Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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F007 EL CRISTO CÓSMICO

FRAGMENTO DE TRANSCRIPCIÓN INEXISTENTE EN AMBAS ED. DEL 5º EVANGELIO

NÚMERO DE FRAGMENTO:F007

FUENTE EN AUDIO:NO DISPONIBLE

CALIDAD DE AUDICIÓN:INVALUABLE

DURACIÓN:INVALUABLE

CORRELACIÓN TEXTO/AUDIO:INVALUABLE

FECHA DE GRABACIÓN:1971/06/23

LUGAR DE GRABACIÓN:NO CONSTA

CONTEXTO:TERCERA CÁMARA

FUENTE DEL TEXTO:TRANSCRIPCIÓN CUASI-LITERAL EXTRACTADA DE LOS “APUNTES DE CONFERENCIAS” DE VÍCTOR MANUEL CHÁVEZ CABALLERO

Amados hermanos: esta es una ceremonia dedicada al Logos Solar, al Cristo Cósmico.

Mucho se ha hablado sobre el Logos, sobre el Cristo, más muy pocos lo han comprendido. Aún en que los hermanos de las diversas sociedades pseudo-esotéricas o pseudo-ocultistas, no han entendido lo que significa el Logos, el Crestos.

Muchos pretenden que el Logos es el mismo Sol que nos un ilumina, o por lo menos el Regente Planetario del Sol, mas eso no es así; sin embargo, vemos cómo todos los templos iniciáticos están construidos con las puertas abiertas hacia dónde sale el Sol, aún el mismo Vaticano está construido en tal forma. Los egipcios adoraron siempre a Ra y lo vieron en el disco solar; los incas adoraron siempre al Dios Sol, Manco Capac, los huiracochas adoraron al Sol viviente. En la Edad Media, los cristianos nos decían: “nuestro señor Jesucristo, el Sol”. Así, pues, es obvio que surjan equivocaciones, y por tal motivo, muchas organizaciones supongan que el Cristo es el Sol o por lo menos el Espíritu Solar. Esto es un punto muy delicado que los hermanos deben tratar de comprender.

Ante todo, he de decirles, mis caros hermanos, que los legítimos iniciados en los misterios egipcios, en los misterios órficos, en los misterios de Samotracia, de Troya, de Roma, de Cartago, de México, del Perú, etc., nunca concibieron al Cristo como el Sol mismo. Ellos vieron en el Sol material que nos ilumina, únicamente un símbolo y nada más. Realmente el Sol que nos da la vida no es más que un símbolo del Logos Solar.

El Logos Solar está mucho más allá, más lejos, es más profundo, es la emanación del supremo Parabrahatman-Hatman, es Ishvara, el Señor. Tenemos que usar algún símbolo para poder entender esto, una alegoría. Hemos pensado en el Océano del Espíritu Universal de Vida como símbolo, porque realmente ese Océano no tiene límites, ni orillas, ni arribas, ni abajos. Es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada sol.

De ese Océano surgen olas inmensas; cada una de esas olas es Ishvara, el Bodhisattwa, el Señor. Cada una de esas olas es el Logos Solar, cada una de esas olas es el Crestos Cósmico, el Christos, como decían los gnósticos de la Tierra Santa; cada una de esas olas es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será.

Si pensamos en el Logos inmanente y transcendente, oculto en el fondo de todo este maravilloso Universo, rigiendo y gobernando todas las cosas, hemos de comprender también, mis caros hermanos, que allá en las profundidades más recónditas de nuestro Ser, está Ishvara, el Logos Intimo, particular, de cada cual. Es obvio pues, que tal Crestos, tal Logos emana del Océano Inconmensurable, del Omnicosmos, Omnimisericordioso y Omnipresente Padre Cósmico Común. El es uno con el Padre y el Padre es uno con El, El es Ishvara.

El sol físico no es un sino un símbolo de Ishvara; el sol físico no es Ishvara, Ishvara es el Sol Espiritual que debemos encontrar en las profundidades ignotas de nuestro propio Ser.

