Círculo de Cultura Gnóstica y Medicinas Ancestrales
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Introducción al Círculo de Estudio y Trabajo Interior

La Perfección

El Maestro Jesús dijo:

“Sed pues, vosotros perfectos como vuestro padre que está en los cielos es perfecto”.

Por su parte Krishna, el Cristo hindú, dijo en el Bhagavad Gita:

“De entre miles de hombres, quizás uno busque la Perfección, y de aquellos que han logrado la Perfección, difícilmente uno me conoce de verdad.”

Curiosamente, si algo podemos inferir es que la imperfección del ser humano, es infinita y es algo inherente a su naturaleza.

La búsqueda de la Perfección es una tarea que todos los grandes iniciados de la historia han emprendido en su pasó hacia la Auto-Realización Íntima de su propio Ser.

Obviamente, haciendo un lado las comparaciones, existen grados y grados de desarrollo y perfeccionamiento posibles para el ser humano y en su camino hacia el Auto-Conocimiento, conforme va profundizando en su búsqueda interior, va tomando conciencia de que a pesar de su estado de imperfección actual, sus posibilidades de desarrollo y perfeccionamiento son asimismo, vastas e infinitas.

Siguiendo este orden de ideas, necesitamos precisar con toda claridad, en qué sentido necesitamos orientar nuestros esfuerzos en el trabajo interior, estableciendo la siguiente premisa:

“La Perfección se mide en grados de Felicidad”.

La Felicidad

Experimentar la Legítima Felicidad de la Gran Vida Libre en su Movimiento, sumergidos en la dicha inefable de aquellos que han alcanzado la liberación, es uno de los más grandes anhelos que subyacen el corazón de todos aquellos que buscan un bálsamo para sanar su adolorido corazón.

La incansable búsqueda de la verdad y de la justicia, tienen su punto culminante en la vivencia de la Felicidad sin límites.

El Maestro de Maestros, Jesús el Cristo, nos entrega un tratado extraordinario de psicología en su Sermón del Monte.

Los Bienaventurados, son aquellos que gozan de la Felicidad absoluta, que a través de la liberación de todas nuestras limitaciones y contradicciones, nos es concedida por la Divinidad que subyace en lo profundo de cada uno de nosotros.

Siddhārtha Gautama, el Buddha Shakyamuni en su enseñanza sobre Las Cuatro Nobles Verdades, nos habla de que si bien, el sufrimiento es algo inherente a la existencia humana, es posible suprimirla, llevándonos por tanto, a la experiencia de la Felicidad.

Bienaventurados, libres del sufrimiento de existir, fundidos en la dicha sin límites de Ser verdaderamente nosotros mismos (Ser es mejor que existir), es posible si planteamos como objetivo primordial, en nuestra búsqueda interior, la conquista de la Felicidad. Este es el camino a seguir.

Trazar un mapa que nos conduzca la conquista de la Felicidad, es lo que nos proponemos en este texto de introducción a nuestros estudios.

Tanto la Perfección como la Felicidad pueden resultar conceptos sumamente ambiguos, ya que cada uno de acuerdo a su nivel de Ser, puede dar una idea u opinión totalmente diferente a la de los demás.

Planteada la premisa de que la Perfección se mide en grados de Felicidad, lo siguiente que tenemos que hacer es responder a esta simple pregunta. ¿ Qué es la Felicidad?

“La Felicidad es Amor Transmutado”.

El Amor

Para ser felices necesitamos Amor.

El Amor es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada sol.

El Amor es ternura infinita.

El Amor no se puede definir porque es La Divina Madre del Mundo; es eso que adviene nosotros cuando realmente estamos enamorados.

El Amor se siente en lo hondo del corazón, es una vivencia deliciosa, es un fuego que consume, vino divino, delirio del que lo bebé.

La Felicidad es la fragancia del corazón de aquellos que viven verdaderamente enamorados.

No puede haber Felicidad si no hay Amor, porque la Felicidad es Amor transmutado.

Y es importante aclarar, que para producir una transformación de nuestra existencia, ese Amor que debemos sentir en lo hondo del corazón es el Amor por nosotros mismos.

No es posible comprender la belleza de la vida en todo su esplendor, si no hemos aprendido a amarnos profundamente a nosotros mismos.

Todos Los dramas, comedias, y tragedias, que llenos de dolor, experimentamos en nuestras vidas, se deben precisamente a la falta de Amor.

El exterior es el reflejo del interior.

Cuando en nuestras vidas hay dolor y sufrimiento, cuando la Felicidad está ausente, es porque en ese momento de nuestra existencia, no nos amamos lo suficiente como para procurarnos una vida plena y llena de belleza.

En las diferentes circunstancias de nuestras vidas, vamos a reflejar siempre cuánto nos amamos.

Así como nadie puede ser feliz en nuestro lugar, nadie más, por más que nos amé, sean nuestros padres o nuestra pareja, nos puede dar Amor, si no lo sentimos por nosotros mismos.

