Todos los cuerpos, desde el punto de vista exotérico, caen hacia el centro de la Tierra de acuerdo con la fuerza de la gravedad; eso lo sabe cualquier físico, ¿verdad? Pero lo que no saben los físicos es que todos los Egos, todos los Yoes, toda esta humanidad involuciona, se precipita hacia el centro de gravedad de la Tierra de acuerdo con la misma fuerza; eso es lo que ignoran. Si no fuera por ese centro de estabilidad, nuestro universo no podría tener verdadero equilibrio cósmico.
Ya saben ustedes que se nos asignan siempre ciento ocho existencias. Es claro que si durante esas ciento ocho vidas no nos autorrealizamos, entonces nos precipitamos hacia el centro de gravedad de la Tierra, de acuerdo, con esa gran ley que se llama “de la caída”. Descendemos involucionando hacia el centro de estabilidad, nos precipitamos dentro del interior de la Tierra hasta llegar al núcleo gravitacional. Es en tal núcleo donde se viene a restablecer la prístina pureza de la Esencia; es en tal núcleo donde viene a establecerse dentro de nosotros el equilibrio auténtico; es en tal centro de estabilidad donde pasamos por la Muerte Segunda, donde nos reducimos a polvareda cósmica, donde exhalamos el postrer aliento.
Así pues, en ese núcleo se balancean las fuerzas evolutivas e involutivas. De acuerdo con la ley de la caída, nos precipitamos involucionando hasta llegar a ese centro de estabilidad, a ese núcleo terrestre, y luego, después de la Muerte Segunda, la Esencia ingresa en una nueva evolución, asciende, sale a la superficie, a la luz del sol, para recomenzar la jornada, para reiniciar una nueva marcha evolutiva que ha de comenzar rigurosamente desde la dura piedra.
Empero el sitio donde confluyen esas fuerzas de involución y evolución, el centro de estabilidad, el punto matemático está precisamente ahí, en el corazón de la Tierra. Dícese que es de una extrema densidad, y así es. De manera que esa ley gravitacional de los mundos tiene por basamento el centro de estabilidad. Basados, precisamente, en esa ciencia de la gravitación universal, muchos navegantes del espacio pudieron propulsar sus naves. Inconscientemente, estos terrícolas que lanzan cohetes a la Luna están usando la fuerza esa del centro de estabilidad de los mundos. La Luna atrae a tales cohetes, los propulsa y ellos giran alrededor de ese satélite. De regreso, tales cohetes son atraídos después por la fuerza de gravedad de la Tierra, llegando a grandes velocidades y, por último, descienden atraídos por tal fuerza sobre la epidermis de este planeta.
Obviamente, los navegantes del espacio estudiaron a fondo la ley de la caída. Ellos también saben utilizar esa fuerza maravillosa de atracción de los mundos. Cuando quieren descender en cualquier planeta, irradian sus naves una sustancia cósmica especial que les permite claramente aislarse de la
atmósfera donde están bajando, desgravitar su nave para descender suavemente sobre el planeta que están visitando. Si no irradiaran esa substancia, sería
imposible eliminar tal atmósfera y aislarse, aunque fuese por un momento, de la fuerza de atracción; entonces caerían sobre la tierra fulminados, morirían. Pero ellos desgravitan sus naves mediante una fuerza eléctrica, que es sutil, y esta les permite bajar suavemente, descender.
Grandes Maestros trabajaron y siguen trabajando en esas naves cósmicas, naves que viajan a través del espacio. Muchas de ellas –como les he dicho–, la mayoría, utilizan la fuerza gravitacional de los mundos. Desde el punto de vista esotérico, resulta extraordinario que tengamos que comportarnos exactamente de acuerdo con la ley de la caída. Obviamente, si nosotros no nos libertamos de esta trágica rueda del Samsara, tendremos que caer hasta el núcleo exacto del planeta Tierra, hasta su centro de estabilidad, involucionando lamentablemente.
Allí nos volveremos polvo y eso es obvio. Entender esto es importante, pero para entenderlo se necesita autoexplorarnos a sí mismos, porque nuestra Tierra es una verdadera «torre de Babel» donde ya nadie entiende a nadie.