Así pues, hermanos, vean ustedes lo que es el Crestos. Estamos hablando de El en sus aspectos fundamentales, primarios. Es necesario aclarar todo esto para que no haya confusiones. Ens las distintas escuelas pseudo-esotéricas y pseudo-ocultistas existe disparidad, confusión; por ejemplo: los teósofos suponen que Atman, Budhi y Manas, es la Mónada Divina y ese es un error; no solamente ellos piensan así, en las escuelas rosacruces de Max Heindel se supone que la Mónada es el Espíritu Divino, el Espíritu de Vida y el Espíritu Humano, es decir el Atman, Budhi y Manas de la teosofía, el Espíritu triuno e inmortal; repito: no es así. Más allá de esta tríada Atman, Budhi y Manas, debemos buscar la Mónada de cada cual.

Los cabalistas hebreos aciertan ellos: ellos nos hablan del Anciano de los Días, de la Bondad de las Bondades, de lo Oculto de los Oculto, de la Misericordia de la Misericordias. Ellos le cantan, pues, a ese Viejo Venerable; su Alma, dicen ellos, es el Verbo, la Palabra, por eso conecta al oído con los labios; su cabellera, afirman, es maravillosa, simbólica, pues tiene treinta y un bucles; su barba trece mechones. Dentro de El está el Crestos, en su segunda manifestación; la fuerza sexual, base de todo lo que existe, es el Espíritu Santo.

Así pues, la Mónada Divina, la han colocado exactamente los cabalistas en el mundo de Aziluth, hablando en lenguaje indostánico, diremos que la Mónada reside en el mundo del tattva Anupadaka. Precisamente durante el paroxismo sexual, cuando se trabaja en la Forja de los Cíclopes, tal vibración llega hasta el mundo de Anupadaka. Eso significa que la humana pareja puede sentir el paroxismo máximo; tal vibración la transmite a Budhi y Manas, es decir, a la Divina Esposa y al Divino Esposo, en el mundo del Akasha puro. Mas ahí no queda todo; es obvio que tal paroxismo penetra en la región de Anupadaka. Es cierto que tal paroxismo es sentido también en esa región por la Shakti, es decir, por la Divina Madre Kundalini y por Shiva, el Espíritu Santo, el Esposo de la Adorable. Así pues, es claro que durante el trance sexual podemos elevarnos, si así lo queremos, hasta el tattva Anupadaka, y cuando estamos saturados, embriagados con la poderosa vibración de Anupadaka, entonces podemos reducir a polvareda cósmica al Ego animal. La fuerza del tattva Anupadaka es formidable, maravillosa. Mas volvamos al Crestos.

He dicho que en su segunda manifestación está en el Anciano de los Días, en su tercera manifestación llega hasta el mismo astral; por eso es que al astral se le llama el Crestos Cósmico, la poderosa mediación que enlaza nuestra personalidad física con la inmanencia suprema del Padre Solar. Hemos, pues, de entender a fondo, mis caros hermanos, las manifestaciones del Logos, las diversas expresiones del Cristo Intimo; es indispensable tener Conciencia de todo esto.

En la uva, como les he dicho, la fuerza del Crestos viene a quedar encerrada toda, como en un estuche precioso. El sacerdote gnóstico en estado de éxtasis, transmite esa vibración, al delicioso jugo producto de la vid, para que la fuerza crística se libere y penetre dentro de los organismos y nos ayude en el milagro de la transubstanciación.

Observemos la espiga. Los rayos del Crestos, a través del Sol, hacen germinar el grano; y va creciendo milímetro a milímetro esa espiga, hasta quedar por último la fuerza del Crestos encerrada espléndidamente en el grano de trigo. El sacerdote gnóstico en estado de éxtasis actúa sobre la sustancia crística, para que se libere definitivamente esta sustancia espiritual y penetre dentro de los organismos. Tal fuerza viene a ayudarnos en el despertar de nuestros íntimos poderes esotéricos. Por eso es que el milagro de la transubstanciación es maravilloso; por eso es que este ágape místico, hermanos, es de enorme trascendencia espiritual. Por medio del pan y del vino llevamos a nuestro organismo átomos crísticos de altísimo voltaje.