Solemos ser Víctimas de las circunstancias por la falta de Amor.

Todo lo que experimentamos en nuestra vida, lo creamos nosotros, y si queremos crear nuevas circunstancias, que nos sean favorables, que sean edificantes y hasta dignificantes, necesitamos crearlas con la fuerza del Amor.

Es en la simpleza de la vida cotidiana, dónde vamos plasmando en cada detalle, cuánto nos amamos.

Aprender a amarnos es indispensable y para ello necesitamos auto-conocernos profundamente.

Nadie puede amar lo que no conoce.

Hermes Trismegistro dijo:

«Te doy Amor, en el cual está contenido todo el sumun de la Sabiduría».

Los gérmenes de la sabiduría se transmutan en las flores del amor.

Realmente, el Amor, en sí mismo, es el extracto de toda sapiencia.

Para Amar hay que alcanzar la Sabiduría.

Sabiduría

Caminar con Ayahuasca, es caminar por el sendero del autoconocimiento.

«Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses».

El Amor es la última síntesis de la Sabiduría.

Para Amar hay que Saber.

En este sentido necesitamos llegar a conocernos a nosotros mismos en todos los niveles.

Nadie puede amar lo que no conoce.

Nadie puede amarsé si no se conoce.

Esta es la Sabiduría que ciertamente merece todo nuestro esfuerzo adquirir, la Sabiduría del conocimiento de nosotros mismos.

El Abuelo Tabaco dice:

«Ayahuasca es la llave, es la llave para abrir ese universo que tenemos dentro de nosotros mismos».

Ayahuasca es el camino del Amor, porque ella es el Amor mismo. Es en la «Ceremonia de la Vida», en la sencillez de nuestra humana existencia, donde podemos mirarnos de cuerpo entero, sin disimulos ni engaños, tal como somos, con nuestras debilidades y fortalezas; es así como surge la Real y Verdadera Sabiduría, es así como surge el Amor.

Necesitamos conocernos en todas las dimensiones de la naturaleza, desde lo mundano hasta las más recónditas profundidades de nuestro Ser.

El autoconocernos es una tarea diaria, cotidiana.

Recapitulando: La Perfección se mide en grados de Felicidad, la Felicidad es Amor transmutado, el Amor es el súmmun de la Sabiduría y «para alcanzar la Sabiduría hay que ser humildes y una vez alcanzada hay que ser más humildes todavía».

La Humildad

La Humildad es una flor muy exótica. Si existe una virtud que desparece cuando un afirmamos poseerla, esa es la flor de la Humildad.

Y aparecióse Jehová á Salomón en Gabaón una noche en sueños, y díjo le Dios: Pide lo que quisieres que yo te dé. […] soy mozo pequeño, que no sé cómo entrar ni salir.

[…] Da pues á tu siervo corazón dócil para juzgar á tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?

Y agradó delante de Adonai que Salomón pidiese esto. Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oir juicio; He aquí lo he hecho conforme á tus palabras: he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.

Sagradas Escrituras

Cuentan las tradiciones griegas que el nombre de “filósofo” fue utilizado por vez primera por Pitágoras, en un principio, los antiguos griegos solían darse a sí mismos jactanciosamente el nombre de “sofistas” –es decir, de sabios–, o bien el de “conocedores de la Sabiduría”. Pitágoras, al preguntarle por su profesión, respondió sencillamente que él era un filósofo, esto es, un “amante de la Sabiduría”, “el que aspira a la Sabiduría”, porque le parecía excesiva arrogancia atribuirse el calificativo de “sabio”.

En contraste Aristipo, el filósofo, queriendo demostrar su Sabiduría y modestia, se vistió con una vieja túnica llena de remiendos y agujeros, empuñó el báculo de la filosofía y se fue por las calles de Atenas. Cuando Sócrates le vio llegar a su casa exclamó: ¡Oh, Aristipo, se ve tu vanidad a través de los agujeros de tu vestidura!.

En la Apología de Sócrates podemos leer lo siguiente:

«Conocéis sin duda a Querefonte, amigo mío desde la juventud, compañero de muchos de los presentes, hombre democrático. Con vosotros compartió el destierro y con vosotros regresó. Bien conocéis con qué entusiasmo y tozudez emprendía sus empresas».

«Pues bien, en una ocasión, mirad a lo que se atrevió: fue a Delfos a hacer una especial consulta al oráculo, y os vuelvo a pedir calma, ¡oh, atenienses! y que no me alborotéis. Le preguntó al oráculo si había en el mundo alguien más sabio que yo. Y la pitonisa respondió que no había otro superior». […]

«Cuando fui conocedor de esta opinión del oráculo sobre mí, empecé a reflexionar: ¿Qué quiere decir realmente el dios? ¿Qué significa este enigma? Porque yo sé muy bien que sabio no soy. ¿A qué viene, pues, el proclamar que lo soy? Y que él no miente, no sólo es cierto, sino que incluso ni las leyes del cielo se lo permitirían».