Debemos saber que existe en nosotros dos formas de cerebración. Una, la podríamos denominar cerebración por el razonamiento, por las ideas etc.; la otra, bien podemos denominaria cerebración por la forma. Al cerebrizar por el razonamiento, subconscientemente estamos cerebrizando también, en forma simultánea, con la forma. En otros términos, cada cual está interpretando a su manera, dándole la figuración que quiere. Cada cual figura la doctrina de acuerdo con sus costumbres, idiosincrasia psicológica, etc. Mucho de lo que nosotros estamos escribiendo en nuestros libros, por ejemplo, podría tener un contenido íntimo muy diferente en otros países europeos o africanos, porque ahí hay otras razas con otras costumbres, otras herencias, otros ambientes, y aunque la doctrina pueda ser expuesta con claridad, el contenido de ella viene a resultar un poco diferente entre gentes de otras razas. Creo que ustedes ya van entendiendo lo que es el continente y lo que es el contenido; lo que es la cerebración por el razonamiento y lo que es la cerebración por la forma. Podemos cerebrizar razonando inteligentemente y también podemos, simultáneamente, darle la figuración que deseamos a la doctrina, y cada cual se la da a su modo particularmente, de acuerdo con su propia idiosincrasia de tipo psicológico. Hay que tener en cuenta estos factores para poder ponernos de acuerdo.
Quiero invitarles a todos a cerebrizar de una forma correcta el análisis y en forma igual, guardando rigurosas concomitancias para con la forma, para poder captar realmente a fondo el contenido íntimo de lo que estamos diciendo. Es decir, que podamos ponernos de acuerdo, porque saber hablar es una cosa, pero saber escuchar es más difícil que saber hablar. Yo puedo estar hablando, pero lo que no puedo es estar seguro es de que ustedes estén sabiendo escuchar. Y es necesario que ustedes sepan escuchar, que puedan cerebrizar inteligentemente los conceptos que estoy emitiendo, pero que también puedan figurarlos tal como son con exactitud, porque la figuración resulta un poco diferente en cada uno de los que están escuchando. Cada cual puede figurarse lo que estoy diciendo a su modo, de acuerdo con su idiosincrasia, de acuerdo con su herencia, con sus ideas y linaje, etc.
Es claro, mis caros hermanos, que toda ley de la naturaleza tiene doble aspecto. Por eso dicen los antiguos que todo lo que se hace en la vida es como una
vara de dos puntas, todo se manifiesta de acuerdo con la dualidad. Nunca podemos hacer el bien sin hacer el mal, desgraciadamente, porque esa es la ley de la dualidad. Si ganamos amigos, crecerán nuestros enemigos; eso es obvio. Nosotros estamos enseñando la doctrina de la autorrealización. Pero las gentes, la mayoría de las que pertenecen, por ejemplo, al brahmanismo, a otras sectas, pues se sienten afectadas, y si nuestro movimiento toma gran fuerza, nos calificarán de perversos. Perderán ellos gentes y eso no nos lo perdonarán; podrán algunas sectas quedarse sin gente.
Lamentable, pero ¡ni modo! Es que toda vara tiene dos puntas, eso es obvio. Adquirir el verdadero estado de hombre auténtico resulta ciertamente un poco difícil, mas no imposible. Aquí vemos, alumbrándonos, el azul del Padre, el rojo del Hijo, el amarillo del Espíritu Santo. Sin embargo, tanto el Padre como el Hijo como el Espíritu Santo no son sino tres desdoblamientos del omnimisericordioso y omnipresente Sol Absoluto.
Cuanto más cerca estemos al omnimisericordioso Sol Absoluto, más fácilmente podremos lograr la autorrealización íntima, porque son las emanaciones del Sol Absoluto, mis caros hermanos, las que vienen, precisamente, a vivificar la semilla que llevamos en nuestras glándulas sexuales a fin de que puedan brotar de ellas cada uno de nuestros cuerpos internos: el astral, el mental, el causal.
