Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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Retorno, Recurrencia y Reencarnación

La Ley del Eterno Retorno

Amigos míos reunidos esta tarde en esta casa, vamos hoy a estudiar la “Ley del Eterno Retorno” de todas las cosas.

A la hora de la muerte llega siempre ante el lecho el Ángel de la Muerte. De estos hay legión, y todos ellos trabajan de acuerdo con la Gran Ley.

Tres cosas van al panteón o cementerio. Primero: El Cadáver Físico. Segundo: El Cuerpo Vital (éste se escapa del Cuerpo Físico con la última exhalación); tal vehículo flota ante el sepulcro y se va descomponiendo lentamente a medida que el Cuerpo Físico se desintegra. Tercero: La Ex-Personalidad. Esta, indiscutiblemente puede a veces escaparse de entre la tumba y ambular por el panteón o dirigirse a algunos lugares que le son familiares.

No hay duda de que la Ex-Personalidad se disuelve lentamente a través del tiempo; no existe ningún mañana para la Personalidad del muerto; ésta en sí misma es perecedera…

Aquello que continúa, aquello que no va al sepulcro, es el Ego, el Mí Mismo, el Sí Mismo.

La muerte en sí misma es una resta de quebrados; terminada la operación matemática sólo quedan los “Valores”.

Obviamente, las sumas de valores se atraen y repelen de acuerdo con la Ley de la Imantación Universal, flotan en la atmósfera del mundo.

La Eternidad abre sus fauces para tragarse al Ego y luego lo expele, lo arroja, lo devuelve al tiempo.

Se nos ha dicho que en el instante preciso de la muerte, en el momento en que el difunto exhala su postrer aliento, proyecta un Diseño Electro-Psíquico de su Personalidad; tal diseño continúa en las Regiones Suprasensibles de la Naturaleza, y más tarde viene a saturar el huevo fecundado. Así es como al retornar, al regresar, al reincorporarse en un nuevo Cuerpo Físico, venimos a poseer características personales muy similares a las de la vida anterior.

Eso que continúa después de la Muerte no es pues algo muy hermoso. Aquello que no es destruido con el Cuerpo Físico, no es más que un montón de Diablos, de Agregados Psíquicos, de Defectos.

Lo único decente que existe en el fondo de todas esas entidades cavernarias que constituyen el Ego, es la Esencia, la Psiquis, eso que tenemos de Alma.

Al regresar a un nuevo Vehículo Físico entra en acción la Ley del Karma, pues no existe efecto sin causa, ni causa sin efecto.

Los Ángeles de la Vida se encargan de conectar el Cordón de Plata con el zoospermo fecundante. Incuestionablemente, muchos millones de zoospermos se escapan en el instante de la cópula, mas sólo uno de ellos goza del poder suficiente como para penetrar en el óvulo, a fin de realizar la concepción.

Esta fuerza de tipo muy especial, no es un producto del acaso o del azar; lo que sucede es que está impulsado desde adentro en su energetismo íntimo por el Ángel de la Vida, que en tales instantes realiza la conexión de la Esencia que retorna.

Los biólogos saben muy bien que los gametos masculino y femenino llevan cada uno 24 cromosomas; sumados estos entre sí dan la suma total de 48, que vienen a componer la célula germinal.

Esto de los 48 cromosomas viene a recordarnos las 48 Leyes que gobiernan el Cuerpo Físico.

La Esencia viene a quedar, pues, conectada con la célula germinal por medio del Cordón de Plata; y como quiera que tal célula se divide en 2, y las 2 en 4, y las 4 en 8, y así sucesivamente para el proceso de gestación fetal, es claro que la Energía Sexual se convierte de hecho en el agente básico de tal multiplicación celular. Esto significa que en modo alguno podría realizarse el fenómeno de la mitosis sin la presencia de la Energía Creadora.

El desencarnado, aquel que se prepara para tomar un nuevo Cuerpo Físico, no penetra en el feto; sólo viene a reincorporarse en el instante en que la criatura nace, en el momento preciso en que realiza su primera inhalación.

Muy interesante resulta que con la postrer exhalación del moribundo viene la desencarnación, y que con la primera inhalación reingresamos a un nuevo organismo…

Es completamente absurdo afirmar que uno escoge en forma voluntaria el lugar en donde debe renacer. La realidad es muy diferente. Son precisamente los Señores de la Ley, los Agentes del Karma, quienes seleccionan para nosotros el sitio exacto, hogar, familia, nación, etc., donde debemos reincorporarnos, retornar.

Si el Ego pudiera escoger el sitio, lugar o familia, etc., para su nueva reincorporación, entonces los ambiciosos, orgullosos, avaros, codiciosos, buscarían los palacios, las casas de los millonarios, las ricas mansiones, los lechos de rosas y de plumas, y el mundo sería todo riqueza y suntuosidad; no habría pobres, no existiría el dolor ni la amargura, nadie pagaría Karma, todos podríamos cometer los peores delitos sin que la Justicia Celestial nos alcanzara, etc., etc., etc.

La cruda realidad de los hechos es que el Ego no tiene derecho para escoger el lugar o la familia donde debe nacer. Cada uno de nosotros tiene que pagar lo que debe; escrito está que “el que siembra rayos cosechará tempestades”. Ley es Ley, y la Ley se cumple.

Es pues muy lamentable que tantos escritores famosos de la espiritualidad contemporánea, afirmen en forma enfática que cada cual tiene derecho a escoger el sitio donde debe renacer.

Lo que hay más allá del sepulcro es algo que solamente pueden conocer los hombres despiertos, aquellos que ya disolvieron el Ego, la gente verdaderamente Auto-Consciente.