«Durante mucho tiempo me preocupé por saber cuáles eran sus intenciones y qué quería decir en verdad. Más tarde y con mucho desagrado me dediqué a descifrarlo de la siguiente manera. Anduve mucho tiempo pensativo y al fin entré en casa de uno de nuestros conciudadanos que todos tenemos por sabio, convencido de que éste era el mejor lugar para dejar esclarecido el vaticinio, pues pensé: “Éste es más sabio que yo y tú decías que yo lo era más que todos”».

«No me exijáis que diga su nombre; baste con decir que se trataba de un renombrado político. Y al examinarlo, ved ahí lo que experimenté: tuve la primera impresión de que parecía mucho más sabio que otros y que, sobre todo, él se lo tenía creído, pero que en realidad no lo era. Intenté hacerle ver que no poseía la sabiduría que él presumía tener. Con ello, no sólo me gané su inquina, sino también la de sus amigos».

«Y partí, diciéndome para mis cabales: ninguno de los dos sabemos nada, pero yo soy el más sabio, porque yo, por lo menos, lo reconozco. Así que pienso que en este pequeño punto, justamente, sí que soy mucho más sabio que él: que lo que no sé, tampoco presumo de saberlo».

Los grandes iniciados que han alcanzado las altas esferas del pensamiento iluminado, jamás presumen de sabios. Son la simpleza y la sencillez los rasgos que caracterizan a una persona humilde.

Sondear los grandes Arcanos de la naturaleza y quitar el velo que oculta sus más sagrados misterios, solo es posible cuando verdaderamente somos Humildes.

Ante el corazón humilde las puertas del Templo de la Madre Naturaleza se abren para revelar ante sus ojos todas las verdades que dan respuesta al misterio de su propio ser.

La humildad es un estado natural de la conciencia que surge espontánea cuándo verdaderamente queremos aprender sobre nosotros mismos.

Necesitamos comprender la honda significación del momento en que vivimos.

Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, cuando ya no proyecta. cuando está en estado receptivo integral, entonces adviene lo nuevo.

La humildad es un estado de vacío y de silencio interior en dónde lo único que cabe es la realidad de este preciso momento que estamos viviendo.

La humildad nos confiere un estado de alerta novedad, dotándonos de una mente integral y espontánea, libre del peso del pasado, en estado de plena receptividad, siendo este momento de vacío y silencio de la mente dónde podemos entonces, recibir la Palabra que viene de lo Alto de las profundidades de nuestro Real y Verdadero Ser.

Ayahuasca es la llave que abre el universo que hay dentro de nosotros y si en verdad queremos recibir su enseñanza, necesitamos aprender a escuchar con humildad.

«La verdad es lo desconocido de momento en momento».

Si sinceramente queremos saber escuchar, si queremos aprender a escuchar para descubrirlo nuevo, debemos vivir de acuerdo a la «Filosofía de la Momentaneidad»; viviendo alertas de momento en momento, en plena atención, libres de prejuicios y preconceptos, a fin de ser realmente receptivos, llenos de humildad, es como podemos entonces ser instruidos por la Planta Maestra Ayahuasca.

Cuando el discípulo está listo, el Maestro aparece.

La Aceptación y la Gratitud

Si para alcanzar la Sabiduría hay que ser Humildes, para cultivar la Flor de la Humildad en nuestro corazón, necesitamos aprender a Aceptar y dar Gracias por todo lo que somos y por todo lo que experimentamos en la vida.

Muchas veces queremos cambiar algún aspecto de nuestra vida; como cambiar la forma en que reaccionamos ante un evento dado o queremos dejar de padecer aquellas circunstancias que repetidamente nos suceden, una y otra vez sin que tengamos la menor idea del por qué.

La vida con todas sus circunstancias, ya sean buenas o malas (según nuestro parecer), acontecen por si solas sin que tengamos algún control sobre ello.

Si realmente queremos dejar de ser víctimas de las circunstancias, si sinceramente queremos realizar una transformación de nuestras vidas, hay que comenzar por aceptar que somos nosotros mismos, consciente e inconscientemente, quienes las provocamos.

Cuando el exterior nos es adverso, es tan solo un indicativo de que hay algo en nuestro interior que debemos sanar, así que solo nos queda «dar gracias», porque se nos ha presentado la oportunidad de cambiar un aspecto en nosotros mismos, que originará a su vez, un cambio en lo que externamente vivimos.

Cada uno de estos estados posibles para la conciencia: la Perfección, la Felicidad, el Amor, la Sabiduría y la Humildad, van surgiendo natural y espontáneamente, conforme vamos avanzando en nuestro trabajo interior, uno como consecuencia del otro.

Estos estados son frutos del trabajo que comienza con la Aceptación y la Gratitud.