Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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033 LA NECESIDAD DE UNA TERCERA CÁMARA

CONFERENCIA INEXISTENTE EN LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL 5º EVANGELIO

TÍTULO EN LA 2ª EDICIÓN DEL QUINTO EVANGELIO DE A.G.E.A.C. (2019):

BONDADES Y MARAVILLAS DEL SILENCIO MENTAL (1:07:32)

TÍTULO ORIGINAL: SOBRE LA TERCERA CÁMARA

NÚMERO DE CONFERENCIA:033 (HASTA LA 5ª EDICIÓN: 289)

FUENTE EN AUDIO:DESCARGAR

CALIDAD DE AUDICIÓN:BUENA

DURACIÓN:1:18:36

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:AUDIO AJUSTA TOTALMENTE A LA TRANSCRIPCIÓN

FECHA DE GRABACIÓN:1971/??/??

LUGAR DE GRABACIÓN:CIUDAD DE MÉXICO

CONTEXTO:MENSAJE DIRIGIDO A UN COLECTIVO CONCRETO

FUENTE DEL TEXTO:EQUIPO DE www.gnosis2002.com

>IA< Vamos a oír una conferencia con el objeto de hacerles llegar, la necesidad –mejor dicho de hacerles comprender la necesidad– de formar una tercera cámara entre todos ustedes. Con este propósito el maestro Samael se dirige a ustedes. Con ustedes el maestro Samael.

Hermanos gnósticos salvadoreños, hoy vamos a hablar sobre la Tercera Cámara.

Si se estudia cuidadosamente el Manifiesto Gnóstico impreso en Colombia, puede observarse claramente que allí citamos esta consabida Tercera Cámara.

Entremos, pues, mis caros hermanos, en materia.

Reunidos en la sala de meditación, debemos ante todo estudiar profundamente el tema que nos interesa: el de la concentración, el Dhyani, lo que es el Samadhi, etc., etc. etc.

Pensemos por un instante que ya estamos aquí, todos reunidos, en Tercera Cámara. Voy a desarrollar el temario y luego vamos a la práctica mis caros hermanos.

¿Qué es la mente? Obviamente tenemos realmente muchas mentes, porque tenemos muchos Yoes. Ya saben ustedes que los Yoes personifican a nuestros defectos de tipo psicológico. Cada uno de esos Yoes-demonios tiene su propia mente. Así pues, cuando se habla de una mente, no se está hablando con entera claridad; mejor es pensar en las muchas mentes y así la compresión se hace más evidente.

Ciertamente, cada uno de nosotros parece un barco cargado de mucha tripulación, de muchos pasajeros. Cada uno de esos Yoes es un pasajero. Y cada pasajero tiene su propio criterio, su propia mente, sus propias ideas, sus propios conceptos, etc., etc., etc. Cuando cualquiera de esos Yoes, por ejemplo, se entusiasma por la gnosis, jura lealtad; desafortunadamente, mucho más tarde, es desplazado por otro Yo que no le interesa la gnosis, y entonces, como es natural, el sujeto se retira de nuestro Movimiento.

Cuando uno de esos Yoes jura amor eterno a una mujer, parece como si todo marchara bien. Pero más tarde, sucede que otro Yo desplaza al que juró, y a ese nuevo no le interesa absolutamente tal juramento; entonces se retira de la pobre mujer y esta queda, naturalmente, defraudada.

Así pues, mis caros hermanos, comprendiendo que la mente es múltiple porque tenemos muchas mentes, ahondemos un poco más en esta cuestión.

¿Qué es lo que necesitamos realmente para poder llegar a experimentar lo real, la verdad, a través del éxtasis, del Samadhi? ¿Cómo llegar a tal estado de arrobamiento místico trascendental? Eso es muy interesante, mis caros hermanos, muy interesante. Reflexionen, por favor, reflexionen.

Se trata, ante todo, de conseguir la quietud y el silencio de la mente. Solo así se puede llegar al éxtasis, al Samadhi. Empero ¿cómo podríamos llegar a tal quietud, a tal silencio? Dentro de nosotros mismos tenemos múltiples Yoes que viven disputándose la supremacía. En estas condiciones, obviamente, se hace difícil conseguir ese silencio y esa quietud, pues los Yoes pendencieros y gritones realmente no lo permiten.

Entonces, ¿qué hacer? Pues se necesita, mis caros hermanos, primero que todo colocarse en una postura cómoda. Entiendo que en el lumisial, en sala de meditación, conviene estar sentados, sí, pero con el cuerpo relajado; ningún músculo debe hallarse en tensión. En la casa es diferente: allí puede uno acostarse en su cama con la estrella flamígera -posición de cinco puntas, es decir, piernas y brazos abiertos-, cuerpo relajado y entrar en meditación; o posición de hombre muerto, la famosa «savasana» oriental, la postura de un cadáver: los talones juntos, los brazos a lo largo de los costados, el cuerpo completamente relajado, etc. Pero - repito- en el lumisial, en sala de meditación, debemos estar sentados, obviamente, sí, pero con el cuerpo relajado. Entendido esto, mis caros hermanos, entonces entramos en la técnica propiamente dicha de la meditación. Cerremos los ojos. Conviene que los tengamos cerrados para que las sensaciones del mundo exterior, las percepciones, en fin, todos los objetos del mundo físico, las personas, las cosas, no nos distraigan. Ahora conviene poner atención, tener la mente quieta, en silencio por dentro y por fuera. Repito: esto solamente es posible estando atento a lo que estamos haciendo, ¿verdad?, porque si ustedes no están atentos, ¿cómo van a tener la mente quieta y en silencio? Les viene un pensamiento, les viene otro, un deseo, cualquier cosa de esas, y ya la mente no está quieta ni en silencio. Desafortunadamente, hermanos, no es tan fácil estar atentos. Surge inevitablemente eso que podríamos llamar «inatención».

Hay, pues, dos estados: el de atención y el de inatención, ¿comprendido? Si queremos estar atentos, surge lo opuesto, la inatención. Y ¿qué es lo que causa la inatención? Obviamente, los Yoes que cargamos dentro, ¿verdad? Recuerdos, deseos, emociones, pasiones, acontecimientos del día, del mes, del año o de los años, memorias, rencores, resentimientos, etc.; eso es obvio. ¿Qué hacer entonces con toda esa multiplicidad del Yo? ¿Qué hacer con esa inatención? Observaria, mis caros hermanos, observarla. Cuando uno, serenamente, observa todas las fases de la inatención. Cuando de verdad las mira en forma detallada y sin tomar partido por esto o por aquello, en esa misma observación de lo que es inatento,surge la real atención. Cuando esta surge, la mente queda quieta y en silencio.

Quiero que ustedes sepan que cuando la mente está quieta, que cuando la mente está en silencio, adviene lo nuevo, eso es claro. En esos instantes la Esencia se desembotella para experimentar en el mundo de lo real. En esos estados de lucidez plena, venimos a experimentar cierto elemento que trasforma radicalmente, que nos da ánimo, que nos refuerza para la batalla, para la lucha, ¿entendido? Hay un dicho antiguo que dice: «Noscete ipsum», “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses”. Cuando uno está observando lo que hay de inatento, surgen, naturalmente, diversas cosas. Cualquier pensamiento debe ser debidamente comprendido y olvidado; cualquier deseo, cualquier sentimiento, todo lo que vaya apareciendo, después de ser comprendido a fondo, debe olvidarse.

Es claro que la procesión esa de deseos, pensamientos, emociones, etc., tiene un comienzo y tiene un fin. Realmente, tal procesión está constituida por todos los Yoes: Yoes de la ira, Yoes de la envidia, Yoes del odio, Yoes de la lujuria, Yoes del resentimiento, Yoes de tales o cuales escenas del pasado, etc. Al ver todo eso, al comprender cada uno de esos detalles, se está uno conociendo a sí mismo, ¿verdad? Solo conociéndose a sí mismo, puede conocer el universo y a los Dioses de acuerdo con la máxima de Tales de Mileto, allá en la antigua Grecia, cuando todavía existían los Misterios de Eleusis en el mundo físico. No es posible llegar uno a la experiencia de lo real sin haberse conocido a sí mismo profundamente. Eso es lo que se hace cuando uno está en meditación: se está conociendo a fondo, íntegramente, tal cual es.

Resultado: viene la experiencia de lo real, porque conociéndose a sí mismo , se conoce todo lo que existe en el infinito; eso es obvio.

Distíngase entre lo que es una mente que está quieta a la fuerza, violentamente -es decir, que está aquietada a la brava, como dijéramos-, y lo que es una mente que realmente está quieta en forma espontánea y pura. Distíngase entre una mente que está silenciada violentamente y una mente que está en silencio.

Cuando la mente está aquietada violentamente, no está quieta: lucha por moverse en sus fondos más profundos; y cuando la mente está silenciada violentamente, tampoco está en silencio: grita en sus fondos. Total, ese camino, así, resulta estéril. La quietud y el silencio deben surgir en forma espontánea y pura. Surgen cuando esa procesión de recuerdos, pasiones, deseos, defectos, etc., concluye. En esos instantes es cuando la Conciencia logra desenfrascarse para vivenciar lo que es real, eso que no es del tiempo, eso que es la verdad. Así pues, mis caros hermanos, conociendo esta técnica, todos reunidos, en pleno santuario, debemos meditar.

No quiero decirles a ustedes que la labor resulte fácil. Es obvio que este trabajo es difícil, empero no es imposible, y conduce ostensiblemente a la Iluminación mística. Quien se conoce a sí mismo -no lo olviden- conoce el universo y a los Dioses. Uno tiene que libertarse, mis caros hermanos, de la mente, y eso solamente es posible a través de la meditación de fondo. La Conciencia, desgraciadamente, está presa entre la cárcel de la mente.

Obviamente, mientras la Conciencia esté encerrada, la experiencia de lo real resulta imposible. Necesitamos luchar por nuestra libertad, mis caros hermanos. Recordad que cada uno de vosotros está preso, y lo grave es que no os dais cuenta de que estáis presos; creéis que sois libres, y no lo sois porque estáis presos. La cárcel de la mente es horrible. Allí, dentro de esa cárcel, está encerrada la Conciencia, el alma, lo anímico, lo que verdaderamente vale la pena en nosotros. Estáis en una situación difícil, y no os dais cuenta de que estáis en una situación difícil. Ved cuántas gentes se dedican a fortificar los barrotes de esa prisión. Ponen avisos en los periódicos: que la escuela tal le confiere a uno poderes extraordinarios en la mente, que le desarrolla a uno la fuerza mental, que ahí tiene técnicas extraordinarias para dominar, por medio de la mente, a todo el mundo, etc.

Es decir, los que están presos hacen propaganda para que los demás sigan presos, ¡qué horror! Desgraciadamente, así es.

Vosotros todos, mis caros hermanos, debéis comprender en forma íntegra la necesidad de libertaros de la mente para experimentar en el terreno de lo real; y eso -repito- solamente es posible cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio.

No dejo de aclarar -y en esto no quiero ahorrar esfuerzos de ninguna especie- que el problema de cada uno de vosotros, sentado aquí, en la sala de la meditación, consiste, precisamente, en la inatención. Todos queréis estar atentos. Desgraciadamente, no lo lográis: surge la inatención; os distrae cualquier cosa, desde el canto de un grillo hasta una bala de cañón, un automóvil que pasa por la calle, o el último recuerdo de hace un ratito no más, posiblemente, cuando estuvisteis conversando con vuestra comadre o con vuestro compadre o, tal vez, con alguna novia, etc.

Por lo común, el trajín del día deja tantas huellas en el fondo de la mente que cuando llega la hora de estar atentos, no se logra; entonces es cuando, verdaderamente, debemos comprender esta técnica, poner observación en la inatención, es decir, observar cuidadosamente lo que hay de inatento en nosotros. Cuando uno observa -repito, aunque me haga cansón con tanto repetir- todos los detalles de la inatención, es obvio que por tal motivo ya hay atención.

Pues bien, la atención plena, mis caros hermanos, nos da precisamente la lucidez del Espíritu; la atención plena nos lleva a una quietud natural, espontánea en sí, de la mente; la atención plena nos lleva a un silencio bellísimo, muy profundo de la mente.

Lo curioso es que cuando uno está verdaderamente atento, cuando realmente está en silencio, ni siquiera se da cuenta de que está en meditación. Aquella quietud y silencio son tan naturales que se olvida uno de que está practicando un ejercicio. Bendito olvido, porque cuando eso sucede, viene la iluminación, el Samadhi. Ved, por ejemplo, hermanos, lo que sucede cuando uno está arrobado contemplando un cuadro de la naturaleza, o una película que le interesa, o a la mujer amada, o un amanecer, un anochecer. Si realmente está uno arrobado en aquello, en esos instantes, hay atención plena.

Instantes de esos son los que necesitamos para llegar realmente a la Iluminación. Hay que crear, en la meditación, el clima favorable para una atención

así, tan plena, y se crea ese ambiente favorable cuando se observa a fondo lo inatento. Entonces viene, de hecho, la atención natural, y eso es lo indispensable para llegar a la verdadera Iluminación interior mística, profunda.

Yo quiero, mis caros hermanos, que comprendáis todo esto, pero que lo comprendáis a fondo. Necesitamos todos, todos, libertarnos de las trabas de la mente, del batallar horroroso de los conceptos opuestos; necesitamos zafarnos de todo ese maremágnum de opiniones, teorías, autores, etc., etc., etc.

Muy bello es, mis caros hermanos, poder uno estudiar, por ejemplo, en los registros akáshicos de la naturaleza todas las maravillas de la Tierra y de sus razas; eso es asombroso. Si uno lee a la Maestra Helena Petronila Blavatsky, resulta maravillosa cuando habla sobre cosmogénesis, antropogénesis, etc. Muy muy bello es tener uno información intelectual sobre la raza polar, sobre los hiperbóreos, sobre los lemures, sobre los atlantes, etc. Pero otra cosa es experimentar uno eso en forma directa. Sucede que, en los registrós akáshicos de la naturaleza, nosotros podemos experimentar en forma directa. Empero se hace necesario sacar a la Conciencia de entre el intelecto. Con la Conciencia emancipada, podemos revisar todos los archivos sellados de esta gran naturaleza, viajar en el tiempo, vivir en esas épocas antiguas: en la Primera, Segunda, Tercera, Cuarta Raza, etc., recordar nuestras vidas anteriores, mis caros hermanos. Eso es formidable, ¿verdad? Pero sería imposible, realmente, todo esto si continuamos presos, metidos en esa horrible prisión de la mente. Quiero que os libertéis, y esto se hace por medio de la meditación de fondo.

Así pues, mis caros hermanos, reunidos en esta sala de meditación, debemos comprender la necesidad de emanciparnos cada vez más y más de los procesos de tipo intelectivo, razonativo. Hay mantras que ayudan también, pero hoy no voy a citarles mantras. Hoy quiero que comprendan la técnica, y me parece que podría hacerse más clara esta plática si los hermanos aquí presentes hacen preguntas relacionadas con la meditación. Voy a darles, pues, aquí, a nuestros hermanos presentes, la oportunidad de que pregunten para aclararles esta cuestión en forma más profunda. Si alguno de ustedes tiene algo que preguntar, puede hacerlo con la más entera libertad.

Discípulo. Maestro, le agradecería su consejo acerca del tipo de sillas o posiciones que usted considera más favorables para la mejor práctica de la meditacion.

Maestro. Con el mayor gusto responderé a su pregunta, mi estimable hermano. Obviamente, siempre se debe buscar la posición más cómoda. Mientras menos estorbe el cuerpo físico, pues tanto mejor. En lumisiales, es aconsejable estar sentados cómodamente al estilo occidental. Bueno, si algunos quieren también usar la posición oriental, pueden usarla: piernas cruzadas a lo búdico, etc. Y en cuanto a la posición estrictamente occidental, pues ya saben cómo es, eso no necesito explicarlo. Lo que sí conviene es que el cuerpo esté relajado en forma total, íntegra.

En casa, ya las cosas cambian. Allí pueden ustedes -como lo dije ya- acostarse en la posición flamígera de estrella de cinco puntas, teniendo, naturalmente, todo el cuerpo relajado; o en la posición «savasana», de tipo oriental, la posición de hombre muerto de la que ya les he hablado; o con los brazos cruzados sobre el pecho, tal como se ve en algunas momias egipcias, quedando la mano y el brazo derecho cruzados sobre el izquierdo, etc. Yo, francamente, les digo a ustedes que en casa prefiero para la meditación la de estrella de cinco puntas, aunque a veces también uso la savasana. Pero ya en el lumisial cambia la cuestión; en el lumisial, forzosamente, hay que estar sentado; eso es obvio.

D. Disculpe, Maestro, en algunas ocasiones que he querido relajarme y he utilizado cualquier sistema de relajamiento, ya sea el de los enanitos que salen del cuerpo o ya sea el conteo del uno al diez. Sin embargo, a veces, debido al ajetreo del día, no puedo relajar bien el cuerpo porque estoy siempre pensando en los problemas de la mente. Como es necesario estar relajado para analizar lo que surge en la pantalla de la mente ¿cómo podría siquiera lograr el relajamiento para comenzar a hacer eso?

M. Bueno, el relajamiento, mi caro hermano, es la técnica para dejar el cuerpo físico como se debe dejar a modo de que no estorbe. La meditación es otra cosa, ¿verdad? No confundamos una cosa con otra cosa. Yo no aconsejo sistemas muy complejos para el relajamiento. Mientras menos complejidad, tanto mejor. Sencillamente, sentarse o acostarse en las posiciones que ya dije, soltando bien brazos y piernas, y eso es todo. Pero soltándolos en forma de que ningún músculo moleste. Eso es lo indispensable, que ningún músculo quede en tensión. Una vez que estemos absolutamente seguros de que ya el cuerpo está relajado, olvidarnos de este asunto, no pensar más en eso porque se podría convertir eso en otra traba más para la mente. Y ¿para qué crearnos más trabas? Cuando uno ya relajó el cuerpo, debe olvidarse del cuerpo, hacer cuenta que está desencarnado, no pensar más en cuestiones del cuerpo. ¿Me has comprendido, mi estimable hermano Batarsé?

D. Maestro, yo considero que la mente es el instrumento que utilizamos para comprender nuestros defectos, pero debido a sus limitaciones no podemos profundizar hacia la honda significación de los mismos. Le agradecería sus palabras al respecto de cómo llegar a esta honda significación.

M. iOh, mi estimable hermano Tony! La comprensión es la comprensión y nada tiene que ver con la mente. La comprensión va más a fondo, mi estimable hermano. Debemos equilibrar el Ser y el saber, ¿verdad? Cuando el Ser está más grande que el saber, más desarrollado, más poderoso, pues es obvio que entonces puede surgir de allí el «santo tonto», ¿no?, porque le falta sabiduría. Y cuando, a su vez, el saber es exorbitante y el Ser está sin desarrollo de ninguna especie, entonces es peor: de allí viene el bribón.

Así pues, no confundamos la gimnasia con la magnesia. La comprensión es de fondo, pertenece a la Conciencia. Consiste en el equilibrio perfecto del Ser y del saber, eso es todo.

D. Maestro, disculpe, siendo indispensable la comprensión de cada Yo para ser eliminado, ¿podría ponernos usted un ejemplo de lo que es la comprensión de un Yo determinado? Porque en eso de comprensión hay muchas escalas y sí es bien importante tener el concepto claro de lo que se llama comprensión de fondo. Agradecería un ejemplo, Maestro.

M. Bueno, mi estimable hermano Batarsé, ciertamente, estamos aquí hablando detenidamente sobre la práctica de meditación generalizada para lumisiales. Otra cosa sería la práctica de meditación para disolución del Yo; ese ya es un asunto diferente, ¿verdad? Empero, ciertamente, debo decirle que hay distintos grados de comprensión. Yo entiendo por comprensión de fondo cuando uno ha llegado a aprehender, a capturar la honda significación de tal o cual cosa, o de tal o cual defecto de tipo psicológico. Empero cuando uno no ha llegado así tan lejos, cuando tan solo comprende el proceso, por ejemplo, de la ira, o del egoísmo, o el odio, y nada más, pero no ha capturado, realmente, su íntimo significado de fondo, hay cierta comprensión, pero no es la comprensión de fondo, es la comprensión de superficie. En todo caso, en esto de la compresión hay muchos y muchos grados, escalas y escalas, sistemas y sistemas; diversos niveles. Porque muchas veces uno ha estudiado un libro y cree que ya lo comprendió, y lo lee un año después y resulta que se da cuenta de que no lo había comprendido.

Habéis visto, por ejemplo, mi libro “El Parsifal develado” ¿verdad? Ese es un libro para estudiarlo durante toda la vida. Sin embargo, hay muchas gentes que creen que ya lo comprendieron. Pero cuando lo vuelven a leer, se dan cuenta de que les faltaba comprenderlo más. Y si repiten la lectura anos más tarde, se dan cuenta de que no habían entendido nada, que les faltaba todavía comprender. Total, que esto de la comprensión es algo muy elástico.

Me pedís ejemplos concretos sobre comprensión.

Con el mayor gusto voy a citar nada más que uno, experimentado en mí mismo, porque me gusta hablar sobre lo que yo mismo he experimentado.

Por ejemplo, cierto día, metido bajo tierra dentro de la cámara de reflexión del Summum Supremum Sanctuarium, me propuse, mis caros hermanos, comprender aquella «Estancia de Dzyan» donde se nos habla del primer instante relacionado con la fecundación de las aguas caóticas. Intelectualmente, siempre había entendido que el fuego hace…, fecunda a las aguas de la vida, eso es obvio. Intelectualmente, había comprendido que el Tercer Logos fecunda las aguas caóticas en el amanecer de la existencia para que surgiera el cosmos, mas no había aprehendido su honda significación. Necesité de la quietud y silencio de la mente.

En esos instantes, me visitó la Maestra Helena Petronila Blavatsky y me dijo: «El Tercer Logos dijo a su esposa: “Id, fecundad la materia caótica para que surja la vida, empero tú verás”». Ella me narraba eso, sí, pero faltaba algo más: revivir yo aquello, revivir ese drama, y lo conseguí a través dei Samadhi. Fui testigo de la aurora de la creación; vi el instante en que el Primer Logos emanó de sí mismo al Tercero; vi el instante en que el Primer Logos ordenó al Tercero diciéndole: «Ve y fecunda a tu esposa, la materia caótica, para que surja la vida, empero tú verás». Fui testigo de esa escena. Y es obvio, entonces hubo aprehensión de su honda significación. El Anciano aquel se inclinó reverente, vestido con un manto azul, y luego inició el gran trabajo con los rituales del fuego. ¿Me habéis comprendido? En el primer caso, solamente había información intelectiva; en el segundo, había aprehensión de fondo. En el primer caso, había comprensión puramente informativa o intelectiva; en el segundo, verdadera comprensión de fondo. Eso es todo.

D. Disculpe, me refería a la comprensión de un Yo. Usted menciona en “El Parsifal develado” sobre la profunda comprensión del Yo de la ira, menciona algo que no recuerdo. ¿Pudiera ser tan amable de explicarnos esa comprensión?

M. Es claro, mi estimado hermano Batarsé, es claro. Indudablemente, por ejemplo, podemos nosotros comprender lo que es la ira, saber que tenemos ira, haber comprendido realmente todos sus procesos psicológicos en nosotros: cómo se desarrolla la ira, cuáles son sus orígenes, por qué surge ira en nosotros en un momento dado, etc., y, sin embargo, a pesar de haber comprendido, no haber logrado capturar la honda significación de la ira. Cuando uno ha captado la honda significación de la ira, pues todo cambia.

Por ejemplo, supongamos que vas manejando tu automóvil y alguien, con otro automóvil, choca contra ti. Claro, tú tienes un momento de arranque de ira, y eso te incomoda, ¿verdad? Llegas a casa, meditas a qué se debió. Posiblemente, descubres que esa fue falta de paciencia, falta de serenidad tuya, falta de dominio de sí mismo, nada más. Hasta ahí habéis comprendido. Capturar la honda significación de aquella ira es algo que va mucho más lejos, porque si tú capturas la honda significación de aquella ira, puedes descubrir que ella, en sí misma, no es más que el resultado de la ignorancia. Vienes a descubrir con asombro místico que tal choque pudo haber sido producido por la Ley del Karma, pero que tú ignorabas la Ley del Karma, que ignorabas que debías esa deuda kármica.

Si llegaras a ver eso, es haber captado la honda significación. ¿De qué? ¿De la ira? Sí, de la ira. Descubriste que esa ira había tenido base en la ignorancia, que ignorabas la Ley del Karma. AI ver cómo se procesa el karma, al leer en los registros akáshicos de la naturaleza >CM<

Es claro que en Tercera Cámara recibimos fuerza, porque, realmente, en la sala de meditación se establece un vórtice de magnetismo extraordinario. Nos cargamos, por decirlo así, de electricidad trascendente para seguir con firmeza en nuestras prácticas esotéricas. En casa, debemos aprovechar la fuerza que hemos acumulado y practicar con intensidad la meditación. Es obvio que en la sala estamos muy asistidos por todas las fuerzas magnéticas. También es cierto que en casa dependemos de nosotros mismos y de la ayuda de nuestra Divina Madre Kundalini. Las técnicas pueden ser iguales tanto en casa como en la sala de la meditación, pero en cuanto a la relajación, sí hay una diferencia, porque uno en su casa puede tranquilamente acostarse en el suelo si quiere en la posición flamígera, o savasana, o en su cama, etc.; ya cambia la cuestión. Mientras que en el lumisial solamente puede estar sentado.

En cuanto al estudio sobre nuestros defectos psicológicos, el estudio del Yo, del Mí mismo para disolverlo, bueno, también puede hacerse en Tiercera Cámara meditaciones de este tipo, pero en esta conferencia no quiero propiamente dirigirme a eso. Unicamente quiero decirles a ustedes que en la casa puede uno meditar profundamente en los Yoes, es decir, primero descubre un defecto y luego trata de comprenderlo a través de la meditación en casa.

Mas no quiero, como digo, enfrascarme en este asunto hoy porque el objetivo de esta plática es la meditación de Tercera Cámara, y el temario que hoy estamos estudiando es el de la quietud y el silencio de la mente. Para no confundirnos, no quiero mezclar una cosa con otra.

D. Maestro, si uno en Tercera Cámara se durmiese completamente en su cuerpo físico, pero tuviera una experiencia en el astral, ya sea con conciencia o sin conciencia, pero que uno trajera vívidamente el recuerdo, ¿puede considerarse tal experiencia en el astral como éxtasis?

M. Bueno, mi caro hermano, este es un éxtasis de tipo muy inferior, ¿verdad?, porque el viaje por el mundo meramente astral es el más inferior, o casi el más inferior de los viajes, eso es claro. Considéralo como un tipo de éxtasis inferior, nada más. Sin embargo, ha habido un desdoblamiento en este caso, y un desdoblamiento concreto, exacto. Un desdoblamiento que debe ser tenido en cuenta porque ya es un principio, es un comienzo. Nunca puede uno tratar de entrar de una vez a lo más alto sin haber pasado por lo más bajo, ¿verdad? Bueno, eso es todo.

D. Entonces, Maestro –perdóname– ¿en qué podemos diferenciar una experiencia en el astral de una experiencia en el mental, o en el causal? ¿O en el mundo espiritual?

M. Bueno, naturalmente, en los distintos grados de esplendor, en eso está la diferencia. Hay experiencias muy inferiores como las del astral; un poquito más elevadas como las del mental, donde hay más esplendor. Pero, realmente, mis caros hermanos, lo que nosotros debemos proponernos es libertarnos de la mente, libertarnos de la materia. El astral es materia y el mental es materia, como materia es el físico y materia, el etérico. Lo que yo quiero es que cada uno de ustedes se preocupe por libertarse de la materia, por libertarse de la mente. Lo vital, para nosotros, es funcionar como Espíritus puros, limpios, en todo el espacio estrellado. ¿Me habéis comprendido?

D. Sí Maestro. Tengo una última pregunta para usted. ¿A qué se debe la falta de recordatorio de algunas experiencias en meditación?

M. Con el mayor gusto respondo a su pregunta, mi estimable hermano Batarsé. La falta de recuerdo de las experiencias místicas en meditación no se debe a otra cosa sino a la falta de despertar de la Conciencia. Cuando uno está bien despierto, no se olvida de nada, recuerda todas sus experiencias íntimas con entera exactitud; eso es todo.

Bueno, mis caros hermanos, vamos a empezar la meditación. Sin embargo, quiero que antes de que empecemos esta meditación, hagamos una cadena para irradiar amor a la humanidad. Todos de pie, por favor, todos. Hagamos la cadena pues, a ver, refuercen la cadena…, repitan conmigo: “Que todos los seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos los seres sean en paz”. Otra vez: “Que todos los seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos los seres sean en paz”. Otra vez: “Que todos los seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos los seres sean en paz”. Ahora demos forma a nuestro mantram sagrado AUM:

AAAAAAOOOOOOMMMMMM TAT, SAT, TANNN, PANNN PAZ. Entonemos ahora los mantrams de nuestra cadena esotérica de Tercera Cámara. Todos repitan conmigo: SAAALLLLLL TUUULLLLL UUULLLLL.

Hagan el signo del microcosmos, mis caros hermanos, la estrella de cinco puntas. Ahora la cruz gnóstica. Favor tomar asiento, mis caros hermanos. Apaguen las luces, por favor, apaguen las luces para que nada nos distraiga. ¿Ya están las luces apagadas? Bueno, bueno, relajen sus cuerpos. Siéntense bien, siéntense bien, mis caros hermanos, que ninguno quede mal sentado, ninguno en posición incómoda; lo más cómodamente posible. No crucen las piernas una sobre otra porque eso está mal. Piernas y brazos sueltos –repito– bien sueltos. Que ningún músculo quede apretado, que todos los músculos queden bien sueltos, bien relajados. No hagan de esto un problema, por favor, no hagan un problema; esta es una cosa simplemente sencilla, sentarse bien. Fácilmente lo pueden hacer, sin tanto trabajo.

A ver, a ver, a ver… ¿Ya están relajados? Para eso no se necesita de tanto trabajo; únicamente, tienen que estar seguros de que ninguna parte de su cuerpo está en tensión, eso es todo. En cuanto a las manos, colóquenlas como quieran; no se apeguen de detalles, porque si ustedes se apegan de detalles físicos, tales detalles se convierten en otra traba para la mente; nuevos problemas, más de los que ya tenemos, ¿verdad? Bueno, creo que estamos listos. Ahora cierren sus ojos. Al hacer la práctica, se puede admitir un poquito de sueño para el físico; con tal de que no se duerma la Conciencia, todo está bien. Muchas escuelas creen que uno no debe dormir el cuerpo físico. Se equivocan. Cuando uno está en meditación, conviene más bien que el cuerpo físico no estorbe, y no estorba cuando está dormido, porque un cuerpo físico despierto es muy estorboso, molesta demasiado.

Yo mismo, cuando estoy en los mundos internos, estoy muy contento, muy feliz si el cuerpo físico está bien dormido. Pero cuando el cuerpo físico está despierto, me sostengo allí a base de pura voluntad; claro, en una forma más incómoda, eso es obvio. Así pues, pueden los vehículos físicos adormecerse, y eso es mejor; lo importante es que la Conciencia no se adormezca, que esté vigilante como el vigía en época de guerra. ¿Entendido?

Bueno, mis caros hermanos, bueno, vamos ahora a meditar. Empiecen por observar lo que vaya surgiendo en su mente, y con mucho cuidado, pongan atención, atención, atención..

Pongan atención en lo que uno tiene de inatento. Lo que uno tiene de inatento son los deseos que van apareciendo, las emociones, las pasiones, los recuerdos de las cosas del día, del ayer, del anteayer, etc., etc., etc.

Observen, observen, observen, por favor, observen lo que vaya apareciendo en su mente. Observen, y con mucho cuidado, observen, pongan atención en todo eso que vaya apareciendo. Pero comprendan, sí, comprendan lo que va apareciendo, mis caros hermanos, compréndanlo y olvídenlo; y si algo nuevo surge, pues compréndanlo y olvídenlo; y si otra cosa nueva surge, pues compréndanla y olvídenla. A ver, entren, entren, pues, en meditación. Adormezcan sus cuerpos físicos un poco más, un poco más, un poco más, pero con la Conciencia alerta, alerta, ¿verdad?, alerta, alerta… [silencio largo en el audio (desde 1:00:14 a 1:01:50), se escucha música clásica suave, el maestro está dando unos instantes a los hermanos antes de sacarlos del estado de relajación]

Bueno mis caros hermanos, como esta no es sino la indicación practica de cómo se debe meditar, solo me resta deciros que es conveniente que estas prácticas se hagan durante una hora seguida, una hora, una hora seguida, ¿entendido?

Concluída ya la meditación, entonces, todo lo que hay que hacer es formar la cadena y voy a repetir cómo se debe hacer para que ustedes me entiendan. A ver, formar la cadena, formar la cadena, formar la cadena todos. Irradiemos amor. “Que todos los seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos los seres sean en paz”. [Un total de tres veces]. Demos forma a nuestro mantram sagrado AUM: AAAAAAOOOOOOMMMMMM, TAT, SAT TANNN, PANNN, PAZ.

Ahora vienen los mantrams con los que se debe finalizar siempre la gran cadena: SAAALLLLLL TUUULLLLL UUULLLLL.

Luego, el signo del microcosmos. Luego, la cruz gnóstica o la cruz dentro del círculo… “Esta convocación ha terminado”. Así es que se concluye, mis caros hermanos.

La práctica debe ser por una hora, es claro que yo no voy a estar haciendo aquí, a través de una cinta grabada, toda la práctica de una hora porque se nos acabaría la cinta. Únicamente, el objetivo de esta cinta es indicarles cómo se debe hacer, en qué forma se debe trabajar. Después, todos los hermanos se despiden cariñosamente y se retiran. Así es como se trabaja, así es como debe funcionar siempre la Tercera Cámara. Los que ingresen a Tercera Cámara son individuos que deben de haber estado por lo menos, por lo menos, tres años en el Movimiento Gnóstico.

No se puede recibir en Tercera Cámara a un individuo de un ano o de dos, sino a los que hayan tenido por lo menos tres anos de asistencia puntual a la Primera y Segunda Cámara. ¿Comprendido? Bueno, mis caros hermanos, creo que ya no hay más nada que hablar por ahora. Si algo hay que decir, pueden decirlo con entera libertad.

D. Maestro una pregunta que le rogaría que nos contestara, es sobre qué es lo que se debe de comer antes de la práctica de Tercera Cámara y si el estómago lleno o semilleno no es óbice para realizar una buena práctica.

M. Con mucho gusto, mi estimable hermano Batarsé, responderé a su pregunta. Para asistir a Tercera Cámara es mejor no comer absolutamente nada antes, mejor es asistir uno con el estómago limpio; así la práctica resulta con más comodidad ¿entendido?

D. Esta otra pregunta que tengo aquí no tiene nada que ver con la práctica de Tercera Cámara, sino con lo que hablamos sobre la aprehensión del hondo significado de los Yoes. En este caso, usted se refirió al Yo de la ira y cuyo hondo significado era la ignorancia. Mi pregunta es la siguiente, Maestro: como existen innumerables Yoes de la ira, ¿todos los Yoes de la ira tienen como origen la ignorancia o solo es específicamente ese Yo de la ira? ¿Cada caso diferente tiene un hondo significado diferente?

M. Muy bien, muy bien, mi estimable hermano Batarsé, con el mayor gusto voy a dar respuesta a su interesante pregunta. Es obvio que cada situación de ira es diferente, eso es ostensible. Sin embargo, podemos, prácticamente, catalogar todas las situaciones de ira resumiéndolas a tres: primera que llamaríamos ira producida por el ánimo; dos, sería ira producida por el cuerpo; tres, ira producida por la lengua. Vamos a examinarlas cada una por separado, ¿les parece?

D. iCómo no!

M. Bien. Ira producida por el ánimo: no siempre está uno en el mismo estado de ánimo. Alguien puede producirle a uno ira si le dice tal o cual palabra en un estado de ánimo; y, sin embargo, en otro ánimo, pueden repetirle a uno la misma palabra y no sentir uno nada. Cualquier insultador puede herirlo a uno fácilmente si lo encuentra en un estado de ánimo, pero en otro estado de ánimo, el insultador puede que no encuentre eco en uno. Así pues, los estados de ánimo son muy variados, y es claro que según el estado de ánimo nos encontramos más o menos serenos. Hay pues iras producidas por el estado de ánimo. Segundo: ira producida por el cuerpo. Estando uno, por ejemplo, con mucho calor, se pone insoportable, ¿verdad? Si el calor es muy sofocante, y puede que haya hambre, la cosa es más grave, y si hay sed, pues, es peor. De manera que los estados de ánimo influyen mucho. También hay quienes se sienten iracundos no por el calor, hay quienes se sienten iracundos por el frío, por ejemplo. Hay quienes se sienten iracundos no por frío ni por calor, sino sencillamente porque tienen hambre, y el hambre los pone de mal genio, o porque tienen sed, ¿verdad? De manera que la ira puede ser producida también por el cuerpo. Estando uno enfermo, puede que también se ponga iracundo en algunas ocasiones. Puede que un dolor de muelas le dé a uno ganas de dar golpes. En fin, ese es otro estado.

Hay iras producidas por la lengua. Sí, la lengua viperina de las devotas es terrible, ¿verdad? Los enredos de las comadres, de los compadres; sobre todo, las comadritas son un problema. Naturalmente, aquello del «dicen que se dice», la calumnia, en fin, todo eso puede provocar ira, ira producida por la lengua. Ahora, la lengua iracunda de uno también puede responder con palabras hirientes, ¿verdad? De manera que la ira de la lengua, ¡obsérvenla!, ¡qué curiosa resulta de lengua a lengua! Nos insultan e insultamos. Nos hieren y herimos. Usamos la palabra en esa forma, mal usada, ¿verdad?, pero así es la humanidad. Bueno, toda la ira pues, vean ustedes, tiene tantas facetas. Cada situación de ira es diferente, pero todos los aspectos de la ira se reducen a tres. Mejor mencionemos esos tres en una forma un poquito más ordenada: cuerpo, ánimo y lengua. ¿Entendido? Aprehender la honda significación de todo eso es importante. Por ejemplo, nos calumnian, y claro, si nuestro estado de ánimo no está muy bueno, nos sentimos ofendidos y reaccionamos violentamente. Interesante sería después comprender, y además de comprender, llegar a captar la honda significación. Cuando captamos la honda significación, cambia el panorama. Puede que aquel que nos ha calumniado o que nos ha insultado sea una víctima nuestra. ¡Sí! Puede haber sido una víctima nuestra en una pasada reencarnación; puede que nosotros hayamos herido a aquella persona y, ahora, esta ha reaccionado con nosotros, vengándose, aunque en forma inconsciente. En este caso, es un karma que nosotros no habíamos entendido. Pero cuando ya lo entendimos, entonces hemos capturado su honda significación. Sería muy largo extendernos en todos estas detalles, pero ya lo saben. Si hay algo más que aclarar, pueden preguntar, mis caros hermanos.

D. Maestro, dijo usted que la comprensión no era de la mente, y luego, en otra parte, nos dijo algo acerca de la comprensión intelectiva. ¿Cómo es eso Maestro? ¿Me puede explicar?

M. Bueno, mi caro hermano, aparentemente hay una contradicción, ¿verdad? Sin embargo, subraye usted la palabra intelectiva. Subráyela y vaya al fondo. Yo quiero ante todo que comprenda usted, ante todo, a fondo, el significado de todo esta. Cuando dije comprensión intelectiva, no me limité, realmente, a intelecto, no; quise ir más allá del mero intelecto, por eso le digo: subraye. Pero como el intelecto, naturalmente, es el instrumento de manifestación aquí, en el mundo físico, porque sirve de vehículo a la Conciencia -aunque esta esté prisionera dentro del mismo intelecto, siempre sirve de vehículo-, naturalmente por eso hablé de información o de comprensión intelectiva. Lo hablé de una manera convencional, porque la comprensión -repito y subrayo- no es intelectiva. Pero aclaro: el intelecto sirve de instrumento a la Conciencia. Naturalmente, sirve cuando quiere servir, ¿no?, cuando uno logra dominar la mente. Desgraciadamente, son muy pocos los que saben dominar la mente. ¿Entendido?

D. Sí Maestro. Muchas gracias.

D. Maestro, quisiera que nos volviera a repetir el relato sobre lo que vivió en el interior de la tierra en el Summum Supremum Sanctuarium de Colombia, puesto que en la grabación considero que no queda muy claro.

M . Con el mayor gusto, hermano, arrojaré lampos de luz sobre lo que antes dije. Es claro que yo sabía siempre que el fuego hace fecundas las aguas de la vida -eso es obvio, y eso lo sabe cualquiera que haya estudiado esoterismo- pero, en mi presente reencarnación me faltaba hacer más conciencia de eso, es decir, aprehender la honda significación de esa verdad. Logré capturar esa honda significación en la cámara de reflexión del Summum Supremum Sanctuarium. ¿Que la Blavatsky me haya visitado en astral? Perfectamente, así fue. Ella todo lo que hizo fue repetirme lo que estaba escrito en su cosmogénesis. Podemos subrayar así: «El Tercer Logos hizo fecunda las aguas caóticas para que surgiera la vida». Así repetimos, así simplificamos. Sin embargo, eso no era todo, yo necesitaba ir más a fondo, y lo logré. Asistí realmente o, mejor dicho, reviví el amanecer del Maha-Manvantara. Digo reviví porque, en nombre de la verdad, tengo que decirles que, ciertamente, yo fui testigo de la aurora del Maha-Manvantara. Pero en mi presente reencarnación, necesitaba revivir ese recuerdo trascendental, divinal. Y vi perfectamente cuando el Primer Logos emanó al Tercero, cuando le habló diciéndole: «Ve, fecunda a la materia caótica para que surja la vida, empero tú verás». Le dio libertad para obedecer o desobedecer.

Y el Tercer Logos se inclinó reverente ante el Primer Logos. Estaba bellamente vestido ese Tercer Logos, con su manto azul hasta abajo, su blanca túnica. ¡Qué belleza en su rostro!; sus ojos azules, donde se refleja todo el panorama del infinito; esa nariz aguileña, ese labio fino y delicado. Todo él resplandeciente, magnífico. Yo fui testigo de eso, como fui testigo del trabajo ritual que se hizo en los siete templos del caos. Bueno, al experimentar lo trascendental, pues aprehendí, capturé la honda significación de esa verdad que está escrita en cosmogénesis y que todos los hermanitos de las diversas escuelas repiten, pero que no han logrado, realmente, vivenciar o experimentar en forma íntima, ¿entendido?

D. Sí, Maestro, muchísimas gracias. >FA<