En el mundo existen muchas teorías, ya de tipo espiritualizado o ya de tipo materializado, y la razón de los Humanoides intelectuales da para todo: Lo mismo puede crear teorías espiritualizadas que materializadas.

Los homúnculos racionales pueden elaborar dentro de su encéfalo cerebral, mediante los procesos lógicos más severos, una teoría materialista como una espiritualista, y tanto en una como en la otra, tanto en la tesis como en la antítesis, la lógica de fondo es realmente admirable.

Incuestionablemente, la Razón, con todos sus procesos lógicos, como facultad de investigación, tiene un principio y un fin, es demasiado estrecha y limitada, pues como ya dijimos, se presta para todo, sirve para todo: Lo mismo para la tesis que para la antítesis.

Ostensiblemente, los procesos de cerebrización lógica no son por sí mismos convincentes, por el hecho concreto de que con ellos se puede elaborar cualquier tesis espiritualizada o materializada, demostrando ambas el mismo vigor lógico, ciertamente plausible para todo razonador humanoide.

No es posible pues, que la Razón conozca verdaderamente nada de lo que hay de tejas para arriba, de lo que está más allá, de eso que continúa después de la muerte…

Ya Don Emmanuel Kant, el gran filósofo alemán, demostró con su gran obra titulada «La Crítica de la Razón Pura», que la Razón por sí misma no puede conocer nada sobre la Verdad, sobre lo Real, sobre Dios, etc., etc., etc.

No estamos nosotros pues lanzando al aire ideas a priori; lo que estoy diciendo con tanto énfasis puede ser documentado con la citada obra del filósofo mencionado.

Obviamente, tenemos que descartar a la Razón como elemento de cognición idónea para el descubrimiento de lo Real…

Archivados los procesos razonativos en esta cuestión de metafísica práctica, sentaremos desde ahora mismo una base sólida para la verificación de eso que está más allá del tiempo, de aquello que continúa y que no puede ser destruido con la muerte del Cuerpo Físico…

Estoy aseverando algo que me consta, algo que he experimentado en ausencia de la Razón. No está de más recordar a este honorable auditorio, que yo recuerdo todas mis vidas anteriores.

En los antiguos tiempos, antes del sumergimiento del Continente Atlante, las gentes tenían desarrollada esa facultad del Ser conocida con el nombre de “Percepción Instintiva de las Verdades Cósmicas”.

Después del sumergimiento de ese antiguo continente, esa preciosa facultad entró en el ciclo involutivo, descendente, y se perdió totalmente.

Es posible regenerar esa facultad mediante la disolución del Ego. Logrado tal propósito, podremos verificar por sí mismos, en forma auto-consciente, la Ley del Eterno Retorno de todas las cosas.

Indubitablemente, la citada facultad del Ser nos permite experimentar lo Real, eso que continúa, lo que está más allá de la muerte, del Cuerpo Físico, etc., etc., etc.

Como quiera que yo poseo tal facultad desarrollada, puedo afirmar con plena autoridad lo que me consta, lo que he vivido, lo que está más allá, etc., etc.

Hablando sinceramente y con el corazón en la mano, puedo decirles lo siguiente: Los difuntos viven normalmente en el Limbo, en la antesala del Infierno, en la Región de los Muertos (Astral Inferior), región plenamente representada en todas esas grutas y cavernas subterráneas del Mundo, que unidas o entrelazadas íntimamente, forman un todo en su conjunto…

Es lamentable el estado en que se encuentran los difuntos: Parecen sonámbulos, tienen la Conciencia completamente dormida, ambulan por todas partes y creen firmemente que están vivos; ignoran su muerte.

Después de la desencarnación, los tenderos continúan en sus tiendas, los borrachos en las cantinas, las prostitutas en los prostíbulos, etc., etc.

Sería imposible que gentes así, sonámbulos de esta clase, inconscientes, pudieran darse el lujo de escoger el sitio donde deben renacer.

Lo más natural es que estos nazcan sin saber a qué hora ni cómo, y mueran completamente inconscientes.

Las sombras de los fallecidos son muchas; cada desencarnado es un montón de sombras inconscientes; un montón de larvas que viven en el pasado, que no se dan cuenta del presente, que están embotelladas entre todos sus dogmas, en las cosas rancias del ayer, en las ocurrencias de los tiempos idos, en los afectos, en los sentimentalismos de familia, en los intereses egoístas, en las pasiones animales, en los vicios, etc., etc., etc.

Al renacer, la Esencia se expresa durante los primeros tres o cuatro años de la infancia, y entonces la criatura es hermosa, sublime, inocente, feliz.

Desafortunadamente, el Ego comienza a expresarse poco a poco, al acercarnos a la edad de siete años, y viene del todo a manifestarse cuando la nueva Personalidad ha sido totalmente creada.

Es indispensable comprender que la nueva Personalidad se crea precisamente durante los primeros siete años de la infancia y que se robustece con el tiempo y las experiencias.

La Personalidad es energética, no es física, como pretenden muchas personas, y después de la muerte se descompone lentamente en el panteón, hasta desintegrarse radicalmente.

Antes de que la nueva Personalidad se forme totalmente, la Esencia puede darse el lujo de manifestarse con toda su belleza, y hasta hace que los niños pequeños sean ciertamente psíquicos, sensitivos, clarividentes puros, etc., etc.

Cuán felices seríamos todos si no tuviéramos Ego, si sólo se expresara en nosotros la Esencia. Indiscutiblemente, entonces no habría dolor, la Tierra sería un Paraíso, un Edén, algo inefable, sublime.

El retorno del Ego a este mundo es verdaderamente asqueante, horripilante, abominable. El Ego, en sí mismo, irradia ondas vibratorias siniestras, tenebrosas, nada agradables.