Necesitamos trabajar todos intensamente, entrar por la senda del filo de la navaja; recorrer con valor el camino angosto, estrecho y difícil que nos conduce hasta la luz, alcanzar la Maestría, después, ascender por aquella montaña que nos lleva a la Resurrección del Crestos en nosotros. Uno de los acontecimientos más grandiosos para el ser humano es la Resurrección del Cristo Intimo. Todos nosotros, hablando en lenguaje masónico, hemos asesinado a Hiram Abiff, es decir, al Cristo, al Maestro Secreto, porque todos pecamos, todos nos hundimos en las tinieblas, nos separamos de El, nos desligamos lamentablemente. Debido a eso salimos del Paraíso.

Es necesario que el Crestos, es decir, la Mónada Intima, el Maestro Secreto, el Anciano de los Días, resucite en nosotros, es decir, se exprese en nosotros. Con la Resurrección del Crestos quedamos completamente limpios del pecado original. Con la Resurrección de Cristo en nosotros volvemos a entrar en una etapa de intensísima actividad divinal. Con la Resurrección del Cristo en nosotros nos transformamos absolutamente. Es obvio que después viene la Ascensión. Entonces nos elevamos hasta el Logos, hasta Ishvara, hasta aquel rayo purísimo que emana del Padre. Logrado eso viene la liberación final.

Se necesita valor, hermanos, para recorrer la Senda, fuerza de voluntad: Thelema. El Camino realmente es difícil. “El cielo se toma por asalto”, dijo el Divino Rabí de Galilea, “y los valientes lo han tomado”. Necesitamos transformarnos radicalmente, porque así como estamos, verdaderamente no servimos para nada. Debemos morir, porque solo con la muerte adviene lo nuevo. Mientras el Ego esté existiendo en nosotros, marchamos por el camino del error. Es indispensable comprender la necesidad de morir de instante en instante, de momento en momento. Si no muriéramos, ¿cómo podría resucitar Cristo en nosotros?

Con justa razón exclama la Vedanta: “Condúceme de las tinieblas a la luz, de la muerte a la inmortalidad”. Es pues obvio, la necesidad de morir. Debemos destruir el Ego y reducirlo a cenizas, a polvareda cósmica, sólo así más tarde, podrá resucitar el Cristo en nosotros. Necesitamos vestirnos con el traje de bodas, dejar estos harapos lunares, es decir, todos los vehículos de imperfección, los cuerpos de pecado.

Ved hermanos, los mundos que palpitan en el vasto infinito. Todos ellos obedecen al Logos Solar y las jerarquías de todos los planetas, los Maestros de distintos esplendores, los regentes de los mundos, se inclinan ante Ishvara, es decir, ante el Logos Solar, no hay rodilla que no se doblegue ante el Crestos Cósmico. El es en sí mismo el gobernador de todos los mundos, de todos los soles, de todo el Infinito.

Necesitamos que nuestra Conciencia se absorba, primero en el Intimo, en el Espíritu Triuno, Inmortal, y más tarde se absorba en el Anciano de los Días y por último en el Logos Solar. Cuando la Conciencia se absorba definitivamente en el Logos Interior, entonces viene la liberación final.

Nosotros, cada uno, debemos esforzarnos, luchar intensamente por lograr nuestra liberación. Nada ganamos con estar metidos en este valle de lágrimas. La rueda del Samsara gira eternamente y volvemos una y otra vez a este mundo a sufrir y a llorar. Es necesario romper cadenas y resueltamente meternos por el Camino de la Revolución de la Conciencia con el propósito definitivo de llegar a la liberación final. Se necesita voluntad, hermanos, hay necesidad de dejar la tibieza; se necesita ser fuertes en pensamiento, palabra y obra. El gran Maestro Jesús, el Gran Kabir, dijo: “sed fríos o calientes, pero no tibios, porque a los tibios los vomitaré de mi boca”.

Necesitamos pues, ser ardientes como el fuego, si es que verdaderamente queremos liberarnos. Hoy por hoy, somos esclavos del Samsara; hoy por hoy, estamos viviendo en el valle de las amarguras, en el valle del dolor. Es necesario escaparnos de este mundo de tinieblas; es necesario encontrar la auténtica felicidad y eso solamente es posible volviendo definitivamente al Logos Solar, resucitando al Cristo en nosotros. Amén.