Desafortunadamente, la mayoría, los millones, los que se han hundido en los mundos tenebrosos, se han alejado demasiado del Sol Absoluto y ya las emanaciones no les llegan. Si les llegan, son demasiado débiles, sin fuerza ya para vivificar sus Cuerpos Existenciales Superiores del Ser o, mejor dicho, la semilla que ha de originar los Cuerpos Existenciales del Ser. ¿Por qué se han alejado las gentes del Sol Absoluto? Sencillamente porque se han desviado por el camino del mal, por el camino de la Magia Negra.
Así es como uno se aleja del resplandeciente Sol Absoluto. Y esto es algo que todos ustedes deben de comprender: amar cada vez más al resplandeciente Sol Absoluto, adorarlo, rendirle culto. Cuanto más cerca esté el brillante Sol, tanto mejor para nosotros; sus emanaciones nos beneficiarán y, al fin, será la semilla vivificada para que broten los cuerpos internos.
Bueno es saber, como les decía anoche, que en otros tiempos la doctrina se dividía en dos secciones : la meramente teórica, totalmente apartada de los conocimientos esotéricos mágicos relacionados con la Novena Esfera, y la Novena Esfera en sí, la doctrina tántrica. Por ejemplo, en el Egipto secreto de los faraones, yo estuve, y me acuerdo perfectamente, mis caros hermanos, cuánto sufrí. Allí recapitulé los misterios, repasé los grados menores y cuando ya estuve preparado, de labio a oído, me entregó el gurú el secreto indecible del Gran Arcano. De manera que nada se divulgaba públicamente. A mí mismo me consta que algunos que violaron ese secreto fueron llevados a un patio empedrado, ante un muro lleno de extraños jeroglíficos. Los decapitaron, su corazón se lo arrancaron, sus cuerpos fueron cremados y las cenizas arrojadas a los cuatro vientos, ¡verídico! ¡Cuán delicado era esto del tantrismo! El secreto, era inviolable.
Entonces, tanto el aspecto teórico como este aspecto tántrico son dos partes del mismo Okidanokh, omnipresente, omnipenetrante. Hoy, hay que darlas ambas juntas, en forma íntegra, para iniciar la Nueva Era del Acuario. Hay ciento ocho existencias, y árbol que no da fruto es cortado y echado al fuego. No es nada agradable, mis caros hermanos, ingresar en los Mundos Infiernos. La primera zona bajo la epidermis de la tierra es muy semejante a la vida aquí, sobre la superficie. En esa primera zona, tenemos gentes vestidas al estilo de aquí, comerciantes, mercados, cabarés, cafés, las gentes vestidas en una forma igual. En la segunda zona ya se ven magos negros con sus túnicas rojas, negras; magas negras vestidas con sus vestiduras con dragones atravesados, sus turbantes rojos; templos de magia negra, etc.; príncipes de las tinieblas, es decir, grandes señores como Bael, Baal, todos ellos. En la tercera zona crece la maldad, se ven cosas horribles. Por ahí, en la cuarta o quinta zona ya ve uno a los seres antihumanos convertidos en bestias, caballos con cuernos como el unicornio, en perros gigantescos con cuernos, figuras animalescas de toda índole. Han entrado en estado de involución animal. Después, de la quinta zona en adelante comienza uno a ver ya a los que fueron humanos aquí –o por lo menos humanoides– convertidos en algo semejante a las plantas. Parecen sombras que atraviesan los muros de esas mansiones de la Logia Negra, sombras que se deslizan como ramas, etc. Se está recapitulando el proceso vegetal. Luego ya, en el núcleo vivo de la Tierra, en todo el centro del planeta Tierra, podemos percibir a los perdidos convertidos en piedra. Una vez permanecí yo en el interior de nuestro organismo planetario investigando durante horas enteras, moviéndome en astral por ese núcleo vivo del planeta Tierra. Aquello fue espantoso, una atmósfera pesada. Allí, algunas brujas del Averno pasaron cerca de mí, entraron a una horrible cocina para preparar sus pócimas, todavía en esas regiones preocupadas por hacer el mal. Se me ocurrió entrar en el cuartucho de mal agüero que por allí hallé y vi sobre un lecho de placer a una prostituta que se desintegraba lentamente, poco a poco: fornicaba, cohabitaba con cuanta larva pasara por esos lugares, y se iba derritiendo –háganse cuenta ustedes– como una veladora, lentamente, perdiendo de ella manos, brazos y pies poco a poco. De pronto, vi una piedra con una especie como de cabeza que se movía. Algo dije y aquella cabeza se limitó a repetir lo que yo dije; dije otra cosa y repitió la cabeza, y todo aquello que dijera, tal cabeza lo repetía. Era alguien que había sido un terrible mago negro y ahora ya estaba fosilizado, en proceso de desintegración. Duré horas enteras en aquellas regiones, investigando. Se van volviendo polvo los perdidos, y sufren horrorosamente porque el tiempo es exageradamente largo. Allí, los minutos parecen siglos, tiempo de roca insoportable. Muchos piden la muerte, y ella demora en llegar. Dichosos los que allí mueren, porque al fin salen a la luz del sol. Pero los que no mueren todavía, los que tienen que aguardar, suplican por la muerte, la ruegan, ahí está su dolor.