Yo digo que toda persona, en tanto no haya disuelto el Ego, es más o menos negra, aunque presuma de santidad y de virtud.

El incesante Retorno de todas las cosas es una Ley de la vida, y lo podemos verificar de instante en instante y de momento en momento.

Retorna la Tierra a su punto de partida cada año, y entonces celebramos el año nuevo; retornan todos los astros a su punto de partida original; retornan los átomos dentro de la molécula a su punto inicial; retornan los días, retornan las noches; retornan las cuatro Estaciones: Primavera, Verano, Otoño e Invierno; retornan los ciclos, Kalpas, Yugas, Mahamvantaras, etc.

Es pues, la Ley del Eterno Retorno algo indiscutible, irrefutable, irrebatible.

La Ley de Recurrencia

Un hombre es lo que es su vida, si un hombre no modifica nada dentro de sí mismo, si no transforma radicalmente su vida, si no trabaja sobre sí mismo, está perdiendo su tiempo miserablemente.

La muerte es el regreso al comienzo mismo de su vida con la posibilidad de repetirla nuevamente.

Mucho se ha dicho en la literatura Seudo-Esotérica y Seudo-Ocultista, sobre el tema de las vidas sucesivas, mejor es que nos ocupemos de las existencias sucesivas.

La vida de cada uno de nos con todos sus tiempos es siempre la misma repitiéndose de existencia en existencia, a través de los innumerables siglos.

Incuestionablemente continuamos en la simiente de nuestros descendientes; esto es algo que ya está demostrado.

La vida de cada uno de nos en particular, es una película viviente que al morir nos llevamos a la eternidad.

Cada uno de nos se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia.

La repetición de dramas, comedias y tragedias, es un axioma fundamental de la Ley de Recurrencia.

En cada nueva existencia se repiten siempre las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas, son esas gentes que viven dentro de nuestro interior, los “Yoes”.

Si desintegramos esos actores, esos “Yoes” que originan las siempre repetidas escenas de nuestra vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible.

Obviamente sin actores no puede haber escenas; esto es algo irrebatible, irrefutable.

Así es como podemos libertarnos de las Leyes de Retorno y Recurrencia; así podemos hacernos libres de verdad.

Obviamente cada uno de los personajes (Yoes), que en nuestro interior llevamos, repite de existencia en existencia su mismo papel; si lo desintegramos, si el actor muere, el papel concluye.

Reflexionando seriamente sobre la Ley de Recurrencia o repetición de escenas en cada Retorno, descubrimos por auto-observación íntima, los resortes secretos de esta cuestión.

Si en la pasada existencia a la edad de veinticinco (25) años, tuvimos una aventura amorosa es Indubitable que el “Yo” de tal compromiso buscara a la dama de sus ensueños a los veinticinco (25) años de la nueva existencia.

Si la dama en cuestión entonces sólo tenía quince (15) años, el “Yo” de tal aventura buscará a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa.

Resulta claro comprender que los dos “Yoes” tanto el de él como el de ella, se busquen telepáticamente y se reencuentren nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia…

Dos enemigos que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscarán otra vez en la nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente.

Si dos personas tuvieron un pleito por bienes raíces a la edad de cuarenta (40) años en la pasada existencia, a la misma edad se buscaran telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.

Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes llenas de compromisos; eso es irrefutable.

Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de sí mismo un “club” de asesinos y el lujurioso porta en su psiquis una “Casa de Citas”.

Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes o “Yoes” dentro de sí mismo y de tales compromisos que fatalmente se van cumpliendo.

Todos estos compromisos de los Yoes que dentro de nosotros moran, se suceden por debajo de nuestra razón.

Son hechos que ignoramos, cosas que nos suceden, acontecimientos que se procesan en el subconsciente e inconsciente.

Con justa razón se nos ha dicho que todo nos sucede, como cuando llueve o como cuando truena.

Realmente tenemos la ilusión de hacer, empero nada hacemos, nos sucede, esto es fatal, mecánico…

Nuestra personalidad es tan sólo el instrumento de distintas gentes (Yoes), mediante la cual cada una de esas gentes (Yoes), cumple sus compromisos.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas, desgraciadamente ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.

Nos creemos sabios cuando en verdad ni siquiera sabemos que no sabemos. Somos míseros leños, arrastrados por las embravecidas olas del mar de la existencia.

Salir de esta desgracia, de esta inconsciencia, del estado tan lamentable en que nos encontramos, sólo es posible muriendo en sí mismos…

¿Cómo podríamos despertar sin morir previamente? ¡Sólo con la muerte adviene lo nuevo! Si el germen no muere la planta no nace.

Quien despierta de verdad adquiere por tal motivo plena objetividad de su conciencia, iluminación auténtica, felicidad…

Samael Aun Weor
Tratado de Psicología Revolucionaria
«Capítulo XXV Retorno y Recurrencia»

Amigos míos, la plática de hoy versará sobre la “Ley de Recurrencia”.

Al retornar el Ego, al reincorporarse, todo vuelve a ocurrir tal como sucedió más las consecuencias buenas o malas. Indubitablemente existen variadas formas de la Gran Ley de Recurrencia; en esta plática nos propondremos estudiar esas variadas formas…

Se repiten diversas escenas de nuestras vidas anteriores, ya en espiras más elevadas, ya en espiras más bajas.

La Espiral es la Curva de la Vida y está simbolizada siempre por el Caracol. Nosotros somos malos caracoles entre el seno del Padre.

Obviamente nos desenvolvemos, evolucionamos e involucionamos en la Línea Espiral de la Existencia.

[…]

Pasemos ahora a estudiar el modus operandi de esta Gran Ley en el Animal Intelectual equivocadamente llamado hombre.

Al reincorporarnos, al regresar, al retornar repetimos detalladamente todos los acontecimientos de nuestra pasada y pasadas existencias.

Existen sujetos de rigurosa repetición, casos concretos de Egos que retornan durante muchos siglos en el seno de una misma familia, ciudad y nación.

Esos son los que debido a la incesante repetición de lo mismo, pueden predecir con absoluta claridad lo que les aguarda en el futuro. Esos son los que pueden decir, por ejemplo: “Me casaré a los 30 años, tendré una mujer de tal color, de tal estatura, tantos hijos, mi padre morirá a tal edad, mi madre a tal otra, mi negocio fructificará o fracasará, etc., etc.”, y es claro que todo esto se viene después a suceder con exactitud asombrosa.

Son personas que se saben su papel a fuerza de tanto repetirlo, que no lo ignoran. ¡Y eso es todo!

Entran en este asunto también los “Niños Prodigio” que tanto asombran a las gentes de su época; por lo común, se trata de Egos que ya se saben su oficio de memoria y que al retornar lo hacen a la maravilla desde los primeros años de su infancia.

Es asombrosa la Ley de Recurrencia. Las personas normales, comunes y corrientes repiten siempre sus mismos dramas. Los cómicos, una y otra vez en cada una de sus vidas sucesivas repiten las mismas payasadas. Los perversos se reincorporan continuamente para repetir incesantemente las mismas tragedias.

Todos esos eventos propios de las existencias repetidas, van acompañadas siempre de las buenas o malas consecuencias, de acuerdo con la Ley de Causa y Efecto.

Volverá el asesino a verse en la horripilante ocasión de asesinar, mas será asesinado. Volverá el ladrón a verse con la misma oportunidad de robar, pero será metido en la cárcel. Sentirá el bandido el mismo deseo de correr, de usar sus piernas para el delito, pero no tendrá piernas, nacerá inválido o las perderá en cualquier tragedia. Querrá el ciego de nacimiento ver las cosas de la vida, aquellas que posiblemente le condujeron a la crueldad, etc., pero no podrá ver. Amará la mujer al mismo marido de su vida anterior, a aquel que posiblemente abandonó en el lecho de enfermedad para irse con cualquier otro sujeto, mas ahora, el drama se repetirá a la inversa, y el sujeto de sus amores partirá con otra mujer, dejándola abandonada. Volverá el salteador de caminos a sentir el deseo de correr, de huir, clamará posiblemente en estado de delirio mental, revestido con un nuevo cuerpo de naturaleza posiblemente femenino, tendrá delirios extraños, no podrá huir de sí mismo, enloquecerá, será un enfermo mental, etc., etc. Así, amigos, así trabaja la Ley de Recurrencia incesantemente…

Samael Aun Weor
Sí: Hay Infierno, Diablo y Karma
«Capítulo XXII La Ley de Recurrencia »

Con una serie de insólitos relatos quiero explicar ahora lo que es la Ley de recurrencia.

Ciertamente la citada ley nunca fue para mí algo nuevo, extraño, o extravagante: en nombre de ESO que es lo Divinal debo afirmar en forma enfática que esa pragmática, regla, sólo la conocí a través de mis inusitadas vivencias.

Dar fe de todo aquello que realmente hemos experimentado directamente, es fuera de toda duda un deber para con nuestros semejantes.

Jamás he querido escabullirme, zafarme intelectualmente, de entre esa múltiple variedad de recuerdos, relacionados con mis precedentes tres existencias anteriores y lo que corresponde a mi vida actual.

Para bien de la gran causa por la cual estamos luchando intensamente, prefiero pechar, asumir responsabilidades, pagar, confesar francamente mis errores ante el veredicto solemne de la conciencia pública.

Fehacientemente y sin ambages es oportuno declarar ahora que yo fui en España el Marqués Juan Conrado, tercer gran Señor de la Provincia de Granada.

Es evidente que esa fue la época dorada del famoso Imperio de España: El cruel conquistador Hernán Cortés, alevoso cual ninguno, había atravesado con su espada el corazón de México mientras el despiadado Pizarro en el Perú, hacía huir a las cien mil vírgenes…

Como quiera que muchos nobles y plebeyos, aventureros y perversos, en busca de fortuna, se embarcaban constantemente para la Nueva España, es ostensible que yo en modo alguno podía ser una excepción.

En una simple carabela, frágil y ligera, navegué durante varios meses por entre el borrascoso océano con el propósito de llegar a estas tierras de América.

No está de más aseverar vehementemente que jamás tuve la intención de saquear los sagrados templos de los augustos Misterios, ni de conquistar pueblos, o destruir ciudadelas.

Anduve ciertamente por estas tierras de América en busca de fortuna, desafortunadamente cometí algunos errores…

Estudiarlos es necesario para conocer las paralelas y verificar conscientemente la sabia Ley de Recurrencia.

Esos eran mis tiempos de BODDHISATTVA caído y por cierto que no era una mansa oveja…

Han pasado los siglos y como quiera que tengo la consciencia despierta, es obvio que jamás he podido olvidar tanto desatino…

La primera paralela que debemos estudiar se corresponde exactamente con mi actual cuerpo físico.

En habiendo llegado en frágil embarcación de la Madre Patria, me establecí muy cerca de los acantilados en estas costas del Atlántico…

Por aquellos tiempos de la conquista española, existía desgraciadamente el negocio internacional relacionado con la infame venta de negros Africanos.

Entonces para bien o para mal conocí a una noble familia de color originaria de Argelia…

Todavía recuerdo a una doncellita tan negra y tan hermosa como un sueño milagroso de las Mil y Una Noches…

Si compartí con ella el lecho de placeres en el Jardín de las delicias, fue realmente movido por el incentivo de la curiosidad; quería conocer el resultado de este cruce racial…

Que de ello naciera un vástago mulato nada tiene de raro; más tarde vino el nieto, el bisnieto y el tataranieto…

En aquellos tiempos de BODDHISATTVA caído, me olvide de las famosas marcas astrales que se originan en el coito y que todo desencarnado lleva en su KARMASAYA…

Resulta palmario y manifiesto que tales marcas le relacionan a uno con aquellas gentes y sangre asociadas con el coito químico; es oportuno decir ahora que los Yoguis del Indostán han hecho ya sobre esto detenidos estudios.

No está de más aseverar que mi actual cuerpo físico deviene de la citada cópula metafísica; con otras palabras diré que así vine a quedar vestido con la carne que llevo en mi presente existencia. Mis antepasados paternos fueron exactamente los descendientes de aquel acto sexual del Marqués.

Asombra que nuestros descendientes a través del tiempo y la distancia se conviertan en ascendientes. Es maravilloso que después de algunos siglos vengamos a revestirnos con nuestra propia carne, a convertirnos en hijos de nuestros propios hijos.

Viajes incesantes por estas tierras de la Nueva España caracterizaron la vida del Marqués y éstos se repitieron en mis subsiguientes existencias incluyendo la actual.

LITELANTES como siempre estuvo a mi lado soportando pacientemente todas esas sandeces de mis tiempos de BODDHISATTVA caído… En llegando el otoño de la vida en cada reencarnación, confieso sin ambages que siempre hube de marcharme con la “Enterradora”, quiero referirme a una antigua iniciada por la cual siempre abandonaba a mi esposa y que en una y otra existencia cumplió con su deber de darme cristiana sepultura.

En el atardecer de mi vida presente, volvió a mí esa antigua iniciada; la reconocí de inmediato, pero como quiera que ya no estoy caído la repudié con dulzura; ella se alejó afligida…

Revestido con esa personalidad altiva y hasta insolente del Marqués, inicié el retorno a la madre Patria después de cierta asqueante bronca motivada por un cargamento de diamantes en bruto extraídos de una mina muy rica…

Para bien de muchos lectores no está de más hacer cierto énfasis al aseverar crudamente que después de un corto intervalo en la región de los muertos, hube de entrar nuevamente en escena reencarnificándome en Inglaterra…

Ingresé al seno de la ilustre familia Bleler y se me bautizó con el piadoso nombre de Simeón…

Con el florecer juvenil me trasladé a España movido por el anhelo íntimo de retornar a América. Así trabaja la Ley de recurrencia…

Obviamente no está de más decir que se repitieron en el espacio y en el tiempo las mismas escenas, idénticos dramas, similares despedidas, etc. etc. etc. incluyendo como es natural el viaje a través del borrascoso océano…

Intrépido salté a tierra en las costas tropicales de Sur América, habitadas entonces por diferentes tribus…

Explorando tales y cuales regiones selváticas habitadas por bestias feroces, llegué al valle profundo de Nueva Granada a los pies de las montañas de Monserrate y Guadalupe: hermoso país gobernado por el Virrey Solís…

Es incuestionable que por esos tiempos, de hecho comenzaba a pagar el KARMA que debía desde los años del Marqués…

Entre estos criollos de la Nueva España, indubitablemente resultaban inútiles mis esfuerzos por conseguir algún trabajo bien remunerado; desesperado por la mala situación económica ingresé como un simple soldado raso en el ejercito del Soberano: por lo menos allí encontré pan, abrigo y refugio…

Sucedió que un día festivo muy de mañana, las tropas de su majestad se preparaban para rendir honores muy especiales a su jefe y por ello se distribuían aquí, allá y acullá realizando maniobras con el propósito de organizar filas.

Todavía recuerdo a cierto sargento mal encarado y pendenciero que revisando a su batallón, daba gritos, maldecía, pegaba, etc. etc. etc.

De pronto, llegándose ante mí me insultó gravemente porque mis pies no se hallaban en correcta posición militar y después, observando detalles minuciosos de mi chaqueta, alevoso me abofeteó…

Lo que sucedió luego no es muy difícil adivinarlo: nada bueno se puede esperar jamás de un BODDHISATTVA caído. Sin reflexión alguna, torpemente, clavé mi acerada bayoneta sanguinaria en su aguerrido pecho.

El hombre cayó en tierra herido de muerte, gritos de pavor por doquiera se escuchaban, mas yo fui astuto y aprovechando precisamente la confusión, el desorden y el espanto, escapé de aquel lugar perseguido muy de cerca por la soldadesca bien armada.

Anduve por muchos caminos rumbo a las escarpadas costas del océano Atlántico, se me buscaba por doquier y por ello evitaba siempre el paso por las alcabalas dando muchos rodeos a través de las selvas.

En los caminos carreteables —que bien pocos eran en aquellos tiempos— pasaban a mi lado algunos carruajes arrastrados por parejas de briosos corceles: en tales vehículos viajaban gentes que no tenían mi KARMA, personas adineradas.

Un día cualquiera a la vera del camino, cerca a una aldea, hallé una tienda humilde y en ella penetré con el ánimo de beberme una copa, quería animarme un poco.

¡Atónito! ¡Confundido! ¡Asombrado! quedé al descubrir que la dueña de ese negocio era LITELANTES. ¡Oh! yo la había amado tanto y ahora la encontraba casada y madre de varios hijos. ¿Qué reclamo podía hacer? pagué la cuenta y salí de allí con el corazón desgarrado…

Continuaba la marcha por el sendero, cuando con cierto temor puedo verificar que alguien viene tras de mí: el Hijo de la señora, una especie de Alcalde rural. Tomó la palabra aquel joven para decirme: “De acuerdo con el Artículo 16 del Código del Virrey está usted detenido”. Inútilmente traté de sobornarle: aquel caballero bien armado me condujo ante los tribunales y es obvio que después de ser sentenciado hube de pagar muy larga prisión por la muerte del consabido Sargento.

Cuando salí en libertad caminé por las riberas salvajes y terribles del caudaloso río Magdalena, ejerciendo muy duros trabajos materiales doquiera tuviese la oportunidad.

Como nota interesante del presente capítulo, debo decir que la ESENCIA de ese Alcalde por el cual hube de pasar tantas amarguras encerrado en una inmunda mazmorra, retornó con cuerpo femenino; es ahora una hija mía; por cierto que ya hasta madre de familia es, me ha dado algunos nietos.

Antes de su reingreso interrogué en los mundos suprasensibles a esa alma; le pregunté sobre el motivo que le inducía a buscarme por Padre, me respondió diciendo que tenía remordimiento por el mal que me había causado y que quería portarse bien conmigo para enmendar sus errores. Confieso que está cumpliendo su palabra.

En aquella época me establecí en las costas del océano Atlántico después de infinitas amarguras Kármicas, repitiendo así todos los pasos del insolente Marqués Juan Conrado… Lo mejor que hice fue haber estudiado el esoterismo, la medicina natural, la botánica…

Los nobles aborígenes de aquellas tierras tropicales, me brindaron su amor agradecidos por mi labor de Galeno: les curaba siempre en forma desinteresada.

Algo insólito sucede cierto día: se trata de la espectacular aparición de un gran Señor venido de España. Ese caballero me narró sus infortunios. Traía en su nave toda su fortuna y los piratas le seguían. Quería un lugar seguro para sus ricos caudales.

Es evidente que fraternalmente le brindé consuelo y hasta le propuse abrir una cueva y guardar en ella sus riquezas: el señor aceptó mis consejos no sin antes exigirme solemne juramento de honradez y lealtad.

Con la fragancia de la sinceridad y el perfume de la cortesía entrambos nos entendimos. Después di órdenes a mi gente, un grupo muy selecto de aborígenes: éstos últimos entreabrieron la corteza de la tierra.

Hecho el hueco metimos allí con gran diligencia un baúl grande y una caja más chica, conteniendo morrocotas de oro macizo y ricas joyas de incalculable valor.

Mediante ciertos exorcismos mágicos logré el encantamiento de la “joyosa guardada” como dijera Don Mario Roso de Luna, con el propósito de hacerla invisible ante los desagradables ojos de la codicia.

El caballero de marras me remuneró muy bien haciéndome generosa entrega de una rica bolsa con monedas de oro y luego se alejó de esos lugares haciéndose a sí mismo el propósito de volver a su madre Patria para traer de allí a su familia, pues deseaba establecerse señorialmente en estas bellas tierras de la Nueva España.

El reloj de arena del destino jamás está quieto; pasaron los días, los meses y los años y aquel buen hombre jamás regresó; tal vez murió en su tierra o cayó víctima de la piratería que entonces infestaba los siete mares, no lo sé.

Existen casos sensacionales en la vida, cierto día en mi presente reencarnación, estando lejos de esta mi tierra Mexicana, platicaba sobre dicho asunto con cierto grupo de hermanos Gnósticos entre los cuales descollaba por su sabiduría el Maestro GARGHA KUICHINES: fue entonces cuando recibí una tremenda sorpresa: vi con místico asombro como el Soberano Comendador G. K. se levantaba para confirmar en forma enfática mis palabras.

El citado Maestro nos informó que él personalmente había visto escrito tal relato en dorados versos. Nos habló de un viejo libro polvoriento y lamentó haberlo prestado. ¡Válgame Dios y Santa María!, pero si yo jamás sabía de tal tratado.

Viejas tradiciones antiquísimas nos dicen que muchas gentes de esas costas del Caribe estuvieron buscando el tesoro de Bleler.

Curioso es que aquellos nobles aborígenes que antes enterraran tan rica fortuna, estén nuevamente reincorporados formando el grupo del S. S. S. Así trabaja la Ley de Recurrencia.

Recuerdo claramente que después de aquella mi borrascosa existencia con la sobredicha personalidad inglesa, fui constantemente invocado por esas personas que se dedican al espiritismo o espiritualismo. Querían que les dijese cuál era el lugar donde se encontraba guardado el delicioso dorado; codiciaban el Tesoro de Bleler; empero, es evidente, que fiel a mi juramento en la región de los muertos, jamás quise entregarles el secreto.

Repitiendo los pasos del insolente Marqués Juan Conrado, en mi subsiguiente existencia vine a reencarnificarme en México, se me bautizó con el nombre de Daniel Coronado, nací en el Norte, por los alrededores de Hermosillo, lugares todos estos conocidos en otros tiempos por el Marqués. Mis padres quisieron todo el bien para mí y de joven me inscribieron en la Academia Militar, mas todo fue en vano.

Cualquier día de esos tantos, aproveché malamente un fin de semana en banqueteos y borracheras con amigos calaveras. Confieso todavía con cierta vergüenza, que hube de regresar a casa con el uniforme de cadete sucio, desgarrado y envilecido… es obvio que mis padres se sintieron defraudados.

Es ostensible que no volví jamás a la academia militar: indudablemente desde ese momento comenzó mi camino de amarguras…

Afortunadamente reencontré entonces a LITELANTES, ella se hallaba reencarnificada con el nombre de Ligia Paca (o Francisca): a buena hora me recibió por esposo…

Biografiar cualquier vida resulta de hecho un trabajo muy difícil y de enjundioso contenido y por ello sólo hago resaltar con fines esotéricos determinados detalles.

Incuestionablemente yo no gozaba de holgada situación, difícilmente me ganaba el pan nuestro de cada día; muchas veces comía con el mísero salario de Ligia: ella era una pobre maestra de escuela rural y para colmos hasta le atormentaba con mis execrables celos. No quería ver con buenos ojos a todos esos sus colegas del magisterio que le brindaban amistad…

Sin embargo algo útil hice por aquellos tiempos: no está de más decir enfáticamente que formé un bello grupo esotérico Gnóstico en pleno distrito federal: los estudiantes de tal congregación en mi actual existencia de acuerdo con la Ley de recurrencia retornaron a mí…

Durante el cruento régimen Porfirista tuve un cargo por cierto no muy agradable en la Policía rural. Cometí el error imperdonable de enjuiciar al famoso “GOLONDRINO”, peligroso bandolero que asolaba a la comarca; es claro que tal maleante murió fusilado…

En mi actual existencia le reencontré reincorporado en humano cuerpo femenino; sufría delirio de persecución, temía que le encarcelasen por hurto; luchaba por desatarse de ciertos lazos imaginarios; creía que ya le iban a fusilar… es claro que cancelé mi deuda curando a dicha enferma; los psiquiatras habían fallado lamentablemente: ellos no fueron capaces de sanarla…

Al estallar la rebelión contra Don Porfirio Díaz, abandoné el nefasto puesto en la rural: entonces con humildes proletarios de pico y pala, pobres peones sonsacados de las haciendas de los amos, organicé un batallón. Era ciertamente admirable este valeroso puñado de gente humilde armada apenas con machetes pues nadie tenía dinero como para comprar armas de fuego. Afortunadamente el General Francisco Villa nos recibió en la División del Norte; allí se nos dieron caballos y fusiles.

No hay duda de que por esos años de tiranía luchamos por una gran causa; el pueblo mexicano gemía bajo las botas de la Dictadura…

En nombre de la verdad debo decir que mi personalidad como Daniel Coronado fue ciertamente un fracaso: lo único por lo cual valió la pena vivir fue por el grupo esotérico en el Distrito Federal y por mi sacrificio en la Revolución…

A mis compañeros de la rebelión les digo: Abandoné las filas cuando enfermé gravemente. En los postreros días de esa vida tormentosa, anduve por las calles del Distrito Federal, descalzo, con las ropas vueltas pedazos, hambriento, viejo, enfermo y mendigando…

Con profundo pesar confieso francamente que vine a morir en una casucha inmunda.

Todavía recuerdo aquel instante en que el Galeno sentado en una silla, después de haberme examinado, exclama moviendo la cabeza: “Este caso está perdido”.

Y luego se retira.

Lo que de inmediato continúa es tremendo: Siento un frío espantoso como hielo de muerte. A mis oídos llegan gritos de desesperación: ¡San Pedro, San Pablo, ayudadlo! Así exclama esa mujer a la cual llamo “La enterradora”.

Extrañas manos esqueléticas me agarran por la cintura y me sacan del cuerpo físico: es obvio que el Ángel de la Muerte ha intervenido: resueltamente corta con su hoz el cordón de plata y luego me bendice y se aleja.

¡Bendita muerte, cuanto tiempo hacía que te aguardaba, al fin llegasteis en mi auxilio, bastante amarga era mi existencia!

Dichoso reposé en los mundos superiores después de innúmeras amarguras: ciertamente el humano dolor de los mortales tiene también su límite más allá del cual reina la paz.

Desafortunadamente no duró mucho aquel reposo entre el seno profundo de la eternidad: un día cualquiera, no importa cual, muy quedito, vino a mí uno de los brillantes señores de la Ley. Tomó la palabra y dijo: “Maestro Samael Aun Weor, ya todo está listo, sígame”.

Yo respondí de inmediato, sí venerable Maestro, está bien, le seguiré. Anduvimos entonces juntos por diversos lugares y penetramos al fin en una casa señorial, atravesamos un patio y después pasamos por una sala y luego entramos en la recámara de la matrona: oímos que se quejaba, sufría dolores de parto…

Ese fue el instante místico en que vi con asombro el cordón de plata de mi existencia actual conectado psíquicamente al infante que estaba por nacer.

Momentos después aquella criatura inhalaba con avidez el prana de la vida: me sentí atraído hacia el interior de ese pequeño organismo y luego lloré con todas las fuerzas de mi alma…

Vi a mi alrededor algunas personas que sonreían y confieso que especialmente me llamó la atención un gigante que me miraba con cariño; era mi progenitor terrenal.

No está de más decir con cierto énfasis que aquel buen autor de mis días fuera en la época medieval durante los tiempos de la caballería un noble señor al cual hube de vencer en cruentas batallas. Juró entonces venganza y es claro que la cumplió en mi presente existencia.

Muy joven abandoné la casa paterna movido por dolorosas circunstancias y viajé por todos aquellos lugares do antes estuviera en pretéritas existencias.

Se repitieron los mismos dramas, las mismas escenas: LITELANTES apareció nuevamente en mi camino: me reencontré con mis viejos amigos: quise hablarles, pero no me conocieron, inútiles fueron mis esfuerzos por hacerles recordar nuestros tiempos idos.

Sin embargo, algo nuevo sucedió en mi presente reencarnación: mi real ser interior hizo esfuerzos desesperados, terribles, por traerme al camino recto del cual me había desviado desde hacía mucho tiempo.

Confieso francamente que disolví el Ego y que me levanté del lodo de la tierra.

Es obvio que el YO está sometido a la Ley de Recurrencia, cuando el Mí Mismo se disuelve adquirimos libertad, nos independizamos de la citada Ley.

La práctica me ha enseñado que las diferentes escenas de las diversas existencias se procesan dentro de la espiral cósmica repitiéndose siempre ya en espiras más altas o más bajas.

Todos los hechos del Marqués incluyendo sus innúmeros viajes se repitieron siempre en espiras cada vez más bajas en las tres reencarnaciones subsiguientes.

Existen en el mundo personas de repetición automática exacta; gentes que renacen siempre en el mismo pueblo y entre su misma familia.

Es evidente que tales EGOS ya se saben de memoria su papel y hasta se dan el lujo de profetizar sobre si mismos: es claro que la constante repetición no les deja olvidar sucesos, por ello parecen adivinos.

Dichas personas suelen asombrar a sus familiares por la exactitud de sus pronósticos.

Samael Aun Weor
El Misterio del Áureo Florecer
«Capítulo XXXVIII La Ley de Recurrencia»

La Reencarnación

El «Bhágavad-guitá», el libro sagrado del Señor KRISHNA, dice textualmente lo siguiente:

“El Ser no nace, ni muere, ni se reencarna: no tiene origen, es eterno, inmutable, el primero de todos, y no muere cuando le matan el cuerpo”.

Que nuestros lectores Gnósticos reflexionen ahora en el siguiente versículo antitético y contradictorio:

“Como uno deja sus vestidos gastados y se pone otros nuevos, así, el Ser corpóreo, deja su cuerpo gastado y entra en otros nuevos”.

Dos versículos opuestos del gran Avatara KRISHNA: Si no conociéramos la clave es obvio que quedaríamos confundidos:

“Al dejar el cuerpo, tomando el sendero del fuego, de la luz, del día, de la quincena luminosa de la Luna y del solsticio septentrional, los conocedores de BRAHMAN, van a BRAHMAN”.

“El Yogui que, al morir, va por el sendero del humo, de la quincena obscura de la Luna y del solsticio meridional, llega a la esfera Lunar. (El Mundo astral) y luego renace. (Retorna, se reincorpora)”.

“Estos dos senderos, el luminoso y el obscuro, son considerados permanentes. Por el primero, se emancipa, y, por el segundo se renace, (se retorna).

Declaremos sin ambages que el Ser, el Señor ENCARNADO en alguna criatura perfecta, puede volver, RE-ENCARNARSE…

“Cuando el Señor, (EL SER), toma un cuerpo, o lo deja, ÉL se asocia con los seis sentidos o los abandona, y se va como la brisa que lleva consigo el perfume de las flores”.

“Dirigiendo los oídos, los ojos, los órganos del tacto, gusto y olfato, y, también la mente, ÉL experimenta a los objetos de los sentidos”.

“Los ignorantes, alucinados, no lo ven cuando ÉL toma un cuerpo, lo deja, o hace las experiencias asociándose con las Gunas; en cambio, los que tienen los ojos de la sabiduría, lo ven”.

Como documento extraordinario para la doctrina de la RE-ENCARNACIÓN vale la pena meditar en el siguiente versículo del Señor KRISHNA:

“¡Oh Bharata!, toda vez que declina la religión y prevalece la Irreligión. Me encarno de Nuevo (es decir me RE-ENCARNO) para proteger a los buenos, destruir a los malos y establecer la religión. Me encarno (o RE-ENCARNO) en distintas épocas”.

De todos estos versículos del Señor KRISHNA se deducen lógicamente con entera claridad dos conclusiones.

A) Los conocedores de BRAHMA van a BRAHMA y pueden si así lo quieren volver, incorporarse, REENCARNARSE, para trabajar en la GRAN OBRA del Padre.

B) Quienes no han disuelto el EGO, el YO, el MÍ MISMO, se van después de la muerte por el sendero del humo, de la quincena obscura de la Luna y del solsticio meridional, llegan a la esfera Lunar y luego renacen, RETORNAN, se re-incorporan en este doloroso valle del Samsara.

La Doctrina del Gran Avatara KRISHNA enseña que sólo los Dioses, Semi-Dioses, Reyes Divinos, Titanes y Devas se RE-ENCARNAN.

La Ley del eterno retorno de todas las cosas se combina siempre con la Ley de RECURRENCIA.

Los EGOS retornan incesantemente para repetir Dramas, escenas sucesos, aquí y ahora. El pasado se proyecta hacia el futuro a través del callejón del presente.

La palabra RE-ENCARNACIÓN es muy exigente; no se debe usar de cualquier manera: Nadie podría RE-ENCARNIFICARSE sin haber antes eliminado el EGO, sin tener de verdad una Individualidad Sagrada.

ENCARNACIÓN es una palabra muy venerable; significa de hecho la re-incorporación de lo Divinal en un hombre.

RE-ENCARNACIÓN es la repetición de tal acontecimiento cósmico; una nueva Manifestación de lo Divino…

De ninguna manera exageramos conceptos al enfatizar la idea trascendental de que la RE-ENCARNACIÓN sólo es posible para los “EMBRIONES ÁUREOS” que ya lograron en cualquier CICLO DE MANIFESTACIÓN la unión gloriosa con la SUPER-ALMA.

Absurdo sería confundir a la RE-ENCARNACIÓN con el RETORNO. Sería caer en un desatino de la peor clase afirmar que el EGO, —legión de Yoes tenebrosos, siniestros e izquierdos— pueda RE-ENCARNARSE.

RETORNO es algo muy diferente: Es incuestionable el RETORNO de KALPAS, YUGAS, MAHAM-VANTARAS, MAHAPRALAYAS, etc. etc. etc.

Samael Aun Weor
El Misterio del Áureo Florecer
«Capítulo XXXII La Reencarnación»