Sin embargo, al fin mueren también. Todos, absolutamente todos los perdidos , los vemos en un proceso de deterioro, de tipo involutivo, de región en región a través de los nueve círculos hasta llegar, por último, a la ciudad de Dite, como se le dice simbólicamente en La Divina Comedia, es decir, hasta el núcleo mismo de la Tierra, hasta su centro de estabilidad. Van descendiendo de acuerdo con la ley de la gravedad de los mundos, de acuerdo con la ley de la caída. Y si uno observa cuidadosamente ese centro de estabilidad, ve como confluyen allí todas las fuerzas cósmicas, porque dentro de ese mismo núcleo, en cierta zona atómica superior, se encuentra ya uno a los Devas que lo aguardan. Cuando alguien ha pasado por la Muerte Segunda, cuando la Esencia se ha libertado, cuando el Ego ha sido vuelto polvo, entonces tal Esencia es examinada por los Devas y si ellos realmente la ven pura, tal Esencia sale por esas puertas atómicas hasta la luz del sol, hacia la superficie. Es decir, allí se conjugan, en ese centro de estabilidad, las cosas de tipo involutivo y las del Espíritu. Allí se logra la Muerte Segunda que nos da el acceso hacia una nueva evolución, allí se consigue la prístina pureza. Sería el máximum del descenso y, precisamente ahí, en ese punto máximo, se reinicia la evolución.
Vean ustedes, pues, lo importante que es la ley de la gravedad. No solamente incluye la gravitación de los soles alrededor de sus centros, es algo más: procesos de involución y evolución de la vida. Desde un punto de vista puramente mecánico, vemos a la ley de la caída en acción en todo el cosmos. Los mundos quieren caer en un sol, y los soles quieren caer en otro sol. Tiene esa fuerza la caída mutua: giran todos alrededor de su centro de gravitación.
Por mucho que nosotros descendamos, no podremos descender más allá del centro de estabilidad planetaria en que vivimos. Si no existiera tal ley, no existiría la ley de la caída; entonces, el mal, el Ego, el Yo, el Mí Mismo, el Sí Mismo se fortificaría infinitamente, y la Esencia quedaría enfrascada entre el Ego, entre el Yo por toda la eternidad sin posibilidad alguna de liberarse. Porque querer ponerle leyes evolutivas al Ego, acomodar el Ego a las leyes de la evolución, hacer que tal Ego siga en forma de perfecciones hasta llegar a la divinidad es totalmente absurdo. Ignoran, de hecho, el Arcano 10 de la Kábala y, dijera también, la ley de la caída y la gravedad de los mundos; que valdría eso a querer crear un universo sin la ley de la gravedad o a pensar que podría existir un cosmos sin gravitación, cosa absurda de verdad. Solo han de mirar estas facetas en forma clara. Hemos explicado esto a ustedes desde un punto de vista doctrinario, filosófico y místico. Hoy se los estoy explicando desde el punto de vista de la ley de la caída, desde el punto de vista gravitacional para que de esta forma lo entiendan mejor. No me explico cómo hombres como Papus, Blavatsky, Franz Hartmann, Eliphas Levi, pudieron haber quedado tan embotellados en el dogma de la evolución, cómo cerraron los ojos ante la ley de la caída, cómo fue posible que no hubieran comprendido la gravedad de los mundos, la gravitación universal, cómo fue posible que Mr. Darwin se los echara a la bolsa. Es increíble, pero cierto.
Ha llegado pues la hora de entender a fondo todo esto. Ha llegado la hora de comprender la necesidad de la autorrealización, porque de lo contrario, poco a poco, iremos descendiendo de esfera en esfera hasta llegar al núcleo planetario, el centro de gravedad de nuestro planeta, su centro de estabilidad. Negar esto es negar la ley de la gravitación universal, echar abajo a Newton, formar una dicotomía dogmática: eso es la evolución de Darwin hasta llegar al infinito, cosa absurda. Los invito, pues, a la reflexión.
Ciento ocho existencias es poco, y aquí muchos ya han llegado a la ciento ocho; otros están por llegar. Es necesario entender todo esto. Orientarnos verdaderamente hacia el Sol Absoluto, hacia el Omnimisericordioso, hacia el Omnipresente, hacia a lo Omnipotente, porque solo él, con sus emanaciones, podrá verdaderamente intentar vivificar esa semilla simiente de la cual han de nacer los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.
Él se desdobla, claro está, en el Padre. El Padre se desdobla en el Hijo, el Hijo se desdobla en el Espíritu Santo y el Espíritu Santo, a su vez, se desdobla en la Divina Madre Kundalini que, enroscada tres veces y media, aguarda en el Muladhara la hora de ser despertada. No podrá despertar sino mediante la
fuerza del Tercer Logos, la fuerza sexual. Hay que entenderlo. Si no entendemos eso, tampoco podremos entender el sacramento del Bautismo. Recuerden ustedes que a Rama lo bautizaron en el Ganges, pero antes de ser bautizado por el gurú se le dio primero las explicaciones sobre «la ciencia de la potencia y de la ultra potencia»; es decir, se le enseñó el Sahaja Maithuna, se le enseñó a manejar el Hidrógeno Sexual Si-12, se le enseñó las escalas de los Hidrógenos. Solo después de haber recibido esa información, se comprometió a trabajar en la Forja de los Cíclopes, a transmutar el agua en vino. Por eso, después de tal compromiso, se le bautizó. El bautismo fue el sello que hizo, el juramento; entró en el Ganges, y ahí juntó sus manos y el gurú le echó el agua. Fue bautizado lo mismo que Jesús en el Jordán.
El Bautismo, mis caros hermanos, simboliza la transmutación de las aguas de vida en el vino del Espíritu, en el vino de luz de la Alquimia; dijéramos, un compromiso que uno hace con la Divinidad mediante el sacramento. Se compromete uno, rigurosamente, a trabajar en la Novena Esfera para lograr la autorrealización. Ese es el Bautismo bien entendido. Hoy se ha perdido el sentido del Bautismo, desgraciadamente.
A Jesús lo acusaban los gnósticos «bautistas» de haber deformado el Bautismo de Juan. Tal acusación era falsa porque Jesús nunca deformó el Bautismo.
Tampoco fue que lo aprendiera de Juan; lo trajo de la India. Como les dije, Rama fue bautizado, todo Iniciado antiguo fue bautizado. Jesús lo enseñó: instruía a sus discípulos enseñándoles los misterios del sexo y luego les bautizaba. Vean ustedes como se ha perdido el sentido del Bautismo. Hoy ya no saben las gentes qué cosa es el Bautismo ni qué significa. El estudio de las religiones comparadas suele ser muy útil. Interesante resulta que el Bautismo de Juan y el de Rama fueran tan semejantes. Jesús, en sí mismo, era un budista; muchas de las enseñanzas dadas por el Nazareno tienen sabor budista. Si uno estudia cuidadosamente el catecismo del Buddha y luego lee el Evangelio del Cristo, puede notar perfectamente que Jesús en el fondo era todo un budista, y así le llamaban: «Jeú», le decían, que es el mercurio, Buddha. Solo que como lo odiaban los fariseos, decían: es un falso «Jeú» que viene a destruir nuestra religión ortodoxa; es decir, que levantaron las acusaciones más espantosas. Pero todo el Evangelio de Jesús es completamente alquimista y cabalista. Tiene también en sus palabras el sabor de los caldeos y de los fenícios y persas. En sus matemáticas, en sus profecías, existe la sabiduría pitagórica.
El viajó por diversos lugares del , mundo, a eso se debe la perfección de sus palabras. El trabajó también en la Novena Esfera en la tierra sagrada de Egipto. Así pues, hermanos, es necesario reflexionar un poco, evitarnos la caída. No les deseo a ustedes el descenso hasta el centro de estabilidad del planeta Tierra. No se lo deseo porque en esas regiones del interior de mundo se sufre demasiado. No es, pues, eso nada deseable. Bien, ahora me limitaré después de esta plática a escuchar preguntas y responderlas. Habla hermano …
Discípulo. ¿Por qué es el punto de estabilidad el centro de gravedad sin el cual no existiría la armonía cósmica, y qué relación tiene con los humanoides encontrados?
Maestro. Exactamente, tú lo has dicho, da el equilibrio a los humanoides. Allí se establece el completo equilibrio entre las fuerzas de la involución y de la evolución, el equilibrio del bien y del mal, el equilibrio del descenso y del ascenso. Así como el núcleo es el que da equilibrio a todo el cosmos, porque alrededor del núcleo de nuestro planeta Tierra gira la Luna –y gira también la otra luna, la luna negra o Lilith, que está más aliá de la luna bianca–, así también, alrededor, por dentro del centro gravitacional, del centro de estabilidad del Sol, giran los planetas del sistema solar, se mantiene el equilíbrio del cosmos. De la misma forma, internamente, se mantiene el equilibrio de la psiquis colectiva. Porque si no fuera por eso, no existiría equilíbrio, el Ego continuaría existiendo, se robustecería cada vez más en forma ilimitada y la Esencia, embotellada entre el Ego, no podría escapar nunca jamás.
Afortunadamente, existe el equilibrio y los Yoes se precipitan, de acuerdo con la ley de la caída, hacia ese punto equilibrante, hacia ese centro de estabilidad donde se desintegran. Entonces, al desintegrarse, se establece el equilibrio en la Esencia, recobra esta su prístina pureza original. Una vez que ha recobrado su prístina pureza original, reinicia una nueva evolución, pues es allí donde se llega al máximum de descenso y es allí donde se inicia también el ascenso. Es allí donde se establece el perfecto equilibrio entre el descenso y el ascenso; es allí donde se establece el equilibrio completo en cada esencia. Vean ustedes las dos caras de esa gran ley de Newton, de la ley de la gravedad; vean los dos aspectos: el exotérico o público y el esotérico o secreto. Es lamentable, fastidioso, que esos rosacrucistas, esos acuarianistas, etc., no hayan visto esto, el aspecto esotérico o secreto de la ley de la gravedad. ¿Hay alguna otra pregunta, hermanos?
D. Sí Maestro. Para los que han viajado a otros planetas, si llegan a morir y ya se cumplieron sus ciento ocho vidas, si llegan a morir; por ejemplo, en la Luna ¿a dónde se van?
M. Pues son atraídos sistemáticamente al centro de gravedad de la Tierra debido a la ley del caos; y no les queda más remedio: vencido su tiempo, tienen que precipitarse hacia el centro de gravedad de acuerdo con la ley de la caída. Vean ustedes que hasta la caída tiene final, ¡hasta la caída! Todo el universo marcha de acuerdo con la ley del número, medida y peso. ¿Hay alguna otra pregunta?
D. Maestro, hay algunos pensadores o escritores pseudofilósofos que establecen una ley del equilibrio no precisamente en el centro del núcleo de la Tierra, sino aquí mismo. De acuerdo con esto, piensan que para que exista ese equilibrio debe haber cierta cantidad de bien y cierta cantidad de mal. ¿Qué nos dice usted Maestro?
M. Esos son utopistas. Sin embargo, nosotros, en cambio, nos estamos apoyando en la ley de la gravedad y eso está demostrado. Lo de ellos no está demostrado, es una utopía. Eso es todo.
D. Se habla del fuego central de la Tierra, del núcleo central de la Tierra donde hay el fuego. ¿Cómo podemos conciliar una cosa con la otra, o hay fuego o es extremadamente denso?
M. Dentro del interior del organismo planetario hay fuego y hay agua, y no precisamente en el núcleo central existe puro fuego líquido como suponen muchos, no. En el núcleo central, lo que hay es un material mineral extremadamente pesado, pero esto no significa que dentro del interior de la Tierra no corran los ríos de fuego líquido. Sí, lo hay; también hay agua, zonas terriblemente acuáticas, ríos, mares interiores; hay de todo. Pero el núcleo, en sí mismo, es de una extrema dureza, de una materialidad terrible, espantosa, desde un punto de vista rigurosamente físico. Y si no fuera así, entonces, ¿en qué se basaría el centro de gravedad? Allí es donde ya se mineraliza completamente toda criatura que ha llegado al máximo de la caída, allí es donde todo se desintegra. ¿Alguna otra pregunta, hermanos?
D. ¿Todo eso quiere decir que, por ejemplo, un discípulo exaltado como Judas lscariote que está trabajando en los Mundos lnfiernos, él puede trabajar inclusive en la parte más densa, en el núcleo más denso de la Tierra?
M. Él puede descender por todas las dimensiones hasta el mismo núcleo de la Tierra, y puede ascender, y trabaja y lucha por los demás, porque cuando una ley inferior es trascendida por una ley superior, la ley superior lava a la ley inferior. Él trasciende la inferior por medio de una ley superior. Él no está dentro de la ley de la caída, ha trascendido esa ley y ayuda a los que están perdidos. Dondequiera que ve alguien que manifieste algún anhelo por la luz, allí está Judas luchando, preparándolo para poderlo sacar. De cuando en cuando, logra sacar a alguien. Judas no es como se piensa, un traidor. El discípulo del Maestro, Judas Iscariote, hizo un papel nada más, representó un papel dentro de un drama, un drama cósmico. Cada uno de los doce discípulos representó un papel diferente. El papel fue preparado con anticipación. Jesús preparó a cada uno de los doce para representar el drama. Judas no quería representar ese papel; pidió se le dejara representar el papel de Pedro, pero Jesús ya lo había escogido para el papel de Judas. Y hoy es el más despreciado de los apóstoles; nadie ha comprendido su sacrificio. Todo el mundo considera que Judas es un traidor que vendió a Jesús por treinta monedas de plata y, claro, eso está también en el subconsciente; que, aunque escuchen la doctrina, la explicación que estamos dando, sin embargo, la resistencia permanece. Pero esa resistencia –repito– se debe al tiempo, ha sido dada por el Redentor. Pero deben corregir mediante la meditación.
D. Pero Pedro también traicionó a Jesús negándole tres veces, ¿no es así Maestro?
M. Todo eso es simbólico. Pedro cumple otra misión. El Evangelio de Pedro es el del sexo. ¿Quién no niega al Cristo tres veces? ¿Quién no? Hasta altos Iniciados se caen, es decir, fornican, niegan al Cristo íntimo. Eso es la negación de Pedro. «Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces», dijo Jesús. El gallo es el Verbo, la Palabra, el IAO, GAIO, IAO, AIO o IAO. Decía: «Antes que el Verbo resuene en vosotros, me negarás tres veces». Sí, el ser humano niega al Cristo íntimo cuando fornica, cuando se deja caer sexualmente. Hay que saberlo entender. La doctrina de Pedro es la del sexo, y la doctrina de Juan, directamente IEOUA, es el Verbo, la Palabra. Por eso Pedro dice : «Bueno, y este qué?», refiriéndose a Juan. Contesta Jesús: «Y si quiero que él permanezca aquí hasta que yo vuelva, ¿qué?». Sí, el Verbo aguarda en el fondo del arca el instante de ser realizado. Cada uno de los doce tiene su doctrina y eso hay que saberlo entender. Sin Judas, por ejemplo, no hay drama. Judas es importante: es el Ego, el Yo que hay que disolver. ¿Cómo va a haber el drama si no disolvemos el Ego? Podría existir en forma simbólica, pero ¿cómo lo realizaríamos de verdad si no nos resolviéramos a morir de momento en momento, de instante en instante? Se nos ha entregado la doctrina, pero hay que comprenderla. Necesitamos verdaderamente cristificarnos, o de lo contrario, de acuerdo con la ley de la caída, nos tocará bajar precipitadamente hacia el centro de estabilidad de la Tierra para reducirnos allí a polvareda cósmica. Ustedes resolverán. Repito, yo no dejo de lamentar que no se hubiera enseñado antes todo esto, y es que la humanidad permaneció durante mucho tiempo embotellada en el dogma de la evolución, un dogma utópico, sin bases, sin fundamentos de ninguna especie. ¿Hay alguna otra pregunta?
D. ¿Cómo se concilia el hecho de que siendo el centro de gravedad la parte más densa, más material de la Tierra, que esté allí precisamente, el Santo Ocho y allí resida el Regente de la Tierra?
M. Ese es el centro de estabilidad, el centro de equilibrio de todo. Allí, los Egos se vuelven polvo para que la Esencia se libere. Allí, las fuerzas de la involución y la evolución se balancean, se equilibran. Por tanto, es allí donde tiene que estar el Santo Ocho: cerebro, corazón y sexo del Genio de la Tierra; es el punto equilibrante de nuestro mundo. Allí, la Esencia tiene por eso su completo equilibrio; allí está el fin del Ego mediante la Muerte Segunda. Es el centro más importante de nuestro planeta, el «gran equilibrador» . Es allí donde se viene a conjugar maravillosamente la luz y las tinieblas, la involución y la evolución. ¿Entendido? Habla, hermano.
D. Cuando se dio el intelectualismo moderno, ¿no se logró cierto avance, Maestro?
M. Pues el intelectualismo moderno es una deformación de la realidad, un producto del deterioro de la mente, porque estos bípedos tricerebrados de tipo intelectivo están demasiado alejados de las emanaciones del Sol Absoluto.
Es claro que en el ser humano hay dos aspectos subconscientes definidos: uno que podríamos decir está formado por las impresiones mecánicas de la naturaleza y por aquellas ideas, palabras huecas que escuchen aquí, allá y acullá. El otro está formado por el Ego, por la raza, por la herencia, por el intelecto, etc. Esos dos aspectos del subconsciente son lamentables. El intelectual moderno, desprovisto de espiritualidad, es una máquina más; una máquina con esos dos aspectos: el exotérico o exterior, totalmente mecanicista, formado por impresiones externas, y el interior, formado por su intelecto y sus herencias, su herencia de familia, y sus defectos y errores dentro del subconsciente.
De manera que el intelectualismo moderno, en el fondo, es subconsciente, por lo tanto, no sirve. Lo real está más allá del vano intelectualismo moderno, hay que buscarlo en la Conciencia despierta. Pero despertar la conciencia es vital para descubrir los defectos. Entonces pasamos más allá del simple intelecto. Eso es todo. ¿Alguna otra pregunta? Ninguno se quede con dudas.
D. Este intelectualismo, entonces ¿se basa en la magia negra?
M. Pues sí, obviamente.
D. Y ese intelectualismo, ¿tiene alguna representación?
M. Pues sí, representa a Mammón. Mammón tiene dos aspectos: el intelecto y el dinero. De manera que ellos representan a Mammón. Ya el Cristo dijo: «No puedes estar con Dios y Mammón al mismo tiempo». Exactamente a Mammón representa ese intelectualismo y ese afán de riquezas que vemos en esta época decadente en la que nos encontramos. Las gentes que rinden culto a Mammón no quieren reconocer los defectos psicológicos porque ellos son los defectos mismos. El Ego se cree perfecto; son vivos representantes de Mammón, por lo tanto, son magos negros, están lejos de la Gran Realidad. Se han alejado tanto de las emanaciones del Sol Absoluto debido a sus desviaciónes. Por tal motivo, las emanaciones ya no tienen poder para vivificar esa semilla de por sí degenerada; motivo por el cual en ellos ya no nacen los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Van, pues, en camino de descenso hacia el centro de estabilidad del planeta Tierra, marchan de acuerdo con la ley de la caída; esos son los secuaces –repito– de Mammón. ¿Hay alguna otra pregunta hermanos? Bien, entonces vamos a entrar en nuestra práctica de meditación. >